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Refranero geográfico conquense

SILVA HERRANZ, José Antonio

Publicado en el año 2017 en la Revista de Folklore número 425.

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(Versión revisada y ampliada de «Notas sobre algunos refranes geográficos referidos a Cuenca». En Académica. Boletín de la Real Academia Conquense de Artes y Letras, número 5, de enero-diciembre de 2010, páginas 167-185).

Los lingüistas hablan de discurso repetido para referirse al «conjunto de expresiones enteras y más o menos complejas que figuran como tales en el acervo cultural de una comunidad, dotadas de un significado fijo y unitario y a las que puede hacerse referencia literal o simplemente aproximada o parcial en el uso cotidiano de la lengua»[1]. Las frases hechas, los refranes, los decires populares o las canciones alusivas, junto con otros muchos materiales de carácter esencialmente folclórico y preferentemente oral (a todos los cuales se les da también, globalmente, la denominación de dictados tópicos) forman parte de ese discurso repetido que se ha ido transmitiendo de generación en generación prácticamente hasta nuestros días. Es una evidencia incontestable, sin embargo, que en los últimos decenios este conjunto de manifestaciones populares está viviendo momentos de clara recesión. El refrán, la frase hecha, el dicterio satírico o la coplilla dirigida contra los habitantes de la población de al lado, por poner algunos ejemplos, tienen su hábitat natural en sociedades cerradas y poco desarrolladas en las que a menudo resulta eficaz el uso de la expresión previamente acuñada, capaz de resumir con brevedad y sencillez el sentido de la vida, las lecciones de la experiencia o la afirmación de la propia identidad; la complejidad del mundo actual, en cambio, ha herido de muerte esta parte de nuestro patrimonio cultural, de modo que sus manifestaciones son cada vez más esporádicas y residuales. Cierto que todavía hoy brotan dictados tópicos aquí o allá en el calor de la conversación, en la literatura o en el lenguaje periodístico, y cierto igualmente que también la lengua de nuestros días tiene sus propias formas de «discurso repetido»; pero lo que se va perdiendo o ha desaparecido definitivamente es ya mucho más de lo que sobrevive y en modo alguno puede ser compensado por las aportaciones de nuestro tiempo. Habría que hacer un esfuerzo, por tanto, para no perder del todo esta parte de nuestro acervo cultural y para conservarla fresca en nuestra memoria colectiva, habida cuenta de que las circunstancias en que se desenvuelven las sociedades modernas hacen imposible, quizás, mantenerla viva. «Debemos apresurarnos a recoger los restos del naufragio y a guardarlos en nuestro Museo –escribió en su día Gregorio Marañón, que fue uno de los primeros en percibir cómo insensiblemente se iban perdiendo muchas de estas manifestaciones de la cultura popular–. Pero entendámonos bien: no sólo como el que diseca para su recuerdo especies raras que se van a extinguir, sino con la profunda certeza de que la humanidad encontrará la fórmula vital que le permita volver a descubrir, en su masa, su pueblo»[2].

El refranero geográfico constituye uno de los elementos más destacados de los «dictados tópicos». A lo largo de los siglos, la imaginación popular y el ingenio de las gentes han creado multitud de dichos y frases hechas para expresar agudezas referidas a pueblos y ciudades, describir o exaltar sus elementos característicos, criticar a sus habitantes, reflejar las rivalidades entre localidades vecinas, inmortalizar episodios del anecdotario cotidiano, satirizar costumbres o comportamientos y dejar constancia, en definitiva, de circunstancias o acontecimientos dignos de figurar, por cualquier razón, en la memoria colectiva de una comunidad. Por pequeño que pueda ser, no hay lugar que no tenga sus refranes propios o sus dichos característicos, y el conjunto de todos ellos forma un inabarcable corpus en el que la socarronería, el humor, la caricatura, la malicia, el juego, la sátira y el ingenio conviven en abigarrada mezcla con la experiencia de la vida, la moralidad, la observación juiciosa o el sentido práctico, por citar sólo unos pocos de los innumerables aspectos que en el refranero (y, en particular, en el refranero geográfico) pueden confluir.

Presentamos a continuación unos cuantos dictados tópicos referidos a la ciudad de Cuenca y a localidades de su provincia[3]. Algunos son bien conocidos e incluso están todavía vivos en el habla popular; otros –la mayoría– cayeron en desuso hace tiempo y duermen el sueño del olvido, arrumbados en el arca de los trastos viejos cuya existencia ni siquiera recordamos ya o a los que no sabemos qué utilidad dar. La recopilación que aquí hacemos no tiene ninguna intención de crear un repertorio exhaustivo y acabado de los refranes geográficos conquenses, y no aspira más que a recordar unos cuantos suficientemente representativos y, en unos pocos casos, a explicarlos brevemente o a comentar alguna circunstancia que ayude a entenderlos o a conocer el uso que tuvieron en el pasado. Eso sí, hay que dejar bien claro desde el principio que, como apuntábamos un poco más arriba, el refranero geográfico es, con frecuencia, fruto de la rivalidad entre poblaciones vecinas o de la animadversión que las gentes de unos lugares han sentido hacia los habitantes de otros, por lo que a menudo presenta un marcado carácter crítico, satírico o despectivo que puede llegar a ser incluso abiertamente ofensivo o infamante; Fernando Díaz-Plaja se refirió a este rasgo peculiar de nuestras paremias geográficas al señalar como uno de los pecados capitales de los españoles el de la envidia, pues es precisamente ésta la que, en su opinión, lleva a los moradores de un pueblo o una ciudad a motejar a los de la localidad de al lado de sucios, vanidosos, ignorantes, míseros, hipócritas o cualquier otra lindeza de la misma especie[4]; Moreta Lara y Álvarez Curiel han incidido en la misma idea más recientemente al afirmar que «con el refranero se puede dibujar toda una geografía del insulto, concluir una gramática de la injuria o asistir a una exhibición de la violencia más sádica»[5], afirmaciones que se podrían ilustrar con cientos de ejemplos que darían para llenar por sí solos y sin ningún tipo de comentario varios artículos como éste. Como se podrá comprobar enseguida, no rehuimos aquí ese aspecto peyorativo o denigrador de las paremias geográficas conquenses, pero sí renunciamos consciente y voluntariamente a traer a estas páginas refranes (o versiones de refranes) groseramente insultantes que nada añaden a la comprensión del fenómeno analizado.

Comenzamos con unos cuantos refranes en la mayoría de los cuales es perfectamente visible ese carácter satírico o despreciativo del que hablamos. Entre los abundantes ejemplos con que el mencionado Díaz Plaja ilustraba ese rasgo de las paremias geográficas españolas figuraba Con los de Cuenca, ni trato ni cuenta, abusiva e injusta generalización que convierte a todos los conquenses en gentes de poco fiar sin más justificación que la proporcionada por el puro juego verbal con la pareja de parónimos asonantados Cuenca/cuenta; el dicho es tan conocido que incluso un escritor extranjero –el irlandés Walter Starkie– lo recogió en la que seguramente es su obra más conocida para señalar cómo el mero despecho podía condenar a las gentes de una ciudad o región a sufrir para siempre una frase desdeñosa como esa[6]. La rima, esencial en la mayor parte de los refranes, es, de hecho, junto con el deseo de molestar o de ofender, la única base de la mayor parte de los refranes geográficos de intención satírica, como puede verse en los siguientes ejemplos:

- La Alcarria sólo da dos productos: miel y brutos.

- Leganiel, ni ella ni él.

- San Clemente, mal pueblo y peor gente.

- Chillarón, cuatro casas y un ladrón.

- Navalón, en cada casa un ladrón; [en casa del alcalde, el hijo y el padre, y en casa del alguacil, hasta el candil][7].

- Ni huerta sin riego ni hombre de Priego.

- De Leganiel, ni borrico ni mujer.

- De Palomera ni moza ni leña.

- Castillejo del Romeral, mucha leña y poco pan.

, Borrico de Huelves y mujer de Uclés, no me des.

, Alcalá de la Vega, fama de mozos; pero, entrando la quinta, mancos y cojos.

- Los de Leganiel pagan tarde, pero pagan bien; [por pagar a Pedro pagan a Juan, y dos veces tienen que pagar].

- El convite de Alcantud: invito yo y pagas tú.

- Los de Villarta, perra que cogen perra que gastan. Etcétera.

