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CUENTOS TRADICIONALES DE PEÑAFIEL

MARTIN CRIADO, Arturo

Publicado en el año 2004 en la Revista de Folklore número 281.

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Esta pequeña colección de cuentos fue recogida en Peñafiel, salvo uno en Olmos de Peñafiel, pueblo cercano, ambos de la provincia de Valladolid, a finales del siglo pasado con fines didácticos, a saber, experimentar el funcionamiento de la tradición oral en nuestra época. Creo que puede ser interesante ir publicando algunos de estos materiales, pues, junto a cuentos ya catalogados y bastante conocidos, hay otros que no lo han sido y que pueden aportar algo al conocimiento del repertorio cuentístico de la región.

En primer lugar aparecen los cuentos que figuran en algún catálogo, sobre todo el de Aarne y Thompson, y el de Camarena y Chevalier; al final, aquéllos que no han sido todavía catalogados o que, al menos, yo no les he encontrado acomodo en ninguna clasificación. Los títulos que llevan son los que les dieron sus narradores, excepto los que van entre corchetes, que carecían de él y se les asignó en la trascripción.

1. EL PAJARITO DE QUEVEDO

(Aarne–Thompson 1528: Sujeta el sombrero)

Quevedo iba de paseo con otro por las calles de Madrid, sabes, como era muy favorito del rey, no de este rey, de los reyes esos, de esos reyes antiguos que había...Y, claro, salió de paseo y iba con uno y le dice:

– ¡Oye, que me entran ganas de cagar!

– Hombre, ¿cómo vas a cagar aquí, en la calle?–dice el otro.

Dice:

–Es que ahora es pronto, por la mañana y no viene nadie. No ves que no hay gente por la calle –dice–. Ponte tú ahí al cuidao, a la esquina –dice– y aquí hago yo del cuerpo.

Conque se pone allí Quevedo y ya después que va a terminar, dice: –¡Oye, oye! Que vienen por allí dos municipales –dice– ¡Date prisa!

Y dice:

– Me voy a vestir.

Dice:

–Claro, y ¿ahora qué hacemos con esto que hay en el suelo?

Y dice: –Pues tápalo con el sombrero.

Lo tapa con el sombrero y llegan los municipales.

¡Cómo era tan popular el Quevedo! Dicen:

–Hombre, Quevedo, ¿qué haces por aquí a estas horas?

Dice:

– Pos mire, que he cogido un pajarito y lo tengo ahí debajo el sombrero.

Dice: –¡Ah, muy bien!

Dice:

–Pero es que quería ir a por una jaula pa meterle y, si me voy, a lo mejor se escapa –dice– o me quitan el sombrero.

Dice:

–No, hombre, vete a por la jaula. Nosotros te le cuidaremos.

Conque se fue por la jaula y dice un guardia, dice:

–¡Oye!, vamos a ver cómo es el pajarito de Quevedo.

Dice:

–No, hombre, que se escapa –le decía el otro–. Y si se escapa, ya ves tú luego la que vamos a liar.

Dice:

–¡Que no, hombre! Tú levanta el sombrero con cuidao –dice– y verás cómo le cogemos.

–Bueno, bueno.

Conque el otro va y levanta con cuidadito el sombrero, y el otro con la mano la mete de repente... y, claro, se cogió la mierda y, al sacarla, dice:

–¡Huy!

Se fue a sacudir y se dio contra la pared y como le dolió dice:

–¡Huuyyy! (1)

2. [LOS TRES CADÁVERES]

(Aarne–Thompson 1536: Los tres hermanos jorobados ahogados)

Era una vez un pueblo, como si dijéramos Peñafiel, y había tres señores curas. Y, la que pasa, ellos comiendo comentaron:

–¡Qué frescachona está la fulana!

Total, que dijeron entre ellos:

–¿Nos propasamos y damos un paso allá?

Y dice:

–¡Coño, cómo quieras!

Pues así fue, que se propasaron y al día siguiente sale de casa uno y se encontró con ella; entabló conversación, ¡que se lo llegó a pedir! Y dice:

–¡Anda, pues bueno!

Y le dijo que a las ocho y media de la noche que fuera por su casa. Acto seguido, salió el otro y se volvió a encontrar con ella y le dijo que a las nueve. Esto que el que hacía el tercero, pues igualmente salió a celebrar la misa. Total, que se encontró también y le dijo que a las nueve y media. Total, que va el marido a casa, y ella, pensando lo que había hecho, pues se lo contó al marido y dice:

–¿Qué les has dicho?

