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La burbuja y la cruz de burbujas en el arte popular

MARTIN CRIADO, Arturo

Publicado en el año 2015 en la Revista de Folklore número 400.

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Resumen

En un trabajo anterior, «Imágenes de la esvástica en el arte popular», veíamos cómo la esvástica curva sufrió muchas variaciones al incorporar motivos falciformes y espirales. Ahora vamos a ver cómo también asimiló la burbuja, figura de origen muy antiguo que se convirtió en motivo decorativo de primer orden en el gótico tardío. El arte popular asimiló las posibilidades ornamentales, tanto empleada como motivo independiente, como componente de distintos tipos de vórtice, entre ellos la esvástica conocida como cruz de burbujas.

Palabras clave

Esvástica curva, burbuja, cruz de burbujas, Castilla y León.

Abstract

In a previous work, «Imágenes de la esvástica en el arte popular» (Images of the swastika in the folk art), we saw how the curved swastika it suffered many variations on having incorporated sickle-shaped and spirals patterns. Now we are going to see how also it assimilated the bubble, figure of very ancient origin that turned into decorative motif of the first order into the late Gothic. The folk art assimilated the ornamental possibilities, so much used as independent motif, as component of different types of vortex, between them the swastika known as comma cross.

Keywords

Curved swastika, burble, comma cross, Castilla y León.

En un artículo anteriormente publicado en esta misma Revista de Folklore, titulado «Imágenes de la esvástica en el arte popular», aseguraba que hay otro tipo de esvástica de tipo curvo, además de los vistos allí, que ha tenido cierto auge a partir del siglo xviii y que se formó como una variación de los muchos vórtices construidos con burbujas. La cruz de burbujas o cruz de gotas es conocida también como cruz ovifila, nombre que se le dio por creer que aparecía en casas y tumbas de pastores de ganado ovino y se usó sobre todo en el País Vasco[1], antes de que a lo largo del siglo xx se popularizara, sobre todo con función ideológica nacionalista, el término lauburu (cuyo significado es «cuatro cabezas») con el que hoy se designa en ambientes de ese tipo[2]. En Galicia y Asturias se emplea mucho tetrasquel, que de la arqueología y la historia parece haberse popularizado por la moda del celtismo. En Francia se utiliza la denominación croix à virgules (cruz de vírgulas[3]), por ser cada uno de sus cuatro brazos como una vírgula o coma trazada al viejo estilo de las plumas de tinta; en inglés he visto en alguna ocasión la expresión comma cross. Para muchos estudiosos del arte en general, y también etnógrafos, cada uno de estos brazos es una gota o burbuja, imagen que aparece profusamente en el arte gótico flamígero y en el mudéjar, individualizada o formando vórtices de diferentes tipos, si bien podemos encontrar antecedentes remotos en el arte antiguo. No es extraño que los canteros, albañiles y carpinteros de los siglos xv y xvi incluyeran la burbuja en su repertorio de diseños de compás.

Sobre el origen de esta cruz, se puede decir con bastante seguridad que las más antiguas conocidas son de finales del siglo xvii[4] y del xviii[5], por lo que es plausible pensar que nace en esa época como una labor de compás creada por canteros, albañiles y carpinteros a partir de la burbuja gótica y de las muchas variantes de vórtices que se dieron en las tracerías del gótico flamígero de los siglos xv y xvi, en los que sí se nota, a veces, la influencia de motivos antiguos, como la cruz gamada de brazos curvos o los discos radiados, tanto rectos como curvos. Es, pues, una variante de la cruz gamada de brazos curvos, construida en este caso con cuatro burbujas.

La burbuja[6]

La burbuja aparece ya en algunas cerámicas de la cultura neolítica de Cucuteni-Trypillia, que se desarrolló en Rumanía, Ucrania, Polonia y algunos otros países del sureste de Europa, caracterizada, como hemos visto, por sus motivos ornamentales curvilíneos, espirales, círculos, etc., entre los cuales aparecen figuras piriformes, antecedentes claros de la burbuja o gota (fig. 1). Lo mismo encontramos en ciertas obras de orfebrería del primer estilo céltico, de los siglos v-iv a. C., como el disco de bronce y oro de Auvers-Sur-Oise (fig. 2), que presenta una decoración elaborada a partir de motivos naturalistas mediterráneos, como la palmeta y el loto, sometidos a un proceso de estilización, interpretados de una nueva y original manera típica del arte celta[7]. Tanto en cerámicas neolíticas de las citadas culturas como en esta obra celta, se aprecian burbujas de diferentes diseños, rectas, curvadas e, incluso, contrapuestas, resultando una imagen cercana al taijitu oriental, del que trataré más adelante. La burbuja es un ejemplo de asimetría armónica, «simetría dinámica» la denomina Gombrich[8], que da lugar a un tipo de diseño muy original. A partir del siglo xviii se puso de moda en tejidos, donde se la conoce como patrón Cachemira, por los famosos chales de Cachemira importados de este lugar de la India, o patrón Paisley, por la ciudad escocesa donde se fabricaban telas con imitaciones de este diseño.

