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Presencia de la flauta y el tamboril en la ciudad de Burgos

BLANCO DEL VAL, Alfredo

Publicado en el año 2016 en la Revista de Folklore número 412.

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Los tradicionales gigantones, gigantillos, danzantes y tetines, maceros, timbaleros y clarineteros, dulzaineros y el pitero salen a la calle en procesión en las fiestas más solemnes de la ciudad de Burgos, esto es: en la Solemnidad del Corpus, en el Corpus Chico o Curpillos, en las fiestas patronales de San Pedro y San Pablo, así como en la festividad de San Lesmes. Llenan las calles de color y alegría con sus bailes y su música, y otorgan a las fiestas de Burgos un aire de solemnidad y ancestralidad que pocas capitales de provincia mantienen.

En este artículo me voy a centrar en la figura del pitero, nombre con el que se conoce en la capital castellana al intérprete de flauta y tamboril, curioso personaje que se mantiene en la ciudad de Burgos como vestigio de un pasado en el que estos instrumentos reinaron como protagonistas de todas las fiestas y actos importantes, y que a finales del siglo xix fueron desplazados por la fuerte irrupción del sonido de la dulzaina.

A la persona encargada de tocar la flauta y el tamboril se la conoce por diversos nombres, dependiendo de la geografía: tamborilero, tamboritero, gaitero, pitero, txistulari, etc. Emplea una de sus manos, generalmente la izquierda, para tocar la flauta y sostener el tamboril, que tocará con la mano contraria, esto es: con una mano lleva la melodía, mientras que con la otra llevará el ritmo. En la península ibérica han sido las personas encargadas, durante años, de animar cuantas fiestas, procesiones y otros eventos sociales se sucedían en nuestros pueblos.

Esta flauta es un instrumento aerófono, formado por un tubo abierto de embocadura biselada, pertenece a la familia de las flautas de pico y guarda relación con los antiguos pífanos y syrinx de los griegos, la fístula latina y la gorba o quesea árabe. Se suele fabricar de madera de boj, encina, urce y hasta de ebonita o plástico, y su longitud oscila entre 35 y 47 cm. Habitualmente consta de tres agujeros: dos delante y uno detrás.

Parece ser que la unión de la flauta con el tamboril se produjo a principios del Medievo y dio lugar a diferentes manifestaciones folklóricas. Hay abundante iconografía que demuestra la amplia difusión que tuvo esta combinación de instrumentos desde la Edad Media hasta nuestros días. En el medio rural no hay pueblo que no tenga mención al tamborilero o tamboritero como músico de todo tipo de celebraciones. Gracias a los libros de cuentas de fábrica o de cofradías, se puede, incluso, determinar la fecha de retroceso de este instrumento en detrimento de la dulzaina y la caja, periodo que se situaría entre los años 1830 y 1970.

En Castilla y León, la flauta y el tamboril, otrora frecuente en provincias como Burgos, Palencia, Valladolid y Ávila, actualmente quedan reducidos a las provincias de León, Zamora, Salamanca y la ciudad de Burgos. En el resto de España podemos encontrar otras muestras de este tipo de flauta en Aragón (donde se denomina chiflo y suele acompañarse por el salterio o chicotén), en el País Vasco (donde se conoce como txistu), en Extremadura, en Andalucía (el denominado pito rociero), en Cataluña e Islas Baleares (conocido como flabiol) y en las islas Canarias (concretamente, en la ciudad de Icod, en Tenerife). Fuera de nuestras fronteras, en América, es posible encontrarlo en el norte de Argentina, en Ecuador (el piukullo), así como también en Perú.

La flauta y el tamboril en la ciudad de Burgos

Como resquicio de la flauta y el tamboril en la vieja Castilla, queda presente en las distintas fiestas de Burgos ciudad (donde se denomina pito), en las que un tamborilero o pitero ameniza el baile del gigantillo y la gigantilla con su música. La flauta utilizada para tales eventos guarda muchas similitudes con el txistu vasco, pero con la diferencia de que posee cuatro agujeros en lugar de tres y es desmontable. La flauta y el tamboril están unidos a las fiestas y, como ya hemos mencionado, son el acompañamiento de los gigantes y gigantillos durante las fiestas del Corpus, Curpillos, las patronales de San Pedro y San Pablo, así como el día de San Lesmes, cuando salen solamente los gigantillos, que bailan al son de su música.

Una de las primeras noticias sobre el conjunto instrumental de flauta y tamboril en Burgos, documentada con transcripciones musicales, aparece en el Cancionero popular de Burgos de Federico Olmeda, donde se hace la siguiente referencia:

Estos bailables generalmente son tocados por gaitas, pero también se han empleado para ellos clarinetes, chirimías y pitos. Los clarines van eliminándose del uso popular y pocas veces se toca ya el pito, antes tan en boga en toda España. Porque el uso de este último va desapareciendo también de todas partes, circunscribiéndose a las provincias vascongadas, se cree que ha sido y es un instrumento peculiar de solo ellas, idea que, según se ve, no es cierta. […] Así mismo el acompañamiento ordinario de estas tocatas ha sido el tambor para la gaita y el tamboril para el pito.

También, reza:

La rueda número I, cuya extensión no pasa en toda la pieza de una quinta, es para pito, con acompañamiento de su correspondiente tamboril. […] Su movimiento es el de rueda antes insinuado. Debe saberse que el pito y el tamboril son tocados por un mismo sujeto, un instrumento con cada mano.

Con estos mismos instrumentos se tocan los pasacalles y bailes de los Gigantones en Burgos: estos pasacalles van señalados con los números 25, 26 y 27 y los bailes con los 28, 29 y 30.

