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Una fiesta cacereña “EL CRISTO DE OCTUBRE”

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 1989 en la Revista de Folklore número 99.

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Con la llegada del otoño el pueblo cacereño de Ahigal, situado en la poco conocida comarca de La Tierra de Granadilla, celebra la fiesta del Cristo de los Remedios o del Cuatro de Octubre, por ser en tal día cuando se desarrollan los actos en honor del Crucificado. Describamos los antecedentes someramente y demos un repaso al desarrollo festivo.

A) FECHA DEL ORIGEN DE LA FIESTA.

El primer documento sobre la celebración del Cuatro de Octubre lo hallamos en el Acta de Fundación de la «coffradía de la cruz de xº. Redentor nro», popularmente nominada de la Vera Cruz, fechada en el año de 1542. Reza el mismo en los siguientes términos:

«Otrosí ordenamos q. el día de Sant fraco, q. es a quatro de octubre, antes de myssa se diga vna vigilia de tres lectiones y se haga processión y se diga vna myssa cantada del día como dicho es en el día de la cruz. Y el coffrade que no viniyere a esta vigilia. processión y myssa caya en las mysmas penas q. dicho es en el día de la cruz.»

Creemos, no obstante, en una mayor antigüedad de los festejos, ya que la fecha indicada equivale únicamente al instante en que se lleva a cabo su reglamentación. Por otro lado. algunas de las manifestaciones propias de la celebración responden a pervivencias de viejos cultos paganos, lo que nos asegura una continuidad cultual y cultural que se pierde en nuestro más remoto pasado.

B) HISTORIA DE SU DESARROLLO.

Oficialmente nace la fiesta de Cristo unida a la institución de la Cofradía de la Vera Cruz, fechada en 1542, en la que no podrán inscribirse «moços de soldada ny menores de veynte años, ora sean hombres o mugeres». Por el contrario, como recuerda el cabildo celebrado en 1747, hay obligatoriedad de pertenencia para los casados, so pena de sanciones pecuniarias y socio-religiosas. Toda la población adulta, sin distinción de sexos, configura la hermandad, dándose un primer atisbo de tendencia igualitaria, aunque los derechos femeninos aparezcan ligeramente minimizados: «Yten ordenamos q. sean reçibidas por coffradas todas las mugeres vezinas deste lugar q. quisieren serlo y(...) gozen de todo lo q. gozan los coffrades salvo q. no gozen de la colaçión ni avn entren en las casas do se desnudan e visten (los hermanos disciplinantes).»

Entre los fines de la Cofradía de la Vera Cruz destacamos los que se destinan a la «memoria de christo Rtor. nro.» (actos de Semana Santa y Penitenciales), los eminentemente sociales (enterramientos de pobres y cofrades, ayuda a necesitados, rogativas, regencia del hospital...) y los que se incluyen en la esfera de los festivos (la Cruz de Mayo y Cuatro de Octubre o Santo Cristo de los Remedios). Dirijamos nuestros pasos a este último aspecto.

Por los ya mencionados estatutos, conocemos algunos de los actos religiosos (misas, rogativas, vigilias, procesiones...) que en Ahigal se llevaban a cabo el día de la Exaltación de la Cruz, denominado del Cuatro de Octubre y, con posterioridad, del Santo Cristo de los Remedios. Tales celebraciones litúrgicas tuvieron por marco la iglesia parroquial. Pero tras la construcción de la ermita, en 1575, y conseguidas las correspondientes licencias, dictadas por el vicario general de la diócesis de Coria en el año 1626, la festividad pasará al entorno del humilladero. En esa fecha el poder religioso y social de la cofradía, muy superior al del resto de las existentes, había logrado que su titular el Cristo de los Remedios, regentara el patronazgo de toda la localidad. Por este motivo, cuando la hermandad de la Vera Cruz entra en crisis a mediados del siglo XIX, los viejos rituales no perderán un ápice de vigencia, manteniéndose hasta hoy. El pueblo, como un todo, se convirtió en el fiel continuador de unas tradiciones cuyos testimonios escritos datan de hace 450 años.

Libros de visitas, acuerdos de cabildos, inventarios de bienes, etc., nos informan de otras manifestaciones festivas del Cuatro de Octubre que han llegado hasta nosotros en toda su pureza, excepción hecha de los toros, contra los que los visitadores generales arremeten a lo largo de los siglos XVII y XVIII, hasta el punto de que los aficionados se verán obligados a probar su suerte sólo en San Ramón, fiesta que, por otro lado, estuvo vinculada a la Vera Cruz.

A los otros elementos festivos, los conservados, nos referiremos seguidamente.

