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Colección
de Pliegos de Cordel > > >
Colección
de Aleluyas > > >
Se pueden
contemplar unas doscientas coplas, romances y documentos, fundamentalmente
de los siglos XIX y XX, seleccionados entre los más de tres
mil que contiene la biblioteca y colocados en once paneles siguiendo las
temáticas más frecuentes: aventuras, crímenes, religión
y superstición, sucesos, etc. Los pliegos fueron impresos en establecimientos
tipográficos de toda España ("El Abanico", "Universal",
"Rodas", "Norte", "Santarén", etc.)
y distribuidos acá y allá por ciegos cantores, vendedores
callejeros y buhoneros.
El uso de hojas volanderas o sueltas para difundir noticias, sucesos,
historias fantásticas, canciones de moda, romances viejos y un
largo etcétera de temas, es casi tan antiguo como la imprenta.
Propietarios de grandes bibliotecas se preciaron en todo tiempo de contar
entre sus fondos con pliegos raros y curiosos, más considerados
a veces por su escasez que por su contenido; la misma cualidad de hoja
o cuadernillo hizo de todo ese material, fácilmente desechable,
un género sin duda fungible y perecedero, pero también (por
la comodidad para ser distribuido y su bajo coste) un excelente medio
de comunicación que compitió ventajosamente con los primeros
diarios del siglo XIX llegando incluso a convivir con la poderosísima
televisión.
Desde los primeros tiempos, fue también un tipo de literatura "indirecta",
es decir, que llegaba al lector a través de los oídos, si
se permite la aparente paradoja; de hecho, habría que dejar muy
claro que estos papeles no se hubiesen vendido y extendido tan fácilmente
si no hubiesen tenido unos "voceros" tan profesionales como
los copleros ambulantes, profesión que durante largos períodos
de tiempo estuvo casi acaparada por los ciegos. Éstos, utilizando
vetustas autorizaciones de diferentes reyes que les permitían imprimir
y vender públicamente estampas de santos para fomento de la devoción,
ampliaron el campo temático llegando a ser prácticamente
los difusores por excelencia de una serie de géneros y materiales
que, por su índole y atractivo, interesaban más o menos
a todo el mundo. Grabadores y pintores de diferentes épocas plasmaron
el estereotipo del ciego cantor con sus coplas al lado para ser vendidas
o con su lazarillo apuntando a un gran cartelón donde se resumían
en seis o nueve viñetas los momentos más significativos
del texto.
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