Nuevamente, hace referencia al tamborilero cuando habla de las danzas del Corpus y Curpillos en Burgos:

Necesitan dieciocho individuos, a saber: un Maestro de danza, al que llaman por Salas y Barbadillo Cachidiablo ó Cachivirrio, dos Tetines para despejar el radio ocupado por los danzantes, dos gaiteros, un tamborilero y doce danzantes. […] Nueve días antes del Corpus los dos gaiteros y tamborileros de la danza han de dar todas las mañanas diana a los concejales […] El día del Señor van también los Gigantones en procesión con sus propios instrumentos músicos (pito y tamboril) y en otro grupo distinto van los danzantes con todo su personal.

Como vemos, estas líneas nos proporcionan un testimonio de gran importancia sobre la presencia del pito y tamboril en toda España. Figuran en él tres pasacalles, dos bailes y las conocidas mochadas recopiladas a finales del siglo xix, y de cuya trascripción se puede deducir que se trata de un instrumento de sonido ambiguo.

En la obra Danzas típicas burgalesas se nos describen los bailes de Gigantillos y Gigantones que se realizan en las ferias del Corpus y en las patronales de San Pedro, así como también en la del Curpillos:

Son dos figuras, hombre y mujer, con armazón de madera y cabeza de cartón. El hombre viste capa parda, larga y amplia, se cubre con gran sombrero velludo y lleva en su mano derecha una vara de fresno que se interpreta como símbolo de autoridad, por lo que generalmente se cree que representa un alcalde de la Sierra burgalesa. La mujer, tipo graciosísimo, representa una aldeana gruesa, con vestido de percal de colores y delantal negro con tiras de terciopelo, vistoso pañuelo sobre los hombros y peinada con moño de picaporte. Lleva un gran ramo de flores de la mano derecha y otro más pequeño en el pecho.

Estas dos figuras bailan danzas típicas, al son de pito y tamboril, una de ellas con aire de jota, original y graciosa, en la que la mujer deja ver sus amplias enaguas adornadas con encajes entre el regocijo y el aplauso de la muchedumbre.

Los gigantones, en número de ocho, o sea cuatro parejas que representan distintas razas humanas, también bailan una danza solemne y ceremoniosa que contrasta con la movida de los gigantillos, desconociéndose el nombre de unas y de otras, aunque la fantasía popular y algunos autores, han compuesto a su música diversas letras, todas ellas alusivas y humorísticas.

Pero los actuales gigantillos no tienen nada que ver con lo que fueron en sus orígenes. Creadas tras la Reforma protestante, se trataba de dos grotescas figuras ridículas, chocarreras, vestidas con tela de dibujos llamativos, de colores chillones y de formas estrafalarias y adornadas con exagerados accesorios de las modas del año. Con estas figuras ridículas y grotescas se aludía precisamente a Lutero y su doctrina. La gigantilla representaba la herejía en sí y el gigantillo tenía dos cabezas: una representaba al propio Lutero y otra a Calvino. En la fiesta del Corpus, una vez llegaban a la plaza Mayor estas antiguas figuras, se dedicaban a bailar las mochadas, que no son otras que unas danzas autóctonas y ancestrales donde la pareja baila con las cabezas juntas, y que provienen de la antigua costumbre —ya no en práctica— de perseguir sobre todo a los aldeanos y gente humilde desprevenida, a quienes daban una mochada, que generalmente no causaba gran daño, pero sí generaba grandes risotadas. Esta costumbre de las mochadas trajo consigo el deterioro de las cabezas de los gigantillos. Por ello, en 1899, coincidiendo con la celebración en Burgos del V Congreso Católico, se encargó al artista Isidro Gil (también secretario del Ayuntamiento) y a Evaristo Barrio (profesor de la Escuela de Dibujo Municipal) que hicieran un boceto en barro, el diseño de los nuevos gigantones y gigantillos; la ejecución se encargó a Fernando Hernando «Cardeñita», que era oficial en la fábrica de cerámica de don Nazario Escudero. El resultado de ese diseño fueron unos personajes totalmente nuevos que ya nada tenían que ver con esas figuras grotescas que representaban la herejía y el pecado, sino dos figuras bien graciosas que encarnan a unos alcaldes serranos, como anteriormente hemos descrito.

Destaca que, en Burgos, el público denomina «el Chirola» al instrumentista de flauta que sale con los gigantones y los gigantillos en las diferentes festividades, como ya nos refería Antonio José, y es la persona que los acompaña con sus tonadas de tambor y pito. El apodo podría tener cierta relación con la cultura del País Vasco. Destaca que la xirula (denominado txirula, (t)xülüla en euskera; en gascón, flabuta; y en francés, galoubet) es una pequeña flauta de madera de tres agujeros parecido al txistu vasco, pero con un sonido más agudo y estridente; es un instrumento propio de Pirineos, también tocado en el País Vasco francés, donde es acompañado del atabal. Como veremos más adelante, este término, Chirola, aparece como un apodo al músico que toca el pito y que se encuentra por primera vez en los archivos del Ayuntamiento de Burgos en 1889 en relación con Victoriano Alonso. Posteriormente se generalizó para describir a este músico de pito y tamboril. Si hacemos referencia al Diccionario de la Real Academia Española, el término tiene dos acepciones, ambas de uso en Argentina y Uruguay, que son: ‘antigua moneda de níquel, de 5, 10 o 20 centavos’ y ‘poco dinero’. Este personaje viste sobrio traje negro y sombrero de ala ancha con una cinta roja alrededor que termina a media espalda rematada por flecos dorados.