El arte gótico, sobre todo el gótico tardío o flamígero, hizo un uso frecuente de la burbuja, que a veces aparece aplastada en forma de llama o vejiga de pez (vesica piscis), en las tracerías de ventanales, muros y muebles como las sillas de coro. A menudo, el interior de cada burbuja está dividido en una cabezuela redonda y una gota menor, y suelen unirse varias para formar distintos tipos de vórtices que veremos más adelante. En el esgrafiado popular, además de seguir esos modelos del gótico, aparece en composiciones más o menos ordenadas, casi siempre trazadas a mano alzada, es decir, sin plantilla, sobre el revoco fresco. Los muros de la iglesia de San Juan de Aguilafuente (Segovia), por ejemplo, están totalmente cubiertos de burbujas en un esgrafiado elaborado con un solo tendido de mortero sobre la piedra, que queda a la vista parcialmente (fig. 3). En otros casos, las burbujas se disponen en un cierto orden, en el que se percibe algún tipo de simetría y el clásico horror vacui que caracteriza a estos esgrafiados (fig. 4).

En algunos pueblos de las comarcas zamoranas de Sanabria[9] y Carballeda[10], también abundan los esgrafiados populares y, entre los muchos motivos ornamentales que se ven en ellos, encontramos la burbuja. Suele emplearse en parejas contrapuestas que forman hilera en un tipo de bandas que rodean los huecos de puertas y ventanas o delimitan los espacios de la fachada (fig. 5). También he visto la burbuja en alguno de los maltrechos esgrafiados que todavía quedan en pueblos de los Arribes del Duero, como el de una vieja casa de Villarino de los Aires, Salamanca (fig. 6), y en alguna obra de piedra, como la repisa de un balcón de Pardilla, Burgos (fig. 7). Por otra parte, la burbuja es un motivo decorativo que ha dado juego en otro tipo de labores, y ocasionalmente lo podemos encontrar en muebles, como la alacena zamorana del Museo Etnográfico de Castilla y León o en bordados como este palentino (fig. 8) donde alterna con guirnaldas, flores y hojas.

Vórtices de burbujas

El vórtice más sencillo es el formado por dos burbujas contrapuestas dentro de un círculo, que coincide con el signo oriental del yin y el yang, conocido como taijitu. Su estructura geométrica es bastante sencilla. Está formado por dos círculos situados en la misma línea de diámetro, cuyo radio es la mitad del del círculo que los contiene, de los cuales solamente se elige una mitad, que se complementa con la mitad contraria del otro (fig. 9). El taiji es un concepto cosmogónico chino, el principio generador de todas las cosas, del que proceden el yang y el yin, que es representado por el signo del taijitu. Según un mito chino, el yang es la claridad de la que se formó el cielo, mientras que el yin es la oscuridad de la que se formó la tierra[11]. El yin es representado por la parte negra, como corresponde a la noche, la oscuridad, la luna, el agua, lo femenino; el yang por la parte blanca, el día, la luz, el sol, el fuego, lo masculino. En el yin hay un punto blanco y en el yang uno negro, que representan los contrarios complementarios.

Sin embargo, esta imagen aparece por primera vez en Europa, que sepamos, en cerámicas de la cultura Cucuteni-Trypillia, de varios milenios a. C. Suele encontrarse en composiciones a base de espirales como, por ejemplo, en un modelo de casa en miniatura de terracota en la que es el resultado de una espiral doble, cuyas dos circunvoluciones se ensanchan en el centro, en posición enfrentada y con un pequeño círculo en cada una (fig. 10). Ucrania quiso recalcar este origen convirtiendo el taijitu en motivo repetido por toda la fachada de su pabellón en la Expo 2010 celebrada en Shanghai. En la Notitia Dignitatum, obra del siglo v que recoge la organización administrativa del Imperio romano, aparecen dibujos de dos emblemas de unidades del ejército romano que son, quizá, la imagen más antigua del taijitu tal como lo conocemos hoy[12]. Estas imágenes son anteriores a las chinas más antiguas, pero solo las conocemos por copias del siglo xv, si bien los expertos creen que estas copias reproducen no solo el texto, sino también las figuras del manuscrito original[13]. En todo caso, una imagen semejante a la del taijitu aparece en abundancia en el arte gótico europeo del siglo xv, el gótico flamígero o tardío, y, en España, también en el mudéjar. En ambos casos, la burbuja suele llevar en su interior otra menor con una cabecilla. Así la vemos en tracerías de la parte superior de ventanales, como algunos de la iglesia de Santa María de Aranda de Duero (fig. 11) en claves de bóvedas, como la de la iglesia parroquial de Carbonero el Mayor, provincia de Segovia (fig. 12), o en azulejos del castillo, segoviano también, de Coca (fig. 13).

