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Notas acerca del desaparecido «Botarga» de Tortuero (Guadalajara)

LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón

Publicado en el año 2017 en la Revista de Folklore número 424.

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Entre los años 1984 y 1987, el autor de estas notas, acompañado por un reducido grupo de alumnos, realizó algunas encuestas entre diversos pueblos de la geografía campiñera de Guadalajara, en los que habíamos constatado la existencia de algunas «botargas» desaparecidas, de las que ya dimos a conocer algunos datos a través de las páginas de esta misma Revista de Folklore[1].

Una de las encuestas fue realizada en Tortuero, pero los resultados obtenidos no quisimos publicarlos entonces dado que nuestro amigo y maestro, el etnólogo alcarreño don Sinforiano García Sanz, ya había dado a conocer algunos datos acerca de «la» misma «botarga», recogidos después de la Guerra Civil (1936-1939), en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares[2].

Hoy, al cabo de los años —más de veinticinco—, revisando aquellos viejos papeles hemos releído las notas que tomamos en aquel pueblo y nos hemos decidido a darlas a conocer, a pesar de su brevedad, con el fin de poder compararlas con aquellas otras notas recogidas anteriormente por García Sanz. De modo que dividiremos los textos en dos partes, A y B, de García Sanz y nuestro, respectivamente, para finalizar con unas sencillas conclusiones, basadas —precisamente— en su comparación lineal.

A)

El texto de García Sanz es el siguiente:

«Completamente distinta es la «botarga» de Tortuero, aldea situada al oeste de la provincia, no muy lejos de Retiendas, en la sierra de Concha, partido judicial de Cogolludo, que sale el día 6 de enero, festividad de los Santos Reyes Magos.

Es nombrado por el Ayuntamiento y tiene un fin pacífico y limosnero; viste extraño atavío de colorines, hecho con trozos de colchas; a la cabeza, gorro cónico, también de colores diversos; lleva una gran garrota en la mano derecha, y en la otra, una reliquia, que da a besar al que se cruza con él, o en las casas en que pide. No va pintado ni lleva careta.

Designado por el Ayuntamiento, como ya decimos más arriba, el nombramiento recaía antes sobre la misma persona y tenía una relativa autoridad dentro de los actos en que intervenía.

Su objeto es el de recoger limosnas, bien en metálico o especies, que consisten en garbanzos, alubias, patatas, trigo, aves de corral, conejos, etc., etc., que en una cesta lleva al Ayuntamiento. Todo lo recogido se pesa y se cuenta delante de los señores alcalde y concejales. En la fiesta principal del lugar, el tercer domingo de septiembre almonedean las especies recogidas, por lo que se multiplica el valor de los donativos. El día de la almoneda no va vestido.

Todo el dinero es destinado a comprar cera, con que alumbrar el monumento de Jueves Santo, así como para otras necesidades del culto de la Semana Santa.

La aparición del limosnero es recibida por la chiquillería al grito de

«El botarga caritativo

este año ya ha salido.

Botarga, botargaaa...»,

mientras reparte inofensivos golpes con su vejiga llena de aire.»[3].

Y los datos que nosotros recogimos, estos otros:

B)

Se vestía el día 3 de febrero con motivo de la festividad de San Blas.

Su traje estaba confeccionado con la tela de una colcha de cuadros azules y rojos y consistía en una casaca, rematada por abajo con un fleco que pertenecía a la colcha, y un pantalón largo rematado de la misma manera que la casaca. Los botones de la primera iban forrados de la misma tela.

Llevaba la cara al descubierto y se cubría con un gorro alto, forrado con la misma tela que el traje, rematado en su punta por una borla de gran tamaño.

Asistía a misa de forma respetuosa y al entrar al templo, por respeto, se quitaba el gorro. No pegaba ni perseguía a nadie (llevaba las manos vacías), no bailaba tampoco, y si los niños le perseguían, no se defendía.

Después de la misa daba a besar la Paz, que consistía en una reliquia de San Blas.

El día de San Antón (17 de enero) también se vestía e iba por las casas pidiendo dinero para costear la misa de ese día.

Cuando llegaba a una casa decía: «San Antón» y la señora de la casa le daba una limosna. Llevaba para tal efecto una bolsa o taleguilla donde introducía el dinero recaudado.

Este día también asistía a la misa igual de respetuoso.

Algunos años se vestía por Reyes para pedir dinero y poder comprar la cera que ardería durante la Semana Santa siguiente.