C)DESCRIPCION DE LA FIESTA

Comienzan los festejos propiamente dichos a primeras horas de la tarde del tres de octubre. Repican las campanas a vísperas, y los sonidos de los cohetes anuncian que es llegado el momento de agilizar los preparativos para la fiesta. Instantes más tarde, por los altavoces del Ayuntamiento, se emite un bando por el que «se invita a forasteros y a vecinos a acudir a la fiesta y al convite que se dará mañana en la cooperativa del Cristo de los Remedios».

Al «pardear» recorre el tamborilero, acompañado de varias personas que lanzan cohetes, las calles del pueblo, interpretando variados y ancestrales sones. El recorrido finaliza a las puertas de la iglesia.

Acto seguido, una comitiva formada por el clero, cabildo (mayordomos) y Ayuntamiento, precedidos por la cruz procesional, banderas y estandartes de las distintas cofradías, así como por el tamborilero, se dirige a la ermita del santo Cristo, sita al este de la población. Ya en el humilladero, un miembro de la Corporación lee el voto perpetuo, la promesa que el Concejo de Ahigal hizo de nombrar por patrono al Cristo de los Remedios después de que acudiera, allá por 1578, a su protección, cuando una plaga de langostas y una gran sequía asolaran estos campos.

Acabada la lectura es sacada la imagen del Crucificado, una valiosa talla de 1617, y se inicia la procesión desde la ermita hasta el templo parroquial, encabezada por el pendón o «bandera del Cristo», una vieja enseña de las milicias locales que citan los inventarios de los siglos XVI-XVIII. Durante el trayecto se entonan canciones de gran valor etnomusical, y en esquinas y bocacalles aparecen encendidos zajumerios: pequeñas hogueras de romero, tomillo y otras plantas aromáticas, que inundan el pueblo de inconfundibles olores. La Plaza de la Iglesia, iluminada únicamente por las llamas del capazo: horca de la que penden capachos impregnados de aceite, transfiere un hondo dramatismo a la comitiva procesional.

El pregón, en el que alguna personalidad de relieve exalta las virtudes del Cristo de los Remedios y los valores de los hombres de Ahigal, pone fin a los actos religiosos de la víspera.

A continuación tiene lugar la velá. Consiste la misma en una comida o auto sacramental versificado, de inspiración popular, que invariablemente alude al hallazgo de la verdadera cruz de Cristo por Santa Elena. La escenificación se lleva a cabo sobre el suelo de la Plaza del Concejo. Hay constancia documental de estas representaciones ya en 1596, y será en 1662 cuando el obispo de Coria, don Francisco de Gamboa, en visita efectuada a Ahigal, prohiba que la cofradía gaste dinero en estas puestas en escena, prohibición que no fue tenida muy en cuenta.

Continúa la velá con un baile o verbena popular en el que se mezclan las jotas y perantones de gaita y tamboril con las danzas que últimamente trajo la moda. Así describía mi abuelo don Vicente Moreno Rubio la curiosa iluminación de la velada en la plazuela del Humilladero " (...) dos bolas de lana, impregnadas en aceite durante varios días, son colocadas en dos palos salientes del tejado, y así estarán al encenderlos, cual focos eléctricos, que con los capachos de las fábricas de aceite, pendientes de otros palos clavados en el suelo, completan el alumbrado.» Sigue el mismo espíritu festivo, que no es otro que el existente en 1685, fecha en la que el visitador general ordenaba «que en las ermitas no se agan beladas la bispera de la fiesta y el mayordomo cierre la puerta amedia ora dela noche». Termina la fiesta nocturna con un trago de aguardiente que paga el mayordomo.

Cuando los últimos noctámbulos marchan a sus casas. la folía del tamborilero y el pasacalle de la Aurora anuncian el comienzo del gran día de fiesta. Sobre las seis de la mañana un grupo de personas con estandartes, faroles y esquila recorre el pueblo entonando una alborada del siglo XVI con la que invitan a las gentes a unirse para el rezo de un rosario cívico, sin la presencia de sacerdotes, cantado con una melodía de aquella misma época. Diversos musicólogos y folkloristas. como es el caso de Angela Capdevielle, le han dedicado estudios. Por su parte, los jóvenes enraman o forran de flores, hojarascas y ramos de frutales las cruces de término, y lo mismo hace el Ayuntamiento con una grande de madera que colocan clavada frente a la Casa del Concejo.

