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APEROS TRADICIONALES DE VILLAMORCO (PALENCIA)

MARTIN CRIADO, Arturo

Publicado en el año 1995 en la Revista de Folklore número 174.

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La bibliografía sobre los aperos de labranza empleados en España es abundante, como podemos comprobar en el catálogo de los que posee el Museo del Pueblo Español (1), pero en el mismo constatamos la escasez de los dedicados a las provincias de Castilla y León. La reciente publicación de un voluminoso libro, de lujosa y cuidada presentación, no ha aumentado demasiado el conocimiento de la rica y compleja gama de aperos de una tierra como ésta (2). Lo que sí deja claro es la falta de estudios concretos y rigurosos, base indispensable para toda obra generalizadora. La escasez de museos antropológicos y los problemas por los que pasan algunos museos provinciales, hacen más costosa la investigación. Por otro lado, la mecanización de las labores agrícolas ha relegado estos utensilios a un rincón del corral, cuando no han sido quemados en la gloria; los más voluminosos se abandonaron en las eras, a la intemperie, donde se siguen cayendo a pedazos. Más de una vez, algún labrador, al ver mi interés por ellos, por conocer para qué servían o los nombres de sus componentes, me ha pedido que me lo llevara para quitar un estorbo del medio o me lo ha ofrecido a un precio simbólico. Pero, ¿dónde transportarlos y almacenarlos? El investigador sólo puede archivarlos en sus dibujos y fotografías. Esperemos que los responsables de conservar el patrimonio cultural sepan hacerlo; lamentarse cuando ya no hay remedio sería coherente si los que lo hacen no cayeran en los mismos defectos que sus predecesores.

El útil sólo nos dice algo si conocemos su función, su forma de empleo en una comunidad determinada, y, a ser posible, quién y cómo lo fabricaba, o de dónde se importaba, su precio, etc. Actualmente, para algunas de estas preguntas sólo hay respuesta en los testimonios de los más viejos, con la imprecisión consiguiente. El estudio directo ya no es posible; hacemos historia oral partiendo de un objeto material.

En este artículo, describiré los aperos de tipo tradicional que se usaban en Villamorco, pequeño pueblo cercano a Carrión de los Condes, en la zona septentrional de la Tierra de Campos. Para ello seguiré un orden de tipo funcional, según las labores agrícolas en que se empleaban; cada uno se nombra de la forma que lo hacen en el pueblo y la descripción se acompaña de dibujos y, en algún caso, de fotografías. Los primeros dan una imagen mucho más comprensible, si bien, como reconoce J. L. Mingote Calderón (3), no hay una forma fijada de representación de estos objetos; en todo caso, he procurado conseguir la máxima claridad.

1.- APEROS PARA CAVAR Y ELIMINAR MALAS HIERBAS

"Abrir o remover la tierra con la azada o herramienta semejante, para cultivarla", que es como define M. Moliner el término cavar, fue la actividad agrícola primigenia. Esta técnica se ha mantenido hasta nuestro siglo para labrar parcelas de poca extensión, por lo general los huertos familiares. Los útiles de cavar son la azada y la pala de cavar o pala de hierro. Si el terreno está muy endurecido, se emplean otros instrumentos como el pico y el pico de dos puntas; como el pico no tiene hacha, para cortar zarzas, raíces, etc., se llevaba una a propósito. Para escardar y limpiar los cultivos de malas hierbas se usaban las azadas y la piquilla; la maleza se recoge con el gancho, las horcas de hierro y el rastrillo de hierro, con el que también se destabona y se alisa la tierra.

1 .a. Azada

La azada consta de una hoja de hierro, afilada en la parte delantera, que se hunde en la tierra, y, en la parte opuesta, de una espiga tubular doblada en ángulo agudo cercano al recto, donde se enchufa el astil de madera que se asegura con un clavo transversal. Puede ser de tres clases (Fig. 1). La primera tiene la hoja trapezoidal, con la parte más estrecha hacia adelante, por lo que su labor es más profunda, pero abarca menos terreno. La segunda es de hoja también trapezoidal, pero la parte del corte es más ancha. La tercera es de hoja circular y se empleaba, además de para cavar, para hacer hoyos. La hoja de todos los tipos los hacía el herrero local y el astil lo elaboraba cada labrador con cualquier palo apropiado, cortándolo a su medida y puliéndolo un poco.

1 .b. Pala de cavar o pala de hierro

Se compone de pala, chapa de hierro de 6 mm.de grosor ligeramente curvada, de forma trapezoidal con el borde inferior, que está muy desgastado por el uso, más estrecho; en la parte superior hay un vástago tubular donde enchufa el astil, palo de encina sin apenas labrar. A la altura del final del vástago está la lavija, planchuela ligeramente curvada unida a una anilla, que gira alrededor del astil, sobre la que hace presión el pie del cavador (Fig.2). También era elaborada por el herrero, salvo el astil que lo hacía el propio usuario.

Para cavar, se coloca la pala vertical sobre el terreno, se sujeta con ambas manos la parte superior del astil y se presiona con un pie sobre la lavija (como ésta puede girar, es posible cambiar de pie). Cuando la pala se ha hundido en la tierra, se levanta la palada y se arroja hacia adelante; el cavador siempre marcha hacia atrás. En Villamorco se cuenta que "la inventó uno que estaba preso y condenado a muerte, y le dijeron que si cavaba el huerto sin dar ni una pisada en lo cavado, le perdonaban la vida. Y él lo hizo y así inventó esta manera de cavar". Se consideraba la mejor labor para el terreno, pero, al ser muy costosa, sólo se empleaba en los huertos. En invierno, cuando no había trabajo, algunos jornaleros o pequeños campesinos eran contratados por los más ricos para cavar algunos barbechos con la pala, pagándoles una carga de trigo (unos 170 kg.) por cada obrada que labraban. Esto era en los años inmediatamente posteriores a la guerra civil; quienes me lo cuentan consideran que era, más que nada, una forma de ayudar a las familias más pobres, proporcionándoles un trabajo que en otras circunstancias no se hubiera hecho,

Es un sistema muy empleado en Castilla para la labranza de parcelas pequeñas, similar a la cava con laya utilizado en Cantabria, Navarra, País Vasco y Rioja. Los romanos conocían con el nombre de bipalium un útil que se ha interpretado en época moderna de diferentes maneras. T. de Aranzadi cita, con las siguientes palabras

Había una forma particular de pala llamada bipalium, mencionada por Catón, Varrón, etc..., y que según Saglio era una pala con barra transversal en el mango, un poco encima del hierro, en que se apoya el pie... (5).

