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ANTIGUAS CREENCIAS POPULARES
(Parte II)

MARTIN CRIADO, Arturo

Publicado en el año 1999 en la Revista de Folklore número 217.

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ANIMALES

De algunos animales que son venenosos, o que se cree que lo son, existen dichos que parecen tener un fin pedagógico. Es cierto que el alacrán es venenoso, pero la variedad de nuestras tierras no es, ni mucho menos, mortal, a pesar de lo cual se dice: "Si te pica el arraclán / coge la pala / y vete a enterrar". El morgaño, murgaño o murugaño no es más que una musaraña insectívora, similar a un ratón; sin embargo en un pueblo me lo describieron como un lagarto y en otro, como una oruga grande (quizá porque suele llevar detrás, en fila, a sus crías) y se resaltaba su carácter venenoso con este dicho: "Si te pica un murugaño / has comido pan pa tol año". Mi amigo Roberto Escribano me contaba el susto de los presentes cuando, un verano, cogió con la mano un eslizón que correteaba por las eras de Villerías (Palencia). En seguida le recordaron, todo aprensivos, que "si te pica un eslizón / coge la pala y el azadón", a pesar de su insistencia en que es un animalejo inofensivo. Que la experiencia inmediata no corrobore estos dichos no suele ser, para quienes creen en ellos, razón suficiente para no seguir repitiéndolos. En todo caso, forman parte de la tradición, de la experiencia de muchas personas durante cientos de años y "alguna razón de ser tendrán", se dicen quienes los creen.

De las culebras venenosas, especialmente de la víbora, también existen algunas creencias que no se ajustan a la realidad, como la de que pica con su lengua; "te ataraza con la tijereta", decía mi abuelo. De las no venenosas, la creencia más extendida es la de que entran en las casas y beben la leche, en especial de las mujeres lactantes. Yo tuve un compañero de escuela que vivía en una casa en el campo, pues su padre era guardabarrera del ferrocarril Valladolid - Ariza, y nos contaba que su padre había matado una gran culebra que de día dormía detrás de la puerta de la casa y de noche, cuando su madre daba de mamar a su hermanillo, iba la culebra y apartaba al niño para mamar ella. Lo cierto es que la culebra entró a la casa y ellos lo atribuyeron á que había un niño lactante. Los pastores creen que maman de las ovejas y de las cabras, por lo que son temidas y perseguidas por ellos. La camisa de la culebra, sin embargo, era considerada apotropaica y, por ello, muy estimada. Cuando encontraban alguna, lo que es relativamente fácil en el campo en primavera y verano, la guardaban y la empleaban para el dolor de cabeza, colocándosela sobre el pelo y bajo la boina, los hombres, o bajo el pañuelo, las mujeres. En cierta ocasión, en Aranda, vi una camisa de culebra colgada del punto más alto del interior de un chozo de pastores, que había sido colocada allí como protección (62). El lagarto se cree que se siente atraído por el sexo de las mujeres, que le tienen mucho miedo; en cierta ocasión, presencié como un grupo de ellas divisó uno entre unas hojas secas y todas salieron corriendo, mientras una, entre risas, decía a otra: "¡Cuidao, que se te mete por el bujero!".

El escuerzo, pascualín o pecu (esta última voz es onomatopéyica, pues en las noches de verano se dice que canta: "Pecu, pecu / ¿vas a la boda? / Yo sí, tú no / ¿Llevas vestido? / Yo sí, tú no / Pecu, pecu") es un animal al que, en general se le considera beneficioso para los cultivos, pues come muchos insectos perjudiciales, pero también se cree que es peligroso, porque lanza escupitajos venenosos que producen ampollas en la piel; por eso, en Caleruega le llaman sapo escupión. Los chicos' cuando veían uno, decían: "Una, dos y tres; el que no escupa revienta" y todos escupían tres veces en dirección al animal. De esa forma, su veneno ya no podía causar ningún mal, aparte de que, acto seguido, solían apedrearlo hasta darle muerte si no se escondía a tiempo. Rodrigo Caro recuerda la costumbre romana de escupir tres veces para "echar de sí……". La saliva, además de sus propiedades antisépticas reconocidas, parece que se empleaba como protección de tipo mágico. En el País Vasco, según Barandiarán, "otro de los medios usuales para evitar el mal de ojo en los animales es arrojarles saliva, según se practicaba en la región de Guernica" (64). De niño, he visto muchas veces que se escupía a los perros en la boca porque era bueno para ellos. Mi abuelo, en cierta ocasión que tenía un perrillo de varios meses, me explicaba que, si le escupías en la boca, conocería bien a su amo y no se perdería ni le abandonaría nunca.

Sobre muchos animales existen creencias positivas o negativas que se explican de diferentes maneras. Estas explicaciones suelen estar relacionadas con la actitud del hombre hacia ellos; en definitiva, si los persigue o los tolera, si se los come o no. Todos los córvidos son perseguidos por el mal que causan en la fruta y no se comen porque se alimentan de carroña; sin embargo, se consideran aves muy listas, que se burlan de la gente. También se libran de ser comidas aves como la cigüeña y la lechuza, por alimentarse de bichejos más o menos repugnantes, pero, mientras la primera se valora positivamente por su relación con la iglesia, la segunda se ha relacionado con los augurios de muerte, como los aullidoS de los perros, aparte de la infundada creencia de que se alimenta del aceite de la lámpara del Santísimo. Cuando una lagartija pierde la cola, ésta sigue moviéndose en el suelo; los niños la pisan para que "no haga burla a Dios". Nunca se da muerte a las golondrinas porque "quitaron las espinas de la cabeza de Jesucristo". De los gatos diremos algo al hablar sobre las brujas.

Cuando el trabajo del campo se hacía con animales, era habitual el uso constante del juramento, denominación popular y más frecuente de la blasfemia, para hacer que trabajaran. La afición de muleros, carreteros, yugueros, etc., a jurar aparece confirmada en el dicho “jurar más que un carretero". En los años de la postguerra, los curas multaban a quienes juraban en público, en especial en las calles del pueblo, sin que consiguieran resultados apreciables. Muchos de los más blasfemadores eran personas muy religiosas, lo cual, me contaba un cura, le resultaba incomprensible. Cuando intentaba razonar con ellos, instándoles a que dieran otro tipo de voces al ganado, le expresaban su firme convicción de que con juramentos «fuertes» los animales trabajaban mucho mejor, de que eran más efectivos, incluso, que los golpes. Inconscientemente estaban dando una explicación más compleja de lo que el cura creía.

FENOMENOS SOCIALES

Las personas no sólo necesitan tener firmes creencias acerca del mundo natural, sino que, de modo tan imperioso o incluso más, intentan comprender su historia, el comportamiento de ellos mismos y de sus antepasados, la presencia de lo sobrenatural en sus vidas, los porqués de la enfermedad o las desgracias, la inocencia y la maldad.

Habitantes míticos: los moros

En etnografía, suelen considerarse habitantes míticos aquellos que, según creencia de quienes ahora habitan un país o territorio, han vivido allí antes que ellos, aunque no se consideren sus descendientes directos, ni se identifiquen con ellos, sino sus sucesores en la ocupación de aquel lugar. Como testimonio de su presencia, de su actividad, han permanecido restos culturales, como castillos, dólmenes, casas, etc. Hablan de ellos como si de un pueblo desaparecido se tratara, pero, a veces, como si vivieran, o hubieran vivido hasta hace poco, ocultos o semiocultos. En todos los países existen estos antepasados míticos; en España, son los moros; en Francia, los paganos, los moros; en Alemania, los hunos, los paganos; en Irlanda y Gales, los celtas, los romanos, los teutones (65).

