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PAPEL DE FUMAR

LEON, Rafael

Publicado en el año 1989 en la Revista de Folklore número 102.

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Los veinticuatro viejos grabados que aquí se reproducen vieron ya la luz como objeto de estudio en la revista «The Paper Maker» (1), publicación de la «Hercules Inc.», Wilmington, 1966. El artículo en que aquel material se recogió llevaba el título de «A lively look at papermaking» e iba firmado por Oriol Valls i Subira, quien allí remitía como fuente a los «Historical Archives of Barcelona».

Doce años después, en el boletín «Torras Hostench», nº 29, invierno del 78-79, reaparecían 18 de aquellos grabados, aunque desordenadamente y sin sus pies respectivos (a los que luego nos referiremos); es decir, cumpliendo una función meramente decorativa en las cubiertas de ese boletín, que los citaba como procedentes del Museo de la Corona de Aragón.

Por ese mismo tiempo, en el vol. I de La historia del papel en España (2), el propio Valls i Subira reproducía la primera de esas ilustraciones, con su pie y el de la última, indicando como procedencia el Departamento de Grabados del Instituto Municipal de Historia, de Barcelona, así como su propia colaboración en la revista «The Paper Maker» citada más arriba.

Conforme a tales indicaciones, busqué la serie original en ese Institut Municipal d'Història, instalado en la Casa de l'Ardiaca (del «arcediano»). Pero allí di sólo con 12 grabados, recortados y pegados a una hoja de papel: la mitad de los que Valls dice haber examinado en su día. Sin embargo, era la misma carpeta consultada por Valls, porque en ella figuran otras series, otras «historias», a las que se refiere en su artículo publicado en Wilmington y a las que -me atrevo a apuntar aquí- podemos suponer un destino, sea el que fuere, semejante al de la serie que nos ocupa.

Añadiré aún que el Instituto Papelero Español (la Asociación de Investigación Técnica de la Industria Papelera Española), en Madrid, viene dando esos grabados como ilustración de sus felicitaciones de Navidad, aunque no sé cuándo comenzó con esta publicación y si la ha proseguido ordenadamente.

En vista de ello, lo mejor será dirigirse a la Fundació Marés, también en Barcelona, donde un expositor hermético permite contemplar los 24 grabados, como me descubre el Dr. Ingeniero de Caminos Josep Maria Albaigès, quien ha llevado a cabo en mi favor muchas más indagaciones de las que yo sabría enumerar aquí.

Los propios grabados se declaran hechos en la fábrica de don José Simó, «frente a la Pescadería, en Bar(celo)na, C(amin)o N(uev)o, número 6, c(o)n l(icenci)a». En el texto que acompaña a los grabados 2º. y 16º. se hace expresa mención del papel de fumar (¿por qué ése y no otro papel?), aunque sin relacionarlo formalmente con la posible finalidad de los propios grabados. Pero esa mención, junto a diversas circunstancias que añadiré luego, apoyan la creencia, generalmente aceptada, de que tal destino era figurar en las cubiertas de libritos de ese papel.

Sin embargo, el hecho de que no se declare la condición papelera de esa fábrica me lleva a pensar (3) que sólo contemplamos el dorso de las mismas, su cara interior, y que esa mención, o la de su producto, figuraría en la cara visible de tales cubiertas.

En el ensayo «Historia papelera de la provincia de Valencia» (con una addenda alicantina), que Gonzalo Gayoso Carreira publica en la revista «Investigación y Técnica del Papel», número 29, Madrid, 1971, se testimonia esa mención indefectible en los libritos. Uno de ellos, que Gayoso reproduce y es de los más antiguos conservados, ya la hace constar, en un grabado caligráfico que puedo suponer de finales del XVIII: «Pap(e)l de hilo. F(ábric)a de Francisco Boronat y Hermanos, en Alcoy.»

Y según los anuarios «Bailly-Baillieri» (4), la especificación de las marcas, que históricamente aparece después, no hace que se omita la indicación papelera.

