Fundación Joaquín Díaz
Museo de la Música, Colección Luis Delgado


Instrumentos Musicales en los Museos de Urueña


Instrumentos Musicales en los Museos de Urueña

Acordeón


Un fuelle colocado entre dos cajas herméticas y accionado constantemente por el ejecutante lleva el aire a unas lengüetas interiores que vibran.

A ambos lados del instrumento hay botones: los que corresponden a la mano derecha hacen la melodía, mientras que los de la izquierda tocan acordes de acompañamiento. A este tipo de acordeón se le denominó diatónico porque abriendo el fuelle sólo daba las notas de una escala diatónica; la escala cromática se conseguía abriendo y cerrando y combinando adecuadamente los botones.

El alemán Christian F. Ludwig Buschmann patentó en 1821 un instrumento de viento con fuelle y botones al que llamó handaeolina. El nombre de acordeón lo patentó en 1829 Cirilo Demian, armenio que vivía en Viena, quien añadió unos botones para la mano izquierda con acordes que servían de acompañamiento. Charles Buffet comenzó a construir acordeones en 1830 y casi al mismo tiempo lo hacen los franceses Fourneaux y Bousson, siendo éste el creador del acordeón piano, en el que la hilera de botones de la mano derecha se sustituía por un teclado de tres octavas.

El instrumento de botones se comenzó a fabricar en España a comienzos de los años 40 del siglo XIX, destacando marcas nacionales como El Cid junto a otras extranjeras (la alemana Invencible -que se puede observar en el grabado adjunto- o las italianas que procedían de Castelfidardo). Debido a esta proliferación, muy pronto aparecieron también métodos para aprender a tocarlo, donde se incluían melodías de época para atraer a los músicos con un repertorio que reunía temas clásicos de ópera o zarzuela al lado de mazurcas, polcas y valses de moda en aquellos momentos en los salones de baile. Entre esos métodos destaca el de Emilio Yebra y Piqué, publicado en 1865 por A. Romero pero grabado e impreso en Alemania (C. G. Röder). En él su autor indica que ha pretendido cubrir un vacío escribiendo un tratado "que sirva para conocer y aprender el uso de todos los acordeones, principalmente en los diferentes sistemas alemanes, que son los más usados, desde el más modesto de un teclado hasta el más difícil y complicado acordeón cromático".

Este instrumento se exhibe en la Fundación Joaquín Díaz de Urueña.



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