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“La entrada del moro” y las danzas de Ceinos de Campos

MARTIN CRIADO, Arturo

Publicado en el año 1989 en la Revista de Folklore número 102.

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Ceinos de Campos es un pueblecito de Valladolid, sesenta kilómetros al norte de la capital por la carretera nacional 601, que hasta la reforma administrativa de la Iglesia perteneció a la diócesis de León. El día 11 de mayo, fiesta de su santo Patrono, San Mamerto, lo celebran con misa solemne y procesión; además, hasta el pasado año de 1982, a la misa precedía la representación de «La entrada del moro», y durante la procesión se bailaban las danzas de paloteo.

Los danzantes eran ocho mozos, aunque en los últimos años participaron también algunas chicas por no haber suficientes hombres, que vestían camisa blanca con una banda roja que les cruzaba el pecho y otra a la cintura a modo de faja; enaguas también blancas con puntillas, bajo las cuales llevaban una especie de calzones o pololos y calzaban zapatillas blancas. Para la representación de «La entrada del moro» usan unas espadas de madera hechas por ellos mismos; para la danza cada uno portaba dos palos de madera de negrillo o de haya («esos rugen bien») de medio metro de longitud, hechos por ellos a torno. Generalmente, eran lisos, aunque algunos los decoraban con rayas talladas a navaja y pintadas en negro. En un extremo tenían un agujero por el que se pasaba una cuerda rematada con madroños o borlas de lana de colores.

Los danzantes son dirigidos y enseñados por el birria, quien conserva en su memoria las danzas y la representación, aunque esta última también la guarda en un manuscrito. El último birria es el señor Desiderio Alonso, que cuenta actualmente 84 años de edad y que fue quien nos enseñó amablemente lo que aquí exponemos. Su traje consta de una especie de mono rojo y amarillo, una boina de los mismos colores con borlas (a veces se tocaba con un cucurucho que él mismo se hacía) y en la mano lleva una vara, de uno de cuyos extremos cuelga una pelota de cuero, como las de jugar a pelota mano, atada a la vara por una cuerda, para apartar a la gente durante la ejecución de las danzas.

«LA ENTRADA DEL MORO»

Es una elemental representación dramática, que se escenificaba en el enlosado atrio de la iglesia el día de San Mamerto, antes de la misa mayor, por única vez en todo el año. Los actores eran los ocho danzantes -cuatro representaban al bando cristiano y se colocan a la derecha de la puerta de la iglesia; otros cuatro, al bando moro, que se sitúan al lado izquierdo (véanse fotos)-, el birria y un muchacho vestido con túnica blanca con alas y corona en la cabeza, que hacía el papel de ángel. A continuación la transcribo tal como la recitó Desiderio Alonso, con alguna enmienda a la vista del manuscrito que posee:

REY CRISTIANO:

Hoy, valientes campeones,
celebremos las victorias
de nuestras antiguas glorias,
de nuestros nobles blasones.
Un suceso extraordinario
nos recuerda en este día
la procesión de María,
Nuestra Madre del Rosario.
Recordad con celo santo
trayendo a vuestra memoria
aquella naval victoria
junto al golfo de Lepanto;
Don Juan de Austria, el aguerrido,
enarbolando la cruz,
del moro eclipsó la luz
y a sus pies le vio rendido.

SEGUNDO CRISTIANO:

Tiene razón nuestro rey,
festejemos a María
diciendo con alegría:
¡Patria, Religión y Ley!
Mas, ¿qué es esto? Se divisa,
si no me engaño, una armada.

TERCER CRISTIANO:

En efecto, una emboscada;
es el moro y viene aprisa.

ANGEL:

Entrad, moros, en el templo,
entrad todos a porfía
y admiraréis de María
la pureza sin ejemplo.

REY MORO:

Cierto que es prenda excelente
que se debe estimar.

PRIMER CRISTIANO:

Necio se puede llamar
quien la ofenda aun levemente.

REY CRISTIANO:
No hay que temer mala suerte,
la paz está concertada;
vendrán a ver nuestra armada.

TERCER CRISTIANO:

Me temo que el rey acierte.

