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LA VIVIENDA EN VILLACIDAYO

CAMPOS, María y PUERTO, José Luis

Publicado en el año 1989 en la Revista de Folklore número 97.

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Con este título pretendemos analizar todo tipo de construcciones que sirven de cobijo tanto al hombre como a los animales, así como las que se utilizan para el almacén de productos de la tierra o de utensilios e instrumentos de labranza y cultivo, y las que se usan para elaborar alimentos como el pan.

En realidad, aunque el título va referido al pueblo leonés de Villacidayo, que es el que hemos estudiado (1), puede servir para caracterizar, en mayor o menor medida, la vivienda de toda la zona comarcal a la que pertenece dicha población: las Tierras de Rueda, bastantes de cuyos pueblos están regados por el río Esla.

Para entender el sentido y la utilidad de los tipos de edificios que vamos a analizar, hay que partir de un hecho importante: la vida económica de Villacidayo y su comarca depende en gran medida del ganado vacuno, y la mayor parte de las actividades campesinas giran en torno a él: los prados de la ribera del Esla, que se riegan y siegan, servirán con su hierba para alimentar a las vacas. El cereal que se siembra, aparte de dar grano para la elaboración del pan (hasta un pasado no muy lejano), sirve hoy mismo, principalmente para alimento del ganado vacuno. Y las vacas y bueyes, hasta la llegada de la maquinaria, han servido siempre como animales para realizar las faenas agrícolas: arar, tirar del carro, etc., ya que en esta comarca apenas ha existido el ganado caballar para las tareas del campo. Tampoco hay que olvidar que la venta de la leche que producen las vacas supone el principal ingreso económico de las familias del pueblo. Los sembrados de legumbres y hortalizas ocupan en esta economía un papel mucho más secundario: el de abastecer el consumo familiar.

MATERIALES UTILIZADOS EN LA CONSTRUCCION

Existe, como no podía ser menos, una relación directa entre los materiales utilizados en la construcción y el medio físico en el que se halla el pueblo, enmarcado por la ribera: con el Esla, que arrastra cantos rodados, y con el soto lleno de extensas áreas de chopos, y por el monte: un monte con suaves ondulaciones, poblado de robles.

Varios son, pues, los materiales que se utilizan para la construcción de los distintos edificios que conforman el pueblo, la mayoría de ellos sacados del propio medio físico, así:

a) El adobe, que se utiliza para todo tipo de paredes, ya sean de casas, cuadras, pajares, casetas, etcétera. Se hace en las adoberas, lugares donde hay barro rojo y agua. La masa para hacerlo es de paja molida que se soba con barro al echarle agua. Para darle la forma, se pone la masa sobada en un molde normalmente rectangular, hecho con cuatro tablas, que se llama también adobera (véase fotografía número 1); una vez que está la masa en el molde, se levanta la adobera y se deja secar el adobe, que se pone para ello en un campo llano; el período de secado dura por lo menos un mes. Cuando los adobes están lo bastante secos, por si acaso llueve, se les hacina; es decir, se les pone en montones para que no se deshagan.

Hay adobes de varios tamaños, a pesar de que predomina el de las siguientes medidas: 40 centímetros de largo por 22 de ancho y 12 de alto; para los tabiques que dividen las habitaciones de la casa, por ejemplo, son siempre, sin embargo, más pequeños.

b) La piedra: los cimientos de las construcciones son de piedra; por lo general, de cantos rodados que se recogen de los que arrastra el río; antes, estos cantos se iban uniendo con barro rojo para así formar la masa de los cimientos; después, fue la cal viva el elemento de unión, y ahora mismo es el cemento.

c) El tapial, que se utiliza, sobre todo, para las paredes de cercas, cuadras y cortes del ganado. Es una masa de tierra mojada con piedras entremezcladas con ella; para ir metiendo esta masa y para que tenga la forma de pared hace falta un molde, hecho de tablas, que se juntan o se separan según el grosor que se le quiera dar al muro. El procedimiento es parecido al del hormigón en las construcciones modernas.

d) La tierra apelmazada: los suelos de la planta baja de la casa eran siempre de tierra apelmazada, y, en general, cualquier construcción tenía en su planta baja este tipo de suelo. En una etapa posterior ya se entarimaron los suelos de las casas con maderas, y hoy está prácticamente generalizado el baldosín y el terrazo.

e) La madera: con ella se cubren las distintas plantas y los armantes de los tejados. Las más utilizadas han sido las de roble y chopo, que corresponden a las de las dos clases de árboles que dominan en el pueblo. La de roble ha servido y sirve para vigas, postes, armantes y entarimados de suelos. Y también la de chopo ha servido y sirve para lo mismo. Sin olvidar la construcción de puertas y ventanas. El entarimado de los pisos se ha hecho en el pasado más reciente ya con madera de pino, traída de fuera.

f) Materiales para cubrir los tejados: predominan de un modo casi absoluto las tejas rojas, que no se han fabricado en el pueblo, sino que han venido de fuera. Pero tanto las cercas de los corrales de las casas como las de las cortes del ganado, así como las casetas de las eras o las de las viñas, se han techado con bardal; entretejido de tapines (planchas de césped) y de urces (plantas de monte bajo, que abundan en el pueblo).

