Fundación Joaquín Díaz

Colección de Instrumentos Mecánicos

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Instrumentos Mecánicos


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Nombre: Rymophone

Marca: Automatique Concert

País: Francia

Modelo:


Ya desde el tiempo de los fonógrafos, en 1896, surge su explotación de como máquinas tragaperras. Los cafés, hoteles, salones de baile y salas de reunión públicas son un lugar idóneo para su instalación. Es destacable la impresionante máquina de la firma «Multiphone-Autophone Co.» que, en 1907, manejaba de forma automática y tras una urna de cristal hasta 12 cilindros a elección del oyente.

Entre los gramófonos de monedas destacó el «Automatique Concert» que, en 1910, presentaba un listado con los discos disponibles en el exterior de la máquina. Tras consultarlo, el cliente hacía su elección y el propietario del local le facilitaba la llave que abría la persiana de los discos almacenados. Era el propio cliente quien tomaba el disco y lo colocaba en el plato. Una vez que el usuario había dado cuerda manualmente al gramófono, sólo quedaba depositar la moneda para que la máquina comenzara a sonar.

El imponente brazo del «Automatique Concert» recibía el nombre de «cuello de ganso» o «de avestruz» y su considerable diafragma, en combinación con la enorme bocina, proporcionaban un sonido fuerte y definido capaz de llenar cualquier salón de baile. La altura de la bocina proyectaba el sonido para que saliera por encima de las parejas.



Foto 2

Foto 3

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El camino de inventores y científicos en busca de un sistema que fuese capaz de imitar la voz humana, antes de poder grabarla, almacenarla y reproducirla, fue tan largo como interesante. En ese recorrido podríamos encontrar autómatas, cabezas parlantes o instrumentos que pretendían no sólo producir sonidos similares a los emitidos por la laringe del individuo sino sorprender, entretener, deleitar y facilitar la ejecución de melodías a cualquier mortal sin necesidad de ser músico avezado. Son conocidos los precedentes del barón húngaro Wolfgang von Kempelen con su Fonoautófono (1788), el checo Robertson con su Fonoaugon (1810) o el barón francés Leon Scott de Martinville con su Fonoautógrafo (1857). El siglo XIX fue el siglo de las patentes de inventos mecánicos y un período de transición hasta culminar con el Fonógrafo de Edison y el Gramófono de Berliner, antecedentes de los ingenios que han llenado de música nuestras casas y nuestra vida. En todo ese tiempo, durante casi un siglo, apareció y se difundió una serie de aparatos musicales o sonoros cuyos sonidos tenían más que ver con la mecánica que con la música.