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Una leyenda medieval para Soria: la Wilde Jagd en el Monte de las Ánimas, de G. A. Bécquer

BOIX JOVANI, Alfonso

Publicado en el año 2017 en la Revista de Folklore número 424.

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* El presente trabajo se inscribe en las actividades del Proyecto del Plan Nacional de I D i del Ministerio de Economía y Competitividad FFI2015-64050: Magia, Épica e Historiografía Hispánicas: Relaciones Literarias y Nomológicas, dirigido por el Dr. Alberto Montaner Frutos. Este artículo se hallaba terminado en noviembre de 2012 y, en aquel momento, fue remitido a una conocida revista de filología, donde fue aceptado para una publicación que nunca llegó a producirse: a principios de 2017, el autor se puso en contacto con dicha revista interesándose por el estado de su artículo, recibiendo por respuesta que nada sabían del mismo, dando a entender que se había extraviado e, incluso, negándose a ofrecer explicación alguna al autor. Por supuesto, un lapso de casi cinco años es tiempo suficiente para que aparezcan otros trabajos similares y, a finales de 2016, aparecieron sendos artículos en el blog elige.soria.es, donde Ángel Almazán señala también la presencia de la Cacería Salvaje en Bécquer, si bien de manera muy superficial, como se indicará oportunamente a lo largo del presente artículo.

Según El Monte de las ánimas de Bécquer, en la Noche de Difuntos, en este monte «las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales [...] y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos»[1]. Esta descripción resulta especialmente interesante en cuanto que Bécquer habla de una «cacería fantástica», lo cual coincide precisamente con el nombre de la Chasse fantastique, una de tantas denominaciones bajo las que se conocen los siniestros ejércitos nocturnos de aparecidos europeos[2] entre los que, sin duda, ha de incluirse el de templarios y nobles sorianos que, tras una horrorosa batalla,[3] quedan malditos y se alzan de sus tumbas cada noche de difuntos.

Para Benítez[4], Bécquer se habría basado especialmente en leyendas francesas a la hora de confeccionar su relato, si bien no estoy totalmente de acuerdo con este autor, en cuanto que considera fuente primordial para la leyenda de Bécquer una superstición de Aurillac (Francia). Sin embargo, existen importantes divergencias entre esa leyenda francesa y la Cacería Fantástica del sevillano[5], y sus puntos comunes son prácticamente los mismos que registran otros ejércitos espectrales[6], lo cual no sólo pone en duda el que Bécquer se basase en una leyenda concreta sino que, en todo caso, la superstición de Aurillac sería una de tantas fuentes que habría utilizado para configurar su ejército, del mismo modo que tampoco puede descartarse, según se verá, la influencia de Botticelli o de Bocaccio. Otras fuentes de inspiración pueden hallarse en España, donde también la leyenda existe bajo nombres como Estantigua, Güestia (en Asturias) y la que quizá sea la más famosa de todas ellas, aunque nunca tan virulenta como las anteriores, la Santa Compaña gallega. Así, refiriéndose a esta última, para Alberro, «Bécquer [...] se inspiró en estas tradiciones gallegas en su famosa leyenda El monte de las ánimas»[7], mientras que Lisón Tolosana indica cómo «se hacía también eco de la mitología germánica G. A. Bécquer [...] en la leyenda El monte de las ánimas»[8], refiriéndose especialmente a la Wilde Jagd y las tradiciones germánicas sobre ejércitos fantasmales.