Entre el armante de madera que forma la estructura del tejado y las tejas que lo cubren hay un entretejido de vilortas de mimbre o balsa o palera; este entretejido recibe el nombre de los zarzos.

g) Las fachadas y paredes exteriores de las casas y cuadras, así como las cercas de los corrales, se revocaban, en un principio, con barro, de ahí el tono entre rojizo y ocre del pueblo; aunque luego se impuso el revoque con cal viva, por lo que los colores predominantes en la arquitectura de Villacidayo son el blanco y el ocre. Las paredes interiores de las casas (pasillos y habitaciones) siempre se han revocado con cal viva.

LAS DISTINTAS EDIFICACIONES

Vamos a enumerar a continuación las distintas edificaciones que iremos describiendo y analizando, y que forman el conjunto de la vivienda en Villacidayo:

-La casa, edificio donde vive la familia.

-La cuadra, para los ganados, dentro de los cuales predomina el vacuno. La cuadra está casi siempre pegada a la casa.

-El portal de puertas, por donde se entra al corral desde la calle: personas, animales, carros.

-El corral, espacio interior descubierto, al que dan las distintas dependencias de la vivienda.

-La hornera y el horno, donde se amasa y se cuece el pan.

-La bodega, que se utiliza como almacén de productos agrícolas. Puede haber varias dependencias: la patatera, para las patatas; la panera, para los cereales...


-Las casetas de las eras, que albergan los utensilios de la trilla. También había casetas de las viñas (ya no queda en pie ninguna, pues ya no existe este cultivo), que servían de vigilancia de los viñedos. Ambas, de pequeñas dimensiones, construidas Con adobe y con techo de bardal o de teja.

-Las cortes del ganado, que están en el monte y sirven para estancia y cobijo de los rebaños; descritas ya en un artículo nuestro, aparecido en esta misma revista, al que remitimos (2).

-Los molinos: existen dos en el pueblo, uno a las afueras, en activo, y el otro más alejado, que ya no está en funcionamiento. Por la extensión que supondría, no los describiremos.

-El palomar: Sólo existe uno en el pueblo, circular, de adobe, revocado con barro, dentro de una huerta, en la trasera de una casa. Tampoco lo describiremos.


DESCRIPCION DE LAS DISTINTAS EDIFICACIONES (CONSTRUCCION y USO)
LA CASA

La casa es el edificio en el que vive la familia. Consta de dos plantas, la baja y la primera, más el desván, que ocupa el pequeño espacio formado por la estructura angular del armante de madera del tejado.

La puerta de entrada a la casa desde la calle da a un pasillo central que divide la planta baja en dos partes iguales; al fondo de este pasillo central suben las escaleras para la primera planta y está situada la puerta de salida al corral.

La planta baja se compone de cuatro habitaciones, dos a cada lado del pasillo central, cuya distribución, según el uso, varía de unas casas a otras; pueden estar distribuidas, por ejemplo, de la siguiente forma:

Según se entra desde la calle, la primera habitación a la derecha: el comedor, con ventana a la calle; la segunda: la despensa, con ventana al corral, en la que se guardan la chacina, colgada del techo, la cuartilla del vino o pipas (toneles) con este líquido y el arca del pan. La primera habitación a la izquierda: un dormitorio, que es el del matrimonio, que recibe el nombre de alcoba y que tiene ventana a la calle y una puerta que da también a la cocina, para aprovechar el calor de esta última en invierno; y la segunda la cocina, con ventana al corral; en la cocina está la trébede o repisa de adobe, que abarca todo un lado de la habitación, con un hueco, llamado horneja, en el que se hacía la lumbre y se cocinaba con potes de hierro, pucheros de barro y cazuelas de perigüela pueblo zamorano de Pereruela). En un tiempo en la trébede se puso cocina bilbaína (en la horneja) y pila de fregadero. Tanto la horneja como la cocina bilbaína llevan humero; es decir chimenea para liberar el humo de la lumbre al exterior, que sube hasta el tejado, su forma es casi siempre cuadrada. Antes de la instalación de las pilas de fregadero, se fregaba en un balde de cinc u hojalata el agua se traía, y se trae, del caño (nombre que se da a la fuente) y se dejaba en la cocina en calderos (también de cinc u hojalata) si era para fregar y para la limpieza, y en barriles (botijos) de barro si era para beber. A vender la loza iban al pueblo cacharreros de fuera, de los que se surtían las mujeres. En las cocinas, para guardar y colocar los cacharros hay lacenas (alacenas) de madera y cristal; espeteras: garfios en la pared para colgar jarras y pucheros; y vasares, para platos y vasos. Para secar los cubiertos y limpiar las cazuelas está el paño conocido como la rodea.