Primeras referencias en el Archivo Municipal de Burgos

En la magnífica obra de Miguel Gallo, Teatro y parateatro en las fiestas religiosas y civiles de Burgos (1550-1975). Estudio y documentos, editado por el Excmo. Ayuntamiento de Burgos en 1994, encontramos las primeras referencias que aparecen en el Archivo Municipal de Burgos (AMBU) al músico encargado de tocar el pito y el tamboril. Estos estudios nos trasladan al siglo xvi, pues ya en el año 1586 aparece recogido en una declaración sobre las danzas y mojigangas preparadas por Antonio de Haro para la fiesta del Corpus de 1586 en Burgos: «… dos danzas […] Y, en cada vna de las dos, con su tamboritero, todos bestidos al modo de cada danza, como todo está por estenso en dichos papeles…».

Posteriormente, en una descripción de la danza de «los portugueses» para las fiestas del Corpus de Burgos de 1586, se indica: «… la dança de los portugueses que fueron ocho personajes y el tamboritero, bestidos de bateas negras y greguescos…». Y en la descripción del mismo año del carro triunfal de la boda de los sayagueses que se hará para las fiestas del Corpus, nombra: «… serán dieçisiete personas con el tamborilero…». Cuando hace la descripción del carro triunfal del «Triunfo del amor» que se hará para las fiestas del Corpus de 1586, leemos: «… guarneçida la marlota, borcigis y capirote de plata. Será un gallero y tanborilero». También en la memoria de los vestidos que se utilizaron en la danza «de los vicios» y la «de las mujeres». Son seguramente las propuestas por Antonio de Haro para las fiestas del Corpus de 1586: «El tanboritero, bestido de bayeta, morado guarnecido de blanco».

Posteriormente, ya en los cuadernos de pagos de las fiestas del Corpus de 1589 en Burgos, refiere: «Al tanboritero que tañó esta danza, CCCCLXXVI».

Ya en el siglo xvii, encontramos en las actas de 1660: «Primeramente la dança de Cortes, de seis hombes y seis mujeres; un tanboritero y un ayudante, que esta concertado en quinientos y cincuenta reales, por escriptura». «Más a la dança del barrio San Pedro, de doze hombres, vn tanboritero y otro ayudante, que está concertado por escriptura en quinientos reales…».

Siguiendo en ese siglo, en la cuenta de los gastos originados por la celebración del Corpus en Burgos en 1670, podemos leer: «A los ombres y tambor que lleban los jigantes, 246 reales…».

Y en siglo xviii, en las cuentas de los gastos originados por las fiestas del Corpus de 1740 en Burgos, encontramos: «Más veinte reales dados al tamboritero que tocó a los que llebaron los gigantes, 020 reales». Así como en la cuenta de los gastos originados por la celebración del Corpus en 1743 en Burgos: «…y veinte y dos reales al tamboritero…».

Posteriores referencias en el Archivo Municipal de Burgos

En los diferentes expedientes depositados en el AMBU empezamos a encontrar referencias al tamboril en el año 1870 dentro de la cuenta de los gastos ocurridos en la función del Santísimo Corpus Christi por el conserje Antonio Abad, donde hace referencia al gasto en los zapatos para el tamborilero (7,50 pesetas), entre otros (como llevar los gigantones, vestirlos, rizar sus pelucas…), aprobado el 20 de junio de dicho año.

Posteriormente, en los gastos del Corpus de 1872 vuelven a aparecer los zapatos del tamborilero con un coste de 7 pesetas, junto con el vestir de los gigantones de 22,50 pesetas, el gasto de los gaiteros de 250 pesetas, el pago al maestro de danza de 192,50 pesetas, los zapatos de los gaiteros a 25,50 y sus sombreros con un montante de 25,50 pesetas, sin olvidar «Al Suizo 6 docenas de pasteles» por 9 pesetas, e incluso el refresco que se daba, que ascendió a 76 pesetas.

En el mes de junio de 1874 se nos indica la cuenta que presenta el conserje de las casas consistoriales de los gastos ocasionados en el Corpus Christi y Corpus Chiquito, donde se dan 34 reales por un par de borceguíes (RAE: ‘calzado que llegaba hasta más arriba del tobillo, abierto por delante y que se ajustaba por medio de correas o cordones’) para el tamboritero de los gigantones. Entre otros gastos, están también registrados la pintura y la restauración de gigantones y gigantillos, los derivados de su vestido, la gratificación a quienes los llevaron, la gratificación de los gaiteros, la ropa de estos y de los clarineteros, y hasta los gastos de la cera gastada en la capilla y en dicha procesión.

En el mismo registro de cuentas de ese mes de junio, en relación con los gastos ocasionados dicho mes en las procesiones del Santísimo Corpus Christi de la capital de Burgos y su barrio de Las Huelgas, nos encontramos con el primer nombre asociado a esta profesión de tamboritero, que no es otro que Modesto Alonso, quien recibió 7,50 pesetas por un par de zapatos.