Sin embargo, ninguno de estos autores explica por qué puede establecerse esa identificación, es decir, qué características concretas relacionan a la Cacería Fantástica de Bécquer con el resto de leyendas semejantes, por lo que sus identificaciones podrían parecer gratuitas.[9] Pero no lo son en absoluto, pues los datos que aporta Bécquer ratifican sus identificaciones, tal y como se verá a lo largo del presente estudio, donde se observará cómo Bécquer va desperdigando rasgos de su Cacería Fantástica a lo largo de toda la leyenda, rasgos que coinciden con las descripciones más típicas de estas tropas fantasmales y que Bécquer combina para diseñar su propio ejército. Existen unos rasgos generales de los ejércitos de aparecidos tipo Chasse sauvage o Wilde Jagd, entre los cuales estaría la Cacería Fantástica de Bécquer, más o menos repetidos en la mayoría de leyendas, frente a otros más excepcionales, si bien algunos de estos formaban parte de los mitos originales que, con el paso de los siglos, fueron progresivamente alterados[10]. Bécquer toma algunos, quizá los más atractivos para él o, simplemente, los que encajaban con su narración. Así, para Lecouteux, un rasgo distintivo de estas tropas es el hecho de que uno de los espectros llega a comunicarse verbalmente con un vivo[11]. Bécquer no hace referencia a esto, bien porque no le interesa o lo ignoraba, bien porque no hay lugar en la narración para ello —no sabemos si Alonso habría llegado a hablar con uno de los aparecidos—. Curiosamente, Beatriz oye susurrar su nombre, lo cual podría ser un eco de esta leyenda. En cualquier caso, tampoco puede olvidarse que el presente es un análisis literario, no un estudio antropológico, por lo que la narración está sujeta a la creatividad del autor, que podría dotar a su ejército de espectros de los rasgos que creyese convenientes.

1. La Cacería Fantástica y la noche

El horror se produce por la combinación de diversos elementos aquí tratados. Por un lado, el cronotopo de la noche como momento para situaciones terroríficas queda reforzado por la soledad de Beatriz en su oratorio.

El despertar de los espectros, que se levantan de sus tumbas en la noche de difuntos puede estar conectado con la tradición según la cual algunos de estos siniestros ejércitos se alzan en Halloween[12], si bien no ha de extrañar esta relación en cuanto que, tradicionalmente, no sólo la Wilde Jagd y otros ejércitos semejantes campan en esas fechas por el mundo, sino también otros muchos aparecidos.

Sin embargo, Halloween es una de las varias fechas en las que estos ejércitos se despliegan:

Selon les régions et les siècles, on l’aperçoit en automne, les trois derniers jeudis de l’Avent, pendant les Douze Jours, à Noël, à la Saint-Sylvestre, à la Saint-Jean ou de la Saint-Georges à la Saint Martin, pendant les Quatre-Temps et à la Pentecôte. Toutes ces dates sont révélatrices, et la concentration des apparitions sur l’hiver possède une longue histoire.[13]

Teniendo esto en cuenta, más que pensar en Halloween, parece más factible pensar que Bécquer escogió una de las noches mágicas dentro de la tradición española y, entre ellas, la más siniestra en cuanto a sus connotaciones folclóricas. Dicho de otro modo, versionó el tema de los ejércitos nocturnos espectrales a la española, al menos en lo que al momento de su aparición se refiere. No será el único caso, como se verá.

2. La Cacería Fantástica y la ventisca

Al llegar la noche, cuando los muertos salen de sus tumbas, Alonso y Beatriz se hallan en el palacio de los condes de Alcudiel mientras «el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón»[14] o «el aire zumbaba en los vidrios del balcón»[15]. El viento no cumple en la leyenda una función banal: cuando partían del Monte de las ánimas, Alonso le explicó a su prima que ver a los aparecidos «puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde»[16]. Se trata de un rasgo clásico de la Wilde Jagd y otros ejércitos de espectros: su presencia va asociada a la tormenta y/o la ventisca[17], y no faltan tradiciones según las cuales el propio ejército espectral es el que genera dicha ventisca a causa de su potencia e ímpetu, que puede arrastrar a quien encuentre a su paso[18]. En efecto, el viento aparece a lo largo de toda la leyenda, contribuyendo a recrear la atmósfera terrorífica que va impregnando progresivamente todo el relato. Las referencias a la ventisca golpeando los vidrios de las ojivas del salón puede interpretarse, por tanto, con la presencia de la Cacería Fantástica en el exterior, fuera del palacio, como si los fantasmas de nobles y templarios hubiesen atravesado el Duero y se hubiesen internado en Soria. Esto, a su vez, permite comprender que, cuando Alonso abandona el palacio para ir en busca de la banda azul que Beatriz ha perdido durante su cacería, se encuentre con este ejército de aparecidos, lo cual lleva a conectar la trama con el motivo folclórico F102.3 «Rescued princess leaves her necklace behind in flight; hero returns for it and is left in underworld» según la clasificación de Thompson,[19] motivo en el que claramente se basa la leyenda becqueriana.

