Joaquín Díaz

VIENTOS DE CAMBIO


VIENTOS DE CAMBIO

Sobre el incendio de Santander

29-01-2016



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Cuando se produjo el incendio de Santander, la llamada "literatura de cordel" -es decir la difusión de hechos noticiosos a través de la venta de papeles impresos y cantados- estaba en su última fase. Por un lado, la fuerza de los periódicos parecía consolidada: frente a los relatos creíbles ofrecidos desde la Edad Media por los ciegos cantores se alzaba la búsqueda obsesiva de la verdad en los nuevos medios de comunicación escritos. Por otro, la tradicional ocupación de muchos ciegos, que consistía en componer, imprimir y difundir por plazas y mercados todo tipo de novedades en forma de canciones y romances, estaba a punto de desaparecer sustituida por la venta del cupón. En 1938 se creaba la Organización Nacional de Ciegos y un año después se realizaba el primer sorteo. El oficio de coplero tenía sus días contados...
Pese a ello, todavía a comienzos de la década de los 40 se mantenía por inercia un trabajo que algunos poetas de vocación defendían hasta las últimas consecuencias. Incluso determinados impresores afincados en ciudades y pueblos de España hacían uso de noticias leídas en los periódicos para construir e hilvanar versos convincentes que sedujeran a un público aficionado a la novedad y ansioso de noticias morbosas.
Del incendio hay dos ejemplos. El uno, cantado en disco por el gran Chema Puente o recogido también recientemente en el "Romancero tradicional en la Montaña palentina" del investigador Carlos A. Porro, comenzaba con el tradicional llamamiento personalizado, que lo mismo podía dirigirse a la Virgen o a un santo que a una ciudad, como en este caso: "Santander, ciudad hermosa, / tú no podías creer / que de un voraz incendio / tan mártir ibas a ser...". El otro ejemplo, siguiendo una acendrada tradición perfeccionada por el uso y la práctica, recurría directamente a la noticia para llamar la atención del público: "Día 15 de febrero / Santander no olvidará / los daños que causó el fuego / el viento y el temporal". Y termina, como a veces acababan los pliegos, desvelando el nombre del poeta que no sólo reclama su autoría sino que quiere compadecer a los posibles oyentes: "Si quieren saber señores / quién escribió estos versitos / el maestro de Mantinos / que el pobre es viejo y cojito". Toda una forma de comunicar que se llevó para siempre el viento de la modernidad y el incendio de las modas.