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POESIA POPULAR: EL BRINDIS

MARTIN CRIADO, Arturo

Publicado en el año 1989 en la Revista de Folklore número 103.

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En nuestra lengua brindis es la acción de brindar y también lo que se dice al brindar; en este segundo sentido puede consistir en una simple exclamación (¡Salud! es muy usada y antigua, como después veremos), en una alocución espontánea e improvisada, o en un discurso poético conocido de memoria por quien brinda.

Tanto la costumbre como las palabras brindar y brindis son de origen alemán -Ich bring dir's, te lo ofrezco (1)- y se introdujeron en España a mediados o finales del siglo XVI (2). A principios del siguiente eran vocablos de uso común y los recoge D. Sebastián de Cobarruvias en su «Tesoro de la lengua Castellana o Española», publicado por vez primera en 1611, como brindar y brindez (3). De las palabras de Cobarruvias se deduce la procedencia germana, su reciente incorporación al castellano e incluso que también se usaba la forma francesa yo bebo a V. M., lo que ha dado pie para que algunos piensen en un origen francés.

Son bastantes los autores del siglo XVII que hacen uso del neologismo, y nos informan, de paso, sobre aspectos del brindis. En las obras de D. Francisco de Quevedo encontramos alusiones a su lugar de procedencia; en el «Libro de todas las cosas», dice: «Alemán y Flamenco es lengua breve, pues se aprende en un brindis, gotis, guen, garhau...» (4). De entre las numerosas alusiones que hay en sus obras poéticas, citamos unas pocas; en el romance burlesco «Censura, costumbres y las propiedades de algunas naciones», escribe: «...que ya los brindis del Tajo no le deben nada al Rhin» (5).

Y en el «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado»: «...para beber saludes imperiales» (6), con el que se refiere a la exclamación ¡Salud! con que normalmente se brindaba ya que era costumbre imperial alemana. Debido a la fama de bebedores que los alemanes tenían, Quevedo en sus obras burlescas atribuye al mosquito del vino (7) dicha nacionalidad y le llama: «Ruiseñor de los tudescos» (8) y «tudescos moscos» (9), aunque en otra ocasión el mosquito es «mosco irlandés» (10).

Pero no sólo es Quevedo quien la maneja con frecuencia, sino que aparece en todos los grandes del siglo barroco; como ejemplo la podemos ver en boca de Sancho Panza (II) o en la de Catalinón, de «El burlador de Sevilla» (12). Desde entonces el brindis no ha dejado de ser una costumbre presente en tabernas y bodegas, en bodas y meriendas, acompañando el trago con poemas como estos:

I

Hermosísimo licor
quién dirá tu parentela,
que sin conocer a nadie
te hallas en todas las fiestas.

¡Ah!, señor, si estoy aquí
ha sido que me han traído
porque si no, no viniera,
porque yo no tengo pies
para dar tantas carreras.

Si quieres saber quién soy
os diré mi parentela:
a mi padre llaman parra
y por apellido cepa;
y luego me hice arar,
nací en sarmiento
y cuando me maduré
me vinieron a cortar.

Me metieron en un cesto,
me llevaron al lagar,
allí me pisan las tripas
y el caldo me hacen echar.

Me metieron en la cuba
y me taparon con tierra,
y cuando criao estuve
me vinieron a probar.

Y salí tan buen danzante,
y con tanta ligereza,
que a todo aquel que me bebe
le hago hincar la cabeza.

¡Sí, señor!
y tú no lo contradigas,
es mejor tener dolor de cabeza
que no de barriga.

Yo ya soy anciano,
y además abuelo,
voy a cuidar bien mi majuelo
porque la muerte
se la ve venir paso a paso
y por eso voy a beber
el vino de este vaso (13).

II

Brindo por el vino.
brindo por el blanco,
tinto y clarete,
y por Noé
por ser el santo que al vino
primero le dio el ser.

Antes de dar a beber
quisiera me contestases,
dime:¿de dónde has nacido
y los milagros que haces?