La crítica o el contenido satírico son a veces más elípticos o velados; así, por ejemplo, el refrán El que se casa en La Graja, La Puebla o La Pesquera, más vale que su madre no lo pariera advierte indirectamente sobre la supuesta mala condición de las mujeres de esas tres localidades conquenses; Mozos de Cuenca y potros de Carboneras, hasta las eras avisa de que no se puede poner demasiada confianza ni en unos ni en otros, pues ambos tienen poca resistencia y con ellos no se puede llegar muy lejos; Si vas a Priego, echa pan en el talego o Si vas a Beteta, echa pan en la chaqueta parecen acusar de falta de hospitalidad a los habitantes de los pueblos a los que hacen referencia, tal y como dejan bien claro otras versiones del mismo refrán algo más explícitas y, a veces, un poco más largas:

- ¿A Carboneras vas? Echa pan y comerás.

- Si vas a Vindel, echa pan en el fardel, [pues en caso contrario te quedarás sin comer]

- Si vas a Torrejoncillo a la fiesta de San Blas, echa pan en el bolsillo, pues, si no, no comerás[8].

En algún caso excepcional, el contenido crítico o satírico llega incluso a ser críptico. Es el caso de ¿De Cuenca sois? Buen provecho os haga, refrán que, como vamos a ver enseguida, muestra también cierto desdén hacia los conquenses; un desdén que se convierte en insulto abierto (aunque oculto) en una versión más larga que recogió Bartolomé de Villalba y Estañá hacia finales del siglo xvi en El pelegrino curioso y grandezas de España. Es esta una obra que algunos consideran el primer libro de viajes por nuestro país escrito no con prácticos fines históricos, científicos, económicos o de exaltación regia o patria, sino por el simple deseo de conocer tierras y gentes[9]; el fragmento en el que se encuentra el refrán pertenece al momento en que, tras haber visitado los lugares más interesantes de la ciudad de Cuenca, y cuando ya se disponen a abandonarla, el protagonista del libro y su acompañante intercambian impresiones acerca de lo que en ella han visto:

El Pelegrino prosiguió su viaje –escribe el narrador– tratando con su compañero cosas de las vistas. Al cual le preguntó: «Di, ¿qué te ha parecido de esta ciudad?» y el compañero le respondió: «Hame parecido prado de fregonas y casa poblada de lacayos», que nunca topábamos otro. «Debe de ser causa de esto la mucha clerecía que allí hay […]. También recuerdo que siendo muchacho, oí decir de Cuenca lo siguiente: “¿De Cuenca sois? buen provecho os haga; de una de dos cosas no escaparéis, de nieto de San Pedro o de vecino de la Coracha”». «Verdad es, dijo el Pelegrino, todo eso que dices, mas es muy buena ciudad; […] y para ser la primera ciudad de nuestro viaje, no me descontenta»[10].

El sentido despreciativo del refrán parece evidente en ese contexto y justifica que la respuesta del peregrino a las palabras de su acompañante intente contrarrestar la carga negativa que hay en ellas; ahora bien, ¿por qué la frase de una de dos cosas no escaparéis, de nieto de San Pedro o de vecino de la Coracha resulta no sólo desdeñosa, sino insultante para los conquenses? La respuesta es compleja y requiere una explicación detallada: en realidad, parece tratarse de una forma velada de decir que el natural de Cuenca o era un bastardo o era un judío, palabras ambas de evidente significado injuriante. Lo primero estaría implícito en la expresión «nieto de san Pedro», que vendría a significar «hijo de la unión ilícita entre una mujer y un sacerdote» (el propio acompañante del peregrino dice en el texto que en la ciudad había «mucha clerecía»); con ese mismo sentido la utiliza Lope de Vega, por ejemplo, en el siguiente fragmento de Los donaires de Matico:

BELARDO

¿Hijo de clérigo eres?

MATICO

Honra mejor a las mujeres

y hazme nieto de san Pedro[11].

En cuanto a la referencia a «la Coracha», según parece existió una puerta de acceso a la ciudad con ese nombre en el barrio del Alcázar, hacia la hoz del Júcar[12], en un laberinto de calles en el que, como ha señalado Pedro Miguel Ibáñez, vivieron durante mucho tiempo la mayor parte de los judíos que, transformados en conversos, permanecieron en Cuenca tras la expulsión de 1492 (el propio Pedro Miguel Ibáñez ha recordado que todavía en pleno siglo xvi –y El pelegrino curioso es del año 1577– era popular en Cuenca el dicho «Los del Alcázar, todos judíos»[13]). Por tanto, «vecino de la Coracha» vendría a significar, sin más, «judío», que era «voz de desprecio y injuriosa», según el Diccionario de Autoridades.

Aunque se refieren a Cuenca o a localidades de su provincia, y con la excepción del último mencionado (que, al menos en su versión larga, y por la referencia que hace a «la Coracha», parece exclusivo de la capital conquense), todos los refranes que hasta aquí hemos mencionado pueden encontrarse aplicados a otros lugares de la geografía española favorecidos (o quizá habría que decir, más bien, perjudicados) por la rima (De Jaén, ni borrico ni mujer; Malagón, en cada casa un ladrón; Terriente, mal pueblo y peor gente, etc.) En realidad, esto ocurre con muchos refranes, tengan o no valor despectivo. Entre los referidos a la provincia de Cuenca podemos encontrar algunos otros ejemplos: El sacristán de La Peraleja, que ni canta ni deja (versión local del conocidísimo El perro del hortelano, que ni come ni deja) se aplica con el mismo sentido a otras poblaciones de igual rima como Peraleda o Villavieja (hay pueblos con esos nombres en varias provincias españolas); La vendimia de Uclés, que empieza a las dos y termina a las tres (refrán al que se añade a veces Es más corta la de Acebrón, que comienza a la una y termina a las dos) tiene versiones referidas a otros lugares, y entre ellas no faltan las relacionadas con alguna otra localidad conquense, como La vendimia de Vindel, que empieza a las nueve y termina a las diez. Igual ocurre con La procesión de Algarra, dos por delante y dos a la zaga o La procesión de Algarra, cuatro por tres calles, que se usan para expresar que algo se ha realizado con poco lucimiento por la escasez de participantes y tienen otras versiones como La procesión de Artica, dos chicos y una chica (Artica está en Navarra). Etcétera.

Abad de Zarzuela, comisteis la olla y pedís la cazuela es refrán «con que se nota y reprende la demasiada ambición de los que no se contentan con lo lícito y competente para su decencia y mantenimiento, sino que todo lo pretenden y quieren para sí». Está recogido en el Diccionario de Autoridades, y presenta variantes como El abad de Compostela, que se comió el cocido y aún quería la cazuela; aunque no necesariamente debe verse en él una intención anticlerical, es obvio que también puede ser interpretado en tal sentido, entendiéndolo como uno más de los muchos dichos, cuentecillos y cantares que la imaginación popular ha ideado para criticar o denigrar a los hombres de iglesia[14].

El que pueda vivir, viva / entre el Tajo y Altomira es refrán que pondera, según Fermín Caballero, «la bondad del país encerrado entre el río Tajo y la sierra de Altomira, provincia de Cuenca»[15]. Enigmático resulta, en cambio, En Reguila y Mira hay tesoro para toda Castilla, pues no hay en España ninguna población que lleve el nombre de Reguila; el dicho tiene equivalentes en otros lugares de nuestro país: en tierras de Salamanca, por ejemplo, existen variantes como Entre Quil y Quila hay plata y oro para toda Castilla, Entre Quila y Quilama hay más plata y oro que en toda España o Entre Quila y Quilama hay plata para comprar a España, versiones que se justifican en la existencia de la sierra de Quilama (una de las estribaciones de la Sierra de Francia), donde hay una montaña llamada el Pico de la Cueva en la que, según la leyenda, se esconderían ocultos tesoros. En cualquier caso, no está claro qué tienen que ver estos lugares con la localidad conquense de Mira ni cuáles son las riquezas que se guardarían en ella. Resultan evidentes, en cambio, los prodigios a que se refiere el dicho Si quieres ver maravillas, entra en la cueva de Pedro Cotillas; según Sebastián Miñano, esta cueva es una «caverna de España, a 3 leguas de la ciudad de Cuenca, en lo alto de los cerros, cuya profundidad es espantosa, y su particularidad consiste en la petrificación de las aguas que destilan las paredes y techo de la cueva, convirtiéndolas en figuras muy extrañas y cristalinas»[16]. De este refrán existen variantes como Si quieres ver maravillas, vete a Las Mercedes, niña, propia, al parecer, de la isla de La Gomera.