Dice:

–Que anda, que bueno.

Dice: –Pues de estos me encargo yo.

Y total que así fue. Hablan entre el matrimonio y dice:

–¿Quién es el más pobre del pueblo?

–Pues el aguacil del ayuntamiento.

En total, que le dijeron:

–Con fulano ha ocurrido esto –le contó el caso. Dice – ¿cuánto quieres?, porque a las ocho y media ha quedao de que vaya. –Y dice– pues te doy lo que pidas, pero que desaparezca ese señor, ¿eh?, por sinvergüenza.

Ya se ajustaron; esto que era pleno invierno y a las ocho y media que se presentó el buen señor del cura aquel, y él estaba detrás de la puerta. Cuando llamó, le mandó pasar la mujer y el marido le pegó un porrazo en toa la cabeza y le mató; le arrastró allí a la habitación y fue el aguacil a por él. Le dijo:

–Pues mira donde está.

Esto que le coge, se le echó a la espalda y se le llevó.

Dice:

–Pues cuando hagas lo que quieras con él, subes que te pago.

Bueno, pues así fue. Llegó en este tiempo el segundo.

Hizo tres partes de la misma: le pegó un porrazo y le tiró al suelo. Pero el aguacil fue a cobrar el primero, que creía que eso..., dice:

–Pues si mira donde está.

–Me cagüen tal –dice– ¿tienes ahí una soga?

Dice:

–Sí.

Le dio una soga y cogió, le ató, dice:

–Trae a ver ahora si va a salir.

Bajó a tirarle al río, subió a cobrar y entre tiempo que llegó el que hacía el tercero. Dice:

–Como te voy a pagar si mira donde está.

Él no se fijaba en la fisonomía, na más que los veía allí tumbaos, y dice:

–¿Tienes cerillas?

Dice:

–Sí.

Dice:

–Trae, verás tú si va a salir del río o no. Ahora me le subo al monte y allí le quemo, aunque sea.

Esto que se subió al monte con él a la espalda y puso hoguera, y venga a llevar haces a la hoguera, venga llevar haces a la hoguera. Esto que un señor cura que iba a celebrar de un pueblo a otro, como era pleno invierno, al ver lumbre, se acuculó allí a calentarse. Esto que aquél fue a echar un haz a la hoguera y le vio allí acuculao y le dice:

–Pero ¿cómo?, tienes frío que toavía te sales a calentar (2).

3. [EL MEJOR SUEÑO]

(Aarne–Thompson 1626: El mejor sueño)

Era Quevedo que iba con dos, y fueron de excursión, iba con dos y, claro, fueron a una posada a dormir, pero ya llegaron muy tarde a la posada pa dormir. Y, claro, dice la mesonera, dice:

–Si ya no tengo cena, –dice– no me queda más que un huevo.

Y dicen:

–¿Qué vamos a hacer con un huevo pa tres?

Y dice Quevedo, dice:

– Mira, vamos a hacer una cosa. Nos vamos a dormir y el que sueñe las cosas más raras –dice– que se coma el huevo por la mañana cuando nos levantemos.

Conque se levantan por la mañana y le pregunta Quevedo a uno:

– Tú ¿qué has soñao?

Y dice:

– Que me fui allá, del otro lado del mundo.

Y dice:

– Tú, ¿qué has soñao? –le pregunta al otro.

– Yo, que había subido a las nubes.

Y ya los otros dicen:

– Bueno, y tú ¿qué has soñao, Quevedo?

Dice:

– Pues yo he soñao que como sos fuistes tan lejos los dos, creí que no ibais a volver y me comí el huevo; –dice – me levanté y me comí el huevo (3).

4. EL TONTO DEL PUEBLO

(Aarne–Thompson 1696: ¿Qué debería haber dicho?)

Era una vez en un pueblo próximo a Peñafiel, y había un chico pues que era tonto; total que la madre le dijo (era pleno verano y el padre estaba a trabajar al campo):

– Si supieras bajar a Peñafiel a moler un poco de cebada –dice– pues te mandaría, pero si no vas a saber.

Dice:

– Que sí que sé.

Y total, que le echó en un saco una fanega y cuatro celemines. Y llegó a las eras del Santo Cristo y estaban beldando y éste pues se arrimó a ver beldar, cosa de una persona que no estaba bien de la azotea, y se puso, el hombre, a decir el repertorio que bajaba de casa:

– Una fanega y cuatro celemines, una fanega y cuatro celemines.