Así, la «Gran fábrica de papel para fumar y taller de libritos y carteras» de Hijos de Juan Botella, en Alcoy, que tenía en propiedad las marcas «El Ratón», «La Pantera» y «Negrito Libre», entre otras, casa que, «como continuadora de la antigua y acreditada de Viuda de Juan Botella e Hijos, cuenta con más de un siglo de existencia», y cuyos productos «son conocidos y apreciados tanto en la Península como en América, Filipinas y extranjero, adonde se exportan anualmente más de 40.000 resmas en cuadro, así de papel blanco como pectoral y orozuz». (Volveremos luego sobre esas denominaciones.)

La «Fábrica de papel de fumar» de José Botella Botella, también de Alcoy, lleva en mercado la marca «El Gaitero Gallego» y nos hace constar su «especialidad y superioridad en toda clase de papeles (tanto de carteras como de libritos) de hilo, regaliz, pectorales, etc.», con «papeles en resma para ultramar».

Igualmente en Alcoy, la Viuda de Isidoro Pérez Moltó, con su «Gran fábrica de papel de fumar en libritos, carteras y resmas», especializada en papel extracto de regaliz, con las marcas «El Lince», «Chacal», «Mapa de España», «Campana» (volveremos a encontrarla en Bañeras), «Llave» y «Loro».

En Onteniente, Rafael Comas Delgado cuenta con una «Fábrica y taller de libritos de papel de fumar» de hilo puro, puestos a la venta bajo el nombre de «Fuente Valenciana» y que obtuvo primer premio en la Exposición de Filadelfia, en 1876.

Francisco Beneyto e Hijos, de Bañeras (pero con radicación en Bocairente), produce en su «Fábrica de papel de fumar» las marcas «Campana» (ya aparecida) y «Palmera».

En Bañeras también, Vicente Beneito (esta vez el apellido con i latina), casa fundada en el XVIII, elabora en su «Gran fábrica de papel de fumar y taller de libritos y carteras» las marcas «El Norte» y «Las dos Columnas».

Y siguiendo en Bañeras, José Mora Navarro, también con primer premio en Filadelfia, 1876, cuenta con «Grandes fábricas de papel a mano para fumar y taller de libritos, carteras y en resma», con sus marcas «Toro y Vaca», «Las Tres Naranjas», «Tintero», «Los Caballos», etc.

Ahora bien: sabemos (lo advierte Gayoso en su mismo ensayo) que, hacia el 1884, J. Layana, de Buñol, vendía sus libritos «La Zaragozana» con la reproducción, en el dorso de sus cubiertas, de famosos cuadros, lo que las convertía en motivo de coleccionismo. E incluso alguna de las marcas que he citado (y que tomo siempre de sus reproducciones gráficas en los «Bailly-Baillieri», a su vez reproducidas por Gayoso) podría no ser tal marca, sino la rotulación de un dibujo en el dorso de las cubiertas que ese anuario publica. Tal creo que ocurre con un «Telégrafo eléctrico» en cierta cubierta de Vicente Beneito; con una estampa de «Febo Sol», en otra de igual fábrica; con no sé qué representación de un oficio popular, en otra cubierta de José Mora, y así en muchas más ocasiones.

Ignoro la fecha de nuestros grabados. Valls dice que son del XVIII, y en su Historia se reduce luego al último cuarto de ese siglo. Creo que se adelanta con mucho a su momento real, lo cual no podría extrañarnos: en esa misma Historia califica de «romano» al Puente Nuevo de Córdoba (que reproduce en fotografía a todo color), atribuyéndole así unos dos mil años más de antigüedad a su época efectiva.

El «Museu Textil i d'Indumentaria» me advierte que el atuendo del caballero representado en los grabados -atuendo que, curiosamente, no es el mismo en todos ellos- corresponde a la moda de 1825-1835.

Lo cierto es que esa fábrica de don José Simó, que otras series de grabados sitúan frente a la ex pescadería del Borne (¿de la «corredera» ?, ¿de la «horca»?), pasó luego a ser propiedad de don José Carol, quien declaraba su establecimiento como sito frente a la ex pescadería del Borne, calle del Rech (de la «acequia»), número 38. Una calle que existe aún -carrer del Rec-, no lejos de la antigua ciudadela.

