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"La epidemia de cólera en 1885 en Esguevillas"

LLORENTE DE LA FUENTE, Alberto

Publicado en el año 1988 en la Revista de Folklore número 96.

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El cólera, enfermedad endémica desde los tiempos más remotos en Asia, y más concretamente en la India (donde se conocía como «medno-neidan» o «enfermedad de los habitantes de orillas del Ganges», se considera la enfermedad que, de forma epidémica, ha asolado más amplias zonas territoriales, a pesar de que no hace su aparición en Europa hasta que, en 1817, se extendió con el Ejército inglés a Java, Borneo y Sumatra, deteniéndose en 1823 a orillas del Mar Caspio. Es ésta la primera pandemia, y la explicación de que el cólera morbo no hubiera traspasado antes sus límites territoriales debe buscarse en su corto período de incubación y la lentitud de las comunicaciones. El comercio y la mejora de las comunicaciones representaron el vehículo que extendió al vibrio del cólera por todo el mundo.

La segunda pandemia (1828-1838) fue más extensa que la primera, extendiéndose desde Bengala al Cáucaso y Afganistán, donde se dividió en dos ramas: una meridional que por el Mar Negro llegó a Constantinopla y luego a Egipto, y otra septentrional que alcanzó a Moscú y San Petersburgo, y a través de Polonia y Alemania afectó en 1832 a Inglaterra, Holanda y Francia, llegando a las Antillas. En 1833, desde Portugal, invade España y el sur de Francia, y en 1837, Italia. En España se constituyeron tres focos: Galicia, Extremadura y Andalucía. Tras unos pocos casos durante el invierno de 1833, despierta en 1834 con motivo del movimiento de tropas desde el Sur hacia el Norte, a raíz de la guerra carlista, invadiendo así Castilla, lo que produjo la aparición de casos en Valladolid.

La tercera pandemia siguió la misma ruta que la anterior, aunque con mayor rapidez, llegando por vez primera a América del Sur (muy violento fue el brote de Río de Janeiro en 1854). A España llegó, a bordo del barco «Isabel la Católica», al puerto de Vigo. El Levante español se infecta por Alicante, y en septiembre de 1855 se invade Valladolid.

La cuarta pandemia (1865-1874) llega a la península arábiga, y los peregrinos de La Meca la conducen a Egipto, desde donde se propagó rápidamente por el Mediterráneo.

La quinta pandemia se extendió a Conchinchina y Filipinas (1882). Buques procedentes de Bombay importan el cólera a Tolón y Marsella, pasando de allí a Italia, país que sufrió grandes pérdidas; sobre todo, la ciudad de Nápoles. En 1884, el vapor «Buenaventura» conduce gérmenes colerígenos a Alicante, ocurriendo algunos casos en Novelda, Beniopa, Balaguer, Elda, Monforte y Gandía. En 1884 hubo en España 989 invadidos y 592 fallecidos por cólera.

En marzo de 1885 aparece en Valencia y de allí se extiende a toda la Península, causando el brote de 1885 un total de 335.986 invadidos y 119.493 fallecidos.

Es esta quinta pandemia, como expresión de afección de casi toda España, la que en 1885 ataca la provincia de Valladolid y, entre otros pueblos, invade Esguevillas, motivo de este trabajo.

UN FOCO DE COLERA CON CENTRO EN ESGUEVILLAS

Recientemente se ha demostrado que, entre todos los partidos judiciales de la provincia de Valladolid, el más afectado por el cólera durante la epidemia de 1885 fue el de Valoria la Buena, partido donde estaba incluido el municipio de Esguevillas, con una población aproximada de 1.030 habitantes. En dicho partido se produjeron 1.856 invasiones (el 24,49 % de las 7.578 ocurridas en toda la provincia) y 394 defunciones (el 16,40 % del total de la provincia, donde sumaron 2.401).

Matizando, sin embargo, estos datos podemos comprobar que ese alto grado de afectación del partido judicial de Valoria la Buena ocurrió, sobre todo, a expensas de pueblos cercanos al cauce del Esgueva, y no de otros pueblos de dicho partido. Es sabido que el río Esgueva era muy propicio al desarrollo de gérmenes del cólera, tanto por la costumbre de lavar ropas en él y de vaciar en su cauce basuras e inmundicias, como por el hecho de que su escaso caudal no podía arrastrar dichas inmundicias, produciéndose zonas de estancamiento de aguas. De hecho, cuando a petición de la Junta Parroquial de San Pedro Regalado y la Comisión provincial, se comenzaron a analizar las aguas del Esgueva en Valladolid, se encontraron éstas «muy cargadas de microorganismos infecciosos», lo que dio lugar a que la Alcaldía de Valladolid, mediante un Bando de fecha 2 de septiembre de 1885, prohibiera el uso de las aguas del mencionado río.