Aquéllos que estaban beldando, ¿qué se pensaban? Que sólo quería que saldría una fanega y cuatro celemines. Cogieron y le pegaron una paliza. Y claro, éste les dice:

– ¿Que qué tengo que decir?

Dicen:

– Pues que cuanto más salga, mejor; cuanto más salga, mejor.

El hombre echó a andar a la carretera adelante y había un entierro, y estaban los dolientes a la puerta, y el hombre estaba:

– Cuanto más salga, mejor; cuanto más salga, mejor.

Y, en total, que cogieron y le volvieron a calentar. Y el hombre se puso a llorar y dice:

– Pues no sé qué voy a tener que decir.

Dice:

– Pues que en cien años no salga ninguno.

Dice:

– Que en cien años no salga ninguno; que en cien años no salga ninguno.

Bajó al puente, al río, y había dos frailes que se habían metido a coger lombrices; esto que se metieron en el cieno y que no podían salir. Y ya, a fuerza de fuerza, arrancó uno y salió y le echó mano y le pegó una paliza.

Dice:

– Pues no sé qué voy a tener que decir.

Dice: – Pues que, según ha salido el uno, que salga el otro.

– Que, según ha salido el uno, que salga el otro.

Se echó el saco a la espalda..., esto que llegó al molino y salía el molinero pegando chillidos, que se había saltao una china de la piedra y le había saltao un ojo. Y él estaba con aquello de "según ha salido uno, que salga el otro" (4).

5. [LA CHICA SORDA]

(Aarne–Thompson 1698: Los sordos y sus respuestas.1698 G: Las palabras entendidas mal dan resultados cómicos).

Va una chica joven a comprar unas guindas a la plaza y en esto que se encuentra con el novio, pero la novia era sorda, y se encuentra con el novio y dice: "Y si me encuentro con mi novio, me dirá que buenos días, y yo le diré que de por guindas; y me dirá que a cuánto son, y le diré que a tres cuartos; y me dirá que pa quién son, y le diré que pa mi madre que está mala". En esto que se encuentra con el novio y le dice:

– ¡Buenos días!

Dice:

– De por guindas.

Dice:

– ¡Buenos días!

– ¿Que a cómo son? A tres cuartos.

– Que buenos días te he dicho.

Y dice:

– Que son pa mi madre.

– Te he dicho que buenos días. ¡Vete a la mierda!

– Pa mi madre, que está mala (5).

6. [EL LABRADOR SORDO]

(Aarne–Thompson 1698: Los sordos y sus respuestas. 1698 J: Buenos días. Un leñador)

Era una vez un sordo que estaba arando y alcanzó a ver uno por un camino y, entre él, pues claro, se figuró que le diría que qué gordas tenía las mulas y él dijo:

–Pues le tendré que decir, cuando me diga esto, que las echo dos almuenzadas de cebada. Me dirá que cuánto aran, le diré que obrada y media.

Y así fue, esto que ya se acercó, llegó a su altura y dice: –¿Qué hay? ¡Buenos días! Pero el otro ya dice:

–Dos almuenzadas de éstas.

Dice:

–Que buenos días.

Dice:

–Obrada y media.

Y ya tanto le hartó que dice:

–¡Vete a tomar pol culo! (6).

7. [EL EVANGELIO DEL GUISO]

(Aarne–Thompson 1831: El clérigo y el sacristán en la misa).

Era un ama del cura de un pueblo, que siempre suelen tener los curas. En esto que compra un pollo para guisarle pal día siguiente, pero el cura se marcha a misa y no se acuerda de decir al ama cómo tiene que preparar el pollo. Entonces, se marcha a misa y, cuando el cura está en el púlpito, le hace señas al cura, cómo tiene que preparar el pollo, y el cura pues lo entiende y en vez de decir el evangelio, se lo dice, la condimenta de la comida como si fuese el evangelio, y la dice:

–María, María Tona, de eso que me has enseñao, la mitad cocido, la otra mitad en satún. La cabeza y las pataletas en una sarteta con perejulorun por Cristo dominum nostrum, amen.

Y luego los feligreses que estaban escuchando, que creían que era el evangelio, decían todos:

–¡Coño, bien! Pues ha estao bien el evangelio de hoy (8).

8. [CUATRO PIES LE ROBA UN PIE A DOS PIES]

(Aarne–Thompson 1940: Los nombres extraordinarios).

