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AMNON Y TAMAR: Romance Tradicional y Poema Lorquiano

DIAZ VIANA, Luis

Publicado en el año 1981 en la Revista de Folklore número 10.

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THAMAR Y AMNON EN El "ROMANCERO GITANO"

Con el título de "Tres romances históricos" incluye Federico García Lorca al final del "Romancero gitano" tres composiciones cuya temática sólo en algún pequeño detalle presenta rasgos de "gitanismo"; de otro lado, son éstos los poemas en los que el autor parece haberse acercado más a los romances de tipo tradicional, abandonando esa vena de romancero vulgar decimonónico, con sus bandoleros y héroes marginados, que constituye la principal fuente de inspiración de la obra (1).

Entre los "Tres romances históricos" que forman una especie de cuerpo independiente en el "Romancero gitano", uno, el de "Santa Olalla" aborda un asunto, como es el del martirio de santos y santas, nada infrecuente en los cantos tradicionales; recuérdese el romance popularísimo en su vertiente infantil de "Santa Catalina" o aquél, ya no tan famoso pero hermosísimo, de "Santa Iría". Otro, el romance "con lagunas", tal como Lorca lo define, de "Don Pedro a caballo" corre por una senda paralela a la de los romances tradicionales en que los caballeros vagan quejumbrosamente por campos de misterio y, a veces, encuentran un lastimoso fin; "La muerte ocultada" subyace quizá en la creación de Lorca, que llama Don Pedro a su protagonista (Pedro y Bueso se le llama en las versiones de tradición oral) y que, posiblemente en busca de una originalidad formal frente al romance tradicional, ensaya diversas métricas en este poema (2).

El tercero de los históricos es un romance al que un convencional clasificador de composiciones romancísticas nunca hubiera dado ese nombre: "Thamar y Amnón", el poema lorquiano, trata el mismo tema que un romance tradicional muy difundido al que los especialistas catalogan como "bíblico". Manuel Alvar, en un completo y profundo trabajo sobre el romance de Thamar, coteja las diversas versiones y, por último, rastrea la influencia de ellas en la creación de Lorca. Dice el investigador: "Para mí el elemento tradicional es el venero más importante en la creación del poeta... de aquel polvillo de poesía se levanta una gran llamarada de emoción lírica y de dramatismo desgarrado. Juntos en este momento los dos veneros inagotables: tradición cultural, cultura tradicional. Esta ha sido la vida de un tema. Su eficacia hoy se mantiene intacta. Gracias a la tradición -relato de viejas, canto de comba- y al mundo de los libros..." (3).

Alvar revisa interpretaciones anteriores acerca de las posibles fuentes de inspiración del romance lorquiano, admitiendo, por ejemplo, la hipótesis de Díaz Plaja respecto a la influencia de algunas escenas -yo diría más bien el "tono"- de la obra de Tirso sobre la historia de Thamar en el poema. Ese aire entre sensual y mórbido, la riqueza conceptual y el exquisito arabesco cultista que encontramos en el romance de Lorca podrían muy bien proceder del drama del mercedario (4). Con Alvar y Díaz-Plaja coincido en definir de "conceptuosa y fría" la manera en que un romance, indudablemente culto, como Alvar afirma, trata el tema bíblico. Esta composición, incluida en el "Romancero General" de Agustín Durán, nada posee de tragedia o poesía y sí mucho de prolijos retorcimientos lingüísticos (5):

Grandes males finge Amón / por amores de Tamar:
¡Harto mal tiene quien ama, / no ha menester fingir más!
Por los ojos de su hermana, / flechado el hermano está,
tanto que a ser más honesto / fuera santa la hermandad
A la causa del engaño / pide le venga a sanar
que Tamar tiene el remedio / de su misma enfermedad,
Dióle Tamar de comer / y Amnón que vio su beldad
el gusto puso en los ojos, / y así comió con mirar.
Por no guardarla más tiempo, / la gozó el hebreo galán,
y con ser que era judío / dejó entonces de esperar.
Gozóla y aborrecióla, / que al gusto sigue el pesar,
y aunque ella sintió la fuerza, / el desprecio sintió más.
Gozada y aborrecida / a buscar venganza va:
Huye Amón ¡mira por tí! / que es mujer y la ha de hallar (6).

Creo que tan anti-dramático texto en ningún caso pudo ayudar a Lorca; es, en mi opinión, recreación del romance tradicional y así parecen indicarlo ciertas coincidencias temáticas (7).
Aunque se ha aducido alguna otra posible fuente romancística (8), pienso -y ahora lo comprobaremos- que la interpretación de Alvar en el sentido de que Lorca tuvo más en cuenta de lo que aparentemente parecería las versiones tradicionales (frecuentes en Granada) es, en principio acertada. Resalta este investigador algunos puntos en que el poema lorquiano da la impresión de seguir el "esquema", la "estructura de interés", del romance tradicional. Los versos

como era veranito / subía en enaguas blancas (9)

deliciosos en su frescor descriptivo, cree Alvar que produjeron la incoherencia de que Lorca nos presente, primero, a Tamar desnuda

Tamar estaba cantando / desnuda por la terraza

y luego escribe

ya la coge del cabello / ya la camisa le rasga.