De la cepa nací yo,
de la cepa me arrancaron,
me echaron en unos cestos
y en un carro me portearon;
con mucho aire en la cabeza
a los lagares me llevan,
sin saber que soy su padre
por las calles y tabernas.

Allí me sacan las tripas
a palos y a puntapiés,
me trasiegan a una cuba
donde me hacen cocer.

Una vez que he fermentado
y la fuerza está conmigo,
no respeto a ningún hombre,
lo mismo a viejos que a niños.

En mi cuerpo están los grillos,
las cadenas y la cárcel
para arrastrar a mi amo
y a todo el que a mí me falte.

Yo soy el juez justiciero,
sentencio a quien me parece,
en bodas, bautizos y reuniones
a todos les pongo alegres.

A unos les doy alegría,
a otros lloros y tristezas,
a otros fuerza para levantarse
si alguna vez caen a tierra.

Y ahora que estoy entre vos,
¡cuánto hace que no os veía!
aprovechad la ocasión,
no me dejéis pa otro día.

Rogad por mí, bebedores,
que no se acabe mi casta,
que soy orgullo de ciegos
y a los jóvenes doy alma (14).

III

Adórote, vino tinto,
nieto de la cepa albilla,
me puse a luchar contigo
y me echaste la zancadilla

Dime, licor valentón,
cuál es la tu parentela
que sin haber sido llamado
te hallas en todas las fiestas.

Yo, señores, soy traído
porque solo no viniera,
porque yo no tengo pies
para echar una carrera.

A mi madre la llaman parra,
de sobrenombre la llaman cepa,
a mí me llaman vino odioso
por la mar y por la tierra.

A mi abuela la metieron
en tinajas bien lavadas
y bien compuestas,
donde se enseñó a hacer zorras,
zorras con rabo, patas y orejas;
y desde allí pegó un brinco
desde los pies a la cabeza,
donde no respetó al rey,
ni al obispo, ni arzobispo, ni al Papa,
y el que muy recio bebe
por más rencillas se me escapa.

Tú me curas, tú me sanas
calenturas y cuartanas;
tú me curas, tú me sanas
tú me curas mil placeres
que vale más en ti un besito
que doscientos de mujeres (15).

IV

Ven acá, chico divino,
consuelo de mis pesares,
criadito entre las cepas
y pisado en los lagares.

Me dieron agua a beber
una mañana en ayunas
y la mandé desterrar
a las profundas lagunas
diciendo: agua cristalina,
madre de ranas y sapos
y lavadora de trapos,
¡beberte yo, nunca!

A las mujeres aguardiente y vino,
pero el agua para los bueyes
que tienen los cuernos duros.

Y si alguien no lo quiere creer
o hay quien lo contradiga
mejor quiero calor de frente
que no dolor de barriga.

Al saltar el arroyo
dijo la liebre:
bebe, Anita,
hasta que te ponga alegre (16).

V

Este es el gran Juan Quilote
hijo de la cepa viña,
nos pusimos a reñir
me echaste la zancadilla.

Este es un ave feroz,
que corre más que el vilano,
que se sube a la cabeza
y quie mandar más que el amo.

Señores, esto es vino
criao entre verdes matas,
que se sube a la cabeza
y da calambre a las patas.

(A coro todos voceaban:)
¡Que beba, que beba
que beba más;
si le ha sabido mal
que no beba más;
si le ha sabido bien
que vuelva a beber! (17)

VI

Esto que voy a decir
es de Santo Tomás de Aquino
que escribía con su propia mano
para todo fiel cristiano:
es bueno pan y vino
que lo ha afirmao un santo bendito.

En nombre de misericordia,
que un hombre bebiendo vino
se fue derecho a la gloria.

Decid conmigo, hermanos míos:
Señor mío Jesucristo
yo no soy digno de beber agua
teniendo vino.

Con piedra de sillería
se forma un grande pilar,
mejor quiero escupir mosquitos
que oir las ranas cantar.

Comer todos comemos;
mamar todos mamamos;
cinco sentidos tenemos
y los cinco los perdemos
cuando nos emborrachamos.