En el año de 1880 aparece un expediente sorprendente en el que se nos muestra la discusión tenida en el Excmo. Ayuntamiento sobre la supresión del toque de gaita durante los ocho días que preceden al Corpus Christi, así como la supresión de la comparsa de gigantones, que se resuelve el 9 de abril de 1880. Esta primera propuesta fue realizada por los señores González Medina, Corral y Miñón, a lo que la Comisión de Secretaría procede a decir que «no cree oportuno la supresión de esta Capital de la comparsa de Gigantones ya por la historia que representa, ya porque constituye uno de los principales ornatos de las funciones del día del Corpus, y ser indudablemente lo que llama la atención no solamente de la población sino de los forasteros y sería de muy mal efecto su supresión». Respecto a los dulzaineros, cree la comisión que tampoco han de suprimirse, «porque además de ser o servir de anuncio a la gran fiesta religiosa, tienen también por objeto el instruir a los danzantes durante los ocho días anteriores que son los que están en esta Ciudad, y de la supresión no resultaría economía alguna a no ser que se supriman también los danzantes lo cual sería también quitar uno de los principales atractivos de la fiesta» (firmado en Burgos, el 2 de abril de 1880). Pero ahí no terminó la discusión, ya que, como encontramos en el mismo expediente, el 14 de mayo de 1888 los señores Ricardo Navarro, Casimiro Ajuna y Pascual Molinero vuelven a pedir la supresión del toque de dulzaina en esos ocho días que preceden al Corpus Christi, y el alcalde del momento responde que «esta costumbre antigua respetada por toda la Corporación por hallarla identificada con los gustos y aficiones del pueblo, condiciona que sea muy estudiada antes que sean suprimidas». En la posterior discusión se disminuye la importancia de estos toques, pues solo tienen como fin anunciar la festividad del Corpus y, según los defensores de su supresión, «no tiene utilidad alguna, ni presenta ningún hecho memorable que deba respetarse y en cambio con la supresión se consigue alguna economía a la par que se evitan molestias a los vecinos de la población y más a los mismos Concejales con el ruido que las dulzainas producen». Como apunte, recordamos que en la ciudad de Burgos se tenía la costumbre de ir a buscar a los concejales municipales a sus domicilios con el toque de la pareja de dulzaineros y el tamboril. Pero también alegan que ha de suprimirse la danza durante la procesión, ya que hay que «tener en cuenta la cuestión de higiene que debido a ser algo larga la procesión y en la época de calor unido esto al ejercicio que hacen los Danzantes, fácilmente se sofocan y esto puede provocarles una enfermedad de gravísimas consecuencias». Como no podía ser de otra manera, hubo quien discrepó de estas ideas, y así queda reflejada la opinión del señor Rafael de Palacios, pues «intenta suprimirse una de estas tradiciones de los pueblos, que por los mismos que dan carácter a las costumbres de nuestros antepasados, deben ser siempre respetadas, mientras que razones poderosas, que aquí no existen no vengan a hacer imperiosa su supresión» y «es la manera que tiene nuestro pueblo de anunciar una de las mayores festividades de la Iglesia», además de que la gaita constituye «una de las alegrías del pueblo, y al pueblo no debemos mermar ninguna de sus alegrías por fútiles motivos». Total, que al final hubo de someterlo a votación, que ganaron los que estaban a favor de mantener esta antigua tradición.

En 1889 encontramos el expediente promovido por Victoriano Alonso Rodríguez para que se le nombre tamborilero de los gigantones, y es este el segundo nombre que encontramos en los archivos del AMBU relacionados con este oficio. Además, es la primera ocasión en la que aparece el apodo por el que hoy se conoce de forma popular a este intérprete, Chirola, como transcribo: «Victoriano Alonso (a) Chirola, natural de esta ciudad, de estado casado, de 29 años de edad, empadronado en el Arrabal de San Esteban nº 7 con cédula personal que exhibe señalada con el número 2261 a VS atentamente expone: que juzgando, que por el fallecimiento de su convecino Modesto que hacía años era empleado por el Excmo. Ayuntamiento que VS dignamente preside para tocar la llamada gaita de los Gigantones, se ha de proveer otra plaza y juzgándose el exponente apto para su desempeño, a VS suplica se sirva agraciarle con el esperado empleo para la retribución que por dicho concepto se hace le sería de gran utilidad para así ayudar al mantenimiento de su esposa y familia», lo que firma Victoriano Alonso Rodríguez en Burgos, a 17 de abril de 1889. Se le notificó su nombramiento como tamborilero de los gigantones en una cuartilla escrita a mano un 3 de junio de 1889, y destaca que en dicha notificación el Ayuntamiento se refiere a él como Victoriano Alonso (a) Chirola, con lo cual podemos afirmar que este apodo era por el que era conocido de forma popular por el pueblo, como ya nos refiere Antonio José en el año 1903 en su Colección de cantos populares burgaleses.

Y cambiamos de siglo, pero no de tradiciones, y de unas de las problemáticas que con frecuencia enfrentan a los músicos con los pagadores: la asignación por actuación. En el año 1902, encontramos el expediente que reza «Sobre que se le aumente la gratificación de 20 pesetas que viene disfrutando como tamborilero de los Gigantones», que empezó el 21 de mayo de 1902 y se resolvió un 18 de junio de 1902, desestimándose la petición del interesado. En esta petición, Victorino Alonso Rodríguez expone que «por espacio de trece años viene desempeñando la plaza de tamboritero de los gigantones con la gratificación de veinte pesetas, cantidad demasiado exigua si se tiene en cuenta el trabajo empleado durante los días anteriores y posteriores a la festividad del Corpus». Pero la comisión considera suficientemente pagado con veinte pesetas el trabajo desempeñado por el Chirola y se desestima la petición, que se le comunica el 23 de junio de 1902.