La situación se tornará aún más claustrofóbica cuando Beatriz se retire a su alcoba, lugar en el que se desarrollará el resto de la trama hasta el final de la misma. En la habitación, Beatriz escucha cómo fuera sigue soplando la ventisca, que ya alcanza la ventana:

Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído, a par de ellas, pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana[20].

Se establece aquí, según creo, la asociación definitiva entre la ventisca y los aparecidos. Al exclamar Beatriz «será el viento», la joven da muestras de temor, de ahí que tenga que convencerse a sí misma de que es el viento quien suena fuera de la casa y que, por tanto, no hay nada que temer, pese a que pone su mano en el corazón tratando de calmarse. El viento queda claramente asociado a un elemento terrorífico, y, sabiendo quiénes son los aparecidos en esta leyenda, es inevitable relacionar este viento con la ventisca generada por los guerreros fantasmales. A ello hay que unir el que Beatriz oiga las tristes campanadas de la medianoche, una hora mágica asociada tradicionalmente al momento en que fenómenos extraordinarios suceden. De hecho, y en el caso concreto que nos ocupa, es extendida la idea de que la Santa Compaña, así como diversos ejércitos fantasmales, se levantan de sus tumbas en esa hora siniestra[21].

3. Los sonidos de la Cacería Fantástica

Por otro lado, es interesante el uso de los sentidos asociados a los espacios: puesto que no hay nada en su habitación, Beatriz sólo puede adivinar lo que sucede no por lo que ve, sino por lo que oye. Y a través de los sonidos puede el lector reproducir lo sucedido:

Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden: éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después, silencio; un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la medianoche; con un murmullo monótono de agua distante, lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; eco de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve, y que no obstante se nota su aproximación en la oscuridad.[22]

Es interesante la contradicción que aquí se produce, ese «silencio lleno de rumores extraños» que indica cómo ese silencio no es tal. El escenario no puede ser más inquietante: en medio de la noche, en horas de recogimiento, con un clima absolutamente desapacible, y además en noche de difuntos, todo el mundo debería de encontrarse en sus casas, y, sin embargo, se registra gran actividad. Precisamente, las «voces confusas, palabras ininteligibles» puede entenderse como el barullo de una tropa como la Cacería Fantástica[23], pues no sería de extrañar que las palabras de los aparecidos, órdenes y gritos, hiciesen de sus palabras una maraña incomprensible. Un detalle especialmente inquietante es, como se verá, la referencia a ladridos de perros, que pudieran ser los temibles hellhounds o perros del infierno que acompañan a estas tropas nocturnas[24], feroces perrazos, en ocasiones dotados de extraños rasgos en su morfología y que suelen asociarse con lo maligno.

Conclusiones

La presencia de diversos aspectos comunes entre la Cacería Fantástica de El Monte de las ánimas y los ejércitos fantasmales de la tradición europea permite establecer que Bécquer diseñó a su tropa de nobles y templarios difuntos a partir de la Wilde Jagd, la Chasse fantastique y el resto de hordas similares. Sus similitudes son mucho más cercanas a estos ejércitos que a, por ejemplo, la Santa Compaña, por lo que debo manifestar mi desacuerdo con Alberro, quien, según se ha visto ya, relaciona El Monte de las ánimas con la Santa Compaña, si bien no iba desencaminado el autor, en cuanto que la Santa Compaña es una manifestación paranormal emparentada con los ejércitos nocturnos de aparecidos. El detalle principal, aparte de los aspectos morfológicos diferentes entre la tradición gallega y la Cacería fantástica becqueriana, existen también diferencias en cuanto a sus funciones, pues la Santa Compaña actúa como psicopompo, mientras que la Wilde Jagd y el resto de tropas, y entre ellas la Cacería fantástica, tienen una función aterradora como entidad que ronda por las noches.