REY MORO:

El cielo oS guarde, cristianos,
mas os anuncio, en verdad,
que hoy queda rota la paz,
claramente os lo anunciamos:
veo vuestra armada errante
y hundido vuestro trofeo,
como al mismo tiempo veo
mi ejército triunfante.

SEGUNDO CRISTIANO:

¡Hola! Ese morito tiene
antes de tiempo alegría
y muy malo no sería
darle lo que le conviene.

REY CRISTIANO:

Muy bienvenidos seais
pues ya que aquí nos hallamos
todos juntos compartamos
los festejos, si gustáis.

REY MORO:

Mil gracias por la atención,
por tanto aceptarla quiero
y mi ejército guerrero
quedará de observación.

TERCER CRISTIANO:

Siempre romperéis los lazos
y de cualquiera manera
concluiréis la carrera
con andar a latigazos.

REY CRISTIANO:

Ved aquí, moros, al presente
que la Virgen del Rosario
nos ofrece de su erario
con amor puro y clemente.

PRIMER MORO:

Ese cristiano blasona
con arrogancia y denuedo,
tampoco yo callar puedo:
¡Cuidadito con Mahoma!

REY CRISTIANO:

Prosigo en lírico acento
y unidas las dos armadas
alabemos aliadas
tan escogido portento.

SEGUNDO MORO:
¡Viva el invencible moro
que a vuestra fiesta acompaña
y sabrá triunfar de España
con desdén y sin desdoro!

PRIMER CRISTIANO:

¡Viva el valiente español
que en noble y reñida liza
sabrá volveros ceniza
a la luz de nuestro sol!

TERCER MORO:

¡Qué proposición tan loca!
Pronto, pronto vuestro gozo
vendrá a caer en un pozo.
¡Cuidadito y punto en boca!

REY CRISTIANO:

¡Silencio! ¡Tened decoro!
Haya paz o haya armonía.

TERCER CRISTIANO:

No se esperaba otra cosa;
hallándonos con el moro
es perdido cuanto se hable.
¡Basta de contemplación
aquí la mejor razón
es acudir luego al sable!

PELEA

(con las espadas de madera, que sacan del cinturón, hacen un simulacro de lucha al ritmo de una tonadilla).

REY CRISTIANO:

Armonía procuremos
pues ya que aquí nuestras glorias
son por el orbe notorias
todos descansar debemos.

RINDEN ARMAS

REY MORO:

No hay descanso, que enojado
vomitando estoy venganza.
¡Guerra, guerra sin tardanza
yo la emprendo confiado!

SEGUNDO MORO:

Perfectamente vayamos,
nuestro alfanje blandiremos
y sin duda venceremos
de estos audaces cristianos.
y de su ángel con maña
nos hemos de apoderar
y las armas no dejar
hasta dominar a España.
(Roban el ángel.)

REY CRISTIANO:

¡Qué pavor! El ángel nos ha llevado
y ha sido el moro traidor .
¡Qué desgracia! ¡Qué dolor!
¿Dónde le habrán ocultado?
Perdido soy. ¡Ay de mí!
Ya tiemblo por el Estado.
Este suceso ha frustrado
mis esperanzas, sí, sí.
¡Qué lástima, qué dolor,
qué pérdida sin igual!

SEGUNDO CRISTIANO:

Ved el proceder leal
de un moro necio y traidor.

REY CRISTIANO:

¡Ay! Mi vista se oscurece,
se trastornan mis sentidos,
del corazón los latidos,
mi cabeza desvanece;
ya no sé lo que me pasa.

PRIMER CRISTIANO:

Que nuestras glorias perdidas
tan grande injuria venguemos
y a nuestro ángel rescatemos
aunque perdamos cien vidas.
¡Escuchad, moros traidores,
causa de esta alevosía,
todos seréis este día
víctimas de mis furores!

REY MORO:

No niego vuestro valor,
pero empuñando el acero
haré ver al mundo entero
que causo espanto y terror.
¡Al combate, mis soldados,
al combate, musulmanes,
castiguemos loS desmanes
de cristianos tan osados!

TERCER CRISTIANO:

Pues al combate, cobardes,
y vamos a demostraros
que os van a salir bien caros
tan miserables alardes.