Los moros de las leyendas populares no son, por supuesto, habitantes históricos de un territorio; son personajes legendarios. Por lo tanto, no pertenecen a la historia, no se pueden situar en ninguna diacronía, pese a que ciertos historiadores, que no han entendido acaso las creencias de tipo mítico, hayan intentado conciliar lo inconciliable. En la Ribera, los moros son habitantes de cuevas, castillos; constructores de fuentes, subterráneos y bodegas, y guardadores de tesoros. Al hablar de las cuevas ya hemos citado las Cuevas de los Moros, subterráneos artificiales bajo la iglesia y cementerio de Moradillo, las de igual nombre de Fuentenebro, éstas naturales, y en Guzmán, la Cueva de la Mora. De todas ellas se dice más o menos lo mismo; allí vivieron los moros y dejaron grandes tesoros enterrados para quien sepa hallarlos. En muchos lugares se cree también que las bodegas subterráneas que tanto abundan "son del tiempo de los moros"; a veces, se metía miedo a los niños, cuando bajaban a la bodega, diciéndoles que tuvieran cuidado, no se les fuera a aparecer un moro o una mora (66).

Los castillos de la comarca son "de cuando los moros". Esta creencia ha sido apoyada, en ocasiones, por historiadores poco rigurosos que han considerado que los castillos arruinados, cuyos restos todavía podemos ver, eran mucho más antiguos de lo que, en realidad, son. Ahora se sabe que prácticamente todos son de la Baja Edad Media, pero la labor de difusión de dichos historiadores ha introducido las figuras de Fernán González o de El Cid, que relacionan con los castillos de Haza o de Peñaranda. En algún caso, el nombre popular nos da testimonio fiel de dichas creencias, como sucede en Adrada, donde el castillo es conocido como Casa de los Moros. Estos castillos tienen caminos subterráneos, pasadizos secretos de tiempo de los moros, quienes los construyeron, que van hasta algún río próximo, como en Haza o en Curiel (Valladolid), o hasta otro castillo, como el que conduce del de Peñaranda hasta el de Langa (Soria).

Los moros, habitantes de cuevas, constructores de castillos y caminos secretos, son también guardadores de tesoros. En todas las cuevas de las que se dice que vivieron, la gente, en diferentes épocas, ha cavado en su busca. En Haza, ciudad mítica de los moros, de enorme extensión, los tesoros son frecuentes: cuando hicieron la actual carretera de subida al pueblo, aparecieron gran cantidad de espadas, cascos, etc. de mucho valor, y, hasta un esqueleto sentado, como un rey, en un trono de oro. El oro era "de lo que cagó el moro", como dicen los niños, pues nadie ha visto después todas estas cosas maravillosas. También en Haza está enterrado, no se sabe dónde ("eso quisiera saber yo", me contestó un señor ante mi insistencia), un pellejo de buey lleno de monedas de oro. Sobre quién lo escondió hay disparidad de criterios; unos dicen que los moros; otros que los franceses, e, incluso, alguno afirma que fueron los carlistas del general Balmaseda, el que quemó Nava de Roa en venganza por el maltrato que allí dieron a su hija. De este general se cuenta que estuvo escondido en una bodega de Fuentecén. De todas formas, el tesoro contenido en un pellejo de buey o de toro es una creencia mítica conocida; del castro prerromano de Monte Bernorio, en Aguilar de Campóo, se dice: "En las cuestas de Bernorio / hacia la mano del agua / está el pellejo de un toro / cerradito de oro y plata / que, con tiempo, las ovejas / han de abrirle con las patas" (67).

Los moros y moras son también constructores y habitantes de algunas fuentes que tienen propiedades especiales; ya he hablado de la Fuente los Moros de Castrillo de la Vega. Otras son la Fuente la Morita en Gumiel de Hizán y Fuente Morilla en Peñaranda. En el castillo de esta última villa vive encantada una mora que es conocida como la cantamora (68). Otra habita la ruina del castillo roquero de Curiel (Valladolid), y baja a lavarse al río Duero por un túnel secreto. Otros lugares en los que aparece algún elemento extraño o llamativo se relacionan con ellos; en San Martín de Rubiales está, en el vallecito que hay al este del pueblo, el Cementerio de los Moros, del que habla P. Madoz, donde debieron encontrarse restos humanos antiguos. El mismo autor menciona el Cerrillo de los Moros, de Cabañes de Esgueva, donde "hubo un grande edificio, del cual sólo se conservan algunas cuevas y un sepulcro, que han dado origen a muchas supersticiones" (69). En la actualidad se conservan restos de la Casa de los Moros, la Fuente la Mora y la Cueva del Moro, que se comunica con la iglesia del pueblo. En Aranda existe el Hito de los Moros, canto o mojón cuya colocación les es atribuida, como en otros lugares se hace a Sansón (70), Roldán (71), los gigantes, etc.

Muchas de estas leyendas pueden tener su origen en un intento de explicación de topónimos que son etimologías populares (72). Bastantes topónimos en los que aparecen las voces moro, mora, moradillo, morato, moratín, etc., son en realidad vocablos prerromanos formados sobre una raíz morque puede tener dos significados: «alto» y «agua» (73). El primero puede estar en topónimos como Alto el Moro (Peñaranda), Campo Moro (Fuentenebro), Revilla Mora (Boada), Cuesta Morilla (Villatuelda) y el nombre del pueblo Moradillo de Roa. El segundo aparece, quizás, en los nombres de fuentes o de lugares por los que corre el agua: Val de Moro (Aranda), Val de Mora (Milagros), Valmoro (Vadocondes). Aunque en principio no tenían nada que ver con la voz romance moro, la voluntad de asimilar lo desconocido a lo familiar hizo que se confundieran, como sucede siempre en las etimologías populares.

Algunos fenómenos de despoblación o pérdida de importancia de un antiguo núcleo de población también están relacionados, a veces, con los habitantes míticos. En la Ribera el caso más conocido es el de Haza, antaño fortaleza dominante y cabeza de una Comunidad de Villa y Tierra, y en la actualidad pueblo de unos pocos vecinos. Según cuentan, cuando los moros vivían en Haza, ésta era una gran ciudad, tanto que Castrillo de la Vega, que está a unos 5 kilómetros, era uno de sus barrios. Y los niños preguntábamos asombrados: ¿Cómo es que ahora es un pueblo tan pequeño? y nos respondían: "Hace muchos años, muchos, cuando era de los moros, un día llegó un pobre a pedir. Pedía limosna de puerta en puerta, como éstos... el Liborio... Bueno, pues sólo le dieron algo unos pocos, treinta de tos los que tenía. Y dijo, el pobre, les echó la maldición; «Haza eres, / Haza serás. / Treinta mil tienes, / treinta tendrás»". Y concluía la narración: "Ya ves, eso son ahora, treinta vecinos. ¡Y no sé si llegan!". La maldición se había cumplido, eso sí, ayudada por la emigración generalizada de años pasados; ahora ya no deben de vivir ni la mitad.

Otro personaje mítico relacionado con las ruinas de castillos o las casonas de algunos pueblos es el feudal, que, según C. Alonso del Real (74), tuvo su origen en el Romanticismo y llegó, a lo largo del siglo XIX, a formar parte de la cultura popular. El feudal es el señor, el dueño de tierra y personas, que ejerce su tiranía desde un castillo o una casona, conocida como la Casa Grande o de manera similar. En Campillo, por ejemplo, la Casa del Feudal está en la calle Real, cerca de la iglesia y el señor tenía derecho de «espedernada» (sic) sobre las mujeres de sus dominios. Con el derecho de pernada se ha relacionado también la costumbre de Peñaranda de Duero de que los recién casados suban a bailar al castillo nada más salir de la iglesia; esto mismo se acostumbraba en Peñafiel y otros pueblos (75). Parece ser un mito de origen literario romántico difundido por los novelistas folletinescos, si bien la realidad, a veces, no anduvo lejos de la ficción; basta leer la obra histórica Malhechores feudales, del profesor Salustiano Moreta (76).






