Parecidos al Symphonion hubo algunos aparatos. La marca Polyphon, por ejemplo, era el sello comercial de una fábrica creada en Leipzig bajo la patente Polyphon Musikwerke (1889). Su fundador, Gustave Brachhausen, venía de la fábrica Symphonion, también de Leipzig, que fabricaba como hemos visto diferentes tipos de aparatos mecánicos. Ambas patentes se repartieron el mercado durante algunos años pero en 1892 Brachhausen viajó a los Estados Unidos y allí creó una nueva compañía que llamó Regina Music Box Company y que mantuvo su competencia con los nuevos inventos como el fonógrafo o el gramófono hasta que en 1922 quebró. Durante ese tiempo las fábricas existentes en Suiza y Alemania llenaron el mercado con diferentes marcas ( Kalliope, Fortuna, Stella, Britannia, etc.) y con discos de 20,7 cms., 30 cms., 50 cms., 62,5 cms. y otras medidas superiores para grandes aparatos que se vendían en suntuosos muebles.
El Polyphon era un instrumento mecánico que constaba de una caja (en realidad se le podría denominar caja de música) en la que un peine de láminas metálicas era accionado por unas púas que giraban independientemente en un cilindro y que eran desplazadas por unas muescas o pestañas que se habían marcado previamente en la base inferior de un disco metálico. En los primeros ejemplares fabricados por Polyphon el sistema de giro del disco era manual y se hacía con una manivela situada en la parte frontal de la caja, pero muy pronto la marca incorporó la cuerda accionada con una llave que, sobre todo, permitía una regularidad en la ejecución. Para que el disco girara de manera uniforme y las púas alcanzaran siempre las láminas correctamente había una barra de hierro guarnecida de varias ruedas de goma desde la mitad de uno de los lados hasta el centro (posteriormente la barra cruzaba de lado a lado la caja) donde iba presionando el disco para evitar alabeos. Cada disco contenía una canción codificada cuyo comienzo y final estaban señalados en la parte anterior del disco con una flecha.
El ejemplar tiene cuerda aunque no con la clásica llave sino accionada con un cigüeñal dotado de una manija que se desplaza de un lado a otro en la parte frontal de la caja. El eje gira en dirección contraria a las agujas del reloj. El instrumento toca discos de 20,6 cms. de diámetro y tiene un peine con 40 láminas vibrantes protegido por una cubierta metálica. Presenta una característica litografía en la parte interior de la tapa que sirvió durante algunos años para identificar a la marca.




El camino de inventores y científicos en busca de un sistema que fuese capaz de imitar la voz humana, antes de poder grabarla, almacenarla y reproducirla, fue tan largo como interesante. En ese recorrido podríamos encontrar autómatas, cabezas parlantes o instrumentos que pretendían no sólo producir sonidos similares a los emitidos por la laringe del individuo sino sorprender, entretener, deleitar y facilitar la ejecución de melodías a cualquier mortal sin necesidad de ser músico avezado. Son conocidos los precedentes del barón húngaro Wolfgang von Kempelen con su Fonoautófono (1788), el checo Robertson con su Fonoaugon (1810) o el barón francés Leon Scott de Martinville con su Fonoautógrafo (1857). El siglo XIX fue el siglo de las patentes de inventos mecánicos y un período de transición hasta culminar con el Fonógrafo de Edison y el Gramófono de Berliner, antecedentes de los ingenios que han llenado de música nuestras casas y nuestra vida. En todo ese tiempo, durante casi un siglo, apareció y se difundió una serie de aparatos musicales o sonoros cuyos sonidos tenían más que ver con la mecánica que con la música.