Una interpretación según la cual se trataría del instrumento que acabamos de describir, si bien él se inclina por considerar que se trataba de la laya. En la reciente edición de la obra de Columela (6), se ha traducido por "laya de dos puntas" (7) y "laya de dos púas" (8), a pesar de que algún autor ha cuestionado la interpretación usual de que se trata de un instrumento y plantea la posibilidad de que sea un método de trabajo (9).

Está formado por una barra de hierro forjado, aguzada en punta apiramidada en uno de sus extremos, y aplanada en forma de hoja estrecha y afilada en el opuesto (Fig. 3). Ambas partes están separadas por el ojo en el que entra el astil. Se empleaba, sobre todo, para hacer hoyos en los que plantar vides o frutales, así como para cavar los bordes de los ribazos y descepar los arbustos y maleza que en ellos crecían. Hay otro útil que se conoce también con el mismo nombre, si bien, a veces, se especificaba más y se denominaba pico de dos puntas. En la aceptación de esta denominación parece que ha tenido más influencia la función con que era empleado, la de picar, es decir, cavar terrenos duros, que la forma, más cercana a la de las azadas. En efecto, se trata de una especie de azada cuya hoja ha sido sustituida por dos fuertes barras de hierro, de sección cuadrada, muy aguzadas en sus extremos (Fig. 4). Manejado con fuerza, su labor es tan efectiva como la de la pala de cavar en los terrenos donde ésta resulta inútil.

El pico que hemos descrito carece de boca de hacha (10), por lo que es poco apropiado para labores de descepe y arranque de maleza, en las que es preciso cortar y extraer las raíces para que no dificulten posteriormente el trabajo del arado. Por ello, solía utilizarse una hacha que a menudo resultaba dañada en su filo, al tropezar con piedras o guijarros, por lo que era preciso llevarla con cierta frecuencia al herrero para que la aguzase, como se comprueba en el ejemplar que poseemos, que, además, tiene una marca con el nombre de su dueño o del herrero (Fig. 5).

1. e. Piquilla

Es un utensilio empleado de forma específica para escardar. A ambos lados del orificio para el astil hay dos hojas; una es muy estrecha y queda paralela al suelo, mientras que la otra tiene el doble de anchura y forma un ángulo agudo. El astil es muy corto, apenas mide 46 cm. (Fig. 6). El escardador o escardadora, pues era labor que indistintamente realizaban personas de ambos sexos, incluidos niños, va inclinado sobre el surco para distinguir bien las hierbas dañinas; utiliza la parte estrecha para arrancar las hierbas que han nacido entre las cañas del cereal y la ancha para las demás. Era fabricada también por el herrero local.

1 f. Rastrillo de hierro

Se compone de una planchuela muy estrecha en cuya cara inferior van colocados unos ganchos cortos, también de hierro, de punta afilada y cabeza remachada sobre la plancha. Algo descentrada y sujeta con remaches hay una espiga tubular en la que se enchufaba un largo mango de madera, de alrededor de dos metros, que ahora le falta (Fig. 7). Su utilidad era muy grande en huertos y pequeñas fincas que se trabajaban a mano para, después de cavadas, rastrillarlas con el fin de arrastrar fuera las malas hierbas y deshacer los tabones, dejando la tierra limpia y mullida, lista para ser sembrada.

1. g. Gancho

Una función muy parecida al anterior cumple en los huertos el gancho de seis guinchos de hierro, finos y bien aguzados, espiga tubular y mango en ángulo recto (Fig. 8). Especialmente útil es cuando los hierbajos son abundantes y grandes; también se emplea para desparramar el abono, o sea, el estiércol, por las tierras.

1 .h. Horcas de hierro

Esta clase de horca era preferida para trabajos de limpieza de terrenos recoger y amontonar las malas hierbas para quemarlas, y sacar el estiércol de las cuadras, cargarlo y descargarlo en las tierras, mientras que la horca de madera, como luego veremos, se usaba más en las labores de cargar el cereal y en la trilla, si bien no era raro que la primera también se pudiera emplear a veces para esos trabajos. De hecho, en algunos inventarios se la denomina tornadera de hierro, que se utilizaba, por lo tanto, para tornar la trilla.

Era un utensilio muy abundante en todas las casas por su versatilidad; las que hemos visto son de dos clases, según el número de guinchos sea cuatro (Fig. 9) o seis (Fig. 10), sin que haya diferencia en el resto, salvo en la longitud del mango que va desde los 80 cm. hasta casi el metro y medio en algunas.

2- APEROS PARA EL TIRO CON ANIMALES

2. a. Ganado Vacuno

Un paso más en la historia de la agricultura fue aprovechar la fuerza animal para la labranza y el transporte. Desde épocas muy antiguas el ganado más empleado con estos fines fue el vacuno; el buey ha sido el animal emblemático del labrador, a veces sustituido por la vaca que, si bien tiene menor fuerza, presenta la ventaja de proporcionar terneros, para carne o para sustitución del ganado viejo, y dar leche cuando no trabaja.

En la Península Ibérica ya se araba con bueyes en tiempos anteriores a la llegada de los romanos; se han hallado piezas de cerámica con escenas de labranza pintadas, así como monedas con el arado y el yugo cornal, pertenecientes a la cultura ibérica (11), Posteriormente contamos con testimonios escritos de los autores latinos y de los documentos elaborados por los notarios de la Edad Media. Sin embargo, en muchas partes de Europa el buey fue sustituido por el caballo a partir del siglo X. En Castilla, esta sustitución comenzó más tarde y lo fue por la mula, que antes sólo era empleado como animal de carga, y no por el caballo. En Mojados (Valladolid), a finales del siglo XIII, parece ser que se empleaban ambas clases de animales, según da a entender el fuero que concedió a esta villa el obispo de Segovia en 1294, que dice:

estas sernas deuen fazer todos los que labraren con bueys o con bestias mulares (12).