Esta es cuenta del mar,
lo que muchos tontos no han visto
que es beber y no pagar.

Este es el jarro,
este es el vino
y este es el codo
con que yo empino (18).

VII

¡Oh licor exquisito!
a ti acude
toda clase de mosquitos,
a ti te visitamos
los enfermos y los sanos,
y a ti te debemos
la salud que disfrutamos.

A ti en las bodegas te tizan
y los taberneros te bautizan;
y por ti nos vemos muy borrachos
y somos la risión de los muchachos;
por ti faltamos a nuestros deberes,
y luego, cuando llegamos a casa,
reñirnos con nuestras mujeres.

Vengan vinos de Castilla,
manchegos y andaluces,
que el que sea de Castilla
debe estar siempre a dos luces (19).

VIII

vino que del cielo vino
y no vino para nos,
en el cáliz está Cristo
y en la hostia un solo Dios.

Beber todos bebemos;
mamar todos mamamos;
cinco sentidos tenemos
y los cinco los perdemos
cuando nos emborrachamos.

Está la concha en el mar
que muchos tontos no han visto,
que no hay más concha, viva Cristo,
que beber y no pagar (20).

IX

Cuando me alargan un jarro
es tanto lo que me aferro,
como la vaca al becerro,
haciendo mayor desgarro.

Y me pongo algo modorro
y aunque me den con un porro
y me traten como a un burro,
yo, señores, no me aburro
mientras esté cayendo el chorro (21).

X

La amistad que pide un brindis
y no me puedo negar
al brindis que me suplican
en pro de fiel amistad.

Alzo, pues, el jarro, amigo,
para saludar cordial
a los padres, a los novios
y a todos los que el afán
en festejar este día,
a quien los supo juntar.

Brindo por todos, por todos,
y también quiero brindar:
brindo por los chiquitines,
por aquellos que vendrán
a hacernos también abuelos,
y más tarde han de llegar
haciéndonos también ancianos
sembrando felicidad (22).

Hay unos cuantos rasgos comunes a todos ellos que lo son también a toda la literatura festiva y «de banquete»: humor, optimismo y superación de lo cotidiano, que está siempre teñido de sentido negativo. El banquete popular, sea de boda, entierro o de otro tipo, y la literatura que surge a su alrededor, tienen ese carácter y están impregnados por la risa, franca y sin trabas, superadora de todos los sufrimientos (23). No es seguramente el brindis el género de literatura festiva que más abunda en Castilla (son más frecuentes los chistes, cuentos, canciones y poesías burlescos, eróticos o claramente obscenos que los potatorios) (24), pero, como todos los citados, la característica esencial es la risa como esperanza en el cambio de la Humanidad, en su renovación, en la desaparición del mal. El optimismo y la risa nacen del vino, pero fundamentalmente del hecho del banquete, de la comunión afectiva que se establece entre el grupo de bebedores.

El motivo principal del brindis es el vino; éste ha sido la única bebida alcohólica mayoritaria de nuestra cultura (la importancia del aguardiente ha sido menor), en la que ha desempeñado un papel fundamental, tanto económico como social. Ha sido un alimento indispensable para el hombre del campo y ha gozado de una fama casi milagrosa, reflejada en refranes, coplas, brindis y en muchas obras de nuestra literatura clásica (25). Muchos de los rasgos o propiedades, tanto positivas como negativas, con que se nos describe en los brindis son las mismas con que lo hacen autores medievales o barrocos; iguales o muy parecidas son las expresiones lingüísticas y el tono jocoso o paródico.