A esto hay que sumar, según palabras del doctor Sierra, que «los hábitos higiénicos de los habitantes del valle del Esgueva eran especialmente deplorables».

Esguevillas, no obstante, y ante el temor de verse invadida por el cólera, se había preocupado desde el 17 de mayo del saneamiento de sus aguas.

Si tomamos un pequeño círculo de escasos kilómetros (unos 12 de radio en su parte más larga) y con centro en Esguevillas, que abarque los pueblos cercanos (Piña de Esgueva, Villanueva de los Infantes, Castrillo de Tejeriego, Villafuerte y Amusquillo), nos encontramos con que en tan pequeña extensión territorial el cólera produjo 1.022 invadidos y 138 fallecidos, lo que convierte a este círculo en el punto de toda la provincia donde el cólera golpeó con mayor crueldad. De hecho, es la afección de estos pueblos, en buena parte, lo que hace que el partido judicial de Valoria la Buena muestre tan altos índices de afectación.

Se deduce de esto que si bien Esguevillas fue el pueblo de la provincia con mayor número de invasiones (más aún que la propia capital), no debe considerarse como un fenómeno aislado, sino más bien debe pensarse que fue precisamente el centro del foco más importante de cólera en la provincia.

EVOLUCION TEMPORAL

El primer caso de cólera en Esguevillas en 1885 ocurrió el día primero de agosto. Sin embargo, bien porque el médico no estuviera convencido del diagnóstico o, más probablemente, porque las autoridades municipales se mostraran reacias a reconocer la existencia del peligroso huésped del Ganges en el pueblo, dadas las normales reacciones de pánico que esto podía suscitar entre la población y las nefastas repercusiones para el comercio y la economía que sin duda supondría, no fue hasta el día 5 de agosto que se dio a conocer oficialmente la epidemia, cuando ya el número de invadidos ascendía a 5 y probablemente fueran bastantes los contagiados asintomáticos.

Así, hasta el día 5 de agosto el alcalde de Esguevillas no se decide a enviar los partes sanitarios al señor Gobernador, quien el 22 de julio había ordenado a todos los alcaldes de los pueblos de la provincia que los partes sanitarios en las poblaciones donde había enfermos coléricos le fueran enviados diariamente.

Desde entonces la epidemia fue creciendo (véase figura 1), pero sin tomar caracteres especialmente graves, hasta que el día 23 de agosto, de manera explosiva, se invaden 136 personas; es decir, que el 12,23% de la población enfermó ese día. Ese mismo día fallecieron 6 enfermos, siendo uno de los días en que la mortalidad fue mayor, sólo superado por los 7 fallecimientos registrados el día 26 de agosto. El 23 de agosto fue un día especialmente caluroro, registrándose en el observatorio meteorológico de Valladolid una temperatura de 43 grados y una presión barométrica de 698,83 milimetros de Hg.

A partir del 23 de agosto, y durante los 8 días sucesivos, o sea, hasta el 30 de agosto, la morbilidad fue enorme, produciéndose un total de 425 invasiones y 27 defunciones, lo que significa que en tan sólo 8 días ocurrieron el 68,33 % del total de invasiones.

Debió de resultar espeluznante, durante esos ocho días del periodo más álgido de la epidemia, la imagen de un pueblo calcinado por el calor, el olor de las fogatas de azufre y el ácido fénico, que se utilizaban como desinfectantes, las hogueras para destruir las ropas usadas por los coléricos y el continuo vaivén de las carretas que conducían los cadáveres al cementerio de coléricos; todo ello mientras el 49,12% de la población se encontraba enferma o convaleciente y habían ocurrido ya 53 defunciones.

Familias enteras estaban invadidas por el cólera, y para empeorar las cosas, el médico del pueblo, Dr. D. Gencio Santillana, falleció también de cólera, dejando a su esposa y alguno de sus hijos enfermos de la misma enfermedad, y a Esguevillas, sin asistencia médica cuando más la necesitaba.

A partir del primero de septiembre el número de invadidos descendió espectacularmente, terminando la epidemia, casi con seguridad por agotamiento de susceptibles, el día 12 de septiembre.

La epidemia duró 43 días, desde su inicio el 1 de agosto, tras producir 622 invadidos y 79 muertes.

EPIDEMIOLOGIA y ESTADISTICAS SANITARIAS

Como ya he comentado, el número de invadidos fue de 622, lo que da una tasa de incidencia del 60,39 %, produciéndose 79 fallecimientos; es decir, una tasa de mortalidad del 7,67%.