En el año 1920 aparece el expediente promovido por Mariano Herranz Tomé y Abdón Garate sobre «que se nombre a D. Mariano Herranz con carácter de interinidad, tamborilero de los Gigantones, y suplente dulzainero a D. Abdón Garate». Empezó un 20 de abril de 1920 y se resolvió un 14 de junio de 1920 de conformidad con lo solicitado. En él se expone que «Próximas las Fiestas del Corpus, y encontrándose padeciendo una larga y penosa enfermedad el actual tamborilero de los Gigantones que de seguro le privará el ejercer este cometido al menos por este año, y con el fin de que el Excmo. Ayuntamiento cuente con un sustituto para estos casos, se ofrece como suplente el que suscribe Mariano Herranz Tomé vecino de esta ciudad y empleado de este Excmo. Ayuntamiento». Como él mismo refiere, Mariano ya era empleado municipal, en el año 1901 consiguió una plaza como barrendero municipal en las condiciones de saber leer y escribir, ser hijo de Burgos o estar casado con burgalesa o llevar diez años residiendo en la ciudad, contar con no menos de 25 años y no más de 35 (acompañando partida de nacimiento), haber observado buena conducta certificada por los alcaldes de barrio, así como acreditar con certificado buena salud y hallarse vacunado. Mariano, vecino de Burgos con domicilio en la calle San Esteban n.º 17, de 28 años de edad, tomó posesión de la plaza como barrendero del cuerpo de Policía urbana de la ciudad de Burgos el 14 de septiembre de 1901 a las 12 de la mañana en las dependencias municipales y con una asignación de un sueldo de 638,25 pesetas. Pero la vida de Mariano cambió con el final de la guerra civil, como la de otros muchos españoles, y ya en el año 1937 encontramos un expediente municipal que hace referencia a la aplicación del Decreto 108 de la Junta de Defensa Nacional de España, decretado en Burgos a 13 de septiembre de 1936 por Miguel Cabanellas (en uno de cuyos artículos se hace referencia a que los funcionarios públicos y los de las empresas subvencionadas por el Estado, la provincia o el municipio o concesionarias de servicios públicos podrán ser suspendidos y destituidos de los cargos que desempeñen cuando aconsejen tales medidas sus actuaciones antipatrióticas o contrarias al Movimiento Nacional). En él se tacha a dicho barrendero de socialista y se le destituye de la plaza que durante tantos años venía desempeñando. También, el alcalde presidente del momento, don Manuel Cuesta y Cobo de la Torre, ejerciendo las funciones de juez instructor, hace constar los siguientes informes con respecto a Mariano Herranz Tomé:

— Del comandante jefe de policía: significado socialista.

— Del primer jefe de la comandancia de la Guardia Civil: propagandista socialista y muy amigo de «Zapaterín».

— De Falange Española y de las JONS: Agrupación de Empleados Municipales de Burgos UGT, socio n.º 10; Unión de Dependientes Municipales UGT, federado n.º 14.346, y sección Policía urbana.

El 14 de noviembre, Mariano es interrogado y responde que su afiliación a la Unión General de Trabajadores fue en 1931, habiendo causado baja en julio de 1936, y niega todo lo demás. Se le da la oportunidad de defenderse, y declara Mariano que no es cierto lo que se manifiesta de haberse mostrado como socialista significativo ni haber pertenecido nunca al Partido Socialista ni a ningún otro y no haber hecho nunca propaganda para nadie, rogando que solo se le acuse de haber pertenecido a la UGT, y esto invitado por personas que entonces ejercían autoridad, haciendo referencia a sus 65 años de edad y más de 35 al servicio municipal. Pero de nada le vale, pues se concluye que es socialista significativo y afiliado a la UGT, y, por tanto, incluido en el Decreto 108 de la Junta de España de 13 de septiembre de 1936. No se tiene en cuenta su defensa, que se califica como escasa y se toma en cuenta la unánime coincidencia de todos los informantes, por lo que se le impone el castigo de destitución y pérdida de todos los derechos, que le es notificado el 4 de julio de 1937. Ante la posibilidad de impugnar, Mariano realiza un escrito desesperado en el que hace referencia a sus 65 años, su estado viudo y a cargo de cuatro hijos, negando las acusaciones y terminando con un desesperado saludo a Franco, Viva España y Arriba España que de nada le sirvió, pues la alcaldía se mantuvo inflexible, consideró inaceptables los argumentos empleados y confirmó el castigo el 15 de octubre de 1937.

El 14 de junio de 1938, habiendo sido destituido del cargo de barrendero, interpone un nuevo recurso. Pero en nada le va a ayudar, ya que en todos los informes se afirma su afiliación como cotizante a la Sociedad de Empleados Municipales que afecta a la UGT, que funcionaba dentro de la Casa del Pueblo de la que era vocal de la Junta Directiva en el año 1936, lo mismo que su pertenencia a la Unión Nacional de Dependientes Municipales, a la Sociedad de Oficios Varios UGT y a la Mutualidad Obrera Burgalesa afecta a UGT. Se le nombra como gran amigo del renombrado «Zapaterín» —destacado revolucionario marxista con intensa actividad en los últimos tiempos anteriores a la institución el Movimiento Nacional— y se indica que, además, sus actuales amistades siguen siendo simpatizantes de izquierdas y que en cierta ocasión se le oyó decir que tiene especial empeño en que al morir se le haga entierro civil, siendo neto de izquierdas y teniendo a gala propagarlo así. Además, frente a él declaran que se le puede considerar simpatizante del Frente Nacional y que, de haber triunfado este, se habría puesto incondicionalmente a disposición de los elementos de izquierdas.

Ante toda esta locura política, Mariano Herranz Tomé expone en enero de 1937 que se le conceda la jubilación que como barrendero al servicio de la Corporación pueda corresponderle, que está físicamente impedido para desempeñar dicho cargo y que, además, cuenta con más de 35 años de servicio efectivos, y suplica que se le conceda la jubilación con el haber pasivo que le corresponda con arreglo a lo dispuesto en el reglamento de 14 de mayo de 1928. Pero, de nuevo, se encuentra problemas, pues no consta que Mariano perteneciese al Montepío de Empleados Municipales y su mayor sueldo durante dos años ha sido de 2 007,50 pesetas; además, al haber existencia de actividad política en relación con lo dispuesto en el Decreto 108 de la Junta de 13 de septiembre de 1936, queda todo en suspenso.