La escalera que hay al fondo del pasillo central, da subida a la primera planta, es de madera y tiene también balagustres (balaústres) de madera. Al desván o trastera, que ése es su uso, se sube por una trampilla desde la primera planta, para lo que hay que ayudarse con unas escalerillas de mano.

La primera planta tiene cuatro habitaciones, destinadas todas ellas para dormitorios de hijos y de otros íntimos (abuelos, algún tío...); dos dormitorios a cada lado del pasillo central, con ventanas a la calle dos de ellos y al corral los otros dos. El pasillo central de esta primera planta, para su iluminación tiene un balcón en su final que da a la calle, justo encima de la puerta principal de la casa; a veces en lugar de un balcón hay una ventana.

(Véanse los planos de las plantas baja y primera de la casa)

Los dormitorios, tanto el del matrimonio de la planta baja como los de la primera, tienen camas para dormir y arcas y baúles para guardar la ropa. Y este es el momento de citar y definir las ropas de mujeres, hombres y niños, usadas con más frecuencia en Villacidayo en un pasado reciente, algunas de las cuales siguen aún hoy en uso.

Las mujeres vestían con rodaos: sayas de tejido de lana, de varios colores, entre los que predomina el rojo y el verde; estos rodaos llevaban en su parte baja unos bordes adornados en negro bien con tres tiras o con un ramo. Se ponían chambras de tela, estampadas en negro y blanco. Encima de los rodaos, el mandil, con dos bolsos y una puntilla en sus bordes. Y sobre las chambras, las pelerinas, toquillas de lana, sobre todo en negro, o en rojo, con flecos; en las pelerinas, al lado izquierdo, había un bolsito cosido por dentro, para meter cositas (¿algún amuleto quizás?), llamado el seno. En los días de mucho frío, nada mejor que los mantones de lana, con pelo, que también tenían flecos. El echarpe era una toquilla de lana, con flecos, más fina que el mantón y algo mayor que la pelerina, que se usaba para los domingos. La ropa íntima estaba constituida por los peleles; pantalones de punto, blancos y abiertos hasta la rodilla, parecidos en su forma a los zahones de los hombres; y por el justillo: chaleco interior que se ataba con cordones, de un lado a otro. También estaban las basquiñas, faldas «plisadinas», abiertas como los rodaos, y que se abotonaban a un lado. Para los pies, medias de lana, de colores, algunas veces combinando el blanco y el negro; otras, encarnadas. Y como calzado más frecuente, los escarpines: zapatos de estameña; y las botas cerradas, con tacón alto, abotonadas hasta la rodilla, de piel, bien «ajustadinas».

Los hombres vestían con tejido de estameña; con él se confeccionaban prendas como el pantalón, el chaleco, la chaqueta (chaquetilla corta) y las enguarinas. Usaban también tapabocas con flecos, y colegiales; prendas como la bufanda, pero de tamaño mayor y con flecos. Para calzarse usaban también, como las mujeres, escarpines. También las albarcas (abarcas). Y las madreñas cuando llueve; calzado este que utilizan asimismo las mujeres. Y en nuestro trabajo sobre la vida pastoril del pueblo, citado más arriba, ya hablábamos de los chanclos y de los choclos.

A los niños se les envolvía con pañales de tela de lienzo, que eran como sabanitas. Se les ponía el jugón (jubón), camisita de tela de color blanco. Y de cintura para abajo se les rodeaba con una mantilla de lana o estameña de color blanco o encarnado, o de algún otro; en la parte de abajo solían llevar un bordado o un estampado. Para las babas, un babadero (babero). Y en los pies, los patucos. Las cunas eran de vilortas de mimbre, y tenían capotas, como los cochecitos de ahora de los niños; contaban con asas verticales y rígidas para agarrarlas, y se apoyaban en maderas que servían, a la vez, para mecer al niño.