Un dato curioso es la especial discriminación de la enfermedad respecto al sexo, pues de todos los invadidos el 33,38 % fueron mujeres, frente al 46,62 % que representaban los varones. Igualmente fallecieron más mujeres (53,16% de todas las defunciones) que varones (46,83 %). Este predominio del cólera en su afección preferente al sexo femenino se demuestra también en los demás pueblos de la provincia de Valladolid.

La tasa de letalidad, es decir, la probabilidad que tenía un enfermo de cólera de morir como consecuencia de su enfermedad, fue del 12,70%, casi sin diferencias respecto al sexo. Cabe destacar que esta tasa de letalidad está muy por debajo de la media de España durante esta epidemia, que era del 35,38%.

Respecto a la distribución de las defunciones por edades (véase figura 2), llama la atención el alto porcentaje de fallecidos en las primeras edades de la vida, de 0 a 3 años sobre todo, y en los ancianos de más de 60 años. Recuérdese que es en los niños y en los ancianos donde las enfermedades que cursan con deshidratación muestran mayor gravedad, debido a que el metabolismo del agua y electrolitos toma en ellos caracteres especiales.

Frente a éstos, el 21,52 % de las defunciones ocurrieron entre pacientes de 25 a 40 años, pero esto sólo es debido a que el intervalo de años es muy largo y comprende al grueso de la población.

El cólera era conocido por su alta selectividad. Se sabía que atacaba a las clases sociales más débiles, por las especiales características de estos estamentos pobres en lo referente a materia de higiene, siempre defectuosa, y de alimentación.

En la figura 3 puede observarse que, ciertamente, la mayor parte de las defunciones ocurrieron entre jornaleros (JOR) y labradores (LAR), siendo muy escasas entre los artesanos (ART) y menores aún entre los propietarios y rentistas (PRO).

Respecto al estado civil (figura 4), y a consecuencia de lo anteriormente señalado, la mayor parte de las defunciones se distribuyen entre los solteros (SOL), siendo también alta la proporción de vuidos (VIU), frente a los casados (CAS), que sólo representaron un 39,24%.

MEDIDAS PREVENTIVAS

Ante una enfermedad con tan escasas posibilidades de curación como tenía el cólera, toman especial importancia las medidas higiénico-sanitarias de carácter preventivo, que se pusieron en vigor en todos los pueblos de la provincia, y también en Esguevillas: suspensión de clases y fiestas, para evitar el hacinamiento, desinfección de locales, casas y productos de coléricos con ácido fénico y cloruro de cal o azufre, sometimiento de viajeros a reconocimiento médico y fumigaciones (sólo se sometían a cuarentena los que presentaban evidentes síntomas de cólera) y medidas dietéticas (hervir el agua, mezclarla con vino, no cometer excesos...).

Para sufragar los gastos, el Ministerio de la Gobernación envió 16.000 pesetas al señor Gobernador civil de la provincia, quien, al repartirlas, destinó 250 pesetas a Esguevillas. Además, el 8 de agosto la Junta provincial de Sanidad excitó a los alcaldes de los pueblos a la recogida de fondos por medio de suscripciones voluntarias entre los vecinos.

La Diputación se encargó de que los lactantes cuyas madres muriesen por cólera fueran lactados por nodrizas que el alcalde debía buscar en el pueblo. Se comprende la dificultad para encontrar nodriza que lacte a unos niños huérfanos debido al cólera, máxime al pensar que esa nodriza debería lactar luego a sus propios hijos, y el cólera era una enfermedad que producía verdadero terror a las gentes. En ese caso, se alimentaba al niño con leche de cabra.

Es por esto que no se autorizó la admisión de niños procedentes de Esguevillas, huérfanos y sin posibilidad de encontrar nodriza para ellos, en el Hospicio de Valladolid, por temor al contagio de los otros niños asilados.

De los datos epidemiológicos cabe decir, para terminar, que el cólera fue especialmente peligroso para los niños menores de 3 años, más aún si eran hembras y pertenecían a familias pobres.

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(1) "Boletín de Estadística Sanitario-Demográfico". Apéndice general al tomo LV. Cólera morbo asiático (durante el año 1885). Madrid, 1887.

(2) "El Norte de Castilla". "Partes sanitarios". 1885.

(3) FERNANDEZ GARCIA, Antonio. (Repercusiones sociales de las epidemias de cólera del siglo XIX". Asclepio, 1977. 29: 127-145.

(4) JIMENEZ GIRONA, José. "Historia de la epidemiología del cólera en España". (Epidemia de 1885). Revista de Sanidad e Higiene Pública. XXXIII: 341-57. Madrid, 1959.

(5) LLORENTE DE LA FUENTE, Alberto. "La epidemia de cólera de 1885 en Valladolid y provincia". Tesina de licenciatura. Valladolid, 1988.