Fundación Joaquín Díaz

Colección de Instrumentos Mecánicos

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Instrumentos Mecánicos


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Nombre: Diana

Marca: Phönix

País: Alemania

Modelo: Sistema neumático con discos perforados


Tal vez como una reacción al período de la Ilustración, tan racional y tan poco dado a una concepción poética del mundo, muchos alemanes, encabezados por pre-románticos como Herder, volvieron sus ojos a la mitología griega. En particular, los constructores de instrumentos mecánicos no perdieron ocasión de bautizar sus nuevos modelos y patentes con nombres mitológicos o de la cultura helénica y así nacieron Ariston, Herophon, Phoenix, Diana, Calíope, Sirion o Electra, por poner sólo algunos ejemplos de instrumentos que llenaron con su música las vidas de millones de europeos del siglo XIX.

La fábrica de instrumentos Phönix, de Leipzig, fabricó muchos modelos similares al aristón que estuvieron entre los más apreciados por su timbre, según escribe Birgit Heise en su catálogo de organitos (1876-1930). El modelo Diana, aparecido en 1905 y preparado para discos de metal intercambiables, no supuso mucho avance pues ya la misma fábrica había sacado al mercado aparatos con 42 voces (El Phonix 14) y singularmente apreciados por su sonido. La fecha tan avanzada hace sospechar que el instrumento salía más como juguete de lujo que como “reproductor” de canciones de moda, que ya habían comenzado a crear su propio mercado en los rodillos fonográficos y en los discos gramofónicos.



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Foto 3

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El camino de inventores y científicos en busca de un sistema que fuese capaz de imitar la voz humana, antes de poder grabarla, almacenarla y reproducirla, fue tan largo como interesante. En ese recorrido podríamos encontrar autómatas, cabezas parlantes o instrumentos que pretendían no sólo producir sonidos similares a los emitidos por la laringe del individuo sino sorprender, entretener, deleitar y facilitar la ejecución de melodías a cualquier mortal sin necesidad de ser músico avezado. Son conocidos los precedentes del barón húngaro Wolfgang von Kempelen con su Fonoautófono (1788), el checo Robertson con su Fonoaugon (1810) o el barón francés Leon Scott de Martinville con su Fonoautógrafo (1857). El siglo XIX fue el siglo de las patentes de inventos mecánicos y un período de transición hasta culminar con el Fonógrafo de Edison y el Gramófono de Berliner, antecedentes de los ingenios que han llenado de música nuestras casas y nuestra vida. En todo ese tiempo, durante casi un siglo, apareció y se difundió una serie de aparatos musicales o sonoros cuyos sonidos tenían más que ver con la mecánica que con la música.