Érase una vez que estaba dos pies sentado en tres pies comiendo pies. Va cuatro pies, le quita un pie. Se alza dos pies, tira tres pies, se va cuatro pies y allí dejó el pie.

Pues era un señor que estaba comiendo pies sentado en un asiento que tenía tres pies. Fue el gato, que tenía cuatro pies, le quitó un pie de los que estaba comiendo, se alza el señor, que tenía dos pies, tira tres pies que era el asiento, se va cuatro pies que era el gato y allí dejó el pie que le había quitao (8).

9. ¿DE DÓNDE VIENES, GANSO?

(Aarne–Thompson 2011: ¿A dónde te has ido, ganso?

¿De dónde vienes, ganso?
De tierra de garbanzos.
¿Qué traes en ese piquito?
Un cuchillito.
¿Dónde le has afilao?
En una tejita.
¿Dónde está la tejita?
Al río la he tirao.
¿Dónde está el río?
Los bueyes se lo han bebido.
¿Dónde están los bueyes?
A arar un poquito.
¿Dónde está lo que han arao?
Las gallinitas lo han esparramao.
¿Dónde están las gallinitas?
A poner huevos.
¿Dónde están los huevos?
Los frailes se les han comido.
¿Dónde están los frailes?
A decir misa.
Y ¿dónde está la misa?
Revuelta, revuelta en una camisa (9).

10. REFRÁN DE SAN ISIDRO

(Aarne–Thompson 2014: Las cadenas que involucran contradicciones o extremos. 2335: Los cuentos llenos de contradicciones).

San Isidro Labrador,
muerto le llevan en un serón,
el serón era de paja,
muerto le llevan en una caja.
La caja era de pino,
muerto le llevan en un pepino.
El pepino era de aceite,
muerto le llevan a San Vicente.
San Vicente está cerrao,
con el gorro colorao,
le agarraron de las patas,
le tiraron a un tejao (10).

Este refrán, como lo llamaban en Peñafiel y, en general, en la Ribera del Duero, lo contaban los chicos, lo mismo que el anterior del ganso, a modo de retahíla en las procesiones, especialmente en las rogativas de la primavera. Dentro de la Ribera del Duero, en Castrillo de la Vega, una versión distinta se usaba como refrán para jugar a las buenas mayas, variante del juego del burro del tipo de correcalles: San Isidro Labrador, muerto le llevan en un serón.

San Isidro Labrador,
muerto le llevan en un serón.
El serón era de paja,
muerto le llevan en una caja.
La caja era de pino,
muerto le llevan en un pepino.
El pepino era de a cuarto,
muerto le llevan al camposanto.
El camposanto estaba cerrao,
muerto le lleven por los tejaos.
Los tejaos eran de teja,
muerto le llevan por la calleja.
La calleja era de canto,
muerto le llevan al camposanto.
El camposanto estaba abierto,
hicieron un hoyo y le metieron dentro (11).

11. LA POSADA DE LA MIERDA

Era una vez en un pueblo donde había un señor cura que llevaba ya mucho tiempo en la misma posada. Y, casualmente, ese día llegó uno nuevo a la posada y, claro, entonces como no había luz eléctrica ni esta cosa... Pues aquel señor, a la media noche, que le da un cólico y dice:

–¡Mesonera, mesonera, que me cago!

La mesonera le dijo:

– Mire usté, hágalo ahí en cualquier sitio, no se preocupe usté.

El hombre acongojao y tal. Esto que fue y escarbó un poco en el brasero, y lo hizo en el brasero, como era invierno. Allá al rato otra vez, que al hombre se le vuelve a mover el vientre y:

–¡Mesonera, mesonera, que me cago!

– Hágalo usté por ahí, mañana lo tiro yo. No se preocupe usté; usté, tranquilo.

Y fue y lo hizo en la palancana. En total, que al rato, igualmente:

–¡Mesonera, mesonera!

El hombre estaba acobardadito y fue y lo hizo, echó mano a una percha y estaba el bonete del señor cura, que estaba en la posada, y, total, allí lo hizo.

Esto que llegan las seis de la mañana, y, de estas familias humildes que no podían tener gasto, pues tenía que ir a casar unos a un pueblo, y el señor cura, ya con confianza, que llevaba, ya digo, mucho tiempo allí y dice:

– Digo que me voy, señora fulana, a la mesonera.

– Pero no va ir usté en ayunas, según está la mañana –dice– ahí hay leche, ya sabe usté y lo caliente aunque sea en las ascuas del brasero.