El verano como fondo de la pasión desencadenada aparece, también, en la vertiente tradicional y en la creación lorquiana (10).

Señala Alvar la referencia del poema contemporáneo a la mirada de Tamar

Thamar, bórrame los ojos / con tu fija madrugada

que encontramos, de parecido modo, en gran número de versiones de la tradición

las "malezas" que yo tengo / tras de tus ojillos andan (11)

el mal que yo tengo, niña, / entre los tus ojos anda (12).

El momento de la violación sigue en Lorca un desarrollo en progresión que encaja con el modo tradicional

pendientes de tus orejas / por la escalera rodaban;
anillitos de sus dedos / en ella nada paraban...

Los versos lorquianos

ya la coge del cabello / ya la camisa le rasga

no los he hallado en versiones orales pero "ya la coge del cabello" es, con todo, expresión muy romancesca; se dice, por ejemplo, en el romance de "La infanticida"

la ha agarrado de los pelos / barre la casa con ella (13).

Nuestro poeta, se movía, pues, en el ámbito de la tradición cuando compuso su poema; mantuvo el "guión", los pasos de la acción de las versiones populares, pero es indudable que el romance de Lorca no puede explicarse únicamente con esta deuda al venero tradicional. La rima en "a-a" coincide, también diversos aspectos e incluso versos ya señalados; mas Lorca recurrió, en mi opinión, a otras fuentes, bíblicas y folklóricas para completar el crispado panorama en que tiene lugar la violación de Tamar.

COMPONENTES MITICOS EN EL ROMANCE LORQUIANO

Por supuesto que, además del "marco" tradicional del que Lorca se sirvió para trazar los rasgos esenciales del poema, hay en el romance de "Thamar y Amnón" otros componentes; el poeta barajó, genialmente, lo cultista y lo popular como ya hemos comentado. Y, de otra parte, no debió de olvidar tampoco el relato bíblico en sí. El romance, salvo interpolaciones, más bien escenográficas, conserva en su vertiente tradicional las fases principales del tema, tal como aparece en la Biblia (14). El libro sagrado cuenta esta historia en "Samuel" (13: 1-22). A través de ella advertimos que, Amnón y Thamar eran solamente hermanos de padre, y que el rey David no quiso castigar a aquél por ser su primogénito, siendo finalmente Absalón quien lo hizo. Entre los sefardíes se encuentran versiones romancísticas que recogen esta venganza (15).

En la composición de Lorca nos topamos, al final, con un "planto" estremecedor, con un trágico alarido tras la violación de Thamar. Alvar, cree que este fragmento -no presente en las versiones tradicionales- está tomado, no obstante, de la tradición: "Se ha cumplido el crimen. El coro plañe por la sangre derramada. He aquí que la inclusión del elemento dramático pertenece, también, a la tradición oral" (16). Yo pienso que en este episodio Lorca conjugó lo "gitano", lo folklórico, y lo bíblico. Aunque el poeta revistiera de una cierta desproporción mítica esta parte, aunque exista, en efecto, una vieja y amplia tradición -no sólo "gitana"- en torno al llanto de las mujeres por la pérdida de la virginidad en una doncella, Lorca tuvo en cuenta, más que en ningún otro momento de su creación, el pasaje de la Biblia: "Thamar echó ceniza sobre su cabeza, rasgó la amplia túnica que vestía y, puestas sobre la cabeza las manos, se fue gritando" (17).

El asunto de incesto interesaba a Lorca en cuanto que plasmaba un deseo indomable, una pasión que transgredía las leyes. Quizá por lo mismo y por el problema "real" que las relaciones incestuosas han provocado con más frecuencia de la confesada en nuestra sociedad (18), el romance tradicional ha gozado de gran difusión hasta ahora. Pero hay otras composiciones romancísticas sobre el tema: "Delgadina", "Silvana"... El incesto entre hermanos que es el que nos presenta el romance de "Amnón y Thamar" no fue siempre. considerado como reprobable; algunos pueblos lo tenían por costumbre divina, y ello se reflejaba en varias mitologías (19). Los faraones de Egipto, para preservar la casta lo practicaron, y, como ellos, las clases nobles de Gales, Persia, Siam, Perú y Ceilán.

El incesto, "tabú" y, al tiempo, costumbre divina se halla presidido en las antiguas tradiciones de ciertos pueblos por la luna, diosa y reina de los deseos prohibidos (20). Lorca, con su poderosa intuición mítica, sitúa la acción por la noche y desde la primera palabra del poema la luna revolotea sobre el trágico paisaje

La luna gira en el cielo / sobre las tierras sin agua.

A lo largo de la composición el motivo lunar se repite con fuerza creciente

Thamar estaba soñando / pájaros en su garganta,
al son de panderos fríos / y cítaras enlunadas...