Según Estruch[25] la inspiración de Bécquer al concebir la tropa fantasmal de El Monte de las ánimas podría hallarse en una serie de cuadros de Botticelli, la Historia de Nataglio degli Onesti, que se encuentra en El Prado. Hay que considerar que el relato de Bocaccio reflejado por estos cuadros se basa en una leyenda de larguísima tradición, bien documentada, entre cuyos testimonios destaca la Novella de Nastagio degli Onesti de Boccaccio, pero que se remonta al siglo xiii, donde aparece en un exemplum de Helinando de Froidemont y en otro de Cesáreo de Heisterbach[26]. El problema radica en que las diversas manifestaciones de esta leyenda —literarias y pictóricas— implican a un jinete fantasma, no a una tropa. No descarto que Bécquer se inspirase en la serie de cuadros de Boticcelli, pero, a la luz del estudio que aquí termina, resulta evidente que no fue la influencia definitiva, pues está claro que el autor utilizó un tema emparentado con la leyenda de Nastagio, esto es, la de la Caza Salvaje. De hecho, alguna influencia debió de tener Boticcelli, pues su obra me lleva a discrepar de García Viñó, para quien la narración final del cazador perdido en el Monte de las ánimas, que ve a Beatriz correr perseguida por caballeros fantasmales, constituía un epílogo innecesario[27]. Creo que es precisamente esa escena la que revela todo el significado de la leyenda, y Bécquer la habría incluido remitiendo a su primera inspiración, la que habría hallado en los cuadros de Botticcelli.[28] A partir de ellos, el sevillano pudo entrar en contacto con el tema de los cazadores fantasmales, asunto conocido por Bécquer y ya utilizado en otra leyenda[29], íntimamente relacionado con los ejércitos nocturnos, pues parece claro que El Monte de las ánimas contiene rasgos de ambos.



BIBLIOGRAFÍA


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NOTAS


[1] Gustavo Adolfo Bécquer, Leyendas, ed. Joan Estruch, estudio preliminar de Russell P. Sebold (Barcelona: Crítica, 1994), 117.

[2] Estos ejércitos reciben una gran variedad de nombres: «la désignation de mesnie Hellequin vaut ici pour toute une catégorie de récits que les folkloristes désignent aussi sous les noms de Chasse Infernale, Chasse Furieuse, Chasse Sauvage, en allemand: Wilde Jagd ou Wildes Heer, Wütischend Heer, Wutendes Heer, ou bien encore Mesnie furieuse, Chasse Arthur, Chasse Gallery, etc.» (Claude Lecouteux, «Chasse Sauvage / Armée Furieuse: réflexions sur une légende germanique», op. cit., 10); «la Wilde Jagd o caza salvaje (wild hunt, chasse sauvage), conocida también como exercitus antiquus, esercito furioso, Wüstichend Heer, mesnie furieuse, mesnie Hellequin» (Carmelo Lisón Tolosana, La Santa Compaña. Fantasías reales, realidades fantásticas (Madrid: Akal, 2004), 19. Estas relaciones incluyen sólo unos cuantos de todos los nombres de estas tropas siniestras.

[3] Un asunto nada extraño dentro de estos ejércitos, del que existen diversas versiones (Claude Lecouteux, «Chasse Sauvage / Armée Furieuse: réflexions sur une légende germanique», en Le mythe de la Chasse sauvage dans l’Europe médiévale, etudes réunies et présentées par Philippe Walter avec la collaboration de Claude Perrus, François Delpech, Claude Lecouteux (Paris: Honoré Champion, 1997), 19-20.

[4] Rubén Benítez. Bécquer tradicionalista. Madrid: Gredos, 1971, 166-67.

[5] En adelante, me referiré con este nombre al ejército de los fantasmas de templarios y nobles sorianos de El Monte de las ánimas, pues se trata, a mi juicio, de la etiqueta más adecuada para esa tropa fantasmal, no sólo porque la conecta con la Wilde Jagd y otros ejércitos semejantes, sino por ser un nombre utilizado por el propio Bécquer en su obra.

