Fundación Joaquín Díaz

Colección de Instrumentos Mecánicos

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Instrumentos Mecánicos


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Nombre: Órgano de Barbarie

Marca: Jerome Thibouville-Lamy

País: Francia

Modelo: Cilindro de puas combinado con sistema neumático


Otro órgano de manivela y cilindro era el llamado de Barbarie, instrumento mecánico dotado de unos fuelles, de un rodillo con púas y de unos tubos, generalmente de metal. Por medio de una manivela que se encuentra en el exterior de la caja, se ponen al mismo tiempo en acción el cilindro de púas que gira sobre su propio eje -que está situado en un nivel inferior a los tubos–; y unos fuelles que alimentan de aire a una caja o "secreto" desde donde ese mismo aire pasa y sale al exterior a través de los tubos seleccionados por las púas del cilindro.

Podría decirse que desde que el agustino francés Joseph Engramelle publicó en París (1775) su Tonotechnie (Tonotécnica o arte de marcar cilindros), cientos de constructores y músicos usaron instrumentos similares aunque con diferentes características y denominaciones. Probablemente los más conocidos fueron el Órgano de Barbaria (Orgue de Barbarie o Barberie, llamado así, según algunos estudiosos, por seguir las huellas de un constructor italiano apellidado Barbieri) y la "serineta" o serinette (seriner era en francés enseñar a cantar a los pájaros), el primero usado en la calle y el segundo en el ámbito doméstico. Otros nombres, como la denominación germana Leierkasten, la inglesa Barrel Organ, la italiana Organetto a manovella, fueron muy usados y hacen mención, como puede observarse, al manubrio, al cilindro o al giro de la manivela.

La historia de este tipo de órganos es demasiado larga para tratar de resumirla en pocas líneas pero serviría para simplificar la idea de que los primeros ejemplares descritos usaban la energía hidráulica en vez del manubrio para poner en acción el mecanismo (el órgano de Ctesibio de Alejandría, o los de Robert Fludd y Athanasius Kircher en el siglo XVII) y, a partir del siglo XVIII se usó únicamente el modelo de manivela.

Este instrumento fue fabricado por la firma francesa de Jerome Thibouville-Lamy, establecida en París y difusora de otras patentes similares como el Coelophone, el Organophone y la Pianola. El rodillo grabado contiene temas cubanos, tan del gusto de los europeos de los primeros años del siglo XX, que descubrieron la música habanera gracias a compositores de la categoría de Yradier.



Foto 2

Foto 3

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El camino de inventores y científicos en busca de un sistema que fuese capaz de imitar la voz humana, antes de poder grabarla, almacenarla y reproducirla, fue tan largo como interesante. En ese recorrido podríamos encontrar autómatas, cabezas parlantes o instrumentos que pretendían no sólo producir sonidos similares a los emitidos por la laringe del individuo sino sorprender, entretener, deleitar y facilitar la ejecución de melodías a cualquier mortal sin necesidad de ser músico avezado. Son conocidos los precedentes del barón húngaro Wolfgang von Kempelen con su Fonoautófono (1788), el checo Robertson con su Fonoaugon (1810) o el barón francés Leon Scott de Martinville con su Fonoautógrafo (1857). El siglo XIX fue el siglo de las patentes de inventos mecánicos y un período de transición hasta culminar con el Fonógrafo de Edison y el Gramófono de Berliner, antecedentes de los ingenios que han llenado de música nuestras casas y nuestra vida. En todo ese tiempo, durante casi un siglo, apareció y se difundió una serie de aparatos musicales o sonoros cuyos sonidos tenían más que ver con la mecánica que con la música.