Las razones por las que goza del aprecio de la gente son muchas, comenzando porque sin su presencia las fiestas, bodas, bautizos..., no valen nada; es, pues, convidado obligado en estas reuniones de las que se convierte en protagonista. Su origen santo le hace merecedor del aprecio de todos (26), y de todos son conocidas sus «obras milagrosas» como curar la enfermedad, preservar la salud de todo mal, dar fuerza en los trabajos, ánimo en los pesares y alegría en cualquier ocasión (27). Pero el poder que posee es tan grande y ambivalente, que lo mismo que en ocasiones es beneficioso, en otras es perjudicial; se apodera de aquel en quien entra y no respeta a nadie, ni siquiera «al rey, al obispo, ni arzobispo, ni al Papa». Como «juez justiciero» que es los trata a todos por igual. Este carácter igualador, que recuerda en esa enumeración a las antiguas danzas de la muerte, es una característica de la literatura festiva, del banquete popular en el que desaparecen las diferencias sociales y el individuo se libera de los temores y miserias cotidianas. Dado el carácter ambivalente, los rasgos negativos no pueden olvidarse, y el bebedor los acepta con buen humor, expresándolo con imágenes sacadas de la realidad cotidiana y algunas de ellas empleadas siglos atrás:

-«Hace zorras» (28).

-«Hace hincar la cabeza» (29).

-«Echa la zancadilla».

-«Da calambre a las patas».


-«Quiere mandar más que el amo».

-Tiene grillos y cadenas para encarcelar al que lo bebe.

-Le hace perder los cinco sentidos.
-Por él son «la risión de los muchachos», faltan a sus deberes y riñen con sus mujeres.

A pesar de que el «hermosísimo licor» se ha convertido en «licor valentón» que se atreve a maltratar a su dueño, éste siempre lo preferirá antes que beber agua. Esta oposición irreconciliable se expresa mediante metonimias: «Es mejor tener dolor de cabeza / que no de barriga», o mediante antítesis, que ya aparece en Quevedo (30), entre el mosquito y la rana: «Mejor quiero escupir mosquitos / que oir las ranas cantar» (31). El agua es enemiga a muerte del vino (32) y despreciada por los hombres, entre otras, por las siguientes causas: porque «da dolor de barriga» y es «madre de ranas y sapos / y lavadora de trapos», por lo cual es buena «para los bueyes / que tienen los cuernos duros», pero no para las personas; sólo el vino debe ser adorado y alabado, pues «vale más en ti un besito / que doscientos de mujeres» (33).

La enemistad y disputa entre agua y vino es un tema muy usado en la poesía tabernaria y goliardesca medieval (34); en concreto, en la literatura castellana aparece entre sus primeras manifestaciones, en una pequeña obra maestra como es «Razón de amor, y la disputa del agua y el vino», que ya nos muestra muchos rasgos de los que hemos visto en los brindis (35).

Aunque todos los brindis los hemos recogido de boca de varones, hay uno, el cuarto, cuyo protagonista es una mujer. Generalmente, en los pueblos la figura del borracho está mal vista, y peor la mujer que se embriagaba; pero evitando los extremos las mujeres consumían vino como los hombres, aunque en menor cantidad. Es proverbial la mayor afición de las señoras ancianas, quizás por aquello de «entrar en calor», argumento de mucho peso que hace siglos exponía Celestina para justificar sus frecuentes visitas al jarro (36). En algunas canciones populares se relaciona la tarea de hilar con la bebida; por ejemplo, en ésta de la época de los Reyes Católicos, recogida en el Cancionero Musical de Palacio:

«Hallé yo una bota / llena de vino
dile un tal golpe / y tiróme el tino.
¿Si vistes allá / el tortero andar?
Caíme muerta / ardióse la estopa;
vino mi marido / y diome en la toca.
¿Si vistes allá / el tortero andar? (37).

Una tatarabuela mía, mientras hilaba el cáñamo, canturreaba:

«Ella hilaba,
torcía,
devanaba,
bebía vino...»
y es que hilar el lino o el cáñamo es un trabajo que da mucha sed.

____________
(1) Corominas, J.: Diccionario Critico Etimológico de la Lengua Castellana.

(2) La voz Brindar aparere documentada por vez primera en el año de 1592 en las "Coplas del Secretario de la Academia de Villamanta". Cf. Corominas, op.. cif.