Fue el señor cura a escarbar un poco y, esto que fue a dar con la cagada aquella y, claro, pues el hombre encorajinao echó de momento la culpa al gato. Fue a aclararse a la palancana y estaba la otra. Ya el hombre encorajinao, cogió el bonete, se lo plantó, pues no vean ustedes... y desde entonces llamaban en ese pueblo la posada de la mierda (12).

12. EL PASTOR Y SAN CASCORRO

Era una vez un pueblo de Andalucía y venía una primavera muy seca, y, claro, no tenían pastos para las ovejas y decían que si en la ermita había un santo, San Cascorro casualmente se llamaba, que dice que pidiéndole así con fe aquel agua, que Dios se lo conseguía, se lo lograba. Y así fue. Fue aquel pastor y le dijo:

– Mira, si llueve, el mejor cordero que tengo en el rebaño, te le traigo.

Bueno, esto que apenas salió de la ermita, se lía a llover y venga llover, en total que los pastos se pusieron con más de medio metro de altura. Y, claro, como lo prometido es deuda, a los ocho días cogió el cordero y se lo llevó al santo a la ermita aquella. Y, para llevarle, por no llevarle al hombro, pues se le llevó con todo el rebaño y fue y se le ató con un atillo al cuerpo del santo. Le dijo:

– Toma el cordero que bien te le has ganao y hasta otra.

Total, que aquél echó a andar con las ovejas para abajo, y, claro, al verse el cordero solo allí en el altar, con el santo San Cascorro, un tirón y otro tirón, pues que le tiró del altar. Pues, casualmente, tenía la cara de huevo que le habían preparao pa la función y le decía el pastor:

–Agárrate, San Cascorro, que te vuelca; agárrate, San Cascorro, hazte el pesao, que te vuelca (13).

13. LAS SOPAS DE LOS PASTORES

Eran dos pastores que casi todos los días se encontraban en el campo, el uno era de Canalejas y el otro de Fompedraza, y se solían encontrar en el monte de Canalejas to los días. Y cada día echaba las sopas uno, y el otro día siguiente del pan del otro, y así repartían la caridad, hacían las sopas para desayunar.

En esto que un día hacía mucho aire cuando llegaron al Ormar. Dice un pastor al otro, que se encontraban un poco lejos:

–Oyes, Ambrosio, ¿de qué pan echamos hoy las sopas?

— Y le dice Ambrosio a Antolín:

–Oyes, Antolín, échalo del tuyo, que con el aire no se oye (14).

14. [VENDIENDO BACÍAS Y NUECES]

Era un señor que iba por la calle vendiendo bacías de barbero y iba voceando:

–Hay bacías, bacías, bacías de barbero.

En esto que pasa otro señor y no sabía que iba vendiendo bacías de barbero y sale vendiendo nueces.

–Hay nueces, nueces.

Y el otro iba con las bacías y decía:

–Hay bacías, bacías.

Y el otro:

–Hay nueces, nueces.

Y el otro:

–Bacías, bacías.

En esto que se enfada este buen señor y dice:

–Pues éste va a saber quién soy yo; ahora voy a casa, cojo un cuchillo y va a saber quién soy yo.

Pero cuando sale de casa, pasa por delante un hombre vendiendo sal y el hombre, pues cada uno va a su negocio, iba diciendo:

–Sal, sal.

Dice:

–Me cagüen tal, ahora mismo. Me cagüen la calavera una pulga, vas a saber quién soy yo (15).

15. [EL PASTOR Y LA MARÍA]

Esto era un pastor de Mélida, un pueblo de cerca de Peñafiel, y tos los días, cuando soltaba a las ovejas por la mañana para ir al campo, se encontraba con una moza del pueblo, que le gustaba a él, barriendo la puerta. Y el hombre no tenía más salida que decirla:

– Buenos días, María. Cómo estás colorada, estás colorada.

Y María le contestaba:

– Buenos días, Ambrosio. Y el que muere de amores ¿qué hará?

Y el hombre, el pastor, no tenía más salida y, al día siguiente, hacía tres partes de la misma. Volvía a pasar con las ovejas, se encontraba otra vez con la María barriendo la puerta y la decía:

– Buenos días, María. Cómo estás colorada, estás colorada.

– Buenos días. Y el que muere de amores ¿qué hará?

Y este pobre hombre empezó a darle qué pensar y dice:

– Pues tengo que bajar a Peñafiel y preguntarle a Don Teófilo el Pelapájaros, que era abogao, y que me descubra a ver de qué vienen esas palabras.