Este motivo parece haber sido utilizado con los mismos fines ornamentales en obras posteriores, como vemos en una ventana de la ermita de Santa Isabel de Villamor, en Medina de Pomar (Burgos), donde se aprecia en varios círculos junto a rombos en dos grandes sillares reaprovechados de alguna ruina en el siglo xix. Sin embargo, no se ve mucho en obras de tipo tradicional. Un buen ejemplo es un collar de ganado procedente del valle de Arán que se conserva en el Museo Etnológico de Barcelona (fig. 14), que ya fue publicado por R. Violant y Simorra[14].

Si trazamos dentro del círculo mayor tres círculos menores, cuyo diámetro sea el radio del mayor y cuyos centros formen un triángulo equilátero, y elegimos la mitad de cada uno de ellos según la dirección del giro (fig. 15), tendremos un vórtice de tres burbujas, también centrípeto, como el anterior, y bastante usado en tracerías góticas (fig. 16). Estos vórtices a veces han sido vistos al revés, esto es, focalizando las líneas de separación de las burbujas, que en este último caso destacan bastante, por lo que se han interpretado como vórtices centrífugos, como si fuera un trisquel.

En obras mudéjares y populares se usan a veces las tres burbujas como motivo decorativo. Aparecen flotando en un espacio cuadrangular, como se ve en la fachada de la iglesia del San Nicolás, de Segovia (fig. 17), o en un espacio circular, como, por ejemplo, en algunas obras mudéjares toledanas (fig. 18). Suelen tener una forma un poco desmañada, incluso en ocasiones no siguen todas las burbujas la misma dirección.

En Japón, sobre todo en templos budistas y santuarios sintoístas, pero también en telas y utensilios, se emplea con mucha frecuencia el signo conocido como tomoe, que es un vórtice formado por tres burbujas que giran de cabeza hacia la derecha, dejando un espacio en negativo en forma de trisquel que gira en dirección contraria (fig. 19). Hay variantes de una, dos y más burbujas, pero son raras. La burbuja tiene una forma que se adapta mejor a la denominación de vírgula o coma. No se sabe de dónde procede esta imagen ni lo que representa, si bien hay varias teorías. Algunos creen que la burbuja o coma procede de la magatama, la famosa joya sagrada del sintoísmo, de cerámica o de jade, con forma de alubia alargada, que aparece en collares y objetos religiosos antiguos. A veces se relaciona con una variante del taegeuk coreano de tres burbujas.

Si bien los vórtices de dos y tres burbujas se emplean con relativa frecuencia, tienen poca importancia si los comparamos con los de cuatro burbujas, tanto cuantitativa como cualitativamente. En primer lugar, trataré de los vórtices de cuatro burbujas centrípetos, con algunas variantes, y, en segundo lugar, de aquellos que tienen carácter centrífugo, también con variantes, una de las cuales es la cruz de burbujas. La estructura geométrica del vórtice centrípeto de cuatro burbujas se basa en que el círculo mayor se divide en cuatro círculos menores como en el de tres, pero con sus centros en cruz (fig. 20). Este motivo lo vemos, por ejemplo, en un medallón de la parte superior de uno de los respaldos de la sillería de la catedral de Segovia (fig. 21), en el que las líneas que separan las burbujas están talladas en resalte, a modo de nervios que giran hacia el exterior, como una esvástica curva falciforme[15]. Parecida es una pintura mural del castillo de Coca en que, encerrado por un gran cordón, aparece este tipo de vórtice con sus cuatro partes en blanco y negro, opuestas dos a dos, y con los puntos complementarios similares a los del taijitu (fig. 22).