Y llegamos al tejado de la casa; antes de describirlo, hemos de tener en cuenta que su estructura es la misma que la de los tejados de otras edificaciones: la del portal de puertas, la de la cuadra o la hornera, de ahí que cuando hablemos de ellas lo demos por definido. Suele tener el tejado de la casa dos aguas o caras, una a la calle y otra al corral; aunque en ocasiones tenga una tercera, a un lado de la casa. Cualquier tejado se apoya en una estructura de vigas de madera, que recibe el nombre de armante, que consta de una viga madre o cumbre, de dos vigas tercias, de tijeras (estructuras triangulares; véase dibujo), de otras vigas y de vigapiés, durmientes o cuartones (véase dibujo). Encima del armante se colocan los zarzos, ya descritos, y sobre ellos, las tejas.

Las ventanas y las puertas son de madera. Tanto la puerta de la calle como las de las habitaciones, pueden tener en su parte alta un montante móvil, con cristales, que cumple dos funciones: dar luz al pasillo central y ventilar. Las puertas llevan distintos sistemas de cierre: la llave, con la que se cierra la puerta de la casa; una palanca de madera, con la que se cierran las puertas grandes que dan al portal de puertas y al corral, esta palanca recibe el nombre de regosta; o un cavijo (clavija), de madera o de hierro, para cerrar la puerta de la casa que da al corral y la puerta del postigo (de la que hablaremos más adelante). Conviene aquí no olvidar los herrajes de las puertas; los hay de cerraduras, de tiradores o de picaportes; uno de estos herrajes, el de la puerta de una cuadra de ganado, lleva una cruz, un signo de evidente significación protectora del ganado. (Véanse los dibujos de herrajes.)

LA CUADRA

El edificio de la cuadra tiene forma rectangular y, a veces, también cuadrada. Su interior se divide en dos plantas; la baja, que es la cuadra propiamente dicha, y la primera, llamada lastra, que se utiliza como pajar.

La lastra (pajar, en la primera planta) no ocupa todo el espacio interior, sino que la división en estas dos plantas ocupa aproximadamente las tres cuartas partes del interior, quedando el resto del espacio totalmente hueco, del suelo al techo; para subir de la planta baja a la primera (la lastra) hay en el interior una escalera de mano, de madera.

El suelo de la lastra es de entarimado de tabla. En ella se mete la paja y la hierba, a través de los boqueros (ventanas que la comunican con el exterior).

La planta baja de la edificación es la cuadra propiamente dicha; arrimados a una de sus paredes hay hechos departamentos, con cuartones de madera, que son los pesebres, con divisiones para cada vaca, llamados senos. Cada departamento está dividido por paredes de tablas (algunas llegan hasta el tablado, que así se llama el techo de la primera planta), que son las estremeras; el sentido de esta división es que no se coman el alimento ni se peguen unas vacas con otras.

Suele haber en la cuadra un departamento para los cerdos, llamado cubil, que tiene, contra la pared, una pila de madera para comer los animales, hecha del tronco de un árbol, al que se ha vaciado, llamada duerno.

En las cuadras, como elementos protectores del ganado, se ponían ramos bendecidos el Domingo de Ramos, o tomillos del Corpus Christi y estampas de San Antonio Abad (San Antón), aunque, como escaseaban las estampas de este santo, se ponían de San Antonio de Padua. Todos estos elementos protectores se ponían bien en la parte interior de la puerta de la cuadra o bien en alguna viga. Cuando alguna enfermedad se extendía entre el ganado, se marcaba éste con el marco de San Antón en las nalgas, calentando el hierro a fuego vivo (3).

La fiesta de San Antón, patrono de los ganados, el día 17 de enero, se conoce en Villacidayo como la de San Antón patero: el día antes de la fiesta iba un hombre, o los monaguillos, por las casas recogiendo patas y orejas de cerdo curadas; cada vecino daba lo que quería, y había algunos que, incluso, daban legumbres o dinero. Y el día de la fiesta se iba a misa; los niños salían de la escuela, con la maestra, a la iglesia; y tras la misa, en la puerta de la iglesia, se subastaba lo recogido, para cubrir las necesidades de la parroquia. El subastero era el tío Pacho, quien, para dar la adjudicación definitiva, decía:

Que güen,
que regüén,
que lo digo:
¿quién da más?

Como los muchachos, con sus voces, dificultaban la subasta, decía el tío Pacho: «Que se marchen los chicos a la escuela.» Y con la subasta y la bendición de los ganados terminaba la fiesta.