Pero el fenómeno más trascendente de la historia mítica de estos pueblos, como de casi toda España, es el de las apariciones marianas, que, no por mera casualidad, siguen proliferando por esta "tierra de María Santísima". Las apariciones de la Virgen responden a un esquema muy parecido: a) Un vecino de poca importancia, muchas veces un pastor o un muchachuelo, encuentra una imagen en el campo, en un lugar significativo por razones de diferente tipo. b) En el pueblo, nadie lo quiere creer, pero la Virgen le da alguna señal milagrosa que termina con la incredulidad general y demuestra bien a las claras su poder. c) La imagen se empeña en permanecer en el lugar donde fue encontrada, como si estuviera estrechamente vinculada a él. Aquí encontramos dos variantes más frecuentes: en la primera, la llevan al templo parroquial del pueblo, pero la imagen desaparece y vuelve a aparecer en el lugar primitivo, para dar a entender que es allí donde debe permanecer. En la segunda, cargan la imagen en una carreta para llevarla al pueblo, pero los bueyes no pueden moverse por más esfuerzos que hacen; a veces, son los del pueblo vecino los que quieren llevársela en vano; por lo tanto la ermita se levanta en el lugar exacto donde apareció. Según Caro Baroja, "cosas parecidas se contaban de las imágenes de los dioses antiguos" (77). De esta manera, por medio de cada advocación, la Virgen se particulariza en cada lugar, donde se convierte en especial protectora de sus hijos, y nada más que de ellos; es seña de identidad frente a los demás, sobre todo frente a los pueblos vecinos. En algunas de estas leyendas aparece un litigio sobre territorios o derechos que la Virgen solventa a favor de uno de ellos. Caro Baroja lo relaciona con el etnocentrismo que suele darse entre pueblos vecinos, la que daba origen a pullas y ataques a la Virgen del enemigo (78). Narraré un caso sucedido por los años de 1920. Un grupo de mozos de Castrillo fue a las fiestas del pueblo vecino de Hoyales, que se celebran en honor de San Bartolomé, en Agosto. En la procesión, a dicho santo le acompaña la Virgen de Arriba, la patrona; los quintos bailaban delante y se lanzaban vivas. Uno de los de Castrillo gritó: "¡Viva la Virgen de Arriba y San Bartelomé también!"; la burla no pasó inadvertida y los de Hoyales, ofendidos, respondieron con los puños.

En algunos casos, la aparición, y la consiguiente construcción de la ermita, tiene una función cristianizadora de lugares donde habían existido cultos paganos. Ya hemos visto que la ermita de la Virgen de la Cueva de Hontangas es probable que fuera un santuario prerromano. La ermita de la Virgen de Castro, de Peñalba de Castro, de gran devoción entre los pueblos del noreste de la comarca, está construida sobre las ruinas del foro de la ciudad romana de Clunia. En Mambrilla de Castrejón, la ermita de la Virgen de Castrejón es posible que se levantara también sobre un antiguo poblado. La mayoría de las vírgenes, sin embargo, tienen una advocación relacionada con el medio natural donde se ubican. Con el agua: Virgen del Agua (Brazacorta), Virgen de la Fuente (Guzmán, Tubilla del Lago), Virgen del Río (Gumiel de Hizán) y Virgen de la Nava (Fuentelcésped). Con la vegetación, Virgen de los Olmos (Quintana del Pidio), Virgen del Pino (Casanova), Virgen del Moral (Valdeande ), Virgen del Juncal (Valdeande), Virgen de las Viñas (Aranda), Virgen del Monte (La Vid). Con el terreno, Virgen de la Vega (Roa, Castrillo de la Vega, San Juan del Monte), Virgen del Páramo (Arandilla), Virgen del Prado (Sotillo de la Ribera, Villalba), Virgen del Ejido (Moradillo), Virgen de los Huertos (Berlangas).

Además de las ermitas de advocación mariana, vemos que hay una serie de santos protectores más o menos especializados; en lugares altos encontramos a santa Bárbara (Fuentelcésped), San Jorge (Sotillo) y San Pedro (Aranda, Villalba). Entre campos de cultivo, a San Isidro; en la entrada del pueblo, a San Roque, a Santa Lucía o al Santo Cristo, así como los humilladeros, que siempre tienen las imágenes del crucificado y de la Virgen. Son lugares milagrosos de especial devoción los relacionados con la vida de algunos santos; Haza se relaciona con su hija Santa Juana; Fresnillo con el milagro de San Pedro de Osma; Caleruega, con el nacimiento de Santo Domingo de Guzmán. En el sótano de la iglesia del monasterio de monjas dominicas de Caleruega, fundado por Alfonso X, está el pozo de Santo Domingo; según P. Madoz, se hizo de tanto sacar barro del lugar donde nació el santo para hacer rosarios y medallas que consideraban milagrosas para curar las fiebres tercianas y "otros accidentes". Cuando yo era niño, los peregrinos bajaban a beber un vaso de agua del pozo para curar o prevenir enfermedades de la garganta.

Tampoco falta la presencia del maligno, del demonio, encarnación cristiana de todos los genios del mal, si bien es poco frecuente. La huella más conocida que hay en la Ribera es la del llamado pie del diablo grabada en una roca sobre la que se asienta el castillo de Peñaranda de Duero. En Mambrilla de Castrejón existe la Cuesta del Diablo.

Algunos antropólogos han denominado "expulsión de los demonios" ciertos ritos o costumbres (ruidos, golpes, gritos, persecuciones) que tienen lugar en torno al fin de año, en relación estrecha con la renovación cosmogónica del Año Nuevo, de que ya hemos tratado. En Castrillo, el día de Nochebuena, todos los chicos y mozalbetes cogían de casa todos los cencerros, changarras, esquilas y collares de cascabeles que pudieran hallar, se los ataban a la cintura o se los cruzaban por el pecho, y daban vueltas y más vueltas por todo el pueblo armando un ruido infernal; al caer la tarde, todos subían, sin dejar de hacer ruido, hasta la Cuesta de la Tejera, en las afueras del pueblo, a las cuevas de donde se extraía la arcilla para hacer tejas. En Campillo, eran los pastores los que, antes de ir a la misa del gallo, daban vueltas por el pueblo haciendo mucho ruido con las changarras que llevaban atadas atrás. Algo parecido sucedía en Valbuena de Duero (Valladolid), donde los niños acudían a la cueva del hermano Diego y «espantaban los demonios» (79) y en otros lugares. Según C. Ginzburg, "en la turba de chicos y chicas enmascarados que corrían por el pueblo se ha reconocido una representación de la compañía de los muertos, que, según la tradición, se aparecían con especial frecuencia durante los doce días" (80) y que podían otorgar el favor de la fertilidad. Por otro lado, era general la creencia de que los muertos visitan la tierra en forma de ánimas, sobre todo si habían fallecido de muerte violenta, se había dejado de cumplir su última voluntad, o no se rezaba por ellos para sacarlos del purgatorio. Esto fue la causa de la aparición del tío Trámalas, guarda rural que murió en Castrillo a comienzos del siglo XX, conocido por su carácter agresivo y vengativo. Su mujer prometió mandarle decir una misa en la ermita de la Virgen de la Vega, pero murió antes de poder cumplirlo. El muerto empezó a aparecerse a una nuera reclamando la misa; ella lo comunicó al resto de la familia y accedieron a la petición. La misa fue un acontecimiento; todo el pueblo acudió a la ermita, incluidos los niños y niñas de la escuela, que bajaron en filas vigilados por los maestros. Por no faltar, no faltó ni el muerto, que estaba echado delante del altar, aunque sólo lo veía la nuera a la que se había aparecido, la cual gritaba a los niños, que ocupaban los primeros bancos: "¡Cuidao! ¡No le piséis, cuidao, que está ahí!". Cuando acabó la misa, el tío Trámalas desapareció satisfecho, al parecer, pues no volvió a aparecerse más.