Este vórtice se aprecia con frecuencia en tracerías góticas. En el claustro del antiguo convento de las Comendadoras de Santa Cruz de la calle de Santiago de Valladolid[16], obra de la tercera década del siglo xvi considerada arcaizante, entre otro tipos de vórtices encontramos este, si bien en el centro presenta un cuadrado de lados curvos, lo que permite que la cabeza de cada burbuja sea semicircular. En cada círculo vemos cuatro burbujas que giran hacia el interior con movimiento dextrógiro, mientras que las líneas de separación, resaltadas, forman una esvástica levógira que gira hacia el exterior (fig. 23), como es propio de las esvásticas. Algo similar se ve en el óculo que hay en el muro oriental de la iglesia de Laguna de Duero. Además de en tracerías de piedra, aparece este vórtice en obras de madera, en estructuras mudéjares de techos, como el de la fig. 24, resto de uno que se exhibe en el museo catedralicio de Salamanca.

Tan usado o más que el tipo anterior es otro vórtice de cuatro burbujas pero de tipo centrífugo, en el que las burbujas giran hacia el exterior, partiendo del punto central del círculo mayor, como hace la cruz de burbujas, que veremos al final, o partiendo de un pequeño círculo central (fig. 25). Así lo vemos en varios diseños del citado claustro de las Comendadoras de Santa Cruz, donde aparecen vórtices formados por cuatro burbujas con cabecilla, al estilo gótico, que se adaptan a un marco circular o cuadrado (figs. 26 y 27). En ambos casos, los vórtices dextrógiros y levógiros se suelen colocar en parejas contrapuestas.

Este diseño de las cuatro burbujas que giran alrededor de un pequeño círculo se hizo muy popular en los esgrafiados segovianos, donde se interpretó de diferentes maneras. En algún caso, como en la fachada del palacio del conde de Alpuente, cada vórtice se mantiene dentro de su círculo, y las burbujas son muy aplastadas, con forma de pez. En otros, como la torre Arias Dávila de mediados del siglo xv (fig. 28), las burbujas son también pisciformes, pero han desaparecido los círculos y los vórtices se unen formando bandas continuas en que se alternan dextrógiros y levógiros. Esto es lo más generalizado, si bien en muchos esgrafiados las burbujas son de tipo gótico, con su cabecilla característica (fig. 29).

Estos diseños se perpetuaron también entre los carpinteros, una de cuyas especialidades más importantes era la construcción, por lo que motivos que quizá comenzaron o se hicieron frecuentes entre canteros y albañiles después aparecen en obras de carpintería de la casa, como las puertas y ventanas, de donde a su vez llegaron a muebles y otras artesanías. Un buen ejemplo de esto es la puerta de una casa de Ávila muy sencilla, de planta y piso, construida seguramente en el siglo xix. Toda ella está bordeada de entrelazos rectilíneos de gusto mudéjar y el espacio interior está dividido en cuatro entrepaños (fig. 30). En los dos inferiores, lleva relieves de círculos radiados de seis radios curvos. En los superiores, en el de la parte izquierda tiene un vórtice de cuatro burbujas semejante a los que estamos viendo, y en el de la derecha hay una réplica fiel de un diseño del púlpito metálico del siglo xv de la catedral de Ávila[17]. De finales del siglo xix o comienzos del xx parece una puerta de dos hojas de una casa de Villafranca del Bierzo (León), en cuya parte superior tiene este diseño en madera calada, con una especie de pequeño rosetón central en cruz y las cuatro burbujas giratorias con cabecilla (fig. 31). En el castillo de Coca (Segovia), se conserva una alacena antigua en cuya puerta inferior hay tallado un vórtice similar pero con cinco burbujas (fig. 32).

La cruz de burbujas

La cruz de burbujas o cruz de gotas es, por tanto, el resultado de la evolución de un tipo de vórtices popularizados por las tracerías del gótico flamígero, obras que podemos calificar de fantasías geométricas pues, si bien se basan en un trabajo de compás experto y riguroso, no tienen otro fin que crear imágenes visuales novedosas y llamativas, de poderoso efecto ornamental, que se unen a un repertorio más antiguo, tradicional, de discos radiados y esvásticas curvas muy del gusto popular desde hacía siglos. La tracería gótica, de precisas líneas recortadas sobre el vacío, crea una geometría sinuosa y seriada, de la que el arte popular extrae motivos concretos que, aislados, se emplearán en las artes domésticas, sobre todo. De todos ellos, la cruz de burbujas es uno de los que mayor éxito ha tenido, en especial en ciertas zonas de Francia, donde pudo tener su origen dada su abundancia en la Baja Navarra y en Alsacia, en países vecinos de Centroeuropa y en España. Su elaboración (fig. 33) es muy sencilla con el compás, pues solo consiste en repetir cuatro veces en cruz el diseño del taijitu, resaltando únicamente una de sus burbujas, según el giro que se le quiera dar. Tampoco es muy difícil trazarlo a mano alzada para un maestro habilidoso, como se aprecia en muchas ocasiones.