También se aplica a otros lugares, como Villalón (en Valladolid) o Malagón (en Ciudad Real) Los de Navalón le pusieron pleito al sol, refrán que tiene su origen en un cuentecillo tradicional de raíz folclórica sobre unos aldeanos que se querellan contra el astro rey porque éste hiere sus ojos lo mismo cuando van de mañana a la ciudad que al regresar de ella al atardecer. La historia está recogida literariamente en obras de Villergas o Ayguals de Izco, entre otros autores, y tiene una de sus más conocidas expresiones en la novela Vida de Pedro Saputo, un relato de mediados del siglo xviii en el que el protagonista corre una serie de aventuras que van enlazando anécdotas, cuentos, chistes, dichos y burlas de raíz netamente picaresca. La acción se sitúa en Almudévar, en la provincia de Huesca, y la historia se cuenta así:

Dicen, pues, que mientras Pedro Saputo estuvo en la corte, pusieron los de su lugar pleito al sol, y que cuando llegó de Zaragoza […] le dijo uno del concejo:

–Con mucho deseo, oh hijo nuestro Pedro Saputo, esperábamos tu venida al lugar para darte cuenta de una cosa que hemos hecho y que tú con tu mucha agudeza y sabiduría nos has de ayudar a llevar a buen cabo y final cumplimiento. Has de saber que habrá un mes pusimos un pleito al sol... Apenas oyó esto Pedro Saputo, dijo:

–¡Pleito al sol!

Y respondió uno de la plaza:

–Pleito al sol, sí, pleito al sol; porque siempre nos fiere de frente en el camino de Huesca. ¿Vamos allá? Nos fiere la cara; ¿venimos de allá?, nos torna a ferir la cara. Y el otro día a Simaco Pérez y a Calisto Espuendas les sucedió que de así ferirles el sol se tornaron cegatos; y como esto aconteció ya a otros en otras ocasiones pasadas no queremos que nos acontezca a todos, hoy uno, mañana dos, porque después los de otros lugares nos farán mueca y nos llamarán ojitos y guiñosos. Por eso hemos puesto pleito al sol, y hasta que le ganemos y no nos fiera más de cara en el camino de Huesca, no hemos de parar[17].

La atribución del cuentecillo, convertido en paremia, a Navalón parece motivada tanto por la asonancia que exige la estructura bimembre del refrán como por la posición geográfica de esa localidad en relación con la capital conquense: también a sus habitantes, como a los de Almudévar, el sol les «fiere la cara» cuando se desplazan a la ciudad por las mañanas y se la «torna a ferir» en su regreso al pueblo, al atardecer.

Aunque reviente Sancha la Bermeja, de Belinchón será la dehesa es refrán que se emplea para referirse a situaciones en las que se quiere conseguir algo cueste lo que cueste. Su origen podría estar en una supuesta disputa entre Tarancón y Belinchón, localidades que en tiempos pasados habrían tenido sus diferencias por la propiedad de una dehesa; según una tradición popular, después de muchas discusiones y enfrentamientos se decidió resolver el pleito en favor de la localidad que presentara a la persona más bebedora, que fue una mujer de Belinchón llamada Sancha la Bermeja. No parece, sin embargo, que la historia pase de ser una simple leyenda presente también en otros lugares de la geografía española; el refrán se aplica asimismo a Bañuelos, en la provincia de Guadalajara, y en Santo Domingo de la Calzada (en La Rioja) hay una versión muy parecida que afirma: Aquí morirá Sancha la Bermeja, y con Santo Domingo quedará la dehesa.

Verdelpino, pepinos; Huete, cebollas, y Carrascosa, garbanzos para las ollas es un buen ejemplo de un cierto tipo de refranes, muy extendidos por toda España, en los que se singulariza a diferentes localidades asociándolas a algún producto característico de cada una de ellas; de la misma clase es En Barajas, pepinos; en Belinchón, sal, y en Tarancón, borrachos, no pueden faltar, un refrán que Fermín Caballero comentó diciendo que en él se expresan «las producciones más notables de estos pueblos del obispado de Cuenca, pues en el primero abundan las hortalizas, en el segundo hay una salina real, y en el tercero una gran bodega»[18]; la Canción de los veinte lugares que recogió Marino Poves en distintos lugares de la zona hace parecidas atribuciones al referirse a los habitantes de esas localidades, y llama pepineros a los de Barajas y bebedores a los de Tarancón[19]. No obstante, y dado que el refrán habla de productos típicos, no es descartable que en la referencia a los borrachos de esta última localidad se juegue con el doble sentido que esa palabra tiene en ella, donde se da ese nombre a unos dulces. A productos característicos se refieren igualmente otros refranes que no requieren explicación alguna:

Fruta nueva en Rozalén, pepinos por San Miguel.

Buenas truchas, en Cuenca hay muchas.

De Ciudad Real el tasajo, y de Cuenca el zarajo.

Morteruelo y ajoarriero son en Cuenca lo primero, etc.

Di que eres de Cuenca y entrarás de balde tiene su origen en el privilegio que otorgó Alfonso VIII a los habitantes de la ciudad al concederles, entre otras cosas, estar libres del pago de portazgos y montazgos en todos los dominios de Castilla[20]. Es dicho muy conocido que, sin embargo, no aparece en las recopilaciones clásicas de refranes[21], y su uso se ha hecho proverbial para indicar la posibilidad de lograr el acceso a un sitio vedado o reservado; a veces también se utiliza irónicamente para criticar determinados privilegios o favores logrados mediante trampas y engaños.

El esplendor que vivió Cuenca en épocas pasadas, cuando fue una de las principales ciudades de Castilla y albergó la sede de un obispado muy importante[22], justifica el refrán Cuenca y Sigüenza, Córdoba y Plasencia; así lo explicaba Fermín Caballero: «Las mitras de estos cuatro obispados son las más ricas de España entre las de su clase, pues se valuaban sus rentas de cuarenta a cincuenta mil ducados. Aunque en el día hayan decaído, como todas, siempre serán las más pingües»[23]. Parecido origen tiene el dicho Arcediano de Toledo, deán de Jaén, chantre de Sevilla, maestrescuela de Salamanca, canónigos de Cuenca, racioneros de Córdoba, que hace referencia a las dignidades más apetecibles de las catedrales españolas, por los beneficios que proporcionaban a sus ocupantes.

Que yo te vea llegar / a ser arriero de Almodóvar del Pinar no aparece en los repertorios clásicos de refranes, pero está recogido por Álvarez Martínez del Peral en artículo del periódico El Día de Cuenca del 5 de septiembre de 1929. El dicho deja constancia de un hecho bastante poco conocido, como es el de la importancia que en épocas pasadas tuvo la asociación o hermandad de carreteros de aquella localidad conquense; esta hermandad llegó a formar parte de la Cabaña Real de Carreteros, que a imitación del Honrado Concejo de la Mesta (o Cabaña Real de Ganaderos) agrupaba asociaciones repartidas por distintos lugares de toda España y movía una parte muy importante del transporte en la Península[24]. La actividad de la carretería alcanzó un elevado desarrollo y en ella florecieron algunos grandes empresarios que no sólo reunieron un número muy alto de carretas, sino que hicieron incursiones en otros sectores como el de la ganadería; su importancia económica, por tanto, bastaría para explicar el tono de buen deseo que tiene el refrán. Una justificación histórica tiene también el dicho No consienten nuestras leyes hidalgos, frailes ni bueyes, propio de Gascueña; según parece, esta localidad fue lugar de behetría donde todos eran labradores honrados, y el pueblo podía elegir como señor a quien quisiese con absoluta libertad. Según el fabulista Tomás de Iriarte, que visitó Gascueña a finales del siglo xviii, los hidalgos y los frailes quedaban excluidos por sus privilegios, mientras que los bueyes se rechazaban porque destruían y se comían los olivos, razón por la que en las labores del campo eran sustituidos por las mulas; el propio Iriarte indicó que el refrán estuvo escrito, a modo de lema, en el frontispicio del ayuntamiento de Gascueña[25].