REY CRISTIANO (levantándose del desmayo:)

¡Cielos, Vuestra Providencia
nos ampare y favorezca,
nuestro valor medre y crezca;
peleemos con prudencia!

(Pelean. Caen los moros a tierra, y los cristianos los señalan con la espada.)

REY CRISTIANO:

Ya feneció el moro,
cayó el musulmán,
ya la media luna
logramos triunfar.
¡Cantemos victoria
todos sin cesar!

PRIMER CRISTIANO:

Vuestros campeones,
Virgen del Rosario,
saben de ordinario
del moro triunfar.
¡Cantemos victoria
todos sin cesar!

SEGUNDO CRISTIANO:

Su gloria, su orgullo,
su furia tenaz
vemos abatidos
y humillados ya.
¡Cantemos victoria
todos sin cesar!
y con vuestro amparo
nos cubres de gloria.
¡Cantemos victoria
todos sin cesar!

(Aparece el ángel.)

REY CRISTIANO:

Ved el ángel libertado,
saltemos todos de gozo,
de alegría y de alborozo
por verlo rescatado.
Y aquí, unidos a porfía
por tan inmenso favor,
demos gracias con fervor
a nuestra madre, María.

ANGEL:

¡Basta! Ya está todo concluido:
nuestra ha sido la victoria,
mas no fundéis vuestras glorias
tan sólo en haber vencido.
Si por Maria clemente
habéis sido victoriosos,
sed ahora generosos
con aquesta pobre gente.
Porque en su creencia errados
a Mahoma han defendido
y por él han combatido,
funestamente obcecados.
¡Compañeros, separaos!
Yo solemnizo este día
diciendo con alegría:
¡Ea, moros, levantaos!

(Les da la mano uno por uno.)

Ya veis que no hay otra luz
ninguna, ni baluarte
más fijo que el estandarte
poderoso de la cruz.
Seguidle desde este día
Y a Mahoma renunciad,
y con frecuencia invocad
el auxilio de María.

SEGUNDO MORO:

¡Oh Dios santo, justo y fuerte!
Cuánto merecéis, Señor,
gozar por tan santo amor
la dicha de conocerte.

PRIMER MORO:

Confundidos nos hallamos
al ver tales maravillas,
¡oh Dios mío! de rodillas
tu inmensidad confesamos,
y por más que nos asombre
vuestro poder y bondad,
con ternura y humildad
bendecimos vuestro nombre.

REY MORO:

¡Oh España, viva tu rey!
Y de hoy más reconocidos
queremos vivir unidos
al amparo de tu ley.

TERCER MORO:

Cese el error y malicia,
todos a Dios confesemos
y a María supliquemos
nos sea siempre propicia,
para con su intercesión
poder todos algún día
cantar himnos de alegría
en la celestial mansión.

BIRRIA:

Ya lo veis, la media luna
cayó al suelo desplomada,
y para siempre humillada
quedó la raza moruna
por la cruz y por María,
que nos han favorecido
en Lepanto y en Pavía.
Pelayo, el gran Pelayo
comenzó la Reconquista gloriosa,
y Fernando con su esposa
en Granada terminó.
Testigos son de estas glorias
la Covadonga y las Navas,
tan sublimes como bravas
en sus lides y victorias.
Y en pos del siglo invencible
nuestros abuelos piadosos
peleaban animosos
con bravura irresistible.
¡Ea!, agrupémonos
a este sacrosanto leño,
defendiendo con empeño
nuestra patria y nuestra fe.
Digamos de corazón
y con acento profundo:
¡Viva, viva en todo el mundo
nuestra santa religión!
Y hermanados como estamos
trabajemos con anhelo
porque algún día en el cielo
reunidos nos veamos. Amén.

LAS DANZAS

Después de la misa se celebraba la procesión por las calles del pueblo; los danzantes y el Birria caminaban delante de la imagen del santo en dos filas paralelas y en ciertos lugares llanos y espaciosos, que solían ser siempre los mismos, se detenían y ejecutaban las danzas, una en cada parada, al son que ellos mismos cantaban, pues no llevaban acompañamiento de música, por lo menos en los últimos años, pero anteriormente eran acompañados con flauta y tamboril por el tamborilero de Aguilar de Campos, que acudía todos los años. Cada danza, que se conoce con el primer verso de su letrilla, se compone de cinco lazos, por lo que se cantaba cinco veces; en cada lazo los cuatro danzantes del exterior giran una posición sobre los centrales, de forma que los rodean y vuelven a la posición inicial.