(3) Brindar: "Es solicitar y combidar al compañero con la taza en la mano, beviendo él y luego el otro, y este modo de bever se llama brindez. Es palabra tudesca, pero introducida en Francia, en Italia y en España... El francés en lugar de brindez dice: Ye bivo a vou yo os bevo". Cf. Beber, Cito por la edición facsímil de Madrid, 1979.

(4) Quevedo, Francisco de: "Libro de todas las cosas", en Obras satíricas y festivas, IV, Madrid, Clásicos Castellanos, 1965, pág. 144.

(5) Quevedo, Francisco de: Poesía original completa, ed. de J. M. Blecua, Barcelona, Planeta, 1981, pág. 963, vv. 87 y 88.

(6) Quevedo, op. cit., pág. 1.318, v. 248.

(7) En el Tesoro de la Lengua Castellana, de Cobarruvias. en la voz MOSQUITA se nos dice que se empleaba además para designar a los buenos bebedores, o sea, a los borrachos.

(8) Quevedo, op. cit., pág. 728, v. 47.

(9) Quevedo, op. cit., pág. 558, v. 1 del soneto nº 531.

(10) Quevedó, op. cit., pág. 1.153, v. 3.

(11) "...bebo cuando tengo gana, y cuando no la tengo, y cuando me lo dan, por no parecer melindroso o malcriado; que a un brindis de un amigo ¿qué corazón ha de haber tan de mármol que no haga la razón?". Cervantes, D. Quijote de la Mancha, II, ed. de Martín de Riquer, Barcelona, 1971, pág. 788. "Hacer la razón" era aceptar el brindis o la invitación a beber.

(12) "Poco beben por allá;
yo beberé por los dos.
Brindis de piedra ¡por Dios!
menos temor tengo ya."

Tirso de Molina: El burlador de Sevilla y Convidado de piedra, en Don Juan. Evolución dramática del mito, Barcelona, 1973. pág. 190.

(13) Recogido en Tordehumos (Valladolid) de boca del señor Guillermo, de 78 años. En la recogida de algunos de estos brindos han colaborado alumnos del Instituto Leopoldo Cano; quiero mencionar y dar las gracias a Javier Merino, Lourdes Benito, Almudena Rodríguez y Yolanda Cano.

(14) Recogido en Valladolid, de Felipe Salvador, de 66 años.

(15) Recitado por Antonio Núñez. de 71 años, residente en Valladolid, pero natural de S. Pedro de las Cuevas.

(16) Lo recitó Crescente Nieto, de 76 años, en Fuensaldaña.

(17) Recogido en Castrillo de la Vega (Burgos), de boca de Isidoro Criado, de 91 años.

(18) Recitado por Herminio Rodríguez, de 80 años, en Muriel de Zapardiel (Valladolid).

(19) Recitado por Pedro Requejo, en Valladolid.

(20) Cf. nota 15.

(21) Cf. nota 15.

(22) Recitado por Emiliano Cano, natural y residente en Peñafiel. Este brindis se decía en las bodas, cuando se subía al castillo, después de la ceremonia religiosa; esta costumbre de hacer una visita ritual al castillo nada más casarse y bailar ante su puerta, se daba también en Peñaranda de Duero (Burgos). El Sr. Jimeno lo interpreta como posible supervivencia feudal. Cf. "El castillo de Peñaranda, monumento artístico de la provincia" en Boletín de la Comisión provincial de monumentos históricos y artísticos de Burgos. III, 1930-1933.

(23) Bajtin, M.: La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento, Madrid, 1987, págs. 85-86 y 257-258.

(24) Menéndez Pidal, R. : Poesía juglaresca y juglares, Madrid, 1969, ,pág. 144.