A media mañana repican las campanas. Es el momento de llevar el Ramo del Cristo hacia la iglesia. Consiste éste en un gran ramo de olivo, encina o alcornoque, profusa mente adornado de cintas y del que cuelgan frutas, dulces, tabaco, etcétera, que alguien ha preparado por manda o promesa al Cristo de los Remedios. Lo porta el ramajero, al que rodean parejas de danzantes ataviados con trajes típicos. Antes de iniciarse la misa, los danzaores y el tamborilero penetran en la iglesia bailando rítmicamente y se acercan al altar, donde cantan versos de esta índole:

El señor cura rector
es amado pastor nuestro,
le pedimos la licencia
y a todo el Ayuntamiento.

Concedida la correspondiente autorización por parte del sacerdote, los danzantes se retiran bailando en busca del ramajero, que aún permanece en la calle, y todos juntos entran en el templo cantando el Ramo del Cristo; es decir, los motivos que hicieron posible el ofrecimiento. Compuesta la letra por algún versificador local, la música constituye. como bien apuntara Manuel García Matos, una de las composiciones más bellas de la Alta Extremadura. El ramo presidirá la misa a un lado del altar. Terminada la celebración, el ramajero y los danzantes salen al pórtico, donde bailan el ramo. Este curioso acto resistió con todas sus fuerzas los embates reguladores que, en el año 1728, trataron de imponer los poderes episcopales.

El hecho litúrgico por excelencia lo constituye la llamada misa mozárabe, que desde tiempos inmemoriales se celebra en Ahigal el día del Santo Cristo de los Remedios. Los cantos en latín son interpretados por un coro de hombres locales.

Y dentro de la misa hay que destacar la cuelga de los inocentes, que tiene por protagonistas a todos los niños que cumplieron un año antes de la fiesta. Por el tiempo que dura el incarnatus las madres, situadas en la parte anterior del ábside, cogen a los pequeños por las muñecas y los mantienen suspendidos. Dice la tradición que este ritual libra a los infantes de los males de la hernia y de las asechanzas de los demonios.

Seguidamente, en la Cooperativa del Cristo de los Remedios hay convite para vecinos y forasteros. El vino, como es de suponer, se acompaña con los bailes y con la música del más puro sabor tradicional, sin que en este momento, como antes y después, los trajes típicos hayan dejado de resaltar la beldad de las mujeres y el aire gentil de los varones.

A primeras horas de la tarde comienza el último ejercicio de la novena, con el recitado de versos infantiles. A su finalización sigue el ofertorio. La imagen del Cristo es sacada al atrio de la iglesia y a sus pies se colocan unos bancos y unas mesas. En aquéllos toman asiento el clero, los mayordomos y el Ayuntamiento. Sobre éstas se colocan las numerosas ofrendas que llevan los devotos: dulces, frutos del campo, embutidos, corderos, tostones, palomas, garrafas de vino, cuartillas de trigo, colchas y manteles bordados, encajes de bolillos... El pregonero, subido en una mesa, va mostrando los objetos y subastándolos de uno en uno, al grito de: «¿Hay quién dé más?»

Ya oscurecido termina el acto del ofertorio, y llegado es el momento de conducir al Cristo al humilladero. En todos los llanos, plazuelas y cruces de calles se detiene la procesión y, ante la imagen y en medio de un amplio círculo que forma la impresionante masa humana, se ejecuta la danza de la bandera, que los lugareños denominan echar la bandera. Consiste la misma en mover al ritmo que marca la gaita y el tamboril, derecha-izquierda, la más arriba nombrada bandera del Cristo, de dos metros de lado, que, con una rodilla en tierra, el ejecutante pondrá horizontal al suelo, sin que lo bese el raso y sin que cubra el mástil. Son docenas de ahigaleños los que lucen su arte antes de que la valiosa talla del Cristo de los Remedios cruce los umbrales de la ermita.

Un nuevo capazo arde a las puertas del humilladero. La ceniza y el intenso olor a aceite dicen el adiós de cada año a unas fiestas muchas veces centenarias.

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BIBLIOGRAFIA

DOMINGUEZ MORENO, José María: "La fiesta del Cristo de los Remedios en la tradición ahigaleña" , en Revista Ahigal, VIII, 61 (1987).

DOMINGUEZ MORENO, José María: "El Ramo del Cristo de los Remedios", en Revista Ahigal", III, 33 (1982).

GARCIA y GARCIA, Segundo: Flores de mi tierra (Historia, Costumbres y leyendas de Ahigal). Cáceres, 1955.

MORENO RUBIO, Vicente: "Costumbres populares : El Cristo bendito de los Remedios", en Diario Nuevo Día, 7 de octubre de 1927

Proyecto para la declaración del Santo Cristo de las Remedios como “Fiesta de Interés Turístico de Extremadura", elaborado por la Agrupación "Amigos de Ahigal". Abril, 1988.