EL PORTAL DE PUERTAS

Es un espacio techado entre la calle y el corral, a los que comunica mediante unas puertas grandes, de madera de roble o de chopo, por las que entran y salen los ganados y el carro; al lado de las puertas grandes puede haber una puerta más pequeña para las personas, llamada puerta del postigo.

El portal de puertas sirve para meter y aparcar el carro, para guardar la leña ya cortada y para el paso del ganado del campo a la cuadra o viceversa. Si es grande, se llama portalón. Su tejado tiene la misma estructura que el de la casa. (Véase el dibujo con las puertas grandes y el horno.)

EL CORRAL

Es un espacio interior, descubierto, alrededor del cual están las distintas edificaciones de la vivienda, sin un orden determinado. En él se pone la leña a secar, apilada, cuando se trae del monte. Y por él andan picoteando las gallinas. La tapia del corral se llama tenada, es de adobe o tapial y va cubierta por bardal (tapines entremezclados con urces),

LA HORNERA y EL HORNO

La hornera es una edificación independiente de la casa, a la cual se entra por el corral; con tejado propio. A veces puede estar cobijada bajo el portal de puertas, protegida con su tejado, y entonces no tiene ella tejado, sino un techo liso de tabla.

En la hornera se halla el horno, cuya boca da a una de las paredes del interior de la habitación, y cuyo volumen (con forma panzuda y redonda, de adobes) unas veces da al interior del corral o al portal de puertas y otras a la calle, en cuyo caso se cubre con un tejadillo protector contra los elementos atmosféricos. (Véase dibujo y fotografía.) El horno tiene su chimenea correspondiente, el humero, que da al tejado.

En la hornera se amasaba el pan, para luego ser cocido en el horno. Se amasaba en una amasera, recipiente de madera, de tablas de roble, alargado y hondo, del estilo de una artesa. También servía, y sirve, la hornera para curar la chacina de la matanza al humo.

Los panes tenían formas redondas; se les daban cuatro cortadas con el cuchillo o se les hacía dibujos de ramos con los dedos. Podían ser de varios pesos: la hogaza grande, de seis o siete libras, o la oblada, de dos libras. Una vez que se amasaba y se daba forma al pan, se ponía en el estrado, tabla alargada colocada sobre unos adobes; y también se colocaba allí cuando salía del horno cocido. Y una vez enfriado iba al arca (situada en una bodega o en la propia hornera). Se solía amasar cada quince días o cada tres semanas. Había siempre algún candil o farol para mirar cómo iba el pan de cocido.

Se metía el pan en el horno con palas de madera, redondas o cuadradas. Y una vez terminada la tarea de la cocción y sacado el pan, se barría el horno con una escoba de moguera (planta parecida al brezo) o de hierbas, llamada mundilla. Pero antes de barrer había que recoger y llevar las brasas a la boca del horno, tarea que se realizaba con la ralladera (véase fotografía), un rastrillo de madera, liso. Cuando se terminaba de rallar las brasas y de barrer con la mundilla, se tapaba el horno con una tapadera de hojalata. A veces se barrían los hornos con trapos de tiras, enrollados y atados a un palo; por si se prendían había un caldero al lado con agua y se metían en él. En la hornera solía haber también un arca donde se guardaba la harina.

LA BODEGA

El nombre de bodega se le da a una habitación dentro de la casa, fresca, para lo cual está situada generalmente al Norte; en ella se meten alimentos que tienen que estar frescos para conservarse: la carral (cuba) del vino, el pan (en un arca de roble), la matanza curada, las frutas...El suelo es de barro.

Puede haber, fuera de la casa, en una edificación cuya puerta dé al corral, una o más bodegas: así, por ejemplo, puede haber patatera, para almacenar las patatas; también panera, para meter los granos (trigo, cebada, centeno) y las legumbres, en sacos o trojas (véase fotografía).

Las casetas (de las eras y de las viñas) y el palomar ya los hemos descrito sucintamente al principio, y el molino (existen dos en el pueblo, como hemos dicho) queda sin describir, pues sería materia para otro trabajo. Con éste, creemos, queda analizada, dentro de su brevedad, la vivienda de Villacidayo y, por extensión, la de las tierras leonesas de Rueda y ribera del Esla.

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(1) Además de nuestro conocimiento directo del pueblo y de la zona, hemos contado con la valiosa información del matrimonio formado por Jesusa Valladares, de 63 años, y Amancio Corral, de 69 años.

(2) CAMPOS, María y PUERTO, José Luis, "Vida pastoril en Villacidayo", en REVISTA DE FOLKLORE, nº. 84, Valladolid, 1987, pág. 186.

(3) Esta información nos ha sido proporcionada por Gerardo del Pino, de 47 años.