Fundación Joaquín Díaz

Colección de Instrumentos Mecánicos

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Instrumentos Mecánicos


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Nombre: Ariston

Marca: Paul Ehrlich

País: Alemania

Modelo: Sistema neumático con discos perforados
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El Ariston es la marca registrada de un organillo neumático de manivela con lengüetas libres. Parece que su inventor, Paul Ehrlich (1849-1925), comenzó fabricando en Leipzig en 1877 un tipo de organillo pequeño (el Orchestrionette) y pocos años más tarde crearía otro modelo (Ariston) para el ámbito doméstico (40 x 40 x 25 cms.) que funcionaba con discos de cartón perforado y que bien pronto alcanzaría una gran popularidad (se vendieron cerca de medio millón de aparatos y se perforaron en disco hasta seis mil melodías distintas). Por eso no le importó que otros inventores como Ludwig Hupfeld alcanzaran la gloria de haber creado órganos de más voces: frente a los instrumentos de Ehrlich con 24 y 36 voces, los de Hupfeld llegaron a tener 61 notas. Otras compañías, como la Pietschmann und Soehne, lanzaron patentes diferentes hacia 1885 como el Herophon (de disco cuadrado en el que se movía el mecanismo interior en vez del disco) o el Manopan (en el que la canción se codificaba en un rollo de papel). En 1887 Ehrlich patentó el Ariston para todo el mundo y sólo el éxito de aparatos como el Polyphon (con discos de metal y cilindro de púas) o del Fonógrafo, acabaron con el reinado largo y fructífero del fabricante.

El invento de Ernest Paul Ehrlich era un instrumento de tipo órgano (es decir con fuelles y secreto o caja para almacenar el aire), dotado de una manivela que ponía en marcha dos funciones: una, insuflar aire al secreto con los fuelles y otra hacer girar interiormente un mecanismo que, cada vez que pasaba por las perforaciones efectuadas en un disco cuadrado de cartón que iba fijo sobre el mueble, levantaba las llaves del secreto para que el aire hiciese sonar unas lengüetas libres.



Foto 2

Foto 3

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El camino de inventores y científicos en busca de un sistema que fuese capaz de imitar la voz humana, antes de poder grabarla, almacenarla y reproducirla, fue tan largo como interesante. En ese recorrido podríamos encontrar autómatas, cabezas parlantes o instrumentos que pretendían no sólo producir sonidos similares a los emitidos por la laringe del individuo sino sorprender, entretener, deleitar y facilitar la ejecución de melodías a cualquier mortal sin necesidad de ser músico avezado. Son conocidos los precedentes del barón húngaro Wolfgang von Kempelen con su Fonoautófono (1788), el checo Robertson con su Fonoaugon (1810) o el barón francés Leon Scott de Martinville con su Fonoautógrafo (1857). El siglo XIX fue el siglo de las patentes de inventos mecánicos y un período de transición hasta culminar con el Fonógrafo de Edison y el Gramófono de Berliner, antecedentes de los ingenios que han llenado de música nuestras casas y nuestra vida. En todo ese tiempo, durante casi un siglo, apareció y se difundió una serie de aparatos musicales o sonoros cuyos sonidos tenían más que ver con la mecánica que con la música.