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CANCIONES Y CUENTOS

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 1981 en la Revista de Folklore número 11.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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(Fichas sobre brujería cántabra)
A
Al solar le llaman "La Castañeda". Ahí vivía una señora que decían que era bruja. Un tíu mío, bajando del monte con un carro de leña, se le acostaron los bueyes ahí bajo, ya después de pasar el mal camino. Y entonces, vino aquí. Ella se llamaba la tía Bárbara. y le dijo:

-Si no me levanta usté los bueis, la mato a usté ahora mismo, ¡eh!

-¡Ay, por Dios, qué dice, hombre!

-Que si no me levanta usté los bueis ahora mismo, la mato a usté.

-¡Ay, por Dios, calla, calla, calla! ¡Vete que los bueis levantáos estarán, hombre, por Dios!

Y fué mi tío a onde la pareja, y estaban los bueis levantaos.

B

"Se llamaba Bárbara. Era una vieja. Yo apenas me recuerdo de ella. Dicen que lo han cogido otros. Dicen que, cuando se estaba muriendo, una vecina cogió la escoba y dice que así lo cogía.

Un día, al pasar por la casa de la bruja, ya muerta, y cargada con unas ollas de leche, noté que me seguía un gato negro, yo le tiraba pedradas, pero me seguía casi hasta casa."

C

En un lugar llamado El Cabraliego, un señor que venía con un carro de leña y se le entornó tres veces el carro y fué a onde una fulana, que no me dijo quién era, a la Molina y dice:

-O me levanta los bueis y me deja ir pa' casa o la mato.

Y dice la fulana:

-¡Ay!, calla, hombre, calla, por Dios, calla, calla, pero ¿qué culpa tengo yo?

-Usté tiene la culpa.

Y efectivamente, dice que fué él y que vino con bien a casa.

D

Incluso mi abuelo, que vivía en Ruiloba, decía que sí había brujas. ¡Claro que las hay! Nos contaba:

-Yo, cuando una noche iba para casa, vi una que me venía dando para atrás. Dije: ¡me cago en tu madre, que como te coja te mato! Y no me dejaba. Y luego va y me quita el hijo de la cuna.

-Pero, ¿qué dice, por Dios, a onde le llevaba?

-Pues que fui a echar mano a él pa' dárselo a su madre pa' darle de mamar y no le encontré. Ahora que yo me callé. ¡Déjalo, que está dormío! Y cuando volví por él estaba too arañao y too sangrando.

-Pero, ¿es posible?

-Es posible, ¿cómo no va a ser posible?

Historias recogidas por Fernando Gomarín Guirado en el lugar de La Citrera (ay. Comillas, p. j. San Vicente de la Barquera, Santander), a Trinidad Valdés, de 75 años, natural de La Citrera, 18 de julio de 1974.

GERINELDO

-Gerineldo, Gerineldo,
paje del rey más querido,
¡quién pudiera por dos horas
dormir un rato contigo,
y después de las dos horas,
hasta que haya amanecido

-¡Cómo se burla, señora,
cómo se burla de un niño!

-No me burlo, Gerineldo,
que de veras te lo digo.

-Pues dígame "usté", señora,
ya qué hora se abre el castillo.

-Sobre las diez o las once,
que mis padres están dormidos.
Serían las once y media,
Gerineldo fue al castillo.

-¿Quién es ese caballero
que a mi puerta dio un suspiro?

-Soy el paje Gerineldo,
que vengo a lo prometido.
Se ha levantado en enaguas
y abre puertas y postigos.

-Con un postigo que abras
entra mi cuerpo pulido.
A eso de la medianoche
despierta el rey "espavorido".

-O se gozan de mi infanta,
o me roban el castillo.
Deprisa pide el calzado,
deprisa pide el vestido,
y más deprisa la espada
para bajar al castillo.

-En el castillo no hay nada,
pues ¿qué ruido se ha oído?
Va a la cama de la infanta
y están los dos allí dormidos.

