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CANCIONES Y CUENTOS

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 1981 en la Revista de Folklore número 4.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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LA GALLARDA

Un hijo tenia el rey,
uno que más no tenía,
que de oro le calzaba
y de seda le vestía.

Le ha: brindado la Gallarda
para merendar un día.

-No vayas allá galán,
no vayas por vida vía,
ella ha matado a tu padre
y a dos hermanos que tenías.

-Que me maten, que me dejo,
mí palabra he de cumplirla.
Cogió su puñal de oro,
subió por la calle arriba.

Ya estaba la Gallarda
en el balcón de oro florida,
peinando cabellos de hombres,
que hebras de oro parecían.

-Sube por acá galán,
sube por la vida mía,
que ya están las mis cría das
preparando la comida.

Al subir por la escalera
se arrepintió de la vida,
porque vio la de su padre
y dos hermanos que tenía.

-De quién son esas cabezas,
que he visto en aquella viga.

-Son cabezas de lechón,
que parió la mi montisa.

-Por tierras que tengo andadas
también tengo oídas misas,
no he visto tales cabezas,
que tuviesen cara y crismas.

Mientras el galán cenaba,
Gallarda la cama hacía.

Entre colchón y colchón
su puñal de oro metía.

Le ha brindado la Gallarda
que con ella dormiría.

Y a eso de la medía noche
Gallarda se revolvería-

-¿Qué busca la mi Gallarda,
qué busca la vida mía?

-Busco mi rosario de oro,
que yo rezarle quería.

La dio siete puñaladas,
que de la menor moría,
la ha agarrado del cabello,
con ella el suelo barría.

-¡Cuántos de los buenos hombres
aquí perdieron la vida!

-Abra la puerta, portero,
ábrala por vida mía.

No me abrirías así,
Gallarda me mataría.

DOÑA ANA

Cuando estaba doña Ana
sentadita en su balcón,
bordando paños de seda
con zapatos de charol,
vio venir a un caballero
por los altos de la sierra.
Se ha atrevido a preguntarle
si venia de la guerra.

-Sí señora, de allí vengo,
¿qué tiene usted dentro de ella?

-Tengo yo a mi maridito,
siete años de pelea.

-¿Qué daría la señora
para ver a su marido?

-Le daría tres millones
y otro tanto de oro fino.

-Eso es muy poco, señora
para ver a su marido.

-Le daría mis tres piedras
que tengo a la orilla del río.
la una muele canela,
la otra muele cominos,
la otra el azúcar blanco,
la que toma mi marido.

-Eso es muy poco, señora,
para ver a su marido.

-Le daría mis tres hijas
que tengo en aquel castillo,
la una para el calzado,
la otra para el vestido,
la más pequeñita de ellas
para que se case contigo.

-Eso es muy poco, señora,
para ver a su marido.

-Yo no tengo más que darle
y si lo tengo no es mío.

-No diga eso, doña Ana:
ese cuerpo tan pulido.

-Quita de ahí mal hablado,
quítate peor nacido,
si te diese a ti mi cuerpo,
¿pa qué quiero a mí marido?

Llamaré a mis tiradores
que le peguen a usted un tiro.
-¡Alto!, ¡alto!, doña Ana,
que yo soy su maridito,
sólo que he querido ver
la vida que te has tenido.

Allí hablarían los dos
las peleas que han tenido.

Recogidos en Cevico de la Torre por Pablo Cepeda Calzada.

EL SEGADOR y LA DAMA

Esto eran tres segadores,
que caminan pa su casa.
Uno de los segadores,
gastaba ropa triunfada,
gastaba "leguis" de oro
y las espuelas de plata.

Una dama en su balcón
se ha quedado enamorada,
y lo ha mandado a llamar
con una de las criadas.

-Oiga usted buen segador,
que mi señora lo llama.

El segador obediente
ha seguido a la criada.

-Buenas tardes, señorita.
¿Qué es lo que usted deseaba?

-Que sí podría usted segarme
una poca de cebada.

-Esa siega, ¿dónde está? ,
para mañana segarla.

-No está en llanos ni está en cuestas,
ni tampoco está en cañadas,
que está entre dos columnas
que me traspasan el alma.

-Esa siega no es pa mí,
que es pa Duques y Marqueses.

-Siéguela usted segador
que será muy bien pagada.

Entre las doce y la una,
trece gavillas llevaban.

El padre que la está oyendo,

-Hija mía, ¿con quién hablas?

-Padre, que estaba soñando
con una de las criadas.