El último día del año todos los padres y abuelos decían a los niños que había llegado al pueblo, solían citar un lugar concreto de él, "un hombre que tiene más ojos que días tiene el año". Cuando los pequeños se quedaban sorprendidos, se bromeaba con ellos hasta que se daban cuenta de que, como al año no le quedaba ni un día, esta persona tenía un solo ojo y, aún así, tenía más que el año, lo cual provocaba todavía más extrañeza. J . M. de Barandiarán relaciona esta costumbre con un ser mítico de un solo ojo, ujanco (81); es el ogro o gigante que aparece en cuentos castellanos como el ojanco y otros nombres parecidos (82).

EL MAL y LA MALDICION

Ya hemos visto que han existido creencias que atribuían las enfermedades a agentes naturales (el aire, la niebla), que según parece fueron en épocas más o menos remotas encarnación de genios malignos, si bien es cierto que ciertos fenómenos naturales son causa demostrada de algunas enfermedades. La maldición es la palabra airada hecha realidad. Se basa en la creencia de que la palabra es lo mismo que su referente. la cosa que nombra. "Para los orientales el nombre y la cosa componen un todo unitario, hasta el punto de que una cosa no existe hasta que no tiene nombre; conocer el nombre de un hombre, espíritu o cosa significa tener dominio sobre hombre, espíritu o cosa" (83); y para muchos occidentales también. Dice J. Caro Baroja: "Para muchas personas residentes en campos y aldeas, aún hoy todo lo que tiene nombre (y aún todo lo que se expresa con palabras) existe como una realidad física, no como simple concepto" (84). Esta creencia, muy extendida por todo el mundo, es el fundamento de la maldición y del conjuro: el poder mágico de la palabra. En ella se apoyaban las terribles maldiciones que aparecían en documentos eclesiásticos medievales, tanto en latín medieval ("sit a fide ecclesie separatus, et corpus eius non recipiat terram, et cum infidelis, qui Dominum negaverunt, dimergatur in inferni profundum, amen" (85» como en castellano ("sea maldito e descomulgado de dios e de santa Maria e vaya con Judas escariot en los ynffiernos" (86). La maldición solemne, así como la excomunión de la Iglesia, ha conservado hasta el siglo XX su poder terrible sobre las conciencias de los más débiles e indefensos. La maldición informal se refrendaba con gestos como la cruz que se hace con los dedos índice y pulgar, y se besaba.

LAS BRUJAS

La personificación, en carne y hueso, del mal se ha realizado en la figura de la bruja. La creencia en brujas ha sido habitual en los pueblos de la Ribera, como en general en Castilla, por más que se haya querido negar la evidencia (87). Lo que sí es cierto es que resulta difícil hablar con la gente de este asunto, pues la mayoría sigue considerándolo tabú, a pesar de que aparecen alusiones hasta en la toponimia: Casa de las brujas en Villaescusa de Roa y Prado de las brujas en Aranda y en Oquillas.

La bruja era casi siempre una mujer mayor, muy vieja, "más vieja de lo normal", lo que despertaba sospechas entre la gente, sobre todo si era pobre y vivía sola. Como dice Caro Baroja, no tenemos ni tendremos un testimonio de una bruja; la bruja la hacen los demás con su creencia en ella, atribuyéndole poderes imaginarios y extraordinarios (88). La tía Pintas embrujaba con su manera de hablar, con su palabra; “los dejaba como lelos", de manera que cuando echaban a andar se les iba la cabeza, se caían. La tía Pelusilla tenía, según creían todos, “un mono de cera" para pincharlo y hacer daño a la persona que tenía embrujada. Cuando yo preguntaba: Pero, ¿en qué consiste eso de embrujar? , me respondían: “Es hacerse con uno", es decir, apoderarse de él, dominarlo para causarle algún mal. En especial a los niños, el mal de ojo. Me cuentan un caso sucedido hace unos cincuenta años al primo de uno de los presentes. Cuando era niño, estaba muy raquítico; la familia era pobre y apenas tenían qué comer; eran los años de la postguerra. La madre tenía la obsesión de que se lo tenían embrujado; algunas vecinas, que por determinadas circunstancias no aceptan ya esa creencia, le aconsejan que lo lleve al médico, pero ella no lo hizo; se limitó a ir al monte, cortar un enebro con el que fabricó una cruz que clavó en la puerta de la casa para ahuyentar a la bruja. Otra actividad brujeril era causar mal a los animales domésticos o estropear la carne de la matanza; por eso, en el barreñón del picadillo con el que se rellenaban los chorizos se hacía una gran cruz con la mano y en los cuatro extremos ponían una ramita de orégano. También está muy extendida la creencia de que podían transformarse en gatos, y así entrar en las casas sin ser notadas.

Según J. F. Blanco, la figura del brujo masculino se ha dado en León, Zamora, Salamanca y norte de Burgos (89). Yo, en algunas zonas de La Rioja, País Vasco y norte de Burgos, he oído este término para referirse al curandero (90). Sea como fuere, en la memoria colectiva de Castrillo de la Vega está la figura del tío Roque, de quien se dice que era brujo, y él mismo lo afirmaba, pero no se le atribuyen males causados a persona alguna. Del tío Roque se cuentan casi tantas historias como personas viven que le conocieron; se ha convertido en una especie de mito, hasta el punto que el puente medieval semiarruinado que hay sobre el Duero ha perdido su antiguo nombre (?) y ahora es el Puente el Roque, porque allí tenía su huerto. Aunque estuvo casado y tuvo varios hijos, quedó pronto viudo y los hijos marcharon a trabajar fuera. Era pobre, muy alto y delgado, de voz cavernosa y vivía solo en una vieja casa en la subida a la Cuesta de las Bodegas. Mi padre lo conoció bien, pues a veces acudía a su casa a comprarle maderos de salce para hacer los timones de los arados; charlaba con él en la oscura cocina, a la luz de la lumbre. El tío Roque le contaba que por las noches acudían las brujas a esa misma cocina y bailaba con ellas alrededor del fuego; que en ciertas fechas señaladas, todos juntos iban a reunirse con otras a Somosierra (91). Por el pueblo se comentaba que a veces desaparecía de su casa, porque iba a Madrid andando en pocas horas, cuando lo normal era tardar varios días; otros decían que se quedaba a dormir en el huerto en las ramas de un árbol y que se alimentaba de caracoles vivos. En cierta ocasión venía de Roa andando, de noche, por una mala senda y las brujas le agarraron del gabán y no le dejaron dar un paso en toda la noche. Cuando amaneció, vio que estaba enredado en unas zarzas. En realidad, esto es un cuento popular conocido (92); es posible que lo contara él aplicándoselo o que se lo atribuyeran los demás. Es sabido que cuando se habla de brujas se mezcla lo que se da por sucedido, con los cuentos de ficción, si bien, para muchos, estos sucesos también son reales. Al fin y al cabo, todo viene a ser lo mismo, pero no para quien cree en ello. "Antes se hablaba mucho de brujas, decía el tío Majillo. Decía, si quieres ser brujo, sueña con brujas. Ya verás ya, como vienen con la escoba a por ti y no te dejan dormir". Parece ser que el brujo era una categoría menor, una especie de consorte sin poderes verdaderos.

El remedio de la cruz de enebro colocada a la puerta de casa, o la cruz trazada sobre la carne eran efectivos contra la maléfica actividad de las brujas, como la cruz de romero bendito que se hacía con el ramo del Domingo de Ramos y que se colocaba en puertas y ventanas, en la cabecera de las cunas de los niños y en las cuadras de los animales. En San Martín de Rubiales, para que actuara mejor, antes de que el cura lo bendijera, se rezaba un credo por cada rama que tuviera el ramo. Otro remedio muy popular era la cartilla que vendían las monjas benedictinas del monasterio de Santa María la Real, de Tórtoles de Esgueva (ahora se han trasladado a Aranda y aquí la siguen entregando a cambio de la voluntad), y que doblada en forma de cuadradito se metía en una bolsita y se colgaba a los niños en el pecho, como el escapulario que luego se popularizó, sobre todo el de San Antonio, protector de la infancia. A veces llevaban a los propios niños al monasterio para que los bendijeran, además de ponerles la cartilla. También se vendía en el monasterio de monjas bernardas de Santa María del Valle de Aranda (93) y el también benedictino de Villamayor de los Montes, cerca de Lerma.

