Joaquín Díaz

PROLOGO A UN LIBRO DE REFRANES


PROLOGO A UN LIBRO DE REFRANES

REFRANERO SEXOLÓGICO CASTELLANO

Acerca de los refranes

23-03-1994



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No deja de ser curioso que la palabra refrán derive del antiguo verbo occitano "refranher", que quiere decir "reprimir"; de hecho son pocos los refranes que no tienen el carácter de ligera admonición cuyo sentido pueda servir de lección en la gran academia del lenguaje y de la vida. Un proverbio es un dicho que suele contener una doctrina y por tanto una cierta obligación de cumplimiento o de rechazo; tal vez por esta razón (o porque se cumpla una ley de probabilidades) se suelen dar estas sentencias de modo reversible: "El hombre lo gana y la mujer lo guarda", pero también "El hombre lo gana y la mujer lo gasta". La experiencia y las circunstancias aconsejarán en qué momento usar una u otra fórmula...

Decía que los refranes tienen algo de reprimenda y no creo equivocarme demasiado. La primera colección en castellano, Refranes que dicen las viejas junto al fuego debida al Marqués de Santillana, ya muestra claramente quiénes usaban estas sentencias con más facilidad y en qué momento -las veladas invernales, escuela de costumbres durante siglos-. En efecto, ha sido costumbre que los ancianos atesoraran este tipo de conocimientos siendo sus mejores usuarios -la experiencia es fruto tardío y quien más vive más sabe-, pero también es cierto que resulta más fácil dar un consejo que tomarlo y así los jóvenes han preferido muchas veces ignorar las viejas normas por aquellos de que vale más un burro vivo que un sabio muerto.

Los temas sexuales, con sus derivaciones y sucedáneos, han estado presentes desde siempre -cómo no- en el refranero español y ello porque nuestro pueblo es muy amante de lo erótico y más aún de lo carnal; además, cualquier represión que se haya ejercitado en esta cuestión ha sido siempre contra su uso y no contra su creación, estando demostrado que a mayor restricción más producto. De todos modos no debe de extrañarnos la abundancia de material teniendo en cuenta la procedencia fundamentalmente rural del corpus refraneril y el tratamiento natural -poco proclive a falsedades o a rebuscadas normas de cortesía- que tuvo hasta el siglo XVIII la educación tradicional; por otra parte el carácter anónimo que prevalecía en el uso de muchas de estas expresiones, permitió no pocas veces liberalidades que una frase personalizada jamás hubiese permitido.

En ese juego tan interesante de la libertad de expresión se mueve toda esta colección, constatando además que no son los refranes o dichos más permisivos (aquellos que parece lo dicen todo) los más graciosos, sino aquellos que permiten pensar, imaginar; en suma, ejercitar la inteligencia.