El papel de «botarga» lo desempeñaba todos los años que se recuerda la misma persona: un tal José, del que se desconocen los apellidos, que ya murió.

Comparaciones:

A).- Los datos según García Sanz:

1. La «botarga» desapareció entre 1940 y 1950.

2. Salía el día 6 de enero, festividad de los Reyes Magos.

3. Vestía extraño atavío de colores hecho con trozos de colcha.

4. A la cabeza un gorro cónico, también de colores diversos.

5. Llevaba una garrota en la mano derecha.

6. En la mano izquierda portaba una reliquia, que daba a besar a quienes se cruzan en su camino y en las casas en que pedía limosna.

7. No iba pintado, ni llevaba careta alguna.

8. Su cargo era designado por el Ayuntamiento y solía recaer siempre en la misma persona (que tenía relativa autoridad dentro de los actos en que intervenía).

9. Su misión consistía en recoger limosnas (en metálico y especies) que se llevaban al Ayuntamiento (donde se pesaba y contaba lo recogido).

El tercer domingo de septiembre se subastaba lo recogido (el «botarga» no iba vestido).

El dinero se destinaba a la compra de la cera que se utilizaba en la Semana Santa siguiente.

B).- Los datos nuestros, según doña Guillerma Moreno[4]:

1. El «botarga» desapareció al comienzo de la Guerra Civil española.

2. Se vestía el 3 de febrero, día de San Blas.

3. Su traje estaba hecho con la tela de una colcha de cuadros azules y rojos. Constaba de casaca y pantalón.

4. Llevaba un gorro alto (cónico), rematado con una gran borla.

5. Después de la misa daba a besar a los fieles «La Paz», que era una reliquia de San Blas.

6. No bailaba, ni llevaba otra cosa en las manos.

7. La cara la llevaba descubierta.

8. El día 17 de enero (San Antón) también se vestía e iba pidiendo por las casas para la misa de ese día. (Algunos años se vestía por Reyes para pedir y comprar cera para Semana Santa).

9. El papel del «botarga» siempre lo realizaba la misma persona.

Evidentemente hay algunos datos que no coinciden, como queda patente a través del análisis de los datos precedentes.

Así, vemos que:

1. Para su desaparición se dan dos fechas distintas. La más antigua hace referencia a un tiempo anterior a los años 36-39, mientras que para García Sanz debió ocurrir entre 1940 y 1950. También cabría la posibilidad de que, una vez finalizada la contienda civil, la botarga volviese a salir, aunque por poco tiempo, dejándolo de hacer definitivamente en las fechas apuntadas por García Sanz.

Hay quien indica que su desaparición se llevó a cabo en los años setenta: «TORTUERO-Guadalajara. Fiestas: Desgraciadamente se han perdido tradiciones, como la Botarga que desapareció en los setenta. Una Asociación Cultural está intentando recuperarlas.»[5].

2. La fecha de aparición de la botarga figura como más puntual en la nota de García Sanz: el día 6 de enero (Reyes Magos o Epifanía), aunque volvía a salir, sin disfraz, el tercer domingo de septiembre, fecha en que las cuestaciones por él recogidas en aquella fecha eran subastadas con el fin de comprar cera para el monumento de Jueves Santo.

Sin embargo, para Dª. Guillerma Moreno el botarga se vestía al menos dos días al año: el 17 de enero (San Antón), en que pedía para las misas de ese día, y el principal, que era el de la fiesta propiamente dicha, el 3 de febrero (San Blas) y, ocasionalmente, el día 6 de enero (Reyes), en que pedía para la cera de la Semana Santa (coincidiendo en esto con García Sanz).

Fechas, como puede verse, correspondientes a fiestas que fueron, y aún siguen siendo, marcadamente carnavalescas, tanto en la provincia de Guadalajara como en tantas otras provincias[6].

3. En lo referente a la vestimenta que utilizaba nada hay que añadir, dado que ambas fuentes coinciden.

El mayor parecido podemos encontrarlo en la botarga de Valdenuño Fernández, que efectúa su salida el domingo siguiente al día de los Reyes Magos y cuya vestimenta está compuesta, al igual que sucedía con la de Tortuero, de casaca y pantalón realizados con trozos de tela de distintos colores, prevaleciendo el rojo y el azul[7].

4. El tocado descrito viene a ser semejante al que utilizaban algunas botargas, hoy desaparecidas, que salían en iguales o parecidas fechas en los pueblos de la Sierra aledaños a Tortuero, tal y como sucedía con la de Viñuelas «… gorro, terminado en punta (forma de cono)»[8].