En Paredes de Nava (Falencia), ya predominaban las mulas sobre los bueyes en el siglo XV como ganado de labor (13). El escritor toledano Gabriel Alonso de Herrera, en su Agricultura general, cuya primera edición es de 1513, sólo se ocupa de la manera de arar con bueyes, por los que demuestra gran estima, pero reconoce que también se empleaban las mulas desde la Edad Antigua, como asegura Columela:

Dice más Columela, que las tierras que son fuertes y recias no se aran tan bien con mulas como con bueyes, porque ellos van con más tiento, y con más fuerza; y assi es la verdad, que en todo es mejor la labor de los bueyes que la de las mulas: mas si la tierra es suelta, rasa, desembarazada, grande labor es la de las mulas, porque trabajan mucho (14).

En efecto, la rapidez de transporte y de arada fueron las cualidades que los campesinos castellanos de las zonas llanas tuvieron en cuenta para sustituir los bueyes tradicionales por ganado mular, en unos años de expansión agrícola, cuando se roturaron baldíos y aumentaron las explotaciones. Sin embargo, el ganado mular tiene sus desventajas con respecto al vacuno; por ejemplo, su trabajo es peor, más superficial, necesitan una alimentación cuidada para rendir en el trabajo y no se reproducen (15). En el siglo XVI hubo gran polémica sobre si era mejor utilizar unos u otras; los ilustrados también terciaron en ella, como vemos en las palabras de G. M. de Jovellanos, que considera a la mula "monstruo estéril y costoso", mientras que el buey es animal parco, dócil, fecundo y constante, que rumia más que come, que vivo o muerto enriquece a su dueño (16).

La discusión continuó durante el siglo XIX (17), con predominio de opiniones favorables a los bueyes, y todavía en 1918 un regeneracionista como Julio Senador afirma:

la simple sustitución de la mula por el buey haría adelantar un siglo la agricultura nacional porque al aumentar la profundidad de la labor aumentaría también, en cantidad proporcional, la producción agraria (18).

A pesar de todo, incluso en Tierra de Campos, unos pocos labradores han seguido usando ganado vacuno de labor hasta nuestro siglo (19), unciéndolo a un tipo de yugo cornal, que parece haberse utilizado en Castilla, al menos, desde la Edad Media. G. A. de Herrera se extraña de que Columela recomiende uncir los bueyes por el cuello, como hacían los romanos:

Maravillóme yo del que diga tal cosa, pues fue Español, y sabía que los bueyes de España, por ser muy grandes, tienen gran fuerza en las cabezas, y pueden muy bien traer los arados.

Allá en Francia, o en Italia, que son los bueyes pequeños, y tienen los cuernos menudos, y flacos, tiene esto mas lugar, no en Castilla, ni en Andalucía, ni Estremadura, donde son tan grandes, que qualquiera carga pueden muy bien traer uñidos a las cabezas (20).

En Villamorco, el conocido con el nombre de ugo es un yugo cornal de 136 cm. de longitud, con camellas de curvatura poco pronunciada, del tipo "perniano" (21), que tiene gran semejanza con el que J. Caro Baroja denomina astur-leonés, de antiquísimos antecedentes (22), si bien en la pequeña curvatura y profundidad de las camellas se asemeja al yugo castellano. Yugos de forma similar se ven en toda la montaña palentina (23). El ugo se colocaba sobre la testuz de los bueyes o vacas, que estaba protegida por la melena de cuero, y se ataba a los cuernos con los acornales, tiras de cuero de unos cinco metros de largo. El estudiado es un yugo carretero, pues en su parte central tiene la mesilla, zoquete alargado con un rebaje central donde encaja el yugo; su función es facilitar la colocación sobre la viga del carro (Fig. 11). El yugo de arado tiene un hueco rectangular, que en el de la figura anterior está semioculto por la mesilla, al que se ataba el barzón, anilla donde entraba la cola del arado (24).

2. b. De ganado mular

Como acabamos de ver, desde finales de la Edad Media las mulas son preferidas por los campesinos de Tierra de Campos para labrar sus tierras, mientras que el caballo, que tanto se utilizó en los países de Europa occidental desde la Alta Edad Media, gracias al descubrimiento de la herradura y de la collera que permitieron aprovechar su fuerza para el trabajo del campo (25), apenas se empleó en España con este fin. Sin embargo, los avances técnicos que habían permitido que el caballo fuera allí animal de labranza, fueron los que permitieron aquí que la mula ocupara este lugar.

2. b.1. Collera

Es una almohadilla de cuero rellena de paja, con forma de collar abierto en su parte inferior, para poder colocarla y quitarla a las mulas con facilidad. Arriba tiene un saliente cónico, en dirección a la cabeza de la mula y, bajo él, una pieza almohadillada que descansa directamente en el cuello (Foto 1), sobre la que se coloca el horcate o el yugo, que son yugulares. La collera permite aprovechar la fuerza que el animal hace con las espaldillas y la transmite a las costillas del yugo que van pegadas a ella.

2. b.2. Ugueta

Es el nombre que se da al yugo de costillas o yugular. Un modelo muy antiguo es el de la figura 12, cuyo travesaño es bastante alto y recio; la camella más estrecha y alta que la del yugo cornal, y tiene forma semicircular. Las costillas presentan una ligera curvatura y adelgazamiento hacia su extremo inferior; la espiga superior es la mitad de estrecha y va fijada al yugo por un pasador de madera que lo atraviesa. Lleva mesilla, como todos los yugos carreteros, y está pintado de verde.

El empleado para arar es más ligero y está algo curvado por el uso. Las costillas son similares, pero el pasador que las sujeta va sobre el yugo. Encima del hueco del barzón hay un saliente con cuna en el centro para colocar el arado cuando se transportaba; en ella descansaba la camba y la cola iba arrastrando. Lleva refuerzos de chapas metálicas y está pintado de azul (Fig. 13).