-Si mato a la mía infanta
queda mi reino perdido,
y si mato a Gerinerdo,
que es tan pequeñito y niño;
pues dejaré aquí la espada,
"pa" que sirva de testigo.
Ya que despierta la infanta,
estas palabras le dijo:

-Gerineldo, Gerineldo,
despierta si estás dormido,
que la espada de mi padre
entre los dos ha dormido;
levántate y vete a darle
los días, como otros días has ido.

-Buenos días, mi alteza.

-Buenos días, paje mío;
¿dónde has estado, que vienes
tan descolorido y frío?

-Pues sentado en el jardín,
que está muy hermoso y florido.
Con el olor de las flores,
las colores se me han ido.

-Has discurrido muy mal
para tan paje y muy niño,
pues si he querido matarte,
ocasión sí que he tenido.

-Máteme usted, mi alteza,
si lo tengo merecido.

-Yo no te quiero matar,
que te mate Dios, que te hizo.

-Vete a dar agua al caballo
como otros días has ido,
y mañana, de la infanta,
tú has de ser su marido.
Mientras el caballo bebe,
Gerineldo echa un cantar.

-Mira, hija, qué bien canta
la "serenita" del mar.

-Madre, no es la "serenita",
que es la "serenita" tal,
es el paje Gerineldo
que de mí canta un cantar.

-Pues el paje Gerineldo,
yo le mandaré matar.

-Pues si a él le manda matar,
mándeme a mí degollar.

El uno murió al sol salir,
y el otro al sol rayar;
y a ella, como hija de reina,
la entierran al pie de un altar,
y a él, como era un paje pobre,
tres pasitos más atrás.

De los pechos de la infanta
salió un tallito rosal.

La reina, cuando va a misa,
se la prende en el delantal,
y de rabia que le daba,
también le mandó cortar.

Recogida de un grupo de señoras de Laguna de Contreras (Segovia) el 4 de septiembre de 1981 por José Carlos García Peña.

LA SEGADORA

Mañanita de San Juan,
cuando el sol revoleaba, (bis)
se vieron tres segadores
segando trigo y cebada.

El sereno de la noche,
la clara de la mañana,
segando trigo y cebada.

Se enamoró de uno de ellos,
del que hacía las manadas,
y le ha mandado a llamar
con una de sus criadas.


-Buenos días, segador.

-Buenos días tengáis, dama.

-Buenos días, segador,
mi señorita le llama.

-No conozco a tal señora
ni tampoco a quien me llama.

-Yo me llamo doña Inés,
mi señora, doña Juana;
mi señorita es aquélla
que está en aquella ventana.

-Buenos días, segador.

-Buenos días tengáis, dama.

-Buenos días, segador,
¿"quiusted" segar mi senara?

-Su senara, señorita,
no está para mí sembrada,
que está "pa" duques y condes
que la tienen contratada.
"Ségala" tú, segador,
que para ti está sembrada.

Y al subir por la escalera
hizo la primer manada.

-Buenos días, segador,
¿cuántas manadas van dadas?

-Con ésta ya van quince,
si la cuenta no va errada.

-Mal haya sea el segador

si a dieciséis no llegara.

Y al oír esto su padre
se ha tirado de la cama.

-¿Quién es ese caballero
que está contigo en la cama?

-Es una de mis criadas,
que me he puesto yo algo mala.

-No es una de tus criadas,
que le apunta más la barba.

Al oír esto el segador
se ha tirado de la cama;
le ha dado doce millones
en un pañuelo de "horlanda".

Valía más el pañuelo
que lo que dentro llevaba.

Recogida de Simón Pecharromán (76 años) el 8 de julio de 1981 en Olombrada (Segovia) por Luis Javier Viloria y Ramón E. Viloria.

NOTA: La frase
El sereno de la noche,
la clara de la mañana,

se repite como estribillo cada cuatro versos, de acuerdo con la estructura indicada al comienzo.