(25) Abundan, efectivamente, los elogios al vino en obras como El Quijote o el Lazarillo de Tormes; pero ninguno tan significativo como el de Celestina: "...Pues de noche en invierno no hay tal escalentador de cama. Que con dos jarrillos de estos que beba cuando me quiero acostar, no siento frío en toda la noche. De esto aforro todos mis vestidos cuando viene la Navidad; esto me calienta la sangre; esto me sostiene de continuo en un ser; esto me hace andar siempre alegre; esto me para (mantiene) fresca... Esto quita la tristeza del corazón más que el oro ni el coral; esto da esfuerzo al mozo y al viejo fuerza; pone calor al descolorido, coraje al cobarde, al flojo diligencia, conforta los celebros, saca el frío del estómago, quita el hedor de anélito (aliento) hace impotentes los fríos, hace sufrir los afanes de las labranzas a los cansados segadores, hace sudar toda agua mala, sana el romadizo (catarro) y las muelas..." Rojas, F., La Celestina, ed. de Francisco Domingo, Anaya, Madrid, 1986, págs. 204-205.

(26) La historia de Noé, inventor del vino según la Biblia, debía ser muy popular; cf. en el Tesoro de Cobarruvias la voz VINO. Una coplilla del Siglo de Oro dice:

"Bendito sea Noé / que las viñas plantó
para quitar la sed / y alegrar el corazón".

Frenk Alatorre. Lírica española de tipo popular, Madrid, 1984, pág. 234.

(27) "Lo cocido está muy bueno,
de lo tinto nos dad hora;
¡mal año para Galieno!
que de mi mal ya no peno
y mi cuerpo se mejora "

de las "Coplas de las comadres" en Rodrigo de Reinosa, Coplas, Madrid. Taurus, 1979, pág. 74.

(28) Zorra es el término metafórico más empleado en el siglo XVII para designar la embriaguez. Cf. Quevedo, op. cit., págs. 593 y 595, o Quiñones de Benavente, El mago, en Entremeses, Zaragoza, Ebro, 1965, pág. 210.

(29) Quevedo, op. cit., pág. 1.300.

"Sumideros del vino / temed sus tretas
que apuntando a las tripas / da en la cabeza."

(30) Quevedo, op. cit., pág. 727, le dice el mosquito a la rana:

."Mejor es morir en el vino / que vivir en el agua".

(31) "Rulando asegura que vió una muchacha que bebiendo de un charco, se le engendraron tantas ranas en el vientre, que desde fuera se les oía el canto...; y de aquí debió de tener pricipio el proloquio de los buenos pilotos, que dicen, no beben agua, porque cria ranas en el cuerpo", Fuentelapeña, A.: El ente dilucidado, 1676, ed. de Madrid, 1978, pág. 686. Es creencia popular en Castilla o más bien excusa socarrona para no beber agua.

(32) Cf. nota 35.

(33) Dar un beso al jarro es beber a boca de cangilón. Gente trabajadora y grosera, al tiempo de comer ponen junto así el jarro de vino, con poca o ninguna agua. y presupuesto que lo que está en él ha de ser su ración. no vacían el vino en otro vaso, sino van beviendo dél hasta que se acaba, y el irle requiriendo llaman darle besos". Cobarruvias op. cit., BESO.

(34) Menéndez Pidal, R.: Poesía juglaresca y juglares, Madrid, 1969, pág. 101.

(35) En este temprano fruto de nuestra literatura, fechado en el siglo XII. encontramos una serie de rasgos sobre el vino y el agua que serán tópicos en nuestra literatura culta y popular. El vino:

-Ataca la cabeza.

-Del sabio hace loco.

-Hace perder el sentido a quien se harta de él.

-Es hijo de la cepa.

-No tiene manos ni pies, pero vence a los más valientes.

-La comida sin él no vale nada.

-Hace a los ciego ver, a los cojos correr, a los mudos hablar y a los enfermos sanar.

El agua, sin embargo:

-Es amarilla y astrosa.

-Anda por calles, callejas y sucios lugares.

-Lava pies y manos.

-Limpia paños sucios.

-Anda mezclada con el polvo.

Un aversión accesible es la de Guillermo Díaz-Pjaja en Tesoro breve de las Letras Hispánicas, I, Madrid, 1968, pág. 151.

(36) Cf. nota 25.

(37) Frenk Alatorre, op. cit., págs. 235-236.