2. b-3. Botera

Es una especie de yugo carretero, por tanto con mesilla, para mulas pero sin costillas, pues su función es únicamente sostener el peso del carro sobre el cuello de los animales. Es bastante largo, 160 cm., y no demasiado grueso. Está pintado de rojo (Fig. 14). Se empleaba junto al horcate y un par de zarrones, correas o cadenas, por animal que se enganchaban al balancín del carro.

2. b.4. Horcate

Es un yugo para un solo animal, con forma de collar abierto por abajo. Se compone de dos piezas de madera de encina, si bien hay otros de olmo, que se unen en la parte superior; la unión está reforzada por una chapa de hierro. A cada lado tiene una anilla donde se enganchan los francaletes, gruesas correas que sujetan las cadenas que tiran del carro. La anilla, a pesar de su nombre, es una varilla metálica rectangular, dividida por la mitad, clavada a la madera y remachada por detrás (Fig.15). El francalete se coloca en la parte superior o en la inferior, según la altura del animal. El horcate se empleaba siempre sobre la collera junto con la bolera.

Este sistema ha sido más usado en los años de este siglo que la ugueta carretera. La mula que va al lado de la galga del carro lleva sobre el lomo un aceruelo, sencilla silla de montar de cuero, a veces con lona por debajo, sobre el que cabalgaba una persona que manejaba el freno (Foto 2).

3- APEROS PARA ARAR

3. a. Arado

Era conocido como arado o arado de madera. Como es lógico, dada la zona geográfica, pertenece al tipo que J. Caro Baroja llama "arado castellano" o "arado cama" y es muy parecido a uno de Villanueva de la Cueza (sic) estudiado por este autor (26). El arado consta de las siguientes piezas (Fig.16): el dental está hecho de madera de encina y la parte delantera tiene forma triangular, coincidente con la de la reja, con perfil angular por debajo. Detrás sale una espiga, que va unida a la camba por pasadores de madera o de hierro, sobre la que descansa el pezcuño o la cola de la reja. Esta es de hierro, de forma lanceolada, y era fabricada y reparada por el herrero local. A ambos lados de la parte delantera del dental hay dos agujeros donde entran a presión las orejeras, de madera de encina si bien, a veces, eran de hierro; en ocasiones se araba sin ellas. La camba es la pieza curvada que va sobre el dental y es de madera de haya; se compraba, ya curvada pero sin apenas labrar, a los trajinantes que todos los años, en otoño, bajaban de la Montaña palentina y de la Liébana con sus carretas cargadas de aperos y frutos secos (a los que alude el refrán oído en Villamorco: "Los tontos de Campos, que cambian el trigo por cascos") que vendían o cambiaban a los labradores de Tierra de Campos. Por esto, los labradores solían tener alguna de repuesto por si se rompía la del arado en uso. En su parte inferior y más gruesa hay una escopladura por la que pasa la cola del dental, a la que se une por pasadores de madera o de hierro, como acabamos de decir, la de la reja, el pezcuño y la pisteva. Esta última pieza, de madera de olmo, es curvada, baja, más fina en su parte inferior; el agarradero es un palo redondo doblado en ángulo recto, que entra en un canal hecho en lo más alto de la pisteva y queda asegurado por una anilla metálica. Dental, reja y pisteva son piezas móviles cuya inclinación gradúa el labrador, según quiera arar más o menos profundamente, y aprieta con el pezcuño.

El timón es doble; consta de ventril, que va unido a la camba por medio de tres anillas de hierro, y de la cola, empalmada al ventril por medio de dos anillas y levantada por una cuña. Al final de la cola hay seis lavijeros, taladros por los que pasa la lavija o barrita de hierro rematada en una anilla que sujeta el arado al barzón que pende de la ugueta.

Este arado da sensación de ser bastante frágil, especialmente la unión del dental a la camba por no llevar telera, por lo que he visto que en alguno se había colocado una plachuela de hierro a cada lado, que unía ambas piezas. Los labradores consideran que hacía una labor superficial, pero suficiente para labrar los barriales, tierras arcillosas, del pueblo y cultivar cereales.

El labrador, cuando iba a arar, solía llevar una azuela (Fig. 17) para aflojar y apretar los componentes del arado y darle más o menos profundidad de arada.

3. b. Vertedera

Es un tipo de arado que permite profundizar más en la tierra y voltearla por medio de la pieza metálica que da nombre a todo él. Según B. H. Slicher van Bath, se ha empleado en Europa desde la primera Edad Media, sobre todo en la Europa húmeda; su utilidad en la región mediterránea era mucho menor, por lo que aquí se introdujo tarde (27).

El tipo de la de Villamorco puede verse en otros pueblos de Tierra de Campos y comarcas próximas; también se parece bastante a la "máquina" de S. Antolín de Bedón (Asturias) (28).

Es una clase de vertedera fija que consta de una reja que abría la tierra, que en este caso falta, aunque pueden verse los agujeros donde entraban los tornillos que la sujetaban, y de una pala o vertedera que la voltea. Una gruesa plancha de hierro une este mecanismo a la camba de madera, ajustándose a ésta por medio de una abrazadera que permite regular la profundidad que alcanza la reja.

Del extremo posterior de la camba salen dos agarraderos, uno de ellos roto; en el contrario posee una pieza de hierro con seis agujeros ordenados de forma vertical para enganchar las cadenas del tiro (Fig. 18).