Pero Mariano no desfallece y continúa luchando por lo que considera suyo y, aun siendo destituido y privado de jubilación alguna en noviembre de 1939, vuelve a solicitar lo que piensa que por derecho le corresponde. En este momento cuenta ya con 67 años y ha cambiado de domicilio a la calle San Juan n.º 47, y vuelve a hacer referencia a los cerca de treintaiséis años de servicio con que contaba cuando fue destituido, pero desde el Consistorio le responden que solo procede hacer tales concesiones cuando los interesados cuenten con 67 años de edad, cuarenta de servicio o se hallen físicamente imposibilitados, extremo que se probará previo oportuno expediente de incapacidad. Continúa su pelea y en agosto de 1940 presenta certificado de nacimiento, por el que conocemos que nació en Madrid el 20 de diciembre de 1871, siendo sus padres Francisco y María, abuelos paternos Mariano y Nuria y maternos Julián y Josefa, y además apela que empezó a prestar servicio como barrendero del Ayuntamiento desde el día 14 de septiembre de 1901 hasta el 4 de julio de 1937 sin interrupción alguna, pero continúan comunicándole que no perteneció en ningún momento al Montepío de Empleados Municipales.

Al final, después de todas estas vicisitudes, consigue que se le asigne un pasivo de 1 606 pesetas anuales a devengar desde el 6 de agosto de 1940. Ante su desacuerdo, vuelve a instar al Ayuntamiento para que se le concedan sus derechos de jubilación, hecho que le vuelven a desestimar… Pero no termina la historia con su fallecimiento el 1 de abril de 1942, ya que, con posterioridad, sus hijas M.ª Cruz y M.ª Luisa Herranz Salvatella solicitan que se les conceda la pensión que les corresponda, como huérfanas del empleado de la Policía urbana, jubilado, Mariano Herranz Tomé. Gracias a esta instancia, conocemos que Mariano Herranz Tomé se casó dos veces: con Fructuosa Salvatella, con la que tuvo cinco hijos (Felisa, María, Antonio, Luisa y Ladislao), y con Ana Martínez, de la que también enviudó. Tuvieron más suerte que su padre y se les concedió una pensión vitalicia de 501,87 pesetas.

Destaca también un expediente de 1942 sobre «Empleados municipales que deseen aprender el manejo de gaitas, tambores, timbales y clarines». La Alcaldía informa así: «Los empleados municipales de plantilla que deseen aprender el manejo de gaitas, tambores, timbales y clarines, al servicio de la Corporación en sus fiestas tradicionales, deberán interesarlo en sencillo escrito que presentarán en el Negociado de Gobierno». Manifestaron su interés por el manejo de gaitas y tambores Timoteo Arribas Rodríguez, Enrique González y Antonio Puente Puente.

En el año 1957 encontramos otro expediente sobre «Adquisiciones de Suministros y trajes para los cuatro gaiteros que acompañan a los gigantones»; es de suponer que son los dos dulzaineros, el redoblante y el tamboritero. Dice así: «Habiendo transcurrido seis años desde que se dotó por última vez de trajes y sombreros negros a los cuatro gaiteros que acompañan a los danzantes y gigantones, y ante la necesidad de que dicho personal se presente en las fiestas tradicionales con el debido decoro, la comisión de Gobierno expone que se adquieran para las próximas fiestas del Corpus y patronales de la Ciudad, cuatro trajes y cuatro sombreros negros, con destino a los mencionados gaiteros». Figura el presupuesto de Confecciones Serrano situada en la calle Santander 4 y Cordón 1 y 2, dos posibilidades de americana cruzada y pantalón, uno por 1 250 y otro por 1 380 pesetas. Aparte de trajes, había que comprar sombreros negros para los gaiteros.

Y ya pasamos a mayo de 1962 para encontrar algún nuevo expediente donde aparezca el tamboritero, y otra vez en referencia a la adquisición de trajes, zapatos, etc. Se precisan tres trajes para dulzaineros y redoblante a 1 300 pesetas, así como tres sombreros con su cinta a 275 pesetas. El presupuesto es dado por la empresa Hijos de Riu SL, que manufactura al por mayor en artículos de camisería y sastrería y está situada en la calle General Mola n.º 9. Estos trajes constaban de chaqueta, chaleco y pantalón, así como sombreros negros con cinta roja y fleco de oro; además, deben ser usados exclusivamente para la prestación del servicio municipal. La duración de dichas prendas se fija en cinco años para los uniformes de paño y los sombreros y en un año para las camisas, corbatas y zapatos. Los nombres de estos eran: Eufronio Ovejero, Manuel Debajo de Danzantes y Ladislao Herranz de Gigantones. Suponemos, pues, que este último es el hijo de Mariano Herranz Tomé, siguiendo la tradición de su padre.

Más cerca de nuestros tiempos, en mayo de 1975, tenemos el expediente «Sobre el aumento a los dulzaineros, gaiteros y timbaleros por sus actuaciones». Se propone aumentar a 1 000 pesetas por día a los dulzaineros, gaiteros y timbaleros que actúen en las diversas fiestas organizadas por el Ayuntamiento, así como en toda cales de actos, y fue aprobado por unanimidad el 23 de julio de 1975.