A pesar de que, como todos los vórtices, se ha querido interpretar como una figura solar, la época tardía en que aparece la cruz de burbujas, ya he dicho antes que no es anterior al siglo xvii, hace que no nos pueda caber duda de que para los canteros, albañiles, alfareros, campesinos y demás fue siempre una cruz[18]. Desde luego, la interpretación solar se puede considerar en el caso de otros tipos de esvásticas y de círculos radiados, sobre todo para tiempos antiguos, ya que en Europa este sentido se iría perdiendo y fueron quedando más como meros motivos decorativos, aunque en Oriente ese simbolismo solar y la función talismánica todavía existen. Por otro lado, está claro que este tipo de cruz, como otra clase cualquiera de cruz, tiene en la cultura cristiana un valor apotropaico, protector.

Fue, por tanto, durante el siglo xviii, cuando la cruz de burbujas se esculpió abundantemente en las casas, preferentemente en los dinteles de puertas, ventanas y balcones, junto a otras imágenes acostumbradas y a inscripciones. También se ve alguna vez en tumbas[19] y en la carpintería doméstica y muebles (figs. 34 y 35). Como decía antes, este fenómeno fue más abundante en el País Vasco francés, pero también en el lado español, y en algunas regiones francesas occidentales, de los Alpes y del Rhin. En los característicos muebles y utensilios de madera tallada de los países alpinos, desde Italia y Francia hasta el Tirol austriaco y Baviera, son protagonistas la hexapétala, los círculos radiados, las retículas de cuadrados y triángulos excavados, etc., es decir, motivos tradicionales muy antiguos y extendidos por toda Europa, desde Noruega a Italia, y desde Rusia a España. La cruz de burbujas aparece alguna vez, pero no abunda.

En la península ibérica, se suele considerar que es típica de Navarra y del País Vasco, hasta el punto de que a veces se ha llamado cruz vasca. Sin embargo, este tipo de cruz se ha usado en otras regiones hasta el siglo xix y comienzos del xx. Se halla en casas de provincias vecinas, como en la de Huesca, sobre todo en la zona occidental, si bien aparece alguna en Benasque, en La Rioja, en Castilla y León, que veremos después con más detalle. Parece que no se ha documentado en Cantabria[20], cosa extraña si tenemos en cuenta que sí que aparece en Asturias y Galicia, si bien en estas últimas se ha utilizado solamente en puertas y paredes de madera de los hórreos de ciertas zonas muy concretas del occidente de Asturias y zonas vecinas de Lugo[21]. Este tipo de difusión discontinua parece ser la tónica de este motivo, a diferencia de otros motivos tradicionales muy antiguos, como la hexapétala o los círculos radiados, que se encuentran por doquier. Y así se ven algunos ejemplos también por el sur, de los que conozco alguno por casualidad, como una extraordinaria puerta interior de un zaguán en una casona dieciochesca de Ronda (fig. 36). Es una puerta de cuarterones con dos hojas, en cada una de las cuales el tercio central lo ocupa una gran estrella de ocho puntas pareadas, que al mismo tiempo es una cruz, con cuatro cruces de burbujas en las cuatro esquinas, si bien una de ellas ha sido sustituida por una mirilla[22].

En Castilla y León no está tan extendida como otros tipos de cruces y de vórtices, pero se hallan bastantes ejemplos en distintos medios. En primer lugar, encontramos la cruz de burbujas como imagen apotropaica en la portada de algunas casas, sola o en combinación con otros emblemas religiosos. Una muestra importante de su uso ya en el siglo xviii en la provincia de Burgos es la que aparece en la clave del arco de la puerta de una casa de Quintanilla de la Mata, junto a Lerma (fig. 37). La composición está formada por una cruz de calvario pometeada, a cuya derecha hay una cruz de burbujas dextrógira y una roseta hexapétala a su izquierda. La inscripción dice: «Ave María / Bartholo Año 1762 mé de Ar[r]iva». En la misma comarca, entre el valle del Arlanza y la Ribera del Duero, aparece en casas de otros pueblos, como Fontioso, Rabé y Quintana del Pidio. En estos casos, está tallada en la clave del arco, ahora rebajado, sin más figuras ni inscripciones, si bien se pueden fechar en el siglo xix. En las comarcas de Palencia y Valladolid limítrofes con Burgos, el Cerrato y el Valle Esgueva, también hay una abundante arquitectura popular en piedra, a veces alternando con adobe, y entre los trabajos de labra aparece este tipo de cruz. Delante de la iglesia de Valdeolmillos (Palencia) hay una cruz sobre el pretil que rodea el templo y, en la unión de los dos brazos, tiene un gran círculo con la cruz de burbujas labrada (fig. 38). He visto que en otras cruces aparecen círculos parecidos, pero suelen llevar una hexapétala o un círculo radiado. En una casa de Piña de Esgueva (Valladolid), sobre la puerta adintelada, figura la imagen de una custodia, a cuyos flancos giran dos cruces de este tipo encerradas en dobles círculos radiados. Debajo aparece la fecha: «Año de 1855» (fig. 39).