LA CURACION

Los remedios que la gente ha empleado en su lucha contra las enfermedades tienen, en muchos casos, un fundamento empírico indudable. Forman lo que se ha dado en llamar la medicina casera, conjunto de remedios para dolencias de poca importancia y accidentes cotidianos. Los más conocidos son la bebida de infusiones de plantas como la manzanilla o el té de campo, o el lavado de los ojos con infusión de flores de sahúco. También han sido muy empleados los emplastos: de la raíz venenosa de una planta conocida como canarola para el dolor de muelas, de barro para las inflamaciones y picaduras, de defecación humana para los granos y abcesos purulentos, etc. En otros muchos casos, parece que los remedios no actúan como causas naturales sino que funcionan según principios mágicos; así, por ejemplo, el uso de las bolas de enebro para secar las verrugas o de la camisa de la culebra para el dolor de cabeza, de los que ya hemos dicho algo. Para curar la rija del ojo, por ejemplo, en Campillo, metían un lagarto en un bote de hojalata o un puchero, lo tapaban y lo dejaban allí. Según se iba secando, se curaba la rija (94). Sin embargo, a veces la diferenciación entre ambos tipos de fenómenos no es tan clara como se cree. Pondré el caso de la cura del sarampión, muy conocida, mediante la envoltura del niño o niña que lo padecía en una tela colorada; en la cama se ponía también un cobertor y otra ropa rojos. El novelista inglés T. H. White escribió: "El doctor Juan de Gaddesden, médico de la corte del rey Eduardo II, dijo que había logrado curar la viruela del hijo del rey envolviendo al paciente en un paño rojo, poniendo cortinas rojas ante las ventanas y cuidando de que todas las telas que había en la habitación fueran rojas. Esto provocó una carcajada muy victoriana a expensas de la supuesta simplicidad medieval, hasta que el doctor Finsen de Copenhague descubrió en el siglo XX que la luz roja y la luz infrarroja afectan realmente las pústulas de la viruela hasta el punto de contribuir a su curación" (95). En efecto, el doctor Finsen fue Premio Nobel de Medicina en 1903, entre otras cosas, por ser el descubridor de la fototerapia. Lo que se consideraba una simple superstición parece que tenía su lógica. Un caso parecido es el de la costumbre campesina de orinar se las manos para tenerlas sin grietas, suaves, a pesar de estar expuestas a los duros trabajos del campo. Pues bien, veo en una farmacia una crema de manos que se basa en el "efecto dermatológico-regenerador de la Urea" (96).

En ciertas ocasiones, se necesita la mediación de una persona especial, que tenga el poder de curar. El saludador; en Castrillo también conocido como salvador; curaba a las personas a las que había mordido un perro rabioso dándoles a comer pan a medio cocer. En siglos pasados, el saludador era casi un empleado público; según el Catastro de Ensenada, el Ayuntamiento de Roa pagaba, a mediados del siglo XVIII, cada año 130 reales "en diferentes vezes que se descubre el contagio de ravia que, para cuitar este daño, se trae un saludador" (97). La curandera, sobre todo mujer, aunque también hay curanderos, se sirve de la palabra y algún sencillo rito (bendición, cruces con agua o aceite sobre la piel, imposición de manos, etc.) para curar. Si la palabra sirve para maldecir, por el mismo principio, puede curar. La última curandera de Castrillo fue una pastora, que murió muy vieja antes de la guerra; en vez de ir al médico, "al que le entraba la malilla, iba a la curandera y le rezaba un padrenuestro". La malilla significa «plaga del campo», pero también «enfermedad de un animal o de una persona» .La curación se efectuaba tocando la parte enferma, al tiempo que murmuraba ciertas palabras ininteligibles seguidas de algunas oraciones conocidas. Uno de los mejores testimonios que conozco sobre este tipo de prácticas está en el libro Prácticas y creencias de una santiguadora canaria, de García Barbuzano (98).

La palabra ha sido empleada por la Iglesia tanto para la curación de enfermedades como para conjurar o exorcizar a plagas del campo. En la Ribera, para curar el mal de amarillo acudían al monasterio de Santa María la Real de Tórtoles, de que ya hemos hablado a propósito de las brujas: "cuando alguien se ponía un poco amarillo, enseguida le decían: -Ya puedes ir a Tórtoles. A veces se lo decían, en broma, a los que se ponían colorados de tanto beber". Las monjas les rezaban unas oraciones, les bendecían y luego ellos, en su pueblo, tenían que hacer un novenario. Por cierto, para curar este mal de ictericia había otro tipo de remedios, menos efectivos, como tomarse todos los días un huevo batido en agua sin sal, o mirar correr el agua de un río en la dirección que lleva la corriente. A los objetos que han estado en contacto con la divinidad o que han sido bendecidos se les atribuyen propiedades terapéuticas; así el agua bendita que el cura repartía a las mujeres en la misa de gloria del Sábado Santo, y que éstas guardaban hasta el año siguiente y usaban para asperjar la casa y las cuadras de los animales. A éstos se los bendecía el día de San Antón a la puerta de la iglesia o de la ermita, si la había, como en Aranda, donde la cofradía sigue celebrando la fiesta anualmente. En Valdezate, daban vueltas con ellos alrededor de la ermita de San Roque, hoy convertida en juego de pelota; las vueltas o rodeos rituales son un tema mítico, según Barandiarán (99). El pan de cada día tiene carácter sagrado, por eso cuando cae al suelo se limpia y se besa; por la misma razón, cuando se daba un trozo de pan a un pobre, antes de guardarlo en su alforja lo besaba. Pero en ciertas ocasiones adquiere virtudes especiales: el pan de San Blas, que los parroquianos de Valdezate llevaban a misa el día de la fiesta para que lo bendijera el cura, les libraba de las enfermedades de garganta. No menos salutífero era el pan de San Antonio, de Pardilla, que llevaba una imagen del santo en su parte superior. Por otra parte, el pan era ofrenda obligada a los muertos, en forma de la caridad; en Villanueva de Gumiel hacían una cochura especial de panecillos que colocaban en una mesa con velas en el portal de la casa y los repartían a los pobres.

A ciertas imágenes se les prendían cintas de seda de colores en sus vestidos que así se contagiaban de sus poderes curativos; en la ermita de la Virgen de las Viñas de Aranda se vendían en el siglo XVIII, según testimonio de Aniceto de la Cruz: "se tiran medidas en cintas de seda, muy útiles para curación de los devotos en todas sus enfermedades" (100). Esto sucedía en muchos santuarios; en el de Ntra. Sra. del Henar, por ejemplo, se vendieron hasta 1855 (101).

Cuando la enfermedad no afectaba individualmente sino que se convertía en epidemia, se buscaba la intercesión de los santos especializados, como San Roque o San Sebastián, o de la patrona del pueblo. La imagen de la Virgen de las Viñas de Aranda, además del niño que porta en brazos, a sus pies lleva una imagen de Niño Jesús que es conocido como el mediquín. Es un Niño Jesús barroco, del tipo "Niño Victorioso o Triunfante" (102), adquirido a finales del siglo XVII, quizá durante una epidemia de peste en cuyo fin se vio su intervención milagrosa y, desde entonces, es invocado para curar todo tipo de enfermedades (103).