Abierto y aplanado cualquiera de esos presuntos estuches, según los conocemos en la casa del Arcediano, se nos presenta como un rectángulo de 14 X 4 cm., que muestra:

a) En lo que se ha supuesto primero tapa, un grabado en el que sucesivamente figuran la representación de una fase de la manufactura del papel y su número de orden, así como la consulta formulada por cierto personaje investigador, el «Curioso», consulta hecha en tres octosílabos, libre el primero y consonantes entre sí el segundo y el tercero.

b) En su centro, que correspondería al lomo, una leve viñeta irrelevante.

c) En la parte inferior -es decir, en lo que se supone la tapa de detrás-, y ya en composición tipográfica, la respuesta al «Curioso», dada siempre por el «Fabricante» (salvo una vez por el «Trapero» y otra por el «Carretero») en forma de décima espinela; una viñeta (que aparece igualmente en otras series, sin duda, acreditando idéntico taller impresor), la referencia al fabricante y el emplazamiento de su fábrica e indicación de la licencia.

Y no consta, pero lo deducimos, que la serie entera estaba dividida en dos entregas o partes de doce grabados cada una, conforme al mismo número de grabados por pliego que figuran en todas las demás series o historias conservadas sin recortar en la casa del Arcediano. Ello es lo que fuerza a expresar, en nuestro grabado nº. 12, que «en otra parte» se dirá el modo de perfeccionar el papel, y que, ya en el número 13, el Curioso se exprese así: «En esta segunda parte / deseo que me expliquéis todo lo demás que hacéis», recibiendo del Fabricante una respuesta que comienza: «Quedó en la primera parte / el trapo en papel mudado...»

Esas «partes» de doce cromos podían adquirirse -algunas de las propias láminas de otras historias lo advierten- en la misma ciudad, «debajo de los arcos de los Encantes, en la fábrica de estampas de Nicolás Roa y María Teresa Sellent», incluso en una edición «de lujo» -por decirlo así- sobre papel de hilo, y en una tirada económica sobre papel de color, al modo de las aucas o pliegos de aleluyas. (Esos Encantes, contracción de En cant se ven? , «¿En cuánto se vende?»)

Y podemos ya elevar a voz un conjunto de balbuceos. Tenemos una serie de grabados que -pie e imagen- se refieren a la fabricación del papel. En esos pies, a pesar de su brevedad, se alude por dos veces al papel de fumar (y en ninguna ocasión a cualquier otro). El tamaño y disposición de cada grabado y de su texto coincide con el desarrollo de la cubierta aplanada de un librito de papel de fumar. Es razonable pensar, pues, que tales grabados y textos se destinaran a esas cubiertas.

Frente a ello tenemos que no se subraya la condición papelera de la fábrica de don José Simó ni -menos aún- se hace indicación de clase o marca de un papel de fumar, contrariamente a lo que era indefectible uso. Y sabemos también que, en ocasiones -como incitación a la compra del papel- la parte interior de sus cubiertas llevaba alguna serie de grabados coleccionables. Parecería natural pensar, por tanto, que el material que nos ocupa constituye el dorso de esas tapas enteramente abiertas: el interior de las tapas de los libritos.

Pero en el archivo histórico de la Casa de L' Ardiaca se conservan, como hemos dicho, otras láminas con historias diferentes, aunque con la misma dimensión y disposición de la que tenemos en estudio, con sus grabados sin recortar -siempre en grupos de doce, aunque el relato pase de una lámina a otra- y que, según se lee en algunas de esas láminas, pueden adquirirse en determinado lugar de los Encantes: en una «fábrica de estampas», precisamente.

Entonces lo natural es pensar que tales series se proyectaron inicialmente para su estampación en el interior de las cubiertas de los libritos, como aliciente para su venta. y que, creado el espíritu de colección, nuestra serie y las demás siguieron imprimiéndose como si a ese fin se dedicasen (y sin renunciar a él) para su venta en láminas o por cromos (5) y precisamente en una «fábrica de estampas», La fábrica de don José Simó, que no era de estampas ni de papel, sólo podía ser uno de esos «talleres de libritos y carteras» que hemos documentado hasta el aburrimiento en los «Bailly-Baillieri».

La natural elementalidad de estos «poemas» no excluye un cierto ingenio y sentido del humor, y así leemos en uno de ellos que, del trapo, tal vez «lo que sirvió a una trasera / pasar a tu boca espera / hecho un cigarrito escaso». En cuanto a los propios grabados, su condición ingenua los salva de cualquier reproche. Baste observar que las pilas aparecen con sólo uno o dos mazos y simplificados en su mecanismo, y que las prensas muestran el huso o cargol torneado indistintamente en el sentido correcto y en el opuesto.