Desde la Ribera del Duero hasta el Sistema Central, abunda la ornamentación incisa, pintada o esgrafiada sobre revoco. Si Julio Caro Baroja consideraba que la interpretación del significado de esta imagen estaba clara por su uso en tumbas, por ejemplo[23], como un tipo más de cruz de los muchísimos utilizados entre los cristianos, en la provincia de Segovia encontramos un testimonio de lo mismo a punto de perecer. El espacio interior del castillo de Turégano, delante de la entrada a la iglesia que forma su núcleo, se utilizó en el siglo xix de cementerio y quedan algunos nichos excavados en la muralla remarcados por un recuadro pintado en negro sobre revoco blanco, en cuyo centro se pueden apreciar todavía los restos de una esvástica en un círculo en los mismos colores (fig. 40).

En esgrafiados de casas, se ha utilizado alguna vez como motivo aislado, como cruz protectora sobre vanos de la casa tradicional. Así se aprecia en la fachada de una sencilla vivienda del pueblo segoviano de Losana de Pirón (fig. 41), donde aparece, pintada de rojo sobre el esgrafiado, encerrada en un círculo que ocupa el centro de un triángulo truncado, a modo de frontón sobre el dintel de la puerta.

En otras ocasiones, se ha empleado como parte de conjuntos que cubren todo el muro, como es habitual en los esgrafiados segovianos, combinándose con otras figuras, como un diseño de Yaguas de Eresma[24], con cruces de burbujas en círculos que en otras ocasiones están ocupados por estrellas de ocho puntas u otros motivos. Las variaciones en los esgrafiados, creación de un artífice determinado, dan lugar a formas que no son exactamente las de la cruz de burbujas, sino que presentan las cuatro burbujas girando de manera más libre; ejemplos de eso son los esgrafiados de Turégano y de Fuentelolmo de Fuentidueña de las figuras 42 y 43.

También entre otros artesanos relacionados con los oficios de la construcción, aquellos que trabajaban con el hierro y la madera, se difundió este motivo ornamental. De la Ribera del Duero, de Fuentelcésped, es una chapa para proteger la parte baja del balcón de madera, donde se han representado con la técnica del agujereado, tan empleada en las tapaderas de los calentadores, una cruz de burbujas dentro de un círculo flanqueada por dos eses (fig. 45). Labor de herreros tradicionales son también algunos cerrojos de palanca de las viejas puertas como los de la figuras 46 y 47 . El primero por la izquierda, de procedencia salmantina, se exhibe en el Museo Etnológico de Castilla y León y presenta la cruz de burbujas en positivo en su parte superior rematada por una flor o corona. El segundo, de una casa de Santibáñez de Vidriales (Zamora), está coronado por una hexapétala y la cruz en negativo está debajo del agarradero del cerrojo.

Asimismo, encontramos la cruz de burbujas en obras de carretería y carpintería, como una sencilla cama zamorana del Museo Etnográfico de Castilla y León o la portillera de un carro de la Ribera burgalesa (fig. 48). Los carpinteros a veces dibujaban esta cruz, con el sentido apotropaico que ya hemos señalado, similar al de un amuleto, en la casa o carpintería. Como señalé en otra ocasión, cuando mi abuelo Bernardo llegó a Castrillo de la Vega desde Valtiendas a principios del siglo xx y construyó su carretería en la calle de Traslaiglesia, en la fachada mandó pintar una rueda de carro y una «cruz de botines»[25]. Por otro lado, se pueden relacionar con la cruz de burbujas algunos diseños de vórtices que los alfareros de Peñafiel pintaban en el centro de algunos platos[26]. Estos eran piezas circulares muy decoradas, por lo general en amarillo sobre fondo rojo, aunque hay algunos al revés, cuyo motivo central era un pájaro, un árbol o ramo, un corazón, la Virgen del Henar, o algún tipo de vórtice, normalmente un disco radiado, y en alguno la esvástica curva de cuatro radios (fig. 49), si bien los hay de cinco, de seis, etc. En este caso, la figura no se trazaba a compás, sino que se aplicaba el juaguete con un pincel a pulso[27].