3. c. Trilladera

Cuando se araba estando la tierra demasiado húmeda, es decir, si estaba tierno, se producían grandes tabones que, al secarse, quedaban duros como piedras. En las pequeñas parcelas, se rompían con un mazo de madera y con el rastrillo de hierro, lo que era imposible en las grandes extensiones dedicadas al cereal. Estas se trillaban con la trilladera, formada por tres largos maderos escuadrados (250 cm.) unidos por cuatro travesaños. En cada extremo de su cara inferior hay otro travesaño al que va unido un eje de hierro en el que giran unas ruedecillas del mismo metal, de forma que puede ser transportada rodando. En la parte inferior, la superior según la posición del transporte que es como la he dibujado (Fig. 19), están clavadas las cuchillas metálicas, ya muy desgastadas, que son piezas aplanadas rectangulares, con cortes en los lados, y con una espiga en forma de clavo. Van dispuestas de forma alternativa para mejor romper los tabones. En los largueros hay unas cuantas anillas en las que se enganchaban las mulas, en número de tres o cuatro, para trillar el terreno, El labrador guiaba los animales subido en la trilladera; si necesitaba más peso por estar la tierra muy dura, colocaba varias piedras encima; cuando los tabones eran grandes, la trilladera saltaba y era difícil dominarla (29).

4.- APEROS DE TRANSPORTE

4. a. Carro

El carro ha sido el medio más común de transportar cargas en el ámbito rural, si bien sólo los labradores que poseían una yunta de ganado gozaban de esta posibilidad, por lo que los más pobres debían hacerlo a lomos de algún borrico o sobre sus propias costillas. El tipo de carro que se ha empleado en Villamorco y su comarca, la mayoría fabricados en el taller de Viilaherreros, es un carro de viga central para mulas (Fig. 20), aunque también se usó el de bueyes o vacas que se diferencia del anterior en un único detalle de la viga; mientras que la del carro de mulas tiene una curvatura cerca del final y el último tramo es algo más alto que el resto, en el de bueyes en totalmente recta.

La estructura del carro es una especie de escalera formada por la gran viga central, recta salvo en su extremo delantero, donde se curva un poco hacia arriba para compensar la gran alzada de las mulas (lo que parece demostrar que este modelo es una adaptación de la carreta de bueyes al ganado que los sustituyó), y dos largueros o aimones laterales. Estos tres elementos quedan unidos por varios travesaños, agujas, formando un enrejado sobre el que van clavadas unas tablas, el deshojao o suelo del carro, A los lados, sobre cada aimón, hay una barandilla, que consta de unos listones verticales introducidos en el aimón, las costillas, algunos de los cuales son de hierro, como las pulseras, barrotes atornillados a las agujas delantera y trasera, que van al principio y al final de la barandilla. Esta queda cerrada por otros listones horizontales y unas tablas que forman una superficie que se decoraba con pinturas (Foto 3).

En el extremo delantero de la viga, por la parte inferior hay tres lavijas donde se ataba la mesilla del yugo o de la bolera con los sobeos, largas correas de cuero. En la zona curvada de la viga está la palanca de la galga que gira sobre un tornillo y por medio de una fina barra de hierro, que va junto a la viga hasta la parte trasera, mueve hacia adelante o hacia atrás un travesaño de madera en cuyos extremos hay sendos zoquetes de madera que frenan o dejan libres las ruedas. Algo más atrás de la palanca de la galga está el zapato, taco clavado sobre la viga en el que apoyaba el pie la persona que iba montado en la mula derecha para manejar la galga; cuando el carro iba trasero, se incorporaba y hacía fuerza sobre el zapato. Por debajo hay un peal o peo para descansar el carro en posición horizontal; en la parte de atrás hay otro.

Las ruedas son radiadas y de gran tamaño. La maza de fresno torneada está reforzada por fuera con varios anillos de hierro y el centro ahuecado para colocar el buje metálico; entre los dos anillos centrales se encajaban los rayos de encina en número de 16. La circunferencia de la rueda está formada por ocho cambones (piezas curvas de madera de encina o de roble, en los que entran los rayos) y la llanta de hierro. El eje es fijo, metálico, de sección cuadrada, excepto las mangas laterales en las que giran las ruedas; en sus extremos, para que no se salgan las ruedas, hay un hueco atravesado por un pasador, el sontroz. Cuando las ruedas chillaban, se levantaba el carro con el gato (Figs. 21 y 22), se sacaban y se untaban la manga y el buje con grasa.

Cuando se empleaba la bolera, en vez de la ugueta, el arrastre del carro no se producía a través de la viga, sino que se enganchaba un balancín (Fig. 23) a cada lado de ésta, en un gancho que había en la aguja delantera, y la mula, equipada con horcate, se azarronaba con zarrones o cadenas a él. Para transportar los haces de pan se ponían tres picos, largueros apuntados, atados a cada barandilla que permitían doblar la capacidad del carro. A lo largo de este siglo fueron sustituidos por mallas, es decir, redes de esparto colocadas sobre una estructura cúbica de maderas, con las que cabían más haces, o más cereal sin atar, pero era mayor el peligro de entornar. Para transportar la paja, se cerraba el carro por delante y por detrás con una zarcilla o zarzuela y sobre la barandilla se añadían varios tableros atados a los picos.

Este modelo de carro, empleado tanto para bueyes como para mulas, con la pequeña diferencia que he señalado, parece derivar de la carreta castellana, con su estructura en forma de escalera con viga central, si bien algo acortada con relación a las que todavía vemos en zonas montañosas de Burgos, Soria o Avila. Sin embargo, es probable que en el pasado se empleara en toda esta comarca un tipo de carro que aún se utiliza en las tierras montañosas palentinas, el carro de cañas, que no tiene viga central recta, sino una horquilla que se ensancha desde la parte delantera hacia atrás formando el deshojao (30); hasta comienzos de este siglo, tenía eje de madera fijo a las ruedas, también de madera, conocidas en la Montaña como "ruedas blancas" (31). En el escudo de Carrión de los Condes que hay en la fachada de la antigua cárcel, situada detrás del ayuntamiento, que fue realizado en 1568 (según reza en una cartela de la misma fachada, simétrica al escudo), hay dos carros de este tipo (Foto 4, Fig. 24). Los testimonios artísticos son uno de los pocos medios de que disponemos para reconstruir las tipologías de útiles empleados en siglos pasados. Según Marc Bloch (32), esta documentación suele presentar dos problemas que dificultan su aprovechamiento. Uno es el esquematismo con que muchos pintores, dibujantes o escultores han tratado estas cosas por considerarlas sin importancia. No parece que el autor de este escudo, que muestra un buen dominio del oficio, se dejara llevar por esa tendencia que se percibe en bastantes obras; al contrario, representa con mucho detalle ambos carros, de forma que, pese al mal estado de algún trozo que ha recibido las pedradas de los chicos, podemos reconocer sin asomo de duda esta clase de carro y comprobar la coincidencia con los que todavía se emplean, como este de Herreruela de Castillería, en la Pernía palentina (Foto 5), con la diferencia de las ruedas. El segundo problema a que aludía M. Bloch es el del plagio, es decir, que el artista copiara el modelo de una obra artística previa, lo que era frecuente en el caso de imágenes religiosas, por ejemplo. Es difícil rechazar totalmente esta posibilidad, si bien sería raro que el escultor representara en el escudo un objeto que los carrioneses no reconocieran como familiar; por eso, cuando este tipo de carro dejó de usarse, también desapareció del escudo de la villa y en su lugar se puso un carro de viga y rueda radiada (33).