Durante las danzas las mujeres les daban cintas de colores, que prendían en la camisa con alfileres. Acabada la procesión, visitaban a las donantes, que rescataban sus cintas mediante una cantidad en metálico. El Ayuntamiento obsequiaba a los danzantes y a todo el pueblo y visitantes con un refresco a base de vino y algo de picar.

El día del Corpus volvían a salir, pero sólo bailaban las danzas en la procesión, lo que también hacían en algún pueblo vecino que les invitaba con motivo de su fiesta patronal. Estas son las letras con que las acompañaban, según nos las cantó el señor Desiderio Alonso:

El día de San Mamerto (1)
venimos a celebrar
al Señor sacramentado
que sale por el lugar.
El cura y la justicia
y toda la vecindad,
y nosotros los danzantes
pedimos de corazón
al Señor sacramentado
nos eche la bendición.

II

Si quieres que te enrame la puerta,
prenda mía de mi corazón,
si quieres que te enrame la puerta
tus amores míos son.
Si quieres salir de mañana
Y a vuestra ventana
Y a vuestro barranco
verás como arranco
un álamo blanco,
le pongo en el quicio
pa vuestro servicio,
pa vuestro balcón:
si quieres que te enrame la puerta
tus amores míos son.

(1) Este verso se cambia según la fiesta. Por ejemplo el día del Corpus se canta:
"En este día del Corpus".

III

La flor que llaman al verde,
verde de andar ,
a la flor dicen que es mentira
y aquí esto es verdad.
A la flor dicen que es mentira
y aquí esto es verdad.
Quién me compra
unos pajarcitos
porque yo ya,
si los nidos,
nidos de antaño
son varios,
son pájaros nuevos
y emplumaron ya.

(Se repite desde «si loS nidos»

IV

En este pueblo de Ceinos
el día once de mayo
se celebra la función
en la parroquia Santiago.
Y sale la procesión
con el estandarte y palio,
y to el acompañamiento
de los pueblos inmediatos.
Virgen María
madre de Dios,
Señora nuestra
ruega por nos.
Que por mor del ay, ay, ay.
prendieron a mi morena, ay, ay, ay

V

Si quieren los alcaldes
guardar el orden,
procuren que las masas
no se desborden;
de esta manera (bis)
tendrán la simpatía
de España entera.

VI

Usted no es na (bis)
usted no es chicha ni limoná;
usted no es na (bis)
usted no vale pa enamorar.
Que chibiribiri, calceta,
que chibiribiri, calzón,
que chibiribiri, levita
hermana del pantalón.
Que dice que no me quieres,
que donde está la señá Juana.
VII

Señor mío Jesucristo
Dios y hombre verdadero,
criador y redentor
de la tierra y de los cielos,
en el nombre de Dios, amén,
y nosotros dos también.
Que pésame, Señor,
de todo corazón,
y pegando en la tierra,
y perdónanos, Señor,
y danos la gloria eterna.

VIII

Mucho le quieren las damas
al pulido del zapatero;
al que mucho le quieren las damas
que le daban el pañizuelo.
Entre zarzas,
entre amores,
entre paños
de menores
te metieres,
entrarás
pero no saldrás
como quisieres.

IX

La raposa de Morales
por el tiempo de las guindas
la pillaron los de Toro,
la rompieron las costillas.
Que te pinte bien, que te pinte mal,
los de Toro te lo dirán.

En los últimos años, además de estas nueve danzas, bailaron otra con el ritmo musical de «La, la, la», aquella canción con la que Massiel ganó el primer premio en un Festival de Eurovisión. Quiero terminar dando las gracias por su amabilidad a Desiderio Alonso, a su nieta Agueda Alonso, que nos cedió las fotografías realizadas en 1982, último año en que se llevó a cabo la representación y se bailaron las danzas, y a Mercedes de la Fuente por su colaboración.