Los conjuros o exorcismos más frecuentes en nuestra comarca no eran, como en otras, contra ratones o langosta, sino contra el coquillo, que es una plaga de la vid. Veamos un ejemplo: en el año de 1873, el Ayuntamiento de Aranda, republicano, al conocer que las viñas están siendo asoladas por la plaga, en sesión del 16 de mayo, "siguiendo la costumbre, acuerda invitar al Reverendo clero de esta Parroquia para que, si no tiene inconveniente, se dirija el próximo domingo una rogativa al Santuario de la birgen María de las biñas nuestra Patrona, exorcizando la epidemia desde sus inmediaciones, haciéndose público por medio de bando" (104). En Roa, el citado Catastro de Ensenada también registra gastos municipales para rogativas "así por falta de aguas, como por coquillo o enfermedades" (105). También existían conjuros populares, como éste de Nava de Roa: "Coco, coquillo, / vete a Castrillo. / Coco, coquín, / vete a San Martín", con lo que pretendían endosar la plaga a los pueblos vecinos.

EPILOGO

Como decía al comienzo de este artículo, la mayoría de estas creencias ocupan ya una posición marginal, están en retirada, aunque no creo que desaparezcan totalmente; muchas se disfrazan o se camuflan en otras tenidas por ideas lógicas y expresadas en un lenguaje más actual. No hay por qué extrañarse; el mundo cambia constantemente, ahora más rápido, y la velocidad marea a mucha gente, que se lamenta. Siempre ha habido críticos de lo moderno, incluso personas muy inteligentes, que creyeron ver el paraíso en el pasado; sin embargo, una sociedad incapaz de cuestionarse la veracidad de sus creencias, una sociedad que prefiere el inmovilismo a correr el riesgo que todo cambio entraña es víctima de sus propios miedos. No es posible rechazar el poder de la inteligencia, que es dinámico, por gozar de una estabilidad artificial, casi siempre forzada e interesada; las aspiraciones místicas, en todo caso, pueden tener una justificación individual, nunca social.

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NOTAS

(1) Véase GIORDANO, O.: Religiosidad popular en la Alta Edad Media, Madrid, Gredos, 1995; SCHMI1T, J. C.: Historia de la "superstición ", Barcelona, Crítica, 1992.

(2) "Superstición y religión popular en las sociedades occidentales", en IZARD M. y SMITH, P. (eds.), La función simbólica, Madrid, Júcar, 1989, pp. 55-73; la cita es de la p.72.

(3) Véase de BOURDIEU, P.: El sentido práctico, Madrid, Taurus, 1991, y Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción, Barcelona, Anagrama, 1997.

(4) Cf. la crítica que hace J .Caro Baroja a Frazer por intentar separar magia y religión; Las brujas y su mundo, Madrid, Alianza Ed., 1979, p. 31.

(5) El simbolismo en general, Barcelona, Promoción Cultural S. A. 1978, p. 132.

(6) lb., pp. 132-141.

(7) Superstición y supersticiones, Madrid, Espasa-Calpe, 1971, pp. 94 y 112-114.

(8) lb., p. 177.

(9) SPERBER, D.: Op. cit., p. 119.

(10) Ib., p. 165.

(11) SPERBER, D.: "¿Es pre-racional el pensamiento simbólico?", en M. Izard y P. Smith (eds.), La función simbólica..., pp. 17-43, en especial p. 35.

(12) La mente humana, Salvat-Alianza Ed., 1970, pp. 167-168.

(13) Como muestra véase lo que dice Ignacio Sanz en su artículo sobre algunas supersticiones y magias en la provincia de Segovia", Revista de Folklore, 9-2, 1989, pp. 193-195. Por casualidad, en el libro de A. de Prado Moura, Las hogueras de la intolerancia. La actividad represora del Tribunal Inquisitorial de Valladolid (1700-1834), Valladolid, Junta de Castilla y León, 1996, tropiezo con un apartado que lleva por título "Los castellanos y su escasa atracción por las supersticiones", pp. 144-154. De que la Inquisición represaliara a pocos saludadores y curanderas, ¿cómo se puede generalizar que los castellanos del siglo XVIII eran poco supersticiosos? Se puede decir que la Inquisición dieciochesca se interesó poco por este tipo de cuestiones; de acuerdo. Lo demás creo que sobra.

(14) ABASOLO, J. A.: "El arula de Hontangas, la inscripción de Cuevas de Amaya y la estela de Fresneda de la Sierra (Burgos)", Boletín del Seminario de Arte y Arqueología, Universidad de Valladolid, 1973, p. 447.

(15) Arquitectura y escultura románicas en la provincia de Burgos, Madrid, 1975, p. 117.

(16) Cerca de la Ribera, en Segovia, es famosa la "mojada de los santos" de Caballar: BLANCO, C.: "La mojada de los santos. Un remedio mágico-religioso contra la sequía que los vecinos de Caballar, Segovia, no ponían en práctica desde 1982", Revista de Folklore, 12-2, 1992, pp. 77-78. Véase, también, BARANDIARAN, J. M. de: Diccionario de mitología vasca, San Sebastián, Txertoa, 1984, p. 33.

(17) VELASCO, S.: Aranda. Memorias de mi villa y de mi parroquia, Madrid, Industrial Gráfica, 1925, p. 226.

(18) CARO BAROJA, J.: La estación de amor. Fiestas populares de mayo a San Juan, Madrid, Taurus, 1979, pp. 119-304. Cf. además BARANDIARAN, J. M. de: ap. cit., pp. 91-95; DIAZ, Joaquín: "El agua como excusa poética y legendaria", Revista de Folklore, 11-2, 1991, pp. 3-12; QUIJERA PEREZ, J. A.: "Aspectos culturales en torno al agua en la tradición riojana", Revista de Folklore, 10-2, 1990, pp. 63-67.

(19) Allí apareció un ara dedicada a GENIVS FONTIS AGINEES[IS]; véase BLAZQUEZ, J. M.: "El culto a las aguas en la Península Ibérica", Imagen y mito, Madrid, Cristiandad, 1977, pp. 307-311.

(20) BARANDIARAN, J. M. de: op. cit., p. 26.

(21) MADOZ, P.: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. Burgos, Valladolid, Ambito, 1984, p. 72; RIDRUEJO, Dionisio: Castilla la Vieja, I, Barcelona, Destino, 1968, p. 306.

(22) GIORDANO, O.: Op. cit., p. 47.

(23) J. F. Blanco cita en León el cuélebre de Faedo; véase Brujería y otros oficios populares de la magia, Valladolid, Ambito, 1992, p. 299. En el País Vasco, aparece culebro, marido de Mari, que vive en cuevas y pozos, y es fraguador de tormentas, según J. M. de Barandiarán, op. cit., pp. 131-134; otras veces denominado sugaar; pp. 189-190.

(24) GIORDANO, 0.: op. cit., p. 168; GRANDE DEL BRIO, R.: "La cueva de la Quilama", Revista de Folklore, 2-1, 1982, pp. 23-25.

(25) El motivo de la luz que alumbra la imagen durante siglos aparece en muchas leyendas marianas, como la de la Virgen de la Almudena y otras; cf. SANZ y DIAZ, J.: "Leyendas del Alto Tajo: la del santuario de Ntra. Sra. de Ribagorda", Revista de Folklore, 2-1, 1982, pp. 46-52; URREA, J.: "La Virgen de la Casita de Alaejos y su santuario", Revista de Folklore, 4-1, 1984, pp. 7881; LOPEZ DE LOS MOZOS, J. R.: "Notas sobre la Virgen de la Varga de Uceda (Guadalajara)", Revista de Folklore, 8-1, 1988, pp. 139-143.

(26) LOPERRAEZ CORVALAN, Juan: Descripción histórica del obispado de Osma, II, Madrid, Imprenta Real, 1788; cito por la edición de Turner, 1978, p. 190.

(27) Ib., II, p. 189, nota 3.