No he podido confirmar una referencia de que, a comienzos de nuestro siglo, don José Vilaseca i Domenech (de la razón (Vilaseca y Sobrinos», de Capellades) publicó también de un modo semejante el proceso de la fabricación del papel; ni -si es que fue así- la posible relación de aquella serie con la que nos ocupa.

España es, sin duda, el país en que mayor cantidad de papel de fumar se ha fabricado a mano (y recordemos las «Grandes fábricas de papel a mano para fumar» de Mora Navarro, en Bañeras), hasta el punto de que, en el XIX, se le llamaba en Francia papier espagnol, aunque, como Briquet advierte en Les filigranes, las Ordenanzas francesas de 1741 designaban ya así al de un formato de 311 X 392 mm. y con un peso medio por resma de 4,401 Kg. y nunca inferior a los 3,912. Y que, mucho antes, en 1567, los cónsules y magistrados de Thiers, en Auvernia, habían reglamentado un papel espaignol grosbon, cuya resma pesaba de 9 1/2 a 10 libras.

En 1840 funciona ya una máquina plana en Manzanares el Real (Madrid) y, dos años después, otra en Gerona, precedidas ambas por las redondas -aunque invento más tardío-, cuyo papel continuo fue progresivamente desplazando al de tina, con lo que ésta, tras la primera Gran Guerra, pasó definitivamente a objeto de museo. Pero el proceso fue operándose con cierta lentitud. y cuando las máquinas planas acabaron también con las redondas en la fabricación del papel de fumar, podía recordarse aún un período en que a las planas se les había confiado la fabricación del papel de menor gramaje, dejándose a las redondas el de «paja de trigo» (aunque hecho de paja de centeno) y, hasta cierto punto, el papel «pectoral», al que luego haremos referencia. Para algunas clases de papel, como el de escribir, los tambores o bombos de estas máquinas iban dotados de una tela verjurada (aunque ya no tejida a mano), pero no para el papel de fumar, porque la pasta, por su finura, se habría ido perdiendo entre los hilos. El verjurado del papel que nos ocupa -verjurado del que se esperaba esa combustión más homogénea que hoy se confía a la carga de carbonato de magnesio- se le grababa al papel mediante un pequeño cilindro con ese dibujo en relieve y que giraba a idéntica velocidad que la tela. Estos cilindros se comportaban como un rodillo mata-espuma y, más tarde, fueron sustituidos por calandras filigranadoras a presión.

El principal mercado de aquel papel de fumar fue siempre hispanohablante, razón por la que, incluso en Cataluña, se diferenciaba entre el tipo «cigarrillo» (de superior elaboración y menor gramaje) y «cigarro», y no entre cigarret y cigar. El papel «cigarro» era, efectivamente, más grueso y tosco, aunque ambos oscilarían entre los 25 y los 30 gr /m2, según podía comprobarse en una balanza (que expresaba ese peso en libras y onzas) a la que se sometía la pasta al salir -húmeda aún- de la prensa de la tina.

En todo momento, la mejor materia fue el lino de los trapos y el cáñamo de toldos y cordeles, aunque también se admitían las pequeñas porciones de algodón que fuesen con aquellos, como -por ejemplo los empeines de las alpargatas. De manera que el papel recibía diversas denominaciones, como la de «arroz», por su blancura, o «maíz», por su color de farfolla. Aunque también por el baño con que se le dotaba de un sabor especial, de un aroma especial, de una especial pretensión terapéutica: «berro», bañado con ese zumo; «chorrito», bañado con agua de azafrán; «kummel», con aguardiente de comino; «alquitrán», con ese producto rebajado en alcohol, y así hasta casi cien variedades. El «pectoral» -ya aludido- se pintaba a mano con regaliz (hoja a hoja, por una sola de sus caras) y, como más consistente, se podía tender sin ayuda del espito sobre millares de cañas dispuestas en el «mirador» o planta más alta del molino. Pero era también materia -como ya se ha indicado- la larga caña del centeno, tan rica en celulosa y que se cocía durante horas en cal viva (lo que no evitaba el fuerte color amarillo, «pajizo», del papel que con ella se obtenía).