También en 1975, en enero, encontramos el expediente sobre los pagos por sus actuaciones a clarineteros, gigantones, timbaleros y dulzaineros, y podemos ver en él que el tamboritero sigue siendo Ladislao Herranz Salvatella, quien recibió del Ayuntamiento la cantidad de 6 000 pesetas por la actuación como gaitero de los gigantones durante los días 28 a 30 de mayo de 1975. En el mismo, encontramos un recibí sin firma de 2 000 pesetas fechado el 18 de septiembre de 1975 por el desplazamiento a Valladolid como gaitero de los gigantones con motivo de la Feria de Muestras de Castilla y León en el pabellón de Burgos (fotos 1 y 2).

Siguen apareciendo los gaiteros y dulzaineros en las adquisiciones de ropa, a saber: camisas, corbatas, zapatos… y en año 1976 se hace referencia también a la compra de cuatro abrigos con destino a los dulzaineros de la ciudad, ya que durante el invierno participan en los actos organizados por el Ayuntamiento. Ganó en el concurso el proyecto presentado por Luis Mayoral con un presupuesto por traje de 6 500 pesetas, no siendo ni el más caro ni el más barato.

En otro expediente de pagos, pero esta vez de 1977, vemos cómo se realizó el pago de 10 500 pesetas a favor de los dulzaineros y gaiteros que actuaron en la comitiva el día de San Lesmes, y así mismo el gasto de 9 000 pesetas a favor de Ladislao Herranz por sus actuaciones como gaitero acompañando a los gigantones los días 24 a 26 de mayo de 1978. También encontramos otro recibí a favor de Ladislao Herranz Salvatella por la cantidad de 18 000 pesetas por la actuación como gaitero de los gigantones los días 25 a 30 de junio de 1977, en las fiestas de San Pedro y San Pablo.

El 28 de mayo de 1978 figura otro pago a Ladislao Herranz por su actuación como gaitero acompañando a los gigantones los días 24 a 26 del mismo mes.

Aparece otro expediente en 1979 sobre pagos por sus actuaciones a dulzaineros, clarineteros y timbaleros, con un nuevo abono a Ladislao Herranz Salvatella de 3 000 pesetas por ser el gaitero acompañante de los gigantones el 29 de enero de 1979, así como otro del 16 de mayo por acompañar a los gigantillos el domingo 13 del mismo mes en el I Festival de la Canción Misionera, de 3 000 pesetas. Más tarde se le abonan 9 000 pesetas como gaitero de los gigantones por las actuaciones en las fiestas del Corpus y Curpillos; y para las fiestas patronales de San Pedro y San Pablo aparece como acompañante de los gigantillos durante 7 días (8 actuaciones) consecutivos, a 3 000 pesetas por actuación.

Y, para terminar, llegamos al año 1980, cuando también encontramos un pago al señor Herranz como gaitero de los gigantillos durante las festividades del Corpus, Curpillos, San Pedro y San Pablo; en total, diez días, uno de ellos doble actuación, a 3 000 pesetas por actuación. Lo mismo nos encontramos el año 1981, cuando se le paga al señor Herranz por sus actuaciones durante ocho días como gaitero de los gigantillos con motivo de la Feria del Vino y posteriormente otras dos actuaciones en julio.

Por último, encontramos un expediente de 1982 sobre la adquisición del vestuario para los dulzaineros de la Corporación municipal, en el que figura la adquisición de cuatro trajes de paño negro, cuatro abrigos azul marino en tergal-lana, cuatro camisas y cuatro corbatas.

Como podemos comprobar, existe toda una saga de tamborileros-gaiteros que han ido acompañando a los gigantillos en sus actuaciones a lo largo de los años, y todos han arrastrado el apodo del primero de ellos, Mariano Herranz Tomé «Chirola». A él le siguió su hijo Ladislao Herranz Salvatella «Ladis» y, a la muerte de este el 27 de abril de 1980, tras cuarenta años como gaitero, pitero, tamboritero o tamborilero de los gigantillos de la ciudad, le sucedió uno de sus hijos (foto 3).

Registro fotográfico del tamboritero en Burgos

Existen en Burgos diversas colecciones fotográficas que nos permiten disfrutar hoy en día de la imagen del tamborilero, tamboritero o gaitero, personaje que tuvo la función de acompañar a los gigantones en sus salidas, así como marcar con su música y ritmo el baile de los gigantillos.

El Fondo Cortés pertenece a Juan Antonio Cortés García de Quevedo, hijo del burgalés Toribio José Cortés y de la guadalajareña de México, María Felipa García de Quevedo Portillo, quien nació en Bayona (Francia) en 1851 y falleció en la capital castellana en 1944. Estuvo relacionado desde la infancia con la fotografía. Empezó los estudios de Derecho, que abandonó por enfermedad y por su vocación, la pintura. Se trasladó de joven a Madrid, y se matriculó en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado a finales de 1870. Luego se trasladó a Valencia, donde se formó con numerosos artistas y perfeccionó su técnica. Posteriormente se instaló en Burgos y transformó su estudio en academia de dibujo, a la vez que se convertía en un consumado retratista y paisajista, siempre en clave costumbrista. Fue nombrado académico de la Real Escuela de Bellas Artes y tuvo amistad con todos los artistas burgaleses de la época: Andrés García Prieto, Evaristo Barrio, Isidro Gil, Mariano Pedrero y Marceliano Santa María, así como con otros artistas de ámbito nacional: Lizcano, Taberner y Aznaro Alejandro Ferrante, entre otros. Además, durante cuatro décadas fue depositario de los Fondos Municipales de Burgos. Aparte de pintor fue fotógrafo aficionado, recorría las calles acompañado de los «modernos» aparatos de retratar de la época y realizaba gran cantidad de fotografías relacionadas con el arte, sus familiares, la ciudad de Burgos y los lugares adonde viajó. Este legado se convierte en patrimonio cultural al servicio de la ciudadanía gracias a su compra en el año 2005 por parte del Ayuntamiento, siendo depositado el denominado Fondo Cortés en el Archivo Municipal de Burgos. El Fondo Cortés consta de 44 cajas de material fotográfico que guardan 889 placas de vidrio numeradas cronológicamente desde 1892 hasta 1909, así como numerosos positivos en papel de la época. El grupo más numeroso hace referencia a temas burgaleses de carácter costumbrista: calles, paseos, mercados, celebraciones, gentes de la capital y de la provincia, desfiles militares, espectáculos, rituales religiosos… en total, unas 2 500 imágenes que han sido digitalizadas, clasificadas y puestas a disposición de los ciudadanos por el Archivo Municipal de Burgos.