4. b. Carretillo

El artilugio de la fig. 25 se compone de un largo timón, de más de tres metros, formado por dos piezas unidas por anillas. En su extremo delantero tiene tres lavijeros para sujetarlo con la lavija al barzón del yugo; en el contrario está clavado a un grueso madero, formando ambos una T. La unión de ambos elementos se refuerza con dos cambones, piezas curvadas unidas sobre el timón con una chapa. Bajo el grueso y corto travesaño hay una barra de hierro cuadrada con mangas redondas a los lados, en las que giran dos ruedas totalmente de hierro. Antes, llevaban unas ruedas de cuatro radios de madera, en cruz, y aro de hierro (Foto 6). Se utilizaba para el transporte desde casa hasta la tierra del arado, la trilladera o los sacos con la simiente.

5- RECOLECCIÓN DEL CEREAL

5. a.- Siega

5. a.1. Dalle

Se compone de la característica hoja metálica con forma de largo triángulo curvado hacia el corte, hacia el segador, que le permite cortar en semicírculo; y de una asta fina y larga, de madera de haya (procedente del norte de la provincia) que lleva dos agarraderos, uno hacia el centro y otro en el extremo opuesto a aquel donde se coloca la hoja. Esta posee un apéndice en forma de escuadra que se sujeta al asta con una anilla y unas cuñas de hierro (Fig. 26).

Se empleaba para segar cualquier tipo de cereal, porque con él "se aguantaba más que con la segadera". También se usaba para segar hierba. Antes de comenzar a trabajar, era preciso picar el dalle; para ello, se clavaba en el suelo de tierra el yunque, grueso clavo de hierro terminado por abajo en punta, con un ensanchamiento en el centro para que sólo se introdujera en tierra hasta él y con una cabeza plana sobre la que se golpeaba la hoja con un martillo acabado en peña por ambos lados y de mango muy corto (Fig. 27). El picador se sentaba en el suelo con las piernas abiertas a ambos lados del yunque; con una mano sujetaba la hoja y con la otra la golpeaba, de forma que el martillo fuera afinando el corte. Para afilarlo en la tierra, después de haber segado un rato, se llevaba la pizarra, piedra de esa clase de forma elipsoidal, metida en un cuerno con agua que colgaba del cinto del segador.

5. a. 2. Segaderas

Con este nombre se conocen en Villamorco los dos tipos de hoz habituales en Castilla: la hoz de dientes, de hoja estrecha, redondeada y con el corte dentado (Fig. 28,a.), y la hoz de corte liso, conocida en muchas zonas como hoz gallega (Fig.28.b.). Estas dos clases de hoz dejaron de usarse aquí para segar cereal en la segunda década del siglo, cuando se introdujeron las máquinas segadoras. Después, sólo se han utilizado para segar amaperas, u otras hierbas, para los conejos.

5. b. Trilla

5. b.1. Trillo

Está formado por cinco tablas gruesas y anchas, unidas por cuatro travesaños clavados a ellas. Su tercio delantero va ligeramente curvado hacia arriba, para que la mies no se apelotone delante, sino que el trillo suba por encima de ella con facilidad. La cara inferior está empedrada, salvo la zona curvada, con pequeñas lascas cortantes de pedernal incrustadas en la madera; no lleva sierras ni otros elementos cortantes. En el segundo travesaño, comenzando por delante, lleva un enganche al que se sujetaba la cadena con la que tiraban los animales; en el último, hay otro al que a veces se unía otro trillo o tornadera, que eran unos ganchos semicirculares de hierro que iban tomando, es decir, dando vuelta a la trilla (Fig. 29).

Todos los trillos que hay en el pueblo son de este tipo; según algunos labradores proceden de Astudillo, pueblo palentino donde se fabricaron hasta bien entrado este siglo (34), aunque parece ser que también pasaban por aquí los trilleros de Cantalejo.

5. b.2.

Horcas de madera o tornaderas El segundo nombre hace referencia a que se empleaban para tornar la trilla, así como para cargar y descargar el cereal. La más útil era la de cuatro guinchos, por lo que todo labrador solía poseer varias, pero también las había de dos (Fig. 30). Están hechas con horquillas del almez y se las compraban a los montañeses que bajaban a Campos todos los años.

5. b. 3. Rastrillo de madera

El rastrillo de la era siempre estaba hecho de madera; consta de un palo ligeramente curvado hacia dentro, un poco más delgado en los extremos, con agujeros en los que encajan los dientes redondos. El mango es bastante largo, 183 cm., y su unión va reforzada por una chapita con forma de herradura (Fig. 31). Se arrastraba por la era, que en Villamorco es siempre de hierba, para recoger la trilla o el grano desparramado. Cuando se había terminado de trillar, para hacer la parva se empleaba la aparvadera, tabla unida a un timón del que tiraba la yunta, como era general en la comarca (35).

5. b.4. Bieldo

Es un instrumento formado por un corto travesaño, plano por arriba y con ojiva por abajo, donde se introducen seis guinchos, redondos en la base y aplanados en la punta, y un mango fuerte y no demasiado largo (Fig. 32). Se utilizaba para beldar a mano, lanzando hacia arriba el cereal trillado para que el viento separara el grano, que cae vertical,de la paja, que se la lleva algo más lejos. Dejó de usarse pronto, pues antes de la guerra civil ya se beldaba con aventadoras de manivela.