A Belmonte, caldereros, que dan jubones y dineros es paremia irónica que procede de una anécdota real (o de un cuentecillo tradicional, que en esto hay alguna diferencia en los autores que lo han glosado) según la cual el marqués de Villena obligaba a los caldereros franceses que pasaban por Belmonte de regreso a su país a cambiar sus deterioradas vestimentas (de las que formaban parte los jubones) por otras completamente nuevas, para que volvieran a sus casas vestidos con decoro; el problema para ellos –y de ahí el sentido irónico del refrán– era que en sus viejas ropas solían esconder el dinero que habían ganado durante su estancia en España, que con el cambio de atuendo pasaba a manos del codicioso marqués. Verdadera o inventada (más bien parece lo segundo que lo primero), la historia alcanzó una enorme popularidad durante los Siglos de Oro: Maxime Chevalier la vio en un denominado Floreto de anécdotas y noticias diversas que recopiló un fraile dominico residente en Sevilla a mediados del siglo xvi, y la recogió Cervantes en las páginas de La Gitanilla («Por un doblón de dos caras –dice la «abuela» de Preciosa– se nos muestra alegre la triste del procurador y de todos los ministros de la muerte, que son arpías de nosotras las pobres gitanas, y más precian pelarnos y desollarnos a nosotras que a un salteador de caminos; jamás, por más rotas y desastradas que nos vean, nos tienen por pobres; que dicen que somos como los jubones de los gabachos de Belmonte: rotos y grasientos, y llenos de doblones»[26]); otros ecos del cuentecillo pueden encontrarse en obras de autores como Salas Barbadillo (Corrección de vicios), Lope de Vega (Llegar en ocasión) o Tirso de Molina (Los cigarrales de Toledo). Prueba de lo conocida que era la anécdota hacia los siglos xvi y xvii son también unos versos de la Farsa del Sacramento, llamada de los lenguajes, aportados por el ya citado Maxime Chevalier; en ellos, el Bobo dice, dirigiéndose a un francés: «Mejor hubiera sido / ir a Belmonte de paso / y dejar allá el vestido». La situación –comenta el propio Chevalier– «es clarísima: quien conoce el cuento (o pulla) entiende el texto; a quien no lo conoce se le escapa la escena»[27]; cierto, sin duda, pero no lo es menos que el significado del fragmento sería demasiado críptico si no pensamos en un conocimiento bastante generalizado de la anécdota de los caldereros franceses y el marqués de Villena.

A una anécdota (real o inventada) puede responder también el dicho Ser como los de Pineda, [que desnudaron a un santo para vestir a otro]. Se cuenta que, como no disponían de medios para encargar una talla de Santa Ana, los habitantes de Pineda de Gigüela quitaron la mitra y la barba a otra de san Julián (el patrón de la ciudad de Cuenca) y la arreglaron de modo que la imagen pudiera pasar por la de una mujer; la historia inspiró los siguientes versos burlescos: «Santa Ana de Pineda / que de Cuenca fuiste obispo, / y vos, señor san Julián, / abuela de Jesucristo»[28].

Dale, dale, y chápate en Cuenca es refrán que, según Correas, se usaba en las propias tierras conquenses para reconvenir «al que dice necedades una tras otra»[29], mientras que Por golosina de Cuenca no dejes tu rueca advierte de la inconveniencia de abandonar una actividad provechosa para ir en busca de algo aparentemente más atractivo, pero de escaso valor, en realidad; el propio Correas señala que era refrán usado en Aragón, y él nos da también la clave para entender su significado cuando nos aclara a qué se refiere la expresión golosina de Cuenca: «dase allí –dice– limosna de pan a todos los pobres ciertos días del año por memoria que hay para ello»[30]. En cuanto a Cuenca de cabezas y Valencia de piernas, se ha interpretado desde Correas como referido a enfermedades, «porque las de cabeza –dice Fermín Caballero– son malas de curar en Cuenca, ciudad elevada y combatida de los vientos, y los males de piernas se prolongan con la humedad y el mucho riego del terreno bajo de Valencia. También es cierto el adagio tomado materialmente, pues Cuenca está por cabeza o en lo más alto y Valencia en lo más bajo o a los pies»[31].

Ceca y Meca y los arrabales de Cuenca es, sin duda, paremia de significado similar a [Andar] de la ceca a la Meca, frase proverbial, a su vez, cuyo origen ha sido explicado de diferentes modos. Sebastián de Covarrubias, por ejemplo, dice que Ceca era cierta casa de devoción en Córdoba, «a do los moros venían en romería», y añade que «de allí se dijo andar de Çeca en Meca»[32]. Correas coincide con él cuando indica que «andar de Ceca en Meca» se dice «de los que andan de una parte a otra y en partes diferentes, vanamente ocupados y sin provecho»; pero, en su opinión, Ceca y Meca no harían referencia a lugares reales, sino que serían «palabras castellanas enfáticas, fingidas del vulgo para pronombres indefinidos de lugares diversos que no se nombran, como son […] otras infinitas palabras de este género, hechas por el énfasis del sonido»[33]. La frase ha corrido de boca en boca durante siglos («Y lo que sería mejor y más acertado –le dice Sancho Panza a don Quijote, por ejemplo– […] fuera el volvernos a nuestro lugar […] dejándonos de andar de ceca en meca y de zoca en colodra, como dicen»[34]), y presenta variantes geográficas como las catalanas Andar de Ceca a Meca y la Val de Andorra y Corra la Seca, la Meca y la Vall d’Andorra, o como la que aquí recogemos referida a los arrabales de Cuenca. Esta última le inspiró a Sebastián de Horozco la siguiente glosa moralizante:

Quando la pobre muger

usar mal de sí comiença

no save rienda tener

y en breve viene a perder

totalmente la berguença.

No quiere labor ni rueca,

mas haçe lo que otras tales

y públicamente peca

andando a Çeca y a Meca

y a Cuenca y sus arrabales[35].

Buena es Cuenca para ciegos, o Hecha es Cuenca para ciegos, «dízese irónicamente por el cuidado con que se deve andar por ella, especialmente si es invierno y están heladas las calles»[36]. El refrán se utiliza para resaltar la dificultad de alguna cosa o para expresar que se carece de medios para vencerla, como muestra el siguiente fragmento de El guitón Honofre, una narración que coincide cronológicamente con la segunda parte del Guzmán de Alfarache y ofrece cierta importancia respecto a la conciencia genérica de la novela picaresca en el siglo xvii; el protagonista del relato ha estado escondido en una casa de recreo de los jesuitas (donde había entrado a robar unas aves), esperando la ocasión para escapar de ella; cuando al fin puede intentarlo, no encuentra la salida, a pesar de buscarla durante un largo rato: «Volví a mi puesto –dice, escondiéndose de nuevo–, que, aunque es verdad que de mejor gana tomara otro, quien otra no tiene con su mujer se acuesta, ya está hecha Cuenca para ciegos, acomodar la necesidad al trabajo»[37]. Un sentido bien distinto le dio Góngora al dicho al incluirlo en un conocido soneto satírico, compuesto en ocasión en la que «fue don Luis a Cuenca, habiendo escrito una señora de Madrid a otra de aquella ciudad pidiéndole le festejase, y el agasajo que le hizo, una vez sola que se dejó visitar, fue hacer que salieran a entretenerlo dos criadas suyas muy feas»; despechado, el gran poeta cordobés escribió:

¿Son de Tolú, o son de Puertorrico,

ilustre y hermosísima María,

o son de las montañas de Bujía

la fiera mona y el disforme mico?

Gracioso está el balcón, yo os certifico;

desnudadle de hoy más de celosía.

Goce Cuenca una y otra monería,

den a unos de cola, a otros de hocico.

Un papagayo os dejaré, señora

(pues ya tan mal se corresponde a ruegos

y a cartas de señoras principales),

que os repita el parlero cada hora

cómo es ya mejor Cuenca para ciegos,

habiéndose de ver fierezas tales[38].