A este fondo pertenecen dos fotografías: la número 4, en la que se aprecia a los músicos en la parte central entre los gigantillos (uno de ellos, por su actitud, parece ser el tamboritero, con el atabal colgado del brazo izquierdo, vistiendo ambos sombrero negro), y la número 5, en la que se aprecia solo el sombrero del músico con la cinta alrededor terminada en flecos dorados.

Otro de los fondos que nos encontramos en el AMBU es el denominado Fondo Vadillo. Alfonso Vadillo (Burgos, 1878-Burgos, 1945) proviene de una humilde familia de la localidad de Castil de Carrias, sus padres se trasladan antes de su nacimiento a Burgos con el fin de buscar una vida mejor. A los 24 años comienza a trabajar en el Gobierno Civil, pero es la pasión por la fotografía la que mueve a Alfonso a llevar siempre la cámara al hombro y plasmar en ella toda la realidad urbana y también la del mundo rural en clara decadencia. A través de su estudio profesional ubicado en la calle San Juan, dejó un importantísimo legado fotográfico en Burgos, que se ve aumentado por las valiosas colaboraciones que tuvo con revistas especializadas de la época. Pasaba por reflejar como hizo la realidad burgalesa coetánea: la presencia militar, las fiestas religiosas y los colectivos que se reúnen en torno a ellas, la expansión de la ciudad y las innovaciones técnicas, los monumentos con la catedral a la cabeza y otros que urge reconstruir. Este fondo fue creado a partir de 1945, cuando el Ayuntamiento de Burgos adquiere parte de las fotografías y clichés del fotógrafo burgalés. En estas dos fotos suyas (números 6 y 7), podemos apreciar la imagen del tamboritero o gaitero entre las figuras de los gigantes y gigantillos.

El siguiente fondo que nos ocupa es el del coleccionista Valentín Galafel, un buscador infatigable de postales con el trasfondo de Burgos como pretexto. En estas dos postales (fotos 8 y 9), como en el caso anterior, podemos ver al gaitero entre los gigantones en alguna de sus salidas en las festividades del Corpus, Curpillos o en las patronales de San Pedro y San Pablo.

También tiene importancia el fondo de Eustasio Villanueva Gutiérrez —recogido en el Archivo Villanueva de la Biblioteca del IPCE del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte—, al cual pertenece la foto 10, que resulta ser una imagen estereoscópica en la que se puede apreciar la figura del gaitero al lado de la gigantilla. Eustasio nació en Villegas (Burgos) el 29 de marzo de 1875 y falleció en Burgos el 22 de septiembre de 1949, fue relojero y fotógrafo aficionado. Establecido en la ciudad de Burgos, recorrió toda la provincia tomando fotografías estereoscópicas, en tres dimensiones, en placas de vidrio del formato 6 × 13 cm, entre los años 1913 y 1930. Sus temas preferidos fueron los monumentos románicos, góticos y renacentistas, así como la vida en los monasterios. Fue alumno de la Academia Provincial de Dibujo de Burgos, dedicada a la difusión y promoción del dibujo y las artes en esa ciudad. En 1901 se casó con Bernardina Vadillo Gómez y tuvieron nueve hijos. En 1902 se independizó y abrió una tienda en la plaza Mayor de Burgos dedicada a objetos de joyería, platería y relojería. Pronto incorporó también artículos fotográficos y de sonido.

Su gran afición a la fotografía debió de empezar hacia el año 1910, tras un viaje profesional a París. Su fotografía más antigua está fechada en 1913 y corresponde a una placa autocroma en color. Se conservan 1 000 transparencias o placas estereoscópicas positivas, en vidrio, del formato 6 × 13 cm, en el Archivo Villanueva del Instituto del Patrimonio Cultural de España, en Madrid. El Estado español compró a su familia, en 1986, la mayor parte de las fotografías, incluso también unos dos mil negativos.

Por último, y sin ser de menor importancia, destaca la presencia de la flauta y el tamboril en los carteles anunciadores de las fiestas de Burgos, lo que resalta la importancia de la presencia de este instrumento para que la fiesta sea completa. Así pues, en los años 1941, 1943, 1956 y 2014 podemos disfrutar de la imagen del tamboritero anunciando las fiestas de San Pedro y San Pablo. El cartel de 1943 está realizado por Fortunato Julián. El autor del programa de mano de 1941 no consta identificado en el AMBU y lo mismo nos pasa con el cartel de 1956, del que hay que destacar que no fue el oficial de las fiestas. La autoría del cartel de 2014 es de Jesús García Vivar (fotos 11, 12, 13 y 14).




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