5. b.5. Cribas

Una vez beldado, el grano se limpiaba con las cribas, de las que solía haber varias en cada casa de labradores. En una, en concreto, había una con agujeros de 7 mm., de las conocidas como garbanceras, de 66 cm. de diámetro, que se empleaba para quitar las granzas mientras que el grano caía al suelo; otra de agujeros de 5 mm. y diámetro de 57 cm. para quitar los restos de paja; y tres con agujeros de 3 mm., con diámetros de 43, 59 y 62 cm., usadas para que cayera el tamo y quedara el grano. Todas tienen el aro de madera, de 7 a 7,5 cm.de anchura y en el centro punteadas las letras PG, iniciales de su dueño Paulino González, Un tipo distinto es el de la figura 33, que tiene orificios redondos y otros alargados que alternan en círculos concéntricos; el centro está decorado con una roseta de seis pétalos, trazada con puntitos incisos. Una muy parecida, pero con la decoración central distinta, he visto en el pueblo ribereño de San Martín de Rubiales (Burgos).

5. b.6. Pala de madera

Es toda, pala propiamente dicha y mango, de una sola pieza de madera. El mango arranca del realce central de la pala que está algo curvada hacia arriba (Fig. 34). Servía para cargar el grano.

5. b.7. Medidas

El grano, antes de ser ensacado y transportado a la panera, se medía en la era con el cuarto de medir (Fig. 35), que lleva la marca de Carrión; como es general, está hecho de finas tablas de madera de pino y refuerzos de chapas de hierro. Su cabida es de media fanega o seis celemines. Otra medida que también se empleaba es algo menor (Fig. 36), pues sólo tiene cuatro celemines de cabida, es decir, la tercera parte de la fanega; es la que en otras zonas se denomina "emina", nombre que aquí no se emplea. El celemín no solía utilizarse en la era sino en casa, para medir el grano que se daba de pienso a los animales. El de la figura 37 es un celemín herrado, cosa poco frecuente, con su rasero, también herrado, unido por una cadena. Está dividido en tres compartimentos; el mayor es de medio celemín y los menores de un cuartillo cada uno (36).

5. b.8. Escoba de abaleos

Para barrer la era, también la calle, se hacía uso de un gran atado de abaleos, planta que crece de manera abundante por cunetas de caminos y terrenos perdidos. Cuando alcanzaban una altura superior al metro y todavía estaban verdes, se cortaban y ataban con cuerdas o alambres formando la escoba (Foto 7). Durante meses, a veces años, se guardaban en un lugar oscuro donde se tenían varias preparadas para cuando se necesitaran. Antes de usarlas, se remojaban para que no se rompieran. El hacerlas era tarea de los hombres, aunque la era la barrían siempre las mujeres.

5. b.9. Gario y garieta

Ambos se usaban para cargar la paja en el carro, última de las faenas que se llevaban a cabo en la era. Su forma guarda semejanza con la del bieldo, pero el tamaño es casi el doble y llevan una prolongación sobre el mango para aumentar su capacidad, El gario (Fig. 38.a.) posee seis guinchos anchos y planos; la garieta (Fig. 38.b.) tiene ocho redondos. El primero está decorado con círculos concéntricos y la segunda con círculos que se cortan formando una especie de malla.

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NOTAS

(1) MINGOTE CALDERON, J. L.: Catálogo de aperos agrícolas del Museo del Pueblo Español, Madrid, Ministerio de Cultura. 1990, pp.229-262.

(2) GONZÁLEZ TORICES,J. y DIEZ BARRIO, G.: Aperos de madera, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1991.

(3) Op. cit., pp. 12-13

(4) Diccionario de uso del español, Madrid, Gredos, 1981.

(5) DE ARANZADI, T.: "Aperos de labranza y sus aledaños textiles y pastoriles", en A. Carreras y Candi, Folklore y costumbres de España, I, Madrid, Merino, Ed. facsímil de 1988, p. 296.

(6) MODERATO COLUMLLA, Lucio Junio: De los trabajos del campo, ed. de A. Holgado Redondo, Madrid, Ministerio de Agricultura y Ed. Siglo XXI, 1988.

(7) Ibidem, p. 81.

(8) Ibidem, p. 314, nota 2, en la que se dice que "sirve para cavar la tierra hasta una profundidad de “dos pies y medio”.

(9) KOLENDO,J.; "Bipalium: outil agricole ou façón de retourner la terre?", EOS, 60, 1972, pp. 129-136, artículo recogido en su libro L'agrícoltura nell'Italia romana, Roma, 1980, pp. 206-212.

(10) Una clase de herramienta similar pero mejor adaptada al trabajo de limpieza del campo es un tipo de montero que se emplea en varios pueblos de la Ribera del Duero (Burgos). Véase A. Martín Criado, "La cultura tradicional de la viña en la Ribera del Duero (Burgos)". RDTP\ 44, 1989, p. 231.

(11) FERNANDEZ MONTES, M.: "Pervivencia de los motivos ibéricos en la tradición popular", en La sociedad ibérica a través de la imagen, Madrid, Ministerio de Cultura, 1992, pp. 267-270.

(12) GONZÁLEZ DÍEZ, E.: El régimen foral vallisoletano, Valladolid, Diputación Provincial, 1986, p. 171.

(13) MARTÍN CEA, J. C.: El mundo rural castellano a fines de la Edad Media, El ejemplo de Paredes de Nava en el siglo XV, Valladolid. Junta de Castilla y León. 1991, pp. 99-100.

(l4) DE HERRERA, G. A.: Agricultura General, Ed. de Eloy Terrón, Madrid, Ministerio de Agricultura, 1981, p. 53. Las palabras de Columela son: "El mulo es más apropiado para las albardas, pero la hembra es más ágil, aunque uno y otro sexo son buenos para el camino y labran bien las tierras, a menos que el precio de este animal resulte oneroso para la economía del agricultor, o que el campo, por la dureza del suelo, exija la fuerza de los bueyes"; op. cit., pp. 153-154.