(28) En la provincia de Burgos puedo citar la Peña de la Pastora, en Fresneda de la Sierra, estela romana que la tradición popular cree ser la figura de una pastora labrada por un rayo, como dice ABASOLO, J. A.: Op. cit., p. 448; la Piedra de la Pastora de Eterna, según BARANDIARAN: Op. cit., p. 17, es una mujer a la que se comieron los lobos; el Porrino y la Porrina de Cornejo, transformados por una maldición, según ORTEGA MARTINEZ, A. I.: "Leyendas y creencias sobre las cavidades del Karst de Ojo Guareña", Kaite. Estudios de Espeleología Burgalesa, 4-5, 1986, pp. 391-396, en concreto p. 395. En Valladolid, en el pueblo de Vega de Ruiponce, hay una roca cercana a la ermita del Cristo de la Vera Cruz que es un buey transformado por una maldición; cf. CORRAL CASTANEDO, A.: Villa por villa. Viaje a los pueblos de Valladolid, II, Valladolid, 1985, pp. 7-8. Un fraile castigado por sus pecados se cree que son las Roques del Frare, de Ribagorza, como recogió VIOLANT y SIMORRA, R.: El Pirineo español, Madrid, Plus Ultra, 1949, p. 496.

(29) LOPEZ DE GUEREÑO SANZ, M. T.: Monasterios medievales premostratenses. Reinos de Castilla y León, I, Salamanca, Junta de Castilla y León, 1997, p. 55.

(30) ELIADE, M.: Tratado de historia de las religiones. Morfología y dialéctica de lo sagrado, Madrid, Cristiandad, 1981, pp. 227-230.

(31) Véase VIOLANT y SIMORRA, R.: op. cit., p. 498.

(32) En algunas zonas del País Vasco, todos los viernes se consideran menguante pero en otras, creciente, según BARANDIARAN: Op. cit., p. 82.

(33) PALADIO: Tratado de agricultura. Medicina veterinaria. Poema de los injertos, traducción de Ana Moure Casas, Madrid, Gredos, 1990, p. 95.

(34) HERRERA, G. A. de: Obra de agricultura, edición y estudio preliminar de J. U. Martínez Carreras, Madrid, Atlas, pp, 350-361.

(35) Ib., p. 351

(36) Sobre el aire como genio maligno en el País Vasco y en el Pirineo, véanse BARANDIARAN, J. M.: op. cit., p. 11, y VIOLANT y SIMORRA, R.: Op. cit., p. 495, respectivamente.

(37) Roa de Duero. 1752. Según las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada, Introducción de F. Molinero Hernando, Madrid, Tabapress, 1995, p. 167.

(38) Op. cit., p. 205.

(39) CARO BAROjA, J.: La estación de amor..., pp. 99-101.

(40) CHRISTIAN, W. A.: Religiosidad local en la España de Felipe II, Madrid, Nerea, 1991, p. 151.

(41) En Gumiel de Hizán, se canta a San Isidro: "Por San Isidro / por los labriegos / desde tu pueblo / rogad a Dios. / Los labradores / hoy todos vienen / a proclamarte / como patrón / y te suplican / que les prodigues / sobre sus campos / tu bendición".

(42) Estos versillos se cantaban en Castrillo de la Vega a su patrona cuando se hacía alguna rogativa especial para pedir que lloviera; por otro lado, la fiesta se celebra el miércoles después del Domingo de Pascua, con claro sentido de solicitud de fertilidad.

(43) Cf. BARANDIARAN: op. cit.,p. 167. (44) Ib., p. 88.

(45) M. Eliade afirma que el rayo, como arma divina, convierte en sagrados los lugares, personas o árboles donde cae; cf. op. cit., p. 76.

(46) Es creencia muy difundida por España; como ejemplo, véase BARANDIARAN, op. cit., p. 157.

(47) El sonido de las campanas ha sido considerado, desde tiempos remotos, protector contra los malos espíritus; véase FRAZER, J.: El folklore en el Antiguo Testamento, Madrid, FCE, 1981, pp. 558-565.

(48) Antonio de Fuentelapeña da testimonio de que ya se empleaba en el siglo XVII; en su obra El ente dilucidado, Madrid, Editora Nacional, 1978, p. 418, puede leerse: "...de las campanas, y artillería, que deshaz en los nublados". La primera edición es de 1676.

(49) SAMA, Nicolás: Tormentas y granizadas, Madrid, Calpe. Catecismos del agricultor y de! ganadero, serie II. n.º 8. 1925, p. 23.

(50) op. cit., p. 118, en la entrada lañaide. Véase también en la página siguiente la voz lauso.

(51) Todos los testimonios entrecomillados pertenecen a una grabación efectuada en 1986 a Isidoro Criado (1897-1993).

(52) Este rito y creencia están muy extendidos por toda Castilla; cf. PANIZO RODRIGUEZ, J.: "Creencias y supersticiones en Tierra de Campos", Revista de Folklore, 11-1,1991, pp. 178-180.

(53) ELIADE, M.: Tratado de historia de las religiones. , p. 404. Del mismo autor: Mefistófeles y el andrógino, Madrid, Guadarrama, 1969, pp. 190-193; El mito del eterno retorno, Madrid, Alianza Ed., 1982, pp. 53-88.

(54) LOPERRAEZ CORVALAN, J.: Op. cit., I, p. 79.

(55) El Ayuntamiento de Ojo Guareña, que se reunía a la entrada de dicha cueva, hasta el siglo XVII lo hizo bajo una encina que había a 200 metros de la cueva, según A. I. Ortega Martínez, op. cit., p. 394. Para Violant y Simorra, este tipo de costumbres "procede también, sin duda alguna, del culto a los árboles", op. cit., p. 512. Sobre el carácter sagrado de ciertos árboles, véase Barandiarán, op. cit., p. 171.

(56) op. cit., p. 179.

(57) Esta creencia se ha documentado en otras partes de España; véase SANCHEZ SANZ, M. E.: Maderas tradicionales españolas, Madrid, Editora Nacional, 1984, p. 32; VIOLANT y SIMORRA: op. cit., p. 511.

(58) ELIADE, M. Tratado de historia de las religiones. , p. 303.

(59) SANZ ABAD, P.: Historia de Aranda de Duero, Burgos, 1975, p. 300.

(60) Véase CARO BAROJA, J.: La estación de amór..., pp. 243-248; BARANDIARAN, J. M.: op. cit., p. 35; VIOLANT y SIMORRA, R.: op. cit., pp. 595-597.

(61) op. cit., pp. 334-335.

(62) En Madrid también se emplea para el dolor de cabeza y, además, para el de garganta; véase FRAILE GIL, J. M.: "Lagartijas, lagartos y culebras por la tierra madrileña: rimas y creencias", Revista de Folklore, 16-1, 1996, pp. 162-170, en especial p. 168.

(63) Días geniales o lúdicos, 1626 (?), ed. de j. P. Etienvre, II, Madrid, Espasa-Calpe, 1978, p. 145. Sobre el carácter venenoso y diabólico del sapo: Antonio de Fuentelapeña, op. cit., pp. 616-617; Cuentos españoles de los siglos XVI y XVII, ed. de M. Chevalier, Madrid, Taurus, 1982, p. 186.

(64) op. cit., p. 44. Según Frazer, "los antiguos habitantes del País de Gales siempre escupían tres veces en el suelo antes de cruzar una corriente después de haber anochecido para evitar la maligna influencia de espíritus y brujas", El folklore en el Antiguo Testamento..., p. 339.

(65) ALONSO DEL REAL, C.: Op. cit., p. 139. En la zona vascoparlante del País Vasco, son los gentiles o paganos, según Barandiarán, op. cit., pp. 99-102 y 124-125.

(66) En algún pueblo de Segovia, estos seres fantasmales son los encantarados; véase Ignacio Sanz, op. cit., p. 195.