Señalaré, en fin, como curiosidad siquiera, que en la hechura a mano del papel de fumar o para fumar, la pasta se pasaba del tinaco a la tina de una sola vez, antes de comenzarse la posta, y no de una manera fraccionada y progresiva; que en el molde o forma los hilos corondeles o hilos «gordos» no iban superpuestos a los corondeles o coroneles de madera -los fustes-, porque su excesiva presión hubiese degollado el papel; y que su encolado era muy bajo, casi nulo, lo que reducía ese mal olor que -según hemos visto- ciertos baños trataban aún de limitar.

Un resumen del proceso papelero, según nuestros grabados lo exponen, podría ser como sigue: Recogida del trapo. Recepción y pesaje en la fábrica. Escogido, despolvado y esquinzado. Podrido. Pila de amasar (durante medio día) y segunda pila. Pila de afinar. Tina, molde y bayetas. Prensa de sayales y prensa de postas. Mirador, tendido en copias y recogida. Encolado. Prensa de cola. Tendido por pliegos en el mirador. Recogida. Contador: escogido. Picado en el martinete. Vuelta al contador: nuevo escogido, resmas y balas. (Llama la atención que se silencien los trojes o algorines -los argolins- en los que reposaba la pasta.)

Reproduzco aquí, sin someterme a la disposición que ocuparon en su pliego original, los grabados que nos ocupan. Transcribo también sus pies, para más cómoda lectura, y con leve revisión ortográfica. Quizás debí abrir estas páginas con todo ello en lugar de relegarlo al último rincón.

En La historia del papel en España Valls ha descrito los antiguos tiempos en que el hombre llevaba aún sus cuentas particulares «en prácticas losetas de basalto». Ardua comodidad sin duda. Pero hasta con ella acabó el papel, al que sólo por falta de imaginación asociamos indefectiblemente con lo manuscrito o lo impreso, empequeñeciendo o limitando así su perspectiva.

¿Arder será su natural destino?

1

Curioso

Hombre que, con tanto afán, / vas por las calles gritando, / ¿qué es lo que aquí estás juntando?

Trapero:

En este saco que ves, / recoge mi aplicación / trapos que, en otra ocasión, / fueron ropas de interés. / El tiempo les dio al través / y en trapos se han convertido; / pero has de estar advertido / que, con pluma o con pincel, / aún harán un gran papel / cuando papel hayan sido.

2

Curioso:

De tantos sacos cargado, / carretero, ¿adónde vas?, / ¿qué es lo que con esto harás?

Carretero:

Con ellos voy al molino, / que aunque en este mundo infiel / cada uno hizo su papel, / que han de hacer otro, imagino. / Allí será papel fino / lo que fue camisa acaso. / Y, andando por este paso, / lo que sirvió a una trasera / pasar a tu boca espera / hecho un cigarrito escaso.

3

Curioso:

Con esta romana y sacos / ¿qué es lo que pesando estáis / ya qué efecto lo compráis?

Fabricante: Lo que en los sacos está / es trapo

viejo hacinado / que, cuando esté trabajado, / en papel se trocará. / Cuando pesado está ya / pagamos al carretero, / quien, con el mismo dinero, / vuelve a hacer más provisión, / dando, con esta ocasión, / material al molinero.

4

Curioso:

¿En qué estáis aquí ocupados? / ¿Cuál es esta operación? / ¿Qué hacéis con esta invención?

Fabricante:

El trapo que aquí llegó / es preciso ahora escoger, / y con maña disponer / lo que el arte imaginó. / Aquí voy trinchando yo / lo que antes sacude aquél. / Y si con cuidado fiel / se va preparando todo, / se logrará de este modo / el mérito del papel.

5

Curioso:

¿Por qué motivo los trapos / que quedaron escogidos / se encuentran aquí metidos?

Fabricante:

Para que se llegue a ver / papel esta trapería / se debe antes, con porfía, / consumirla y deshacer. / Podrirlos es menester / para después amasarlos. / Por esto estáis viendo echarlos / ahora en este pudridero, / que es el modo verdadero / para mejor prepararlos.