Como ha ocurrido con frecuencia con otros muchos refranes, también a éste se le han añadido algunas coletillas, y así se dice, por ejemplo, Hecha es Cuenca para ciegos y Huete para descalabrados y Hecha es Cuenca para ciegos y Villalón para mantenerlos. Lo de Huete para descalabrados podría hacer alusión irónica e indirecta (a través de la frase Siempre sale descalabrado el que pleitea por pobre) a la mala fama que, como veremos un poco más adelante, tuvo la justicia en la localidad optense en tiempos pasados. En cuanto a lo de Villalón para mantenerlos, ha recibido al menos dos explicaciones bien distintas. Gonzalo Correas indica que la Cuenca a la que hace referencia el refrán «es una villa en Campos junto a Villalón, que es mayor lugar; tiene más gracia el refrán de lo que parece: […] comienza a decir que Cuenca es buena para ciegos; entiéndelo por Cuenca de Güete, y porque no le cojan en manifiesta mentira, tomándola sin ironía, corrígese y muda el sentido a la Cuenca de Campos, añadiendo y Villalón para mantenellos»[39]. Bartolomé de Villalba, en cambio, ofrece en El pelegrino curioso y grandezas de España la siguiente justificación del dicho, más netamente conquense (y mucho más divertida):

Viendo la ciudad apiñada, entraron por donde se hace obra blanca, muy buena y de buen barniz, y ansí hablando, dijo el Pelegrino á Filiciano que por qué se dezía hecha es Cuenca para ciegos y Villalón para mantenerlos. Riéndose respondió Filiciano: «ya veis la aspereza de esta ciudad que para los sanos es fragosa, ¿qué hará á los ciegos? Y por ironía se dize que Villalón es un mesonero que hurta a los que tienen cuatro ojos, ¿qué hará, pues, a los que no tienen ninguno?» Luego dijo el Pelegrino: «por vuestra vida que me aviséis dónde vive el tal, porque me desvíe de su posada». Y en llegando, que llegaron, a la suya, vieron que era la misma del Villalón, sin saberlo; y reconociendo su hatillo el Pelegrino, vio que le habían aligerado del bagaje dos camisas, y viendo esto, pacientemente y con donaire le dijo:

¡Oh buen hombre Villalón!

Que siendo amigo del Dío,

suena tanto su blasón

que vemos que usa de pío

el oficio de ladrón;

ladrón sin ser Villalón

fuera cosa mal pensada,

mas Villalón y ladrón

por Dios, que es cosa acertada,

y ansí os doy absolución[40].

Corra Júcar por do suele parece versión local de los refranes de carácter más general «Corra el agua por do suele» o «Corra el río por do suele», a los que se les añade, a veces, la coletilla «y lo que haya de llevar, lleve»; todos ellos se utilizan cuando se quiere expresar que las cosas deben seguir su rumbo o su curso natural, ya que no es posible darles un giro distinto del que han tomado. En cuanto a Júcar y Huécar, y Cuenca en medio, lo recoge el Tesoro de Covarrubias[41], y Fermín Caballero ofrece una versión algo ampliada en La imprenta en Cuenca cuando, al dar noticia del libro Historia eclesiástica de todos los santos de España, de fray Juan de Marleta (publicado en 1596), indica que en su cuarta parte pueden leerse «dos proverbios de la ciudad de Cuenca, alusivos a su encumbrada situación, que entonces serían vulgares y ahora desconocen los más de sus moradores. Es el uno –añade– Xúcar y Güécar / y Cuenca en medio, / y júntanse en el Remedio. Que expresa bien su asiento en la confluencia de los dos ríos, donde estaba la ermita de Ntra. Sra. del Remedio»[42]. De temática fluvial es igualmente Tajo tiene la fama y Guadiela lleva el agua, del que el propio Fermín Caballero hace el siguiente comentario: «Cuando confluyen estos dos ríos cerca del desierto carmelitano de Bolarque, en la Alcarria, traen 23 y 18 leguas de curso, de suerte que ambos son caudalosos; pero Guadiela pierde el nombre y Tajo lo usurpa, continuando con el suyo. Por eso manifiesta el adagio que, aunque Tajo es el nombrado, Guadiela le da su principal caudal»[43]. Finalmente, a un río hace alusión también En Cuenca hay un puente para pasar Moscas, refrán que se dice «por gracejo», según Antonio Ponz en su Viage de España[44], y que fue recogido por Alexandre de Laborde en el Itineraire descriptif de l’Espagne: «Las aguas del río Moscas, que nace en la sierra de Cuenca y que pasa por Valera [sic], a cinco leguas de Cuenca, en Castilla la Nueva, son ligeramente saladas», dice el escritor francés, quien añade en nota: «El nombre de este río ha dado lugar a un juego de palabras de sentido ambiguo: […] se dice hay un puente para pasar moscas, lo que significa a la vez hay un puente para pasar el río Moscas y hay un puente para que pasen las moscas»[45].

Ni viña en Cuenca ni pleito en Huete se utiliza para referirse a aquellos asuntos de los que sólo cabe esperar exiguos beneficios o largas y penosas molestias. Correas lo anota en una de sus variantes señalando que «viña no es buena en Cuenca, porque no hay buen suelo, y hay muchos que la destruyan y disfruten; pleitos son malos de acabar en Güete, porque todos son compadres, y se dificulta la justicia»[46]; Covarrubias, por su parte, lo explica diciendo que «las viñas de Cuenca son muy ruines y suélenlas vendimiar los que no las podaron ni cavaron; los pleytos en Güete dizen ser largos, pero todo el mundo es Güete»[47]. Es refrán con distintas versiones que presenta carácter admonitorio en Viña en Cuenca y pleito en Huete, y cátate, pobrete y alcanza incluso el tono imprecatorio en Dios te dé viña en Cuenca, y mujer fuerte, y pleito en Huete, aunque Fermín Caballero no le viera tal sentido a este último y le diera un significado meramente descriptivo: «Para expresar lo difícil que son buenas viñas en la fría sierra de Cuenca –dice– y pleito bien fallado en Huete, lo equipara a lo raro que es hallar una mujer fuerte, según aquel texto del Apóstol ¿Mulieren fortem quis inveniet? De lo primero hay una causa natural en el clima, y lo segundo se refiere sin duda a época en que la curia de Huete era tan ruin como la ciudad, si ya no es que los curiales de tan pequeños pueblos tienen necesidad de ser tiranos con los pocos litigantes que atrapan»[48].

El propio Fermín Caballero señala que a la mala fama de los curiales de la justicia en esa localidad alude igualmente A Huete, que no hay justicia, «y aquel otro, que aún se conserva en la época actual, alcanzando a más personas que a las de la curia, A Huete, míralo y vete»[49]. En la misma línea se puede situar Judío de Huete, malo en vida, peor en muerte, en el que el evidente antisemitismo no es, quizá, ajeno a la circunstancia de que durante la Edad Media los judíos de esa localidad se dedicaban «a la cobranza de tributos y ejercían la usura en la profesión de prestamistas a excesivo interés»[50].

A Huete, por crianza, A Huete, que crianza mete y A Huete, que es lugar donde enseñan crianza son refranes que nacieron de una supuesta rivalidad que habría existido en tiempos pasados entre los habitantes de esa ciudad y los de la capital conquense: «los de Cuenca tienen por groseros y libres a los mozos de Güete –señala Correas al referirse al primero de los dichos citados–, y para decir de uno que es para poco y holgazán, dicen: Es de tierra de Güete; y en la plaza de Cuenca, cuando el toro va tras alguno, que todos dicen: Dios te guarde, hombre, añaden: Si no eres de Güete»[51]. En cuanto a San Blas de Huete, por sanar uno mató siete tendría su justificación en el hecho de que «la ermita de San Blas está en un sitio tan alto que se cansan mucho los que allá suben, y suelen resfriarse bebiendo agua fría con el sudor»[52]; es posible que el refrán naciera de algún hecho real (quizá subieron a una ermita varias personas con un enfermo para pedir al santo su curación y se indispusieron todas al beber agua fría), pero también puede decirse sólo por matraca contra los de Huete –como diría Correas–, pues ni ahora ni en el pasado ha habido en esa localidad una ermita con el nombre de San Blas[53].

El puro juego fónico explica el refrán Pajarón, Pajaroncillo; Valdemoro, Valdemorillo; Cañete y Salvacañete, y La Huérguina, que son siete, al que se añade, con frecuencia, y Salinas y Alcalá, pueblos como los demás. Fermín Caballero se refiere a él para explicar que «son pueblos contiguos de la provincia de Cuenca, cerca de la villa de Cañete. De los seis primeros –añade–, tres son radicales y los otros tres derivados de ellos o compuestos»[54]. Estaos en Moya, y llevaba un odre a cuestas podría utilizarse, si interpretamos correctamente a Correas, como burla hacia «el que salió y le parecía haber medrado en la ajena tierra»[55], mientras que El milagro del santo de Pajares, que ardía él y no las pajas quizá servía para desacreditar a las personas de cuyas buenas acciones cabe desconfiar; hay algunas referencias literarias al santo de Pajares (Quevedo, por ejemplo, lo menciona en un fragmento de El sueño de la muerte), pero es en este fragmento de La dama boba, de Lope de Vega, donde probablemente la alusión está más cercana al dicho que aquí comentamos:

CLARA:

Apenas el copo ardió,

cuando, puesta en él de pies,

me chamusqué; ya lo ves.