(67) NAVARRO GARCIA, R.: Catálogo Monumental de la Provincia de Palencia, III, Palencia, 1939, citado por G. Alcalde Crespo, La Montaña Palentina. I. La Lora, Palencia, Merino, 1992, p. 220. Un tesoro parecido hay en la entrada de la Cueva del Toro, en Revilla de Pomar, ib., p. 91. Sobre esta creencia en el País Vasco, Barandiarán, op. cit., pp. 79, 95 y 120.

(68) Con este mismo nombre aparece un personaje legendario en La Sinova (Valladolid), según VELASCO, J. L.: "La cueva del hermano Diego", Revista de Folklore, 9-2, 1989, pp. 99-103, en concreto p. 102.

(69) MADOZ, P.: Burgos..., p. 264.

(70) En Villanueva de Henares (Palencia) existe la Peña Hincada o Piedra de Sansón, según ALCALDE CRESPO: Op. cit., pp. 204-205.

(71) En Navarra, como dice BARANDIARAN, J. M.: op. cit., pp. 63-64.

(72) Son lo que V. García de Diego denomina "leyendas etimológicas", Antología de leyendas de la literatura universal, Barcelona, Labor, 1958, pp. 13-14.

(73) GARCIA MARTINEZ, J.: "Etimología e interpretación popular y cultista en los pueblos de León", en A. Alvarez Tejedor y H. Perdiguero (Eds.), Toponimia de Castilla y León. Actas de la reunión científica sobre toponimia de Castilla y León, Burgos, Facultad de Humanidades, 1994, pp. 195-205, sobre todo pp. 201-203.

(74) Op. cit., p. 64.

(75) En Montealegre, los recién casados visitaban el castillo y la novia tiraba unas monedas al pozo; MARTIN, J. M.: Montealegre. Datos, vivencias, recuerdos para su historia, Valladolid, 1992, p. 38. En Portillo, "hay un castillo que estaba habitado por el conde Pimentel, el cacique del pueblo, y entonces robó, esto, deshonró a la doncella que quería. Y ya, a su muerte, en recompensa por toda doncella que deshonró, quedó una recompensa de doscientas pesetas que se llamaba la prebenda, para poder cobrar. Pero, para hacer a ese premio, había que llevar certificado de matrimonio y el acta de nacimiento del primer hijo que tenía que haber nacido a partir de los nueve meses de casada". Contado en Portillo por Gaude Gutiérrez Martín, de 72 años en 1995, y grabado por J. M. Mateo González. Sobre el Duque de Frías, señor de Camporredondo, y el derecho de pernada, v. ALCALDE CRESPO, G: La Montaña Palentina. IV. Fuentes Carrionas y la Peña, Palencia, Merino, 1982, pp. 224-225.

(76) Madrid, Cátedra, 1978.

(77) "El sociocentrismo de los pueblos españoles", en Razas, pueblos y linajes, Madrid, 1957, pp. 263-292. La cita es de la p.288.

(78) Ib., p. 289.

(79) VELASCO MARTINEZ, J. L.: "La cueva del hermano Diego", Revista de Folklore, 9-2, 1989, pp. 99-103. La cita es de la p. 102. Del mismo autor, puede verse el artículo "Historia y leyenda en el Monasterio Santa María de Valbuena", El Norte de Castilla, 4 de mayo de 1987.

(80) Historia nocturna, Barcelona, M. Muchnik, 1991, p. 145. Véase también SCHMITT, J. C.: op. cit., pp. 135-145.

(81) op. cit., p. 203. En la p. 154, ujanko, y en la p. 193, tartalo y torto:

(82) Véase CAMARENA, J. y CHEVALIER, M.: Catálogo tipológico del cuento folklórico español. Cuentos maravillosos, Madrid, Gredos, 1995, pp. 134-136.

(83) Historia de la Filosofía, I, Madrid, Siglo XXI, 1969, p. 14.

(84) Las brujas y su mundo..., p. 85.

(85) SERRANO, L.: Becerro gótico de Cardeña, Valladolid, Cuesta Editor, 1910, p. 30. Documento del año 945.

(86) MARTINEZ, E.: Colección diplomática del Real Convento de Santo Domingo de Caleruega, Vergara, Santísimo Rosario, 1931, p. 356. Documento del año 1292.

(87) Juan Francisco Blanco dice que uno de los objetivos de su libro es "demostrar que la brujería y otras especialidades de la magia han tenido y tienen un fuerte arraigo en Castilla y León"; op. cit., p. 36. Véase también el artículo de Ignacio Sanz citado en la nota 13.

(88) Al plantearse la cuestión de si los procesos contra las brujas "obedecen a hechos concretos de los que se podría decir que tienen carácter sobrenatural...", Caro Baroja responde que "un deber de sinceridad me obliga, en última instancia, a declarar ahora, públicamente, que por carácter, por educación y por experiencia he de quedar entre los que dicen: No"; las citas son de "Arquetipos y modelos en relación con la historia de la brujería", Brujología. Congreso de San Sebastián, Madrid, Seminarios y Ediciones, 1975, p. 228.

(89) op. cit., p. 64.

(90) En el Pirineo, la voz brujo denominaba al curandero y adivino, y, alguna vez, al saludador y al “encortador de Llops”, según VIOLANT y SIMORRA: op. cit., pp. 530-531.

(91) J. F. Blanco afirma que Cerezo, que está al pie de Somosierra, tiene "fama como pueblo de brujas"; op. cit., p. 100.

(92) CORRAL CASTANEDO, A.: op. cit., II, p. 264; VIOLANT y SIMORRA: op. cit., pp. 494-495, en el que el personaje es un sastre que cree ser sujetado por las ánimas.

(93) TORRE GARCIA, L.: "La dómina, cruces contra las brujas", Revista de Folklore, 6-1, 1986, pp. 49-51.

(94) En Madrid, metían una lagartija en un alfiletero con el mismo fin; v. FRAILE GIL, J. M.: op. cit., p. 165.

(95) WHITE, Terence H.: El libro de Merlín, Madrid, Debate, 1996, p. 77.

(96) La crema se llama Ureadin manos, y en el prospecto dice: "Ureadin manos hidrata y suaviza la capa córnea superficial de la piel debido al efecto dermatológico-regenerador de la urea. Protege y previene a las manos de las alteraciones cutáneas producidas por agentes externos (agua, frío, detergentes...) gracias a la formación de una película que retiene agua y evita el desecamiento".

(97) Roa de Duero..., pp. 167-168; era frecuente que los ayuntamientos cargaran con el coste de esta práctica curativa para evitar el contagio generalizado; cf. DE LA CRUZ, V.: Poza de Sal. Cuerpo y alma de una villa milenaria, Burgos, La Olmeda, 1992, p. 122. En Alba de Cerrato (Palencia), el ayuntamiento pagaba al saludador en 1752 media carga de trigo como salario anual y 12 reales cada vez que iba al pueblo. A. H. de Palencia, Catastro de Ensenada, n.º 8020, p. 53-53v. Omito otros muchos ejemplos por no ser prolijo.

(98) Está editado por el Centro de Cultura Popular Canaria en Santa Cruz de Tenerife, en 1991 (7.ª edición).

(99) op. cit., pp. 96-97.

(100) Historia de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de las Viñas, patrona de la Villa de Aranda de Duero, Madrid, Imprenta de Aznar, 1795. Edición facsímil de 1983, p. 169.

(101) ARRIBAS, M. M.: Historia del santuario del Henar; Segovia-Valladolid, 1984, p. 104. Cf. GIORDANO, O.: op. cit., pp. 110-112.

(102) DE VEGA GIMENEZ, M. T.: Imágenes exentas del Niño Jesús. Historia, iconografía y evolución, Valladolid, Caja de Ahorros Provincial, 1984, p. 38.

(103) VELASCO, Silverio: op. cit., p. 335; CRIADO MAMBRILLA, R.: "Historia de los trajes de la Virgen de las Viñas", Programa de las Fiestas Patronales de Aranda de Duero, 1993.

(104) SANZ ABAD, P.: op. cit., p. 291.

(105) Roa de Duero..., p. 167.