6

Curioso:

Ahora que están podridos. / ¿Por qué os los veo sacar?, / ¿dónde los vais a llevar?

Fabricante:

Cuando podridos los vemos / de este lugar los sacamos, / y en las pilas los echamos / donde amasarlos debemos. / Medio día los tenemos / en las pilas de amasar. / Y antes que llegue a acabar / toda aquesta operación, / se debe, con precisión, / a otras dos pilas pasar.

7

Curioso:

¿Qué hacéis ahora de esta pasta / que tan amasada está?, / ¿qué es lo que ahora se hará?

Fabricante:

Para formar con primor / el papel de todas suertes, / después de las pilas fuertes / se pasa al afinador. / Trabajada con primor / la pasta de esta manera, / sale tal como se quiera / para pasarla a las tinas, / desde las suertes más finas / a la más baja y grosera.

8

Curioso:

Decidme ahora claramente: / ¿por qué de aquí lo sacáis / ya las tinas lo lleváis?

Fabricante:

Como se halla reducido / todo el trapo a pasta ya, / en las tinas tomará / un color limpio y lucido. / En agua pura metido / se apura, pule y aclara, / y de modo se prepara / que, cuando sale de acá, / lo que antes fue trapo, ya / de papel muestra la cara.

9

Curioso:

Con este extraño enrejado / mi imaginación no atina / lo que sacáis de la tina.

Fabricante:

La reja que manejamos / es el molde del papel: / echamos la pasta en él / y al instante la colamos. / El uno al otro la damos / cuando ya colada está, / y esto tan ligero va / que es continuo el movimiento, / y de uno a otro momento / el papel queda hecho ya.

10

Curioso:

¿Por qué entre aquestas bayetas / el papel metiendo vais / y del molde lo sacáis?

Fabricante:

De la tina el papel sale / en su tamaño debido, / y está el molde reducido / en la forma que más vale. / El fino aquí sobresale, / y todo entre paños va / porque así se prensará / con la actividad mayor, / y saldrá con más primor / el que más fino será.

11

Curioso:

Decidme ahora, camaradas, / cuál es esta operación / que hacéis en común unión.

Fabricante:

Esto se llama prensar / en bayetas el papel, / porque después salga él / tieso, firme y regular. / Esto nos viene a ocupar / y nos tiene en movimiento, / porque todo nuestro intento / cuando la prensa apretamos / es para ver si le damos / entereza y lucimiento.

12

Curioso:

Explicadme ahora, amigo, / aunque ya casi lo entiendo, / qué es lo que estáis disponiendo.

Fabricante:

De las bayetas sacamos / el papel prensado ya, / de donde a las postas va, / como aquí lo ejecutamos. / Bien llano lo colocamos / y, si pones atención, / verás que esta operación / lo deja hecho ya papel, / y otra parte dirá de él / cómo llega a perfección.

13

Curioso:

En esta parte segunda / deseo que me expliquéis / todo lo demás que hacéis.

Fabricante:

Quedó en la parte primera / el trapo en papel mudado, / en las postas colocado / y con prensa muy entera. / Lo que tras esto le espera / es pasar al mirador; / por esto, con tanto ardor, / de las postas lo sacamos / y arriba nos lo llevamos / para darle más valor .

14

Curioso:

Ya que hemos aquí subido, / deseo que me digáis / lo que trabajando estáis.

Fabricante:

Ya en el mirador estamos, / donde, con cuidado fiel, / tenderemos el papel / que de las postas sacamos. / Darle aire así procuramos / porque tome consistencia, / y en copias, con gran paciencia, / lo vamos tendiendo aquí, / porque sabemos que así / será de más resistencia.

15

Curioso:

Lo que quiero ahora saber, / por qué lo alcanzas y pones / colocado así en montones.

Fabricante:

Cuando ya bien ventilado / se encuentra en el mirador / para que cobre vigor / de la cuerda se ha bajado. / y como ha de ser llevado / a tomar cola y acción / nuestra actual operación / es el quitarlo de aquí. / Por eso se pone así, / de montón siempre en montón.

16

Curioso:

¿Por qué de nuevo mojáis / el papel que seco está? / Esto, ¿de qué sirve ya?