Finalmente, la pasión incestuosa de Amnón se concreta en la obsesiva redondez de la luna

Amnón estaba mirando / la luna redonda y baja,
y vio en la luna los pechos / durísimos de su hermana

este elemento, a mi juicio, importantísimo dentro del angustioso universo, dominado por el deseo irreprimible, que el romance nos presenta, no fue tomado por Lorca del mundo libresco; tampoco lo encontramos en las versiones romancísticas ni en la Biblia. Es, con todo, verdadero eje subterráneo de lo que sucede en el poema lorquiano y clave mítica común a varios pueblos. Creo que la circunstancia nocturna no proviene de Tirso sino de la invención del propio Lorca; no será, además, tanto la noche como la luna el ingrediente que nuestro poeta acertará a explotar. Si Lorca consigue, como autor neo-popular, superar la superficial imitación, si va más allá de sus propios modelos, es, en mi opinión, porque su imaginación logra ahondar en los mitos colectivos, tocar las raíces del inconsciente humano (21).

Creo que, en este sentido, la interpretación de J. L. Shomberg resulta bien enfocada: "...(el romance de "Thamar") ensaya la aplicación de una técnica creacionista, que por su hermetismo despliega sobre el texto una zona misteriosa..." (22). Lorca crea un mundo cerrado en que los distintos elementos se contraponen simétricamente y en la que todo, encajado de modo exacto, contribuye a exaltar la omnipotente influencia del Eros. El marco de este apretado cuadro es la trama, sencilla pero eficaz en su intensidad, de las versiones tradicionales sobre el tema; el tono y los colores serán los más audaces, ricos y cultistas; pero, al fondo, reinando desde remotas grutas, el mito irradiará su poder inagotable.

(1)Repito aquí la opinión de R. MENENDEZ PIDAL acerca de la obra de Lorca en el Romancero Hispánico, t. II, Espasa-Calpe, Madrid, 1954.

(2) Mientras que Lorca es fiel al octosilabismo en la casi totalidad de composiciones que constituyen el Romancero Gitano, usa en la "Burla de Don Pedro a caballo" versos de seis, siete, tres, cuatro, ocho sílabas.

(3) MANUEL ALVAR, El romancero. Tradicionalidad y pervivencia, Ed. Planeta. Barcelona, 1970, pp. 252-245.

(4) G. DIAZ PLAJA, Federico García Lorca, Col. Austral, núm. 1.221, pp. 136-139.

(5) MANUEL ALVAR, Op. cit., p. 240.

(6) AGUSTIN DURAN, Romancero General, Madrid, 1982, núm. 452.

(7) Junto a la huella bíblica del repudio de Tamar por parte de Amnón ("gozóla y aborrecióla") encontramos en el poema la referencia, común a la mayoría de las versiones orales, al enamoramiento a través de la mirada ("Por los ojos de su hermana / flechado el hermano está").

(8) G. DIAZ PLAJA, Op. cit., p. 139, piensa que el tema incestuoso proviene de la poesía popular y de romances como el de "La Dama d'Aragó".

(9) M. ALVAR, Op. cit., p. 242.

(10) Dice el poema de Lorca: "Mientras el verano siembra / rumores de tigre y llama ". ALVAR comenta (Op. cit., p. 242, nota 18) las variantes relativas al verano y el posible "mapa" que se podría trazar según la frecuencia de unas u otras en distintas zonas.

(11) Cito este verso de una versión recogida en Tudela de Duero (Valladolid), publicada por L. DIAZ VIANA, J.DIAZ y J. D. VAL, Romances tradicionales, t. I, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1978.

(12) M. ALVAR, Op. cit., p. 243.

(13) L. DIAZ VIANA, Op. cit., pp. 82-83.

(14) M. ALVAR, Op. cit., p. 166-212. Puede comprobarse en el excelente estudio que el autor hace de los motivos temáticos en las distintas versiones cómo se corresponden en lo fundamental las creaciones orales y el relato bíblico.

(15) Véanse las versiones ofrecidas por PAUL BENICHOU, Romancero Judeo español de Marruecos, Ed. Castalia, Madrid, 1968, p. 113, y M. ALVAR, Op. cit. pp. 221-237.

(16) M. ALVAR, Op. cit., p. 244.

(17) Samuel, 13, 19. (Libro II).

(18) En un trabajo sobre "La constante del mito en el Romancero tradicional" abordé el problema de la selección de los temas dentro de la tradición oral. El "inconsciente colectivo", "Los arquetipos psíquicos", los "tabús" constituyen, en mi opinión, clave importantísima al respecto.

(L. DIAZ VIANA, La tradición oral castellana, Ed. Centro Castellano de Estudios Folklóricos, Valladolid, 1981, pp. 19-28.

(19) Recordemos las parejas divinas de Zeus y Hera o Isis y Osiris.

(20) Aparece reflejada esta constante con algunos ejemplos en PAULO DE CARVALHO NETO, Folklore y psicoanálisis, Ed. Mortiz, Méjico.

(21) Lorca, no sólo en su poesía, sino también en su teatro -piénsese en Yerma- coincidirá en los temas y en el modo de tratarlos con el universo folklórico; su invención frecuentemente gira en torno a fuerzas primitivas o irracionales; odio y deseo telúricos y poderosísimos.

(22) J. L. SGHONBERG, Federico García Lorca. L.'homme-L'oeuvre, París, 1956, p. 201.