[6] A lo largo del presente estudio se utilizarán los términos fantasma, espectro y aparecido, así como los adjetivos derivados de los mismos, en sensu lato, como sinónimos, sin atender a las diferencias establecidas por los especialistas en la materia, especialmente a partir de los estudios de Frederick William Henry Myers, Human Personality and its Survival of Bodily Death (London: Longmans, Green & Co., 1903).

[7] Manuel Alberro, «La Santa Compaña en el NO de la Península Ibérica y en otros países célticos como Irlanda, Escocia y Gales», Revista de Folklore, 336 (2008), 185.

[8] Carmelo Lisón Tolosana, La Santa Compaña. Fantasías reales, realidades fantásticas, op. cit., 40.

[9] Tampoco lo hace Ángel Almazán en sus artículos “El Más Allá en Soria: la Caza Infernal de Beatriz en El Monte de las Ánimas de Bécquer” (publicado el 23 de noviembre de 2016 en elige.soria/el-mas-alla-en-soria-en-el-monte-de-las-animas-de-becquer) y “El Más Allá en Soria: enigmas en El Monte de las Ánimas de Bécquer” (publicado el 28 de noviembre de 2016 en elige.soria/el-mas-alla-en-soria-enigmas-en-el-monte-de-las-animas-de-becquer; ambos artículos consultados el 8 de marzo de 2017), donde, debido al carácter divulgativo de la publicación, meramente narra diversas leyendas europeas y algunas españolas, sin analizar en ningún momento las características específicas del ejército fantasmal concebido por Bécquer que permita establecer su entronque con estos mitos, lo cual, por otro lado, hace que su identificación resulte absolutamente gratuita, especialmente para alguien que no conozca la célebre leyenda de Bécquer.

[10] Véase, como ejemplo claro de esto, Claude Lecouteux, «Chasse Sauvage / Armée Furieuse: réflexions sur une légende germanique», op. cit., 20-22.

[11] Lecouteux, Claude. «Chasse Sauvage / Armée Furieuse: réflexions sur une légende germanique», op. cit., 23.

[12]Leo Spitzer, «Snallygaster», American Speech 27, núm. 3 (1952), 238.

[13] Claude Lecouteux, «Chasse Sauvage / Armée Furieuse: réflexions sur une légende germanique», op. cit., 23.

[14] Gustavo Adolfo Bécquer, Leyendas, op. cit., 118.

[15] Gustavo Adolfo Bécquer, Leyendas, op. cit., 121.

[16] Gustavo Adolfo Bécquer, Leyendas, op. cit., 120.

[17] Augustin Redondo, Otra manera de leer el Quijote. Historia, tradiciones culturales y literatura (Madrid: Castalia, 1997), 102; Claude Lecouteux, «Chasse Sauvage / Armée Furieuse: réflexions sur une légende germanique», op. cit., 23; Richard Cavendish, The Powers of Evil (London: Routledge & Kegan Paul, Ltd., 1975), 96; Carmelo Lisón Tolosana, La Santa Compaña. Fantasías reales, realidades fantásticas, op. cit., 47.

[18] Es muy llamativa la similitud entre la descripción de Bécquer y ésta de Richard Cavendish, The Powers of Evil, op. cit., 96: «If you were outdoors and heard the Hunt coming, you hurried inside or, if caught in the open, you threw yourself face-down on the ground, otherwise you would be snatched up and whirled away like a leaf in the wind and finally dropped in some unknown place far from home».

[19]Stith Thompson, Motif-index of folk-literature. A classification of narrative elements in folktales, ballads, myths, fables, mediaeval romances, exempla, fabliaux, jest-books, and local legends (Bloomington & Indianapolis: Indiana University Press, 1955-1958).

[20] Gustavo Adolfo Bécquer, Leyendas, op. cit., 122.

[21] Carmelo Lisón Tolosana, La Santa Compaña. Fantasías reales, realidades fantásticas, op. cit., 17, 23.

[22] Gustavo Adolfo Bécquer, Leyendas, op. cit., 122.

[23] Claude Lecouteux, «Chasse Sauvage / Armée Furieuse: réflexions sur une légende germanique», op. cit., 21.

[24] Claude Lecouteux, «Chasse Sauvage / Armée Furieuse: réflexions sur une légende germanique», op. cit., 21; Carmelo Lisón Tolosana, La Santa Compaña. Fantasías reales, realidades fantásticas, op. cit., 43, 85, 142.