FINEA:

¿Y el papel?

CLARA:

Libre quedó,

como el santo de Pajares[56].

En cualquier caso, hay localidades con el nombre de Pajares en algunas otras provincias españolas, además de Cuenca.

Discreción sin condición, échala en el Pozo Airón viene a significar que la primera de esas cualidades no vale nada si no va acompañada de la segunda. Según el Diccionario de Autoridades, «caer [algo] en el pozo Airón» es frase con que se da a entender «que alguna cosa que se ha perdido no es fácil el hallarla o sacarla de donde está»; con ese sentido aparece utilizada, por ejemplo, en El Buscapié, un opúsculo atribuido a Cervantes que contiene en sus primeros párrafos estas palabras: «Porfiaba mi bachiller en aflojarle las riendas, y él sin reparar en ellas no salía de su templanza; porque era muy recio de quijadas y no menos duro de asiento, y aun imagino que debiera ser sordo, según las voces que daba su dueño para ayudarle en el trote, y él proseguía sin tener respeto de ellas, como si fueran echadas en el pozo Airón o bien en la sima de Cabra»[57]. Hay parajes conocidos como Pozo Airón en provincias como Málaga, Segovia o Granada; en Cuenca existe una laguna de ese nombre, asociada a historias de ahogados y encantamientos, en el término municipal de La Almarcha[58]. De ella da noticias Juan Pablo Mártir Rizo, quien cuenta que «el poço Ayrón es una legua de Almarcha, que no se halla suelo, ni tiene corriente a parte ninguna, y adonde se dize (no sé si fabulosamente) que don Buesso echó veinte y quatro amigas suyas a quien hazía desnudar por quitarles las joyas que tenían. Y auiéndole rogado vna dellas que por la honestidad de su persona boluiese las espaldas en tanto que se desnudaua, al tiempo que lo hizo le violentó con vn golpe, de suerte que le precipitó en él»[59].

¿Qué es eso, Juan de Uclés? –Agora lo verés: que de una aguja hago tres presenta un «personaje de refrán que se caracteriza por ser muy hábil y astuto»[60], cualidades ambas que puede haber adquirido en la experiencia de la vida marginal, pues la localidad de Uclés debió de figurar en un lugar destacado dentro de la geografía picaresca española; así lo pone de manifiesto el refrán Soy tuerto, y tundidor, y más de Córdoba, y nacido en el Potro, y pasé por Jerez, y estuve en Uclés, y tuve la Pascua en Carmona, y ninguno me la hizo que no me la pagase con las setenas. El barrio de El Potro, en Córdoba, pasaba por ser punto de reunión de gentes de la peor clase y condición, y aparece con frecuencia en nuestra literatura clásica (comenzando por El Quijote[61]) cuando de hablar de ambientes marginales se trata. En cuanto a Jerez y Carmona, eran también lugares a los que solían concurrir pícaros y vagabundos; la «educación» para la (mala) vida de la protagonista de La lozana andaluza, por ejemplo, se hace precisamente en las tres ciudades mencionadas: de ella nos dice el narrador que «fue natural compatriota de Séneca» (es decir, que había nacido en Córdoba) y que, tras una breve estancia en Granada, su madre y ella «acordaron de morar en Jerez y pasar por Carmona». Aquí –añade un poco más adelante– la madre quiso enseñarle a tejer, «el cual oficio no se le dio ansí como el ordir y tramar, que le quedaron tanto en la cabeza que no se le han podido olvidar»[62]. En cuanto a Uclés, Gonzalo Correas comenta el refrán O eres cordobés o has pasado por Uclés, de evidente relación con el anterior, diciendo que «en el convento de Uclés, de comendadores de Santiago, con ocasión de una limosna que dan a pobres en un gran patio se juntan muchos bellacos, vagamundos»[63].

Parecida explicación da Luis Martínez Kleiser para el dicho En Uclés, villa cortés, échanse dos y amanecen tres; si bien se revuelven, cuatro amanecen; si la huéspeda se echa con vino, bien amanecen cinco; si el huésped no es de casa, siete, ocho, amanecen en la posada; tras indicar que es del siglo xv, Kleiser añade: «ya en este tiempo acudían muchos bellacos a la gallofa que allí repartían en el convento de Santiago, y de la concurrencia y hacinamiento nació el refrán». Menéndez Pidal lo recogió en un documento manuscrito de la primera mitad del siglo xiv (una Crónica de España), en tres folios finales escritos con letra de la primera mitad del siglo xv. Es un programa fragmentario de un juglar cazurro en el que, junto a otros textos de distinta naturaleza, se ofrece el que quizá era el itinerario de sus desplazamientos; al parecer, el juglar dedicaba breves coplas a los lugares por los que iba pasando. «En esta enumeración de pueblos –dice Menéndez Pidal– debemos ver una nueva muestra de la afición de los juglares a recordar sus viajes con cualquier ocasión, alardeando del conocimiento de muchas tierras». Los juglares épicos, españoles o franceses, describían sus itinerarios suponiéndolos recorridos por los héroes de sus cantares; nuestro cazurro ensarta nombres de pueblos por él conocidos, «esperando dar que reír a las maliciosas antipatías, siempre vivas entre convecinos». Por los pueblos que menciona, parece que vagó principalmente por Andalucía, después del citado año 1410; luego entró por el Guadalquivir hacia arriba y, dirigiéndose a las Navas de Tolosa para pasar el puerto de Muradal, «atravesó la Mancha llegando hasta Uclés»[64]. El propio Menéndez Pidal añade un dicho andaluz que satiriza una vocación religiosa, con evidente relación con nuestro refrán: «Monja del convento de santa Inés, se acuestan dos y amanecen tres».





NOTAS

[1]Diccionario de lingüística. Madrid, Anaya, 1986, página 92.

[2] Gregorio Marañón. «Pasión y muerte de lo pintoresco». En Anales del Museo del Pueblo Español. Madrid, Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, 1935, tomo I, páginas 49-50.

[3] Los refranes que aquí se recopilan están extraídos de fuentes muy diversas; no obstante, una buena parte de ellos procede del Refranero general ideológico español de Luis Martínez Kleiser (Madrid, Editorial Hernando, 1978), obra en la que está reflejada toda la amplia tradición paremiológica española, desde el Marqués de Santillana a Rodríguez Marín o Sbarbi, pasando por clásicos como Correas, Hernán Núñez o Sebastián de Horozco.

[4] Fernando Díaz-Plaja. El español y los siete pecados capitales. Barcelona, Círculo de Lectores, 1969, páginas 196 y siguientes.

[5] Miguel Ángel Moreta Lara y Francisco Álvarez Curiel. Los andaluces en el romancero. Arguval, Málaga, 1995, página 63.

[6] «Sometimes out of pure spite the people of one region create a proverb against their neighbours and for ever fetter them to a phrase as in Con los de Cuenca ni trato ni cuenta (Have no dealings with the people of Cuenca)». Walter Starkie. Spanish raggle-taggle: adventures with a fiddle in north Spain. Londres, 1935, página 379.

[7] Encerramos entre [] las ampliaciones que a veces reciben algunos refranes, generalmente para incidir o intensificar la crítica que ya contienen en su versión reducida o, como en el caso del de Leganiel que aparece un poco más abajo, para darle un sentido diferente.

[8] Al de Si vas a Priego, echa pan en el talego se le añade a veces y si quieres merendar, a la orilla del lugar, frase que quizá incide en la supuesta falta de hospitalidad de los pricenses, pero que puede ser interpretada también como una invitación a disfrutar de los hermosos alrededores de su pueblo.

[9] Así lo afirma, por ejemplo, Alberto NAVARRO GONZÁLEZ en «España vista y visitada por los españoles del siglo xvi». En Dicenda: Cuadernos de filología hispánica. Ediciones de la Universidad Complutense de Madrid, número 6, de 1987, página 311.