NOTAS

[1] Julio Caro Baroja, La casa navarra II. Pamplona: Caja de Ahorros de Navarra, 1982. Al reseñar una de Zubieta, comenta: «Una cruz ovifila de las que hoy sirven de símbolo ideológico» y, unas líneas más abajo, concluye: «Sea el que sea el origen del signo, parece evidente que en fachadas de casas, arcas y sepulturas, tiene un fin protector», p. 208.

[2] S. de Pablo, «El lauburu. Política, cultura e identidad nacional en torno a un símbolo del País Vasco». Memoria y Civilización (M & C), 12, 2009, pp.109-153.

[3] Philippe Veyrin, «La croix à virgules dite croix basque». Bulletin du Musée Basque, 11, 1936, pp. 321-368.

[4] Julio Caro Baroja, op. cit., pp. 382-383, reseña una inscripción con dos cruces de este tipo de 1681.

[5] Philippe Veyrin, «Le svastika courbé et autres motifs virguloïdes dans l’art populaire basque». VIIème Congrés d’Études Basques, 1948, pp. 883-891. Véase p. 884.

[6]Burbuja, gota y vejiga de pez son los nombre más empleados en los estudios de arte; el último parece haber sustituido en los tratados sobre el gótico tardío a llama o flamma, de donde procede la denominación ‘gótico flamígero’. En los trabajos sobre artes populares, por ejemplo sobre los esgrafiados, predominan los dos primeros nombres: R. Ruiz Alonso, El esgrafiado. Un revestimiento mural en la provincia de Segovia. Segovia: Caja Segovia, 1998, pp. 278-283. M. A. Gilsanz Mayor y M. F. Martínez Serrano, «Grupos de simetría en el esgrafiado segoviano», en I Jornada Nacional de Investigación en Edificación, 2007, pp. 7 y 9. http://oa.upm.es/4704/1/P10.pdf [consulta: 23/01/2015]. F. Vega Ballesteros y S. Aguirre Sierra, El esgrafiado en la comarca de la Carballeda, p. 34. http://issuu.com/silviaaguirresierra/docs/el_esgraf_en_la_carballeda [consulta: 23/01/2015].

[7] Paul M. Duval, «L’art des Celtes et la Gaule». Travaux sur la Gaule (1946-1986). Rome : École Française de Rome, 1989, pp. 505-533. http://www.persee.fr/web/ouvrages/home/prescript/article/efr_0000-0000_1989_ant_116_1_3688. [consulta: 16/12/2014]. El mismo autor lleva a cabo un estudio pormenorizado de los motivos representados en el disco de Auvers-sur-Oise en «Deux éléments fondamentaux du Premier style celtique», Travaux sur la Gaule (1946-1986). Rome : École Française de Rome, 1989, pp. 561-574. http://www.persee.fr/web/ouvrages/home/prescript/article/efr_0000-0000_1989_ant_116_1_3692 [consulta: 16/12/2014].

[8] E. H. Gombrich, El sentido del orden. Estudio sobre la psicología de las artes decorativas, Barcelona, Debate, 2004, pp. 139-140.

[9] J. M. Báez Mezquita, Arquitectura popular de Sanabria: asentamientos, morfologías y tipologías rurales. Zamora: Diputación Provincial y Caja España, 1994, pp. 173-174.

[10] F. Vega Ballesteros y S. Aguirre Sierra, op. cit.

[11] G. García-Noblejas, Mitología de la China antigua. Madrid: Alianza Editorial, 2007, pp. 134-137. Según el autor, «el concepto de Yin y Yang, es decir, de la dualidad esencial de toda realidad», es uno de los tres conceptos fundamentales de la ciencia china, p. 138. En Corea se conoce como taegeuk y aparece en su bandera nacional.

[12] L. Ueda-Sarso’s, Ancient Military History Site. Varias versiones, según los manuscritos, del emblema de las unidades Armigeri defensores seniores y Mauri osismiaci pueden verse en las páginas: http://www.ne.jp/asahi/luke/ueda-sarson/Armigeri.html y http://www.ne.jp/asahi/luke/ueda-sarson/NDmauriOsismiaci.html, respectivamente [consulta: 21/01/2015].