Fabricante:

Si cola no se le diera / en este estado al papel / nadie escribiría en él / por muy blanco que saliera. / Consistencia verdadera / aquí le solemos dar, / aunque, si es para fumar, / tan poca debe engullir / que todos suelen decir / que sin cola debe estar.

17

Curioso:

¿Por qué a la prensa volvéis / el papel que está encolado? / ¿No lo habíais ya prensado?

Fabricante:

La prensa que se le dio / aquí se repite ahora, / pues con la prensa mejora / el vigor que recibió. / No es arbitrario esto, no; / antes es necesidad. / Y así con actividad / a la prensa lo volvemos / y nuestro esfuerzo ponemos / en darle visualidad.

18

Curioso:

Que me explicaseis quisiera / por qué aquí no lo dejáis, / ya qué arriba os lo lleváis.

Fabricante:

Cuando ya hemos conseguido / darle buena consistencia, / toda nuestra diligencia / está en dejarlo tendido. / Así, del aire batido, / se hace firme y vigoroso. / Pónese así muy hermoso / pues, por pliegos colocado, / hasta que esté ventilado / se le tiene aquí en reposo.

19

Curioso:

¿Adónde pasa el papel / que de aquí vais recogiendo? / Lo que vais a hacer no entiendo.

Fabricante:

Cuando ya vemos que está / seco, hermoso y consistente, / nuestro esfuerzo diligente / lo baja al contador ya. / De nada sirviera acá / tendido en el mirador, / y pues todo su primor / ya en la fábrica ha logrado, / justo es que sea contado / para que dé su valor.

20

Curioso:

¿Qué hacéis en el contador? / ¿Por qué aquí lo habéis bajado? / ¿Va tal vez a ser contado?

Fabricante:

Se baja ya al contador / porque antes de ser picado / pueda ser examinado / cada pliego en su valor. / Pónese el de más valor / separado del grosero, / déjase a un lado el costero / y, con nuestra actividad, / se da a cada calidad / su mérito verdadero.

21

Curioso:

¿Adónde lo conducís / ahora que está ya escogido, / contado y distribuido?

Fabricante:

Del modo que lo estás viendo / al martinete se va, / en donde se picará / con un general estruendo. / Allí se va comprimiendo / a fuerza de machacar, / y al impulso singular / de las aguas abundantes, / lo que era grosero antes / fino se viene a quedar.

22

Curioso:

Decidme ahora qué le haréis / al papel ya adelgazado. / ¿No está todo terminado?

Fabricante:

Tiene el papel su primor / y está del todo acabado; / y así, para ser contado, / va otra vez al contador. / Concluyó el trabajador / su empresa aquí enteramente, / que está ya papel corriente / el que trapo pudo ser, / y lo que va de hoya ayer / aquí se ve claramente.

23

Curioso:

Ahora me habéis de explicar, / pues lo deseo saber, / qué es lo que os falta que hacer.

Fabricante: La postrera operación / que se hace en el molino / es, del grosero y del fino, / la justa distribución. Todo llega a conclusión, / y así, el
papel fabricado, / escogido y bien labrado, en cuadernillos se pone / y por resmas se dispone / hasta que queda embalado.

24

Curioso:

¿Por qué en los carros echáis / embalado así el papel? / ¿Qué pensáis hacer con él?

Fabricante: Fabricado el papel ya, / y en sus balas repartido, / del molino despedido / a sus destinos se va. / Al carro otra vez irá, / mas no del modo que vino; / porque de un trapo cochino, / a fuerza de aplicación, / sacó la fabricación / el papel más superfino.

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(1) "The Paper Maker", Wilmington, Delaware, USA, vol. 35, n. 1, 1966.

(2) Edición de la Empresa. Nacional de Celulosas, Madrid, 1978. La obra consta de dos volúmenes más, que fueron apareciendo en años sucesivos, al mismo tiempo que su traducción al inglés.

(3) Ya indicaré después con qué limitaciones.

(4) Designación del "Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración, o Directorio de las 400.000 señas de España, ultramar, estados hispanoamericanos y Portugal". de Bailly-Baillieri. Comenzado a publicar en 1979 y que Gayoso -de quien tomo esta referencia- cita por el año 1883 e inmediatos siguientes.

(5) De ahí la repetición de ciertos datos en todos y cada uno de ellos.