[10] Bartolomé de Villalba y Estañá. El pelegrino curioso y grandezas de España, Editado por Pascual de Gayangos. Sociedad de Bibliófilos Españoles. Madrid, volumen I, 1886, página 137.

[11]Las comedias del famoso poeta Lope de Vega Carpio. Zaragoza, 1603-1604, folio 21r. Edición digital del Centro Virtual Miguel de Cervantes, a partir del ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional.

[12] Así lo afirma, aunque no ofrece más datos sobre ella, José María Sánchez Benito en El espacio urbano de Cuenca en el siglo xv. Cuenca, Diputación Provincial, 1997, página 45.

[13] Pedro Miguel Ibáñez Martínez. La vista de Cuenca desde el oeste (1565), de Van den Wyngaerde. Cuenca, Diputación Provincial, 2001, página 332.

[14] Véase, a este respecto, la curiosa interpretación que a mediados del siglo xix ofrecía José Jacinto Milanés del «cuadro» que este refrán presenta: «Dos son los actores de este brevísimo drama: el abad, cuya grotesca figura es la que aparece expuesta a los dardos del ridículo, y un honrado y pobre campesino, que a pesar de sus pocos medios se ha esmerado en presentarle una buena comida. […] Aquí se nota la verdad con que está pintado el avaro religioso: él es seguramente hombre de mas posibles que su convidador, pero no quiere gastar: quiere que le mantengan sus feligreses. Y no se contenta con regalar su gula monástica devorando la olla, y yéndose después de no agradecer la generosa voluntad del huésped, sino que quiere apoderarse del contenido y del continente, de la olla y la cazuela: entonces el villanejo, ofendido y escandalizado de ver la adición de codicia que acompaña al indiscreto monje, le echa en cara sus dos humillantes vicios con las palabras del adagio..[…] El abad está sentado junto á la mesa donde acaba de ofrecer a sus festejadores dos muestras vergonzosas de dos vergonzosos defectos, y el otro se halla de pie frente á él, teniendo empuñada, como en acto de llevársela, la pedida cazuela. También se desprenden de las expresiones del proverbio la intención política de hacer ver á la clase trabajadora algunas de las ridículas mañas de sus directores espirituales, y la intención moral de escarnecer al hombre inadvertido, que no contento con lo necesario, aspira también a lo superfluo». (En Obras de don José Jacinto Milanés, publicadas por su hermano. Nueva York, 2ª ed., 1865, pp. 240-241).

[15] Fermín Caballero. Nomenclatura geográfica de España. Madrid, 1834, página 202.

[16] De las maravillas que pueden verse en ella dejó también constancia Antonio Ponz en el relato que hizo de su visita al lugar hacia finales del siglo xviii: «Le aseguro a V. que tuve gusto de entrar en ella –contó en su Viage de España–, y aun hallé más que ver de lo que me dixeron. Todo el mundo se armó de teas encendidas, y fuimos entrando por su estrecha boca, desde la cual hubiera riesgo de caer en la caverna, si no nos guiara un práctico de ella. Es muy espaciosa, y forma diversos derrames, de suerte, que no se puede concebir en donde acaban. Lo particular, y digno de verse dentro de ella, son las diversas figuras, que en muchos siglos ha formado el agua que se filtra de la cima del monte, congelándose, y convirtiéndose en una especie de cristalización». (Antonio Ponz. Viage de España. Madrid, 3ª ed., 1789, tomo 3º, página 122).

[17] Braulio Foz. Vida de Pedro Saputo. Capítulo XV. Texto consultado en la edición digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (www.cervantesvirtual.com), realizada a partir de la edición de Zaragoza de 1844.

[18] Fermín Caballero. Nomenclatura…cit., página 195.

[19] Véase Marino Poves Jiménez. «La canción de los veinte lugares. Una visión etnocéntrica del mundo rural». En Studia Academica. Revista de investigación universitaria. Cuenca, UNED. Número 9, de 1999-2000, páginas 301-302.

[20] «El vecino de Cuenca no pague portazgo ni montazgo en ningún sitio, del Tajo para acá». (El Fuero de Cuenca. Introducción, traducción y notas de Alfredo Valmaña Vicente. Editorial Tormo, 2ª ed., Cuenca, 1978, página 41. El propio Valmaña señala en nota que el montazgo era el tributo «que se abonaba por el tránsito del ganado de un lugar a otro», y el portazgo «el de entrada de géneros y mercancías en la villa para su venta en el mercado».

[21] Sí está, en cambio, en numerosas obras sobre dichos y frases célebres. Aparece, entre otros lugares, en el Diccionario de frases célebres y citas literarias, de Vicente Vega (Barcelona, Gustavo Gili, 1952) o en José María Iribarren. El porqué de los dichos. Pamplona, Gobierno de Navarra, 7ª ed., 1984.

[22] «La Yglesia Catedral de esta ciudad es una de las insignes de España, y el Obispado de los más ricos y calificados della». Sebastián de Covarrubias. Tesoro de la lengua castellana o española, s. v. Cuenca. Citamos por la edición de Martín de Riquer. Barcelona, Alta Fulla, 1987.

[23] F. Caballero. Nomenclatura… citada, página 212. El polígrafo barajeño daba el refrán como «Cuenca y Plasencia, Córdoba y Sigüenza».

[24] Puede verse Luis Suárez Fernández y José Andrés Gallego. La crisis de la hegemonía española. Siglo xvii. Barcelona, Ediciones Rialp, 1986, página 191.

[25] El texto de Iriarte pertenece a su Viaje a la Alcarria y está reproducido en Alfonso González-Calero (coordinador). Castilla y La Mancha en el siglo xviii. Aproximación y miscelánea. Toledo, ediciones Almud, 2016, páginas 585-594.

[26] En Miguel de Cervantes. Novelas ejemplares. Edición de Jorge García López. Estudio preliminar de Javier Blasco. Barcelona, Crítica, 2001, página 58.

[27] Maxime Chevalier. Cuento tradicional, cultura y literatura (siglos xvi-xix). Ediciones de la Universidad de Salamanca, 1999. Páginas 231-232.

[28] En Vincent Garmendia, De Madrid al cielo. Dictionnaire des expressions espagnoles avec toponyme et leur équivalent français. Connaissances et Savoirs, Saint-Denia, 2016, página 424.

[29] Gonzalo Correas. Vocabulario de refranes y frases proverbiales. Edición de Víctor Infantes. Prólogo de Miguel Mir. Madrid, Visor Libros, 1992, página 148.

[30]Vocabulario… cit., página 401.

[31] Fermín Caballero. Nomenclatura… cit., páginas 174-175.

[32] Covarrubias. Tesoro… cit. Algunos comentaristas se adhieren a esta posibilidad y afirman que la palabra ceca podría referirse a la mezquita de Córdoba.

[33] Correas. Vocabulario… cit., página 49. Para más detalles sobre la interpretación de la frase De la Ceca a la Meca puede verse José María Iribarren. El porqué de los dichos, cit., páginas 32-33.

[34]Quijote, I, 18. Citamos por la edición de Francisco Rico. Instituto Cervantes / Crítica. Barcelona, 1998, página 187.

[35] Sebastián de Horozco. Teatro universal de proverbios. Edición, introducción, índices y glosario de José Luis Alonso Hernández. Ediciones de la Universidad de Salamanca, 2005, página 139.

[36] Covarrubias. Tesoro… cit., s. v. Cuenca.

[37] Gregorio González. El guitón Honofre. Edited with introduction and notes by Hazel Genéraux Carrasco. Estudios de Hispanófila, nº 25. Departament of Romance Languages. University of North Carolina. Impreso en Valencia (España) en 1973, por Artes Gráficas Soler. Capítulo XI., página 172. (Consultado en www.vallenajerilla.com/berceo/gregoriogonzalez/guitononofre.htm).

[38] Puede verse en Luis de Góngora. Sonetos completos. Edición de Biruté Ciplijauskaité. Madrid, Castalia, 4ª ed., 1981, página 182.

[39] Correas. Vocabulario… cit., página 88.

[40] Bartolomé de Villalba y Estañá. El pelegrino… cit., páginas 135-136.

[41] «Dize un chistecillo: Júcar y Güécar, y Cuenca en medio» (s. v. Júcar. También en la voz Güécar).