[25] Joan Estruch, Prólogo, en Gustavo Adolfo Bécquer, Leyendas, ed. Joan Estruch, estudio preliminar de Russell P. Sebold (Barcelona: Crítica, 1994), 313.

[26] Véase Claude Lecouteux, Chasses Fantastiques et Cohortes de la Nuit au Moyen Age (Paris: Imago, 1999), 55-60 y Claude Perrus, «La Chasse Infernale: des exempla à la nouvelle V, 8 du Décaméron», en Le mythe de la Chasse sauvage dans l’Europe médiévale, etudes réunies et présentées par Philippe Walter avec la collaboration de Claude Perrus, François Delpech, Claude Lecouteux (Paris: Honoré Champion, 1997), 125-139. No estoy de acuerdo con Pedrosa cuando afirma en «La Novella de Nastagio (Decamerón V.8) entre sus paralelos: un exemplum de Cesáreo de Heisterbach, una superstición andaluza, una leyenda irlandesa». 1616: Anuario de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada, Anuario XII (2006): 181, que el texto de Cesáreo de Heisterbach no ha sido considerado por la crítica a la hora de analizar el relato de Boccaccio. Concretamente, el fundamental estudio de Perrus (1997) analiza desde una perspectiva diacrónica y comparatista el texto de Cesáreo de Heisterbach, junto con el de Helinando de Froidemont y otros testimonios varios, dentro de la misma tradición en la que se entronca la Estoria de Nastagio degli Onesti. Posteriormente, Lecouteux (1999, 55-59) realiza un análisis similar, aunque no tan exhaustivo como el anterior, pero también desde una perspectiva comparatista. Por tanto, las conclusiones de Pedrosa han de tomarse con sumo cuidado, ya que «Entre las muchas conclusiones que podríamos extraer [...] destaca una: que la novella [sic] de Nastagio degli Onesti es una encrucijada de tópicos, de metáforas, de símbolos, que concilia de modo armonioso, insuperable, genial, dos formas de entender lo divino y lo humano, el cuerpo y el alma, el bien y el mal, que para Boccaccio no eran antitéticas» (Pedrosa 2006, 181), sin concretar cuáles son todas esas «muchas conclusiones que podríamos extraer», mientras que, ya a partir de los otros artículos citados en esta nota, se observa que Boccaccio forjó su relato a partir de una amalgama de fuentes y tradiciones que, por otro lado, no podemos saber si eran o no antitéticas para él, pues no puede deducirse tal extremo a partir de la mera descripción de diversos testimonios de leyendas semejantes que Pedrosa realiza, en cuanto que la interpretación de las mismas no tiene que ser forzosamente aplicable al uso o visión que tuviese o quisiese dar Boccaccio de dichas fuentes.

[27] Manuel García Viñó, Mundo y trasmundo de las Leyendas de Bécquer (Madrid: Gredos, 1970), 92.

[28] Ángel Almazán, en su artículo “El Más Allá en Soria: la Caza Infernal de Beatriz en El Monte de las Ánimas de Bécquer” (publicado el 23 de noviembre de 2016 en elige.soria/el-mas-alla-en-soria-en-el-monte-de-las-animas-de-becquer), también señala la relación de Bocaccio con la leyenda becqueriana, pero, como el resto de autores, se centra en el episodio final del relato, sin señalar cómo es posible que, a partir del tema del Cazador Maldito, Bécquer llegase al mito de la Wilde Jagd, además de que no analiza en profundidad la influencia del italiano en el sevillano, sin duda debido al carácter eminentemente divulgativo de su artículo.

[29] El asunto de los cazadores fantasmales aparece también en Creed en Dios. Sobre su discusión, son imprescindibles los trabajos de A. H. Krappe, «Sur une legende de G. A. Bécquer (‘Creed en Dios’)», Neophilologus, XVII (1932): 273-77 y María Rosa Lida de Malkiel, «La leyenda de Bécquer Creed en Dios y su presunta fuente francesa». Comparative literature 5, núm. 3 (1953): 235-46.