[13] Laura Fernández Fernández, «La palabra como imagen del poder: la cultura escrita y su dimensión simbólica en la construcción del lenguaje visual de la Notitia Dignitatum», Codex Aquilarensis, 11, 2011, pp. 291-304, comenta: «Como ya he mencionado, teniendo lugar algunos de los hechos relatados en el siglo v, es lógico pensar que la definición iconográfica de la Notitia no se llevará a cabo hasta al menos dicho momento, encontrando múltiples puntos en común con los ejemplares iluminados que nos han llegado de esa época. Algunos detalles coincidentes... así como multitud de objetos que han sido identificados a través de la arqueología, avalan la hipótesis de que la Notitia Dignitatum fuera ya ilustrada en este momento», p. 295.

[14] El arte popular español a través del Museo de Industrias y Artes Populares. Barcelona: Aymá, 1953, lámina VI.

[15] Sobre la esvástica curva falciforme, véase mi artículo citado al comienzo.

[16] J. J. Martín González y F. J. de la Plaza Santiago, Catálogo monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XIV, 2.ª parte. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid (conventos y seminarios). Valladolid: Diputación Provincial, 1987, p. 324.

[17] Una fotografía detallada de este púlpito puede verse en Historia del arte de Casilla y León. Tomo III. Arte gótico. Valladolid: Ámbito, 1995, p. 445.

[18] Como siempre he oído llamarla en tierras burgalesas y segovianas: «cruz de gotas», «cruz torcida», «cruz de botines», en que el término botín se refiere a un tipo de bota de llevar el vino con forma de burbuja gótica.

[19] Julio Caro Baroja, La casa navarra III. Pamplona: Caja de Ahorros de Navarra, 1982. En el pueblo de Elorz, cita una «cruz ovifila» en una casa y añade: «El valor que se daba a estos signos puede inferirse de que, en la iglesia, una sepultura que es de (17)41, al parecer, también tiene, al pie, dos cruces ovifilas», p. 64 y fotografía en la p. 68.

[20] En el estudio de R. Villegas López, Motivos decorativos y ornamentales en la arquitectura tradicional de Cantabria. Santander: Cantabria Tradicional, 2002, no se recoge ninguna cruz de burbujas. Sí que documenta vórtices de tres brazos o trisqueles (p. 33), círculos de múltiples radios curvos (pp. 33-35), que a veces denomina esvásticas, y esvásticas curvas de cuatro brazos en el botón central de grandes rosetones, por ejemplo en p. 87, entre otras.

[21] Armando Graña García y Joaquín López Álvarez, «Dos nuevas vías para el estudio del hórreo asturiano: una hipótesis sobre su origen y una clasificación de sus decoraciones», en E. Frankowski, Hórreos y palafitos en la Península Ibérica. Madrid: Istmo, pp. 455-509. Este tipo de cruz, que los autores denominan tetrasquel, aparece en el «estilo decorativo Allande», que se dio en el occidente de Asturias en los siglos xviii y xix; véanse pp. 496-502. Sobre Galicia, José Manuel Vázquez Varela, «El tetrasquel calado de los hórreos de a serra de Ancares y su entorno: reflexiones sobre conceptos analíticos del arte popular», Semata. Ciencias Sociales y Humanidades, 14, 2002, pp. 165-173.

[22] Parece que en Andalucía se halla la cruz de burbujas en otros lugares, como en Jaén, según veo en http://movimientoraigambre.blogspot.com.es/2014/10/los-lauburus-en-el-reino-de-jaen.html, donde se dan noticias sobre lo que el autor llama lauburus, nombre curioso para Andalucía, si bien algunos de los casos que presenta el autor son dudosos. El de la bóveda de San Ildefonso de Jaén no es más que un vórtice gótico; el del monasterio de Barranco de Cazalla es un trisquel quizá del siglo xviii, y tardíos también serán los otros casos [consulta: 10/01/2015].

[23] Véase la nota 24.

[24] R. Ruiz Alonso, op. cit., p. 285.

[25] Arturo Martín Criado, «Un taller de carretería tradicional», Revista de Folklore, 1987, n.º 83, pp. 147-168. Dicha fachada puede verse en mi publicación: La ornamentación en la arquitectura tradicional de la Ribera del Duero. Ávila: Junta de Castilla y León, 2008, p. 339.

[26] Agustín García Benito, Cerámica tradicional de Peñafiel. Valladolid: Diputación de Valladolid, 2004. Véanse pp. 193-194 y 378-383.

[27]Ib., pp.190-192.