[1] LÓPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón y MATEO VIÑUELAS, Raquel, «Tres «Botargas» desaparecidas: Las de El Vado, Viñuelas y Villaseca de Uceda, Revista de Folklore, nº. 46 (Valladolid, Caja España, 1984), pp. 118-124 e idem. «Datos sobre otra botarga desaparecida: la de Casa de Uceda, Revista de Folklore, nº. 74 (Valladolid, Caja España, 1987), pp. 49-55.

[2] GARCÍA SANZ, Sinforiano, «Botargas y enmascarados alcarreños (Notas de Etnografía y Folklore)», Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, IX (Madrid, C.S.I.C., 1953), 3r. cuaderno, pp. 467-492. Solamente se publicó la 1ª. parte, es decir, hasta la «botarga de Beleña de Sorbe». En 1987 se editaron conjuntamente, la primera y la segunda parte, en la revista Cuadernos de Etnología de Guadalajara, nº. 1 (Guadalajara, 1978), pp. 7-60, en cuyas pp. 17-18 pueden encontrarse los datos sobre «la botarga» (en femenino) de Tortuero, que analizamos en la presente nota comparativa. Posteriormente vio nuevamente la luz en el libro Sinforiano García Sanz. Su obra. Notas de Etnología y Folklore, Madrid, Casa de Guadalajara (col. Arriaca), 1996, pp. 87-134, al que se le añadieron unas conclusiones en las pp. 135-138. Véanse los datos sobre «La botarga de Tortuero» en las pp. 96-97. Una breve ficha acerca de esta botarga de Tortuero o de Reyes en GISMERA VELASCO, Tomás, Botarga la larga. Carnaval en Guadalajara. Botargas y Enmascarados Alcarreños, El Autor, Great Britain by Amazon, 2016, pp. 118-119.



NOTAS


[3] Obsérvese que GARCÍA SANZ utiliza indistintamente los géneros masculino y femenino al referirse al o a la botarga. Así: «Completamente distinta es la botarga de Tortuero.», «Es nombrado por el Ayuntamiento (…) limosnero.», «(…) al que se cruza con él (…).», «No va pintado (…).», «(…) no va vestido.», «La aparición del limosnero» y «El botarga caritativo / (…).». También habla en presente: «sale el día 6», «tiene un fin pacífico», «viste extraño atavío», «lleva una gran garrota», «da a besar», «en que pide», «No va pintado ni lleva careta», «Su objeto es (…)», «lleva al Ayuntamiento», «La aparición del limosnero es recibida (…)», «reparte inofensivos golpes», lo que indica que, cuando García Sanz tomó sus notas (hacia 1950 o poco antes), esta botarga aún seguía activa. Mientras que en la descripción de Dª. Guillerma, las referencias son en masculino: «El «botarga» de Tortuero desapareció (…)».

[4] Natural de Tortuero. Contaba con 81 años en septiembre de 1984, fecha en que le fue realizada la presente entrevista por Dª. Raquel Mateo Viñuelas.

[5] http://www.pueblos-espana.org/castilla la mancha/Guadalajara/tortuero/ (27/11/2008).

[6] LÓPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón, «Algunas manifestaciones carnavalescas de la provincia de Guadalajara», Cuadernos de Etnología de Guadalajara, nº. 29 (Guadalajara, 1997), pp. 81-141.

[7] LÓPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón, Folklore tradicional de Guadalajara. (Fiestas declaradas de interés turístico provincial), Guadalajara, Excma. Diputación Provincial, 1986, pp. 15-17; idem. Guadalajara, Fiesta y Tradición, Guadalajara, Ed. Nueva Alcarria, S.A., 2005, p. 17; idem. Fiestas Tradicionales de Guadalajara, 3ª. ed. corregida y aumentada, Guadalajara, Excmª. Diputación Provincial de Guadalajara, 2006, pp. 14-15, CONDE, Raúl, Danzantes de Guadalajara. Viaje por la provincia a través de sus danzas tradicionales, Guadalajara, Editores del Henares, C.B., 2006, pp. 33-45; GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Oscar J., Mascaradas de la península ibérica, Asturias, El Autor, 2014, pp. 659-661. GISMERA VELASCO, Tomás, Botarga la larga…, op. cit., pp. 122-123.

[8] LÓPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón y MATEO VIÑUELAS, Raquel, «Tres «Botargas» desaparecidas…», op. cit. p, 122.