El segador obediente
se ha tirado de la cama,
como no sabía los pasos,
daba vueltas por la sala.

-Oiga usted buen segador,
que se va usted sin la paga.

Le ha dado dos mil doblones
y un pañolito de Holanda.

A otro día por la mañana,
las campanas repicaban.

-¿Quién se ha muerto?
¿Quién se ha muerto?

-El segador y la dama.
Los dineros que le dio,
le han servido pa la caja,
y el pañolito de Holanda,
para taparle la cara.

Aquí se acaba la historia,
del segador y la dama.

Recopilador: José Manuel Fernández Cano.
Recogido de Fuensanta Cano Rodríguez, de 5 años de edad, en septiembre de 1979.
Natural de Villanueva del Arzobispo (Jaén).

NI DON JUAN, NI DON MANUEL

En un pueblo tenían que escoger alcalde y resulta que sólo había dos que podían serlo, pero siempre que votaban quedaban empatados y no había manera de resolver aquello. Por fin, después de mucho pensar y pensar, dijo uno:

-¿Por qué no le pedimos al Cristo de la íglesia que decida?.

Bueno, pues aunque algunos decían que no, al final, por mayoría, fue que sí. Pero don Juan le dijo al sacristán:

-Tú súbete al coro, y le atas un cordel a la cabeza del Cristo, y cuando el cura pregunte que sí quiere a don Juan, tiras del cordel pa que parezca que dice sí.

Conque se reunió todo el pueblo en la Iglesia, y después de decir misa y todas las cosas, pues se puso el señor cura delante del Cristo, y le dijo:

-Santo Cristo, ¿quereis por alcalde de este pueblo a don Juan?.

Y el Cristo, quieto.

-Santo Cristo, ¿quereis por alcalde de este pueblo a don Manuel?.

Y el Cristo, quieto.

-¿Quereis a don Juan?.

Y nada.

-¿Quereis a don Manuel?.

Tampoco se movía el Cristo. Y volvía:

-¿Quereis a don Juan? ¿Quereis a don Manuel?. Y ya, salta el sacristán desde el coro:

-Ni don Juan, ni don Manuel, que se me ha roto el cordel.

EL GIGANTE

Había en un monte un gigante y nadie se atrevía a acercarse allí, y ya uno fue y dijo:

-Yo voy.

y se apostó no sé cuánto que él iba y estaba con el gigante.

y todos los que iban no volvían, y estaban los esqueletos por allí. y ponía el gigante un anuncio que necesitaba criaos, y ya le coge, y:

-Pero tienes que hacer lo que yo te mande, como no hagas lo que yo te mande, te mato.
-Le dice-.

-Bueno.

Le mandaba cosas que hacer, y todas las hacía. El gigante tenia un bosque por donde entraba y le dijo:

-Por donde yo vaya, a ver si te las arreglas pa que no pueda pasar .

Conque fue donde había unos segadores, cogió unos cuantos líos de lías y de árbol a árbol todos los paseos les llenó de eso, y llegó el gigante y se daba en el cuello y no podía pasar .

-Pues me has ganao la partido. Aquí no puede haber nadie que sea más que yo.

Conque le dice a la vieja que tenía, que le pusiera el almuerzo dentro de un arca que en la tapa tenía un corte muy grande.

Con que:

-Mire, aquí tiene la comida; coja usté lo que usté quiera.

-Pues, ¿sabe usté que se me ha quitado el hambre? Tenga, tenga usté.

Se agacha un poco, cayó el arca y cayó la cabeza de la vieja. Y se marchó. Y el gigante se echó a correr detrás de él, y como echaba una zancas tan grandes.

-Pues me va a pillar. ..

Conque llega donde unos segadores y les pide un perro y un hocino. Saca las tripas del perro y dice:

-Ahora, cuando venga el gigante, yo me escondo ahí en una morena y le decís que me he sacao las tripas y que voy volando, que es un poco falto.

Conque, claro, las tripas estaban humeando allí, llega el gigante y dice:

-¿No han visto pasar por aquí uno?

Y dicen:
-Sí, mire, se ha sacao las tripas y ya no le pilla usté porque va volando.

Y dice:

-¿Con qué?

-Pues con un hocino de esos.

-Traer.

Y ras, se sacó las tripas y ya se quedaron sin el gigante y le dieron mucho dinero por que todos le tenían mucho miedo.

Recopilados por Joaquín Díaz de Luisa González y Amalia Gómez, respectivamente.