[42] Fermín Caballero. La imprenta en Cuenca. Imprenta de El Eco. Cuenca, 1869, página 29. Citamos por la edición facsimilar publicada por Gaceta Conquense en 1985 con introducción de Marino Poves. (El segundo refrán al que se refiere Fermín Caballero es el ya comentado Hecha es Cuenca para ciegos). En cuanto a Nuestra Señora del Remedio, hubo, en efecto, una ermita de ese nombre en la zona de la confluencia del Júcar y el Huécar, en un lugar en el que, curiosamente, hacia finales del siglo xvi existía también una mancebía; así consta en un documento de 1576 del Archivo Municipal de Cuenca en el que don José de Beaumont y Navarra, Corregidor y Justicia Mayor de la ciudad, mandaba «que la puerta de la Casa de la Mancebía que cae hacia la calle principal de la Puente y hacia la puerta de Nuestra Señora del Remedio, esté cerrada y no se manden por allí las dichas mujeres públicas, por caer la dicha puerta y calle pública cerca del Monasterio del Remedio, sino que se manden y salgan y entren los que quisieren entrar allí por la puerta y corral que cae hacia el río de Júcar, por no haber allí, como no hay, vecindad». (En Miguel Jiménez Monteserín. Sexo y bien común. Notas para la historia de la prostitución en España. Ayuntamiento de Cuenca / Instituto Juan de Valdés. Cuenca, 1993, página 225).

[43]Nomenclatura…, cit., página 218. Fermín Caballero añade: «Igual causa ha dado motivo a otro proverbio que dice: Lozoya lleva el agua / y Jarama tiene la fama. Porque Lozoya pierde el nombre al unirse con Jarama, siendo así que compite en caudal con este último».

[44] Antonio Ponz. Viage de España cit., página 172.

[45] «Les eaux de la rivière de Moscas, qui naît dans la sierra de Cuenca, et qui passe à Valera [sic], à cinq lieues de Cuenca, dans la Nouvelle-Castille, sont légèrement salées. Le nom de cette rivière a donné lieu à un jeu de mots dont le sens est équivoque; […] l’on dit hay una puente para pasar Moscas, ce qui signifie à-la-fois, il y a un pont pour passer la rivière de Moscas, et il y a un pont pour le pasage des mouches». Alexandre de Laborde. Itineraire descriptif de l’Espagne. París, 1809. Tomo quinto. Segunda edición, página 467. (Consultado en http://www.books.google.es).

[46] Correas. Vocabulario, cit., página 161.

[47] Covarrubias, Tesoro…, s. v. Güete. Hay también una referencia a este refrán en la voz Cuenca: «Bien sé que en Cuenca hay pocas bodegas de vecinos que cojan vino en los alrededores; en Huete no he tenido pleito, pero donde quiera son los pleitos costosos y fastidiosos».

[48] F. Caballero. Nomenclatura… cit., 181-182.«De la pequeñez de Huete y de sus caballeros –añade– se burló ya un poeta cuando, describiendo una fiesta de toros en que los hijodalgos lidiaron malas reses sobre no mejores caballos, dijo: En una como ciudad, / unos como caballeros, / en unos como caballos, / toreaban a otros como ellos».

[49] Fermín Caballero. Conquenses ilustres. III: Doctor Montalvo. Madrid, Tipografía del Colegio Nacional de Sordo-Mudos y de Ciegos. 1873, página 34.

[50] Juan Julio Amor Calzas. Curiosidades históricas de la ciudad de Huete. Madrid, 1904, página 85. Citamos por la edición facsímil de Gaceta Conquense. Cuenca, 1987. El antisemitismo y la mala fama que algunos atribuían a los optenses laten también bajo el epigrama «Antes puto que judío, / antes judío que fraile, / antes fraile que de Huete, / porque de Huete no hay antes» (Fermín Caballero. Doctor Montalvo…, cit., página 34).

[51] Correas. Vocabulario… cit., página 17. El propio Correas da también, en efecto, el refrán Válate, Dios, hombre, si no eres de Güete.

[52] Correas. Vocabulario… cit., página 443.

[53] Amor Calzas, al menos, no la menciona en la relación que da en el citado Curiosidades históricas de la ciudad de Huete, páginas 49 a 51. Se puede añadir, en relación con los dichos referidos a Huete, que el nombre de esta localidad formó parte durante el Siglo de Oro, acompañado del de Alcalá, de un manoseado juego verbal para referirse al alcahuete; sirvan como ejemplo los siguientes versos de La villana de la Sagra, de Tirso de Molina: «¿Sabrás llevar un billete? / –Y volver con el recado, / porque, aunque gallego, andado / tengo ya de Alcalá a Huete». En Comedias escogidas de Tirso de Molina. Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, tomo V. 2ª ed., 1950, página 314.

[54] Fermín Caballero. Nomenclatura… cit., página 182.

[55] Correas. Vocabulario… cit., página 212.

[56]Comedias escogidas de Fray Lope Félix de Vega Carpio, volumen I. Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, tomo XXIV, 1853, página 306.

[57]El Buscapié. Opúsculo inédito que en defensa de la primera parte del Quijote escribió Miguel de Cervantes Saavedra. Publicado con notas históricas, críticas y bibliográficas por don Adolfo de Castro. Cádiz, 1848. (Consultado en www.cervantesvirtual.com). La misma expresión «en el pozo Airón o en la sima de Cabra» puede leerse también en el Viaje del Parnaso.

[58] Julio Larrañaga indica que el nombre recuerda al dios romano Airón, al que, según el P. Zarco, se tributaba adoración en Uclés (Cuenca. Guía Larrañaga. 1966, página 442). Otros autores creen, en cambio, que la denominación derivaría del árabe haurón («hondo, profundo»).

[59] Juan Pablo Mártir Rizo. Historia de la muy noble y leal ciudad de Cuenca. Madrid, 1629, página 127. Citamos por la edición facsímil de Ediciones El Albir, Barcelona, 1979. El pozo Airón fue descrito también por los vecinos de Castillo de Garcimuñoz en las conocidas Relaciones de Felipe II: «Hay un lago que se llama el pozo Airón, que es la cosa más señalada de esta tierra, el cual no cría cosa alguna de pescado, sino es sabandijas ponzoñosas; e que el sabor y el color es como de la mar, y es tan profundo que hasta agora no se sabe el fondo de él. Es en forma redonda e muy ancho, e que el agua es de tal sabor que ni los hombres, ni bestias, ni aves, ni ningund animal bebe de ella, por ser el agua como la de mar […] y aunque de él se dicen muchas cosas fabulosas esta es la verdad; e por cosa notable el emperador don Carlos Quinto pasando a Valencia lo fue a ver por cosa muy nombrada, y el rey don Felipe, nuestro Señor, asimismo. Cae media legua de esta villa, en su jurisdicción, a la parte del norte». (En Julián Zarco Cuevas. Relaciones de pueblos del Obispado de Cuenca. Edición de Dimas Pérez Ramírez. Diputación Provincial, Cuenca, 1983, página 232).

[60] José Luis Alonso Hernández y Javier Huerta Calvo. Historia de mil y un Juanes: onomástica, literatura y folclore. Ediciones de la Universidad de Salamanca, 2000, página 322.

[61] «Quiso la mala suerte del desdichado Sancho que entre la gente que estaba en la venta se hallasen cuatro perailes de Segovia, tres agujeros del Potro de Córdoba y dos vecinos de la Heria de Sevilla, gente alegre, bienintencionada, maleante y juguetona» (Quijote, I, 17. Edición citada, página 184)..

[62] Francisco Delicado. La lozana andaluza. Edición, introducción y notas de Bruno Damiani. Madrid, Castalia, 3ª ed., 1990, página 37.

[63] Correas. Vocabulario… cit., páginas 369-370

[64] Ramón Menéndez Pidal. Poesía juglaresca y juglares. Orígenes de las literaturas románicas. Madrid, Espasa Calpe, 9ª ed., 1991, páginas 312-313. El programa fragmentario del que se habla más arriba, en apéndice de las páginas 487 a 493. Menéndez Pidal nos dice también lo que era un poeta cazurro; cita, para ello, a Giraldo Riquier, quien ya en el siglo xiii señaló que, por menosprecio, se llamaba así a «aquellos hombres faltos de buen porte, que dicen versos sin argumento, que por calles y plazas ejecutan vilmente su vil repertorio, sin regla ninguna, ganando un mal salario en vida deshonrada» (página 302).