Ya baja y le dice a D. Teófilo:

– Y esto que me dice María.

Dice:

– Nada, tú la tienes que contestar a la María, cuando te diga que el que muere de amores qué hará, dices "descubrir su secreto y descansará" y con eso vale.

Ya se encontró otro día con la María, la dice:

– Buenos días, María.

– Hola, buenos días, Ambrosio. Y el que muere de amores ¿qué hará?

Dice:

– Descubrir su secreto y descansará.

Pero, mira por dónde, la María se enteró que D. Teófilo le llevó cinco pesetas por la consulta y le dice:

– Anda, cabeza de chorlito, que eso no ha salido de tu canostra.

Dice:

– Pues si salió o no salió, cinco pesetas me costó (16).

16. [LA SOTANA DEL CURA]

Esto era un chico que se fue a confesar y le dice al cura, porque el hombre andaban en casa mu faltos de dineros y se dice: "¡Qué bien me venía esta sotana que tiene el cura!, dice, ¿cómo le haría yo? Pasaría, aunque sea, por loco o por tonto".

Y cuando se va a confesar, le dice al cura:

– ¡Buenos días, padre! Vengo que me vengo a confesar de los pecaos que tengo.

Dice:

– Pues, tú dirás, hijo.

Dice:

– Pues, el caso es que me dan ataques.

Dice:

–¡Hombre!, hay que controlarse cuando le vienen los ataques.

Dice:

– Padre, ¡que me viene, que me viene!

Y cogió el padre y se marchó del confesionario, y resulta que lo que le venía bien era la sotana para resguardarse del frío (17).

17. [EL CURA Y EL BRUTO DEL PUEBLO]

Era un cura de un pueblo que vino a la capital con uno que era el bruto del pueblo, ¿sabes? Y, claro, vino a la capital y tuvieron que hacer noche. Tenían que buscar una pensión, claro, fueron a una pensión, dice:

– ¿Hay camas?

Dice:

– No hay más que una habitación –dice– pero tiene dos camas.

Dice:

– Bueno, entonces ya está, si tiene dos camas, pues vale.

Y les dieron de cenar. Se van a acostar ya y dice el bruto, dice:

– Bueno, me voy a dormir, padre, si quiere usté venir.

– Voy a rezar mis oraciones primero.

– Bueno, pues yo me voy a acostar.

Se va el que es tan bruto a la cama, se mete en la cama y, claro, al poco sube el cura. Se pone el pijama y todo, se arrodilla al lado de la cama y dice:

– Con Dios me acuesto, con Dios me levanto, la Virgen María y el Espíritu Santo. Y que Dios nos vea amanecer. Amén.

Conque se va a echar en la cama y se hunde, y salta el otro:

– ¡Me cago en Dios! Si, claro, con tanta gente, se tenía que hundir la cama (18).

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NOTAS

(1) Grabado a Román Sanz, de 81 años, en Peñafiel, en el mes de mayo de 1995.

(2) Grabado a Ángel Cano, de 55 años, en Peñafiel, en mayo de 1987.

(3) Grabado a Román Sanz. Véase la nota 1.

(4) Grabado a Ángel Cano. Véase la nota 2.

(5) Grabado a Emiliano Cano, de 42 años, en Peñafiel, abril de 1987.

(6) Grabado a Ángel Cano. Véase la nota 2.

(7) Grabado a Emiliano Cano. Véase la nota 5.

(8) Grabado a Cándida de Diego, de 61 años, en Olmos de Peñafiel, en mayo de 1990.

(9) Grabado a Emiliano Cano. Véase la nota 5.

(10) Grabado a Emiliano Cano. Véase la nota 5.

(11) Grabado a Arturo Martín Ortega, de 68 años, en Castrillo de la Vega (Burgos), julio de 1986.

(12) Grabado a Ángel Cano. Véase la nota 2.

(13) Grabado a Ángel Cano. Véase la nota 2.

(14) Grabado a Emiliano Cano. Véase la nota 5.

(15) Grabado a Emiliano Cano. Véase la nota 5.

(16) Grabado a Emiliano Cano. Véase la nota 5.

(17) Grabado a Emiliano Cano. Véase la nota 5.

(18) Grabado a Román Sanz. Véase la nota 1.

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BIBLIOGRAFIA

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– (1997), Cuentos de animales, Madrid, Gredos.

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– (2003), Cuentos–novela, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos.

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