(15) VASSBERG, D. E.: Tierra y sociedad en Castilla. Señores, "poderosos"y campesinos en la España del siglo XVI, Barcelona. Critica, 1986, pp. 205-211.

(16) Espectáculos y diversiones públicas, informe sobre la ley agraria, Ed. de José Lago, Madrid, Cátedra, 1983, p. 187.

(17) CARO BAROJA, J.: Los pueblos de España, II, Madrid, Istmo, 1981, p. 198, nº 34. Ll. Argemi, La revolución agrícola en España, Madrid, Akal, 1993, p. 32.

(18) SENADOR, J.: La ciudad castellana, edición de J. Esteban y prólogo de A. de Miguel; Madrid, Fundación Banco Exterior, 1989. La primera edición es de 1918.

(19) A mediados del siglo XIX sabemos que en zonas del Cerrato palentino y áreas marginales de Tierra de Campos todavía abundaba el ganado vacuno de labor, según P. Madoz, Diccionario geográfico-estadistico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. Madrid, 1845-1850. Cito por la ed. facsímil, V. de Palencia; Valladolid, Ámbito. 1984. De Miñanes, pueblo vecino de Villamorco, ahora perteneciente al mismo ayuntamiento, se dice que "se cría ganado lanar y vacuno de labor y huelga", p. 123, sin que se cite el mular. En los partidos judiciales de Cervera y Saldaña predominaba el ganado vacuno de forma clara y, en ciertas zonas, casi en exclusiva.

(20) DE HERRERA, G. A.: Op. cit., p. 54. Efectivamente, Columela recomienda uncir los bueyes por el cuello, pero reconociendo que en algunas partes lo hacen por los cuernos: "...que el yugo se asiente mejor sobre las cervices. Esta forma de uncir es la más aceptada, pues ligar el yugo a los cuernos, cosa que se hace en algunas provincias, se rechaza por casi todos los que escribieron recomendaciones para los labradores", op. cit., p. 31.

(21) J. González Echegaray rechaza los nombres de montañés y de perniano que se le suelen dar, por ser "demasiado restringidas", y prefiere el de cántabro, si bien con este nombre designa dos tipos distintos; el perniano es el que clasifica como "modelo B"; "Yugos y arados en la provincia de Santander", Publicaciones del Instituto de Etnografía y Folklore Hoyos Sáinz, 3, 1971, pp.142-146.

(22) CARO BAROJA, J.: Tecnología popular española, Madrid, E. Nacional, 1983, pp. 107 y 570.

(23) ALCALDE CRESPO, G.: La montaña palentina. II. La Braña, Palencia, Merino, 2ª ed. 1994, pp. 128-129.

(24) El yugo para ganado vacuno es siempre de tipo cornal en Castilla y también en León. Resulta incomprensible la siguiente afirmación: "1. De bueyes: es el más común. Tiene dos costillas a cada lado que sujetan el cuello de los animales", de J. González Torices y G. Diez Barrio, op. cit, p. 116.

(25) SLICHER VAN BATH, B. H: Historia agraria de Europa Occidental (500-1850). Barcelona, Península, 1974, pp. 92 y 93 y 103. DUBY, G.: Economía rural y vida campesina en el occidente medieval, Barcelona, Península, 1973, p. 150.

(26) CARO BAROJA, J.: Tecnología popular española..., pp, 550 y 553. Dicho nombre no corresponde a ningún pueblo; .sin duda, debe referirse a Villamuera de la Cueza, si bien cerca de éste hay otro denominado Villanueva del Rehollar. Ambos están cerca de Carrión de los Condes.

(27) Op. cit., pp. 90-92.

(28) CARO BAROJA, J.: Op cit., pp. 532-533.

(29) MINGOTE CALDERÓN, J. L.: "Tecnología agrícola tradicional española: gradas", KDTP, 44, 1989, pp. 253-293, no recoge ningún ejemplo de Falencia entre los que cita de Castilla y León, pp. 291-292. En J. González Torices y G. Diez Barrio, Op. cit., p, 53, aparece con el mismo nombre un ejemplar de dos largueros.

(30) Esta clase de carro abunda por toda la zona cantábrica, sin llegar al País Vasco, y zonas de León y Zamora. Véase T. de Aranzadi, op. cit. pp. 325-326. Su origen se sitúa en el primer milenio a C.: aparece en las pinturas rupestres de Peñalsordo (Ciudad Real) y en esculturas ibéricas de Murcia, según M. Fernández—Miranda y R. Olmos, Las ruedas de Toya (Jaén) y el origen del carro en la Península Ibérica, Madrid, Ministerio de Cultura, 1986, pp. 103-106 y 113-114.

(31) ALCALDE CRESPO, G.: Op. cit., pp. 129 y 131.

(32) La historia rural francesa: caracteres originales, Barcelona, Critica, 1978, p. 212.

(33) Cuando este trabajo ya estaba terminado, ha salido a la luz la obra de J. L. Alonso Ponga, los carros en la agricultura de Castilla y León, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1994.

(34) LOSMOZOS SÁNCHEZ, A. y MANRIQUE GONZÁLEZ, M.: Astudillo, colección Apuntes Palentinos, Palencia, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Palencia, 1983, pp. 18-19. Sin embargo P. Madoz no cita esta industria de forma expresa, si bien constata la existencia de siete carpinteros; op. cit., p. 45.

(35) Es un utensilio conocido por todos, pero no he podido estudiar ninguno completo, si bien, por los restos, no presentaba muchas diferencias con los de otros lugares, como el que presentan J. González Torices y G. Diez Barrio, op. cit., p. 54.

(36) La capacidad del celemín es de 4,6 litros, con lo que la de la fanega será de 55,50. En kilos varía según el cereal. Véase P. García Colmenares, “Pesas y medidas”, en Cultura material y tradición en el Cerrato palentino. Palencia, Diputación Provincial, 1993, pp. 73-75.