Joaquín Díaz

LOS COFRES DEL CID


LOS COFRES DEL CID

Leyenda tradicional

22-02-2000



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El episodio de los cofres es sobradamente conocido y corresponde
a los versos 78 a 211 del Poema del Cid: El héroe, acosado por la
ira del rey Alfonso, debe dejar el reino y extrañarse de su
tierra. En la necesidad de mantener a todos los suyos se le ocurre
la idea de obtener un adelanto de dos judios burgaleses, Rachael
y Vidas, a cuenta de dos cofres lujosamente adornados pero
repletos de arena. Martín Antolínez, sobrino del Cid y su tesorero
o mayordomo, pide que no abran las arcas hasta pasado un año
cuando el Cid regrese:

Que sobre aquelas archas dar-le y en VI cientos marcos
e bien gelas guardarien fasta cabo del anno;

ca assie dieran la fe e gelo avien jurado

que si antes las catassen que fuessen periurados

non les diesse Myo Cid de la ganancia un dinero malo.

Me cuesta creer, y en ese sentido he escrito la leyenda, que dos
judíos inteligentes y acostumbrados al comercio fuesen engañados
de manera tan infantil. Prefiero pensar que ambos apuestan por el
Campeador,de quien esperan obtener favores y beneficios en el
futuro. No sólo arriesgan los seiscientos marcos pedidos por el
Cid, sino que añaden treinta más a su mayordomo por haberles
procurado el negocio:

Ya, don Rachel e Vidas en uestras manos son las arcas
yo que esto uos gané bien merecia calcas.

Entre Rachel e Vidas aparte ixieron amos

demos—le buen don ca el nos lo ha buscado.

Martin Antolinez un burgales contado

vos lo merecedes,daruos queremos buen dado

de que fagades calcas e rica piel e buen manto.
Damos uos en don a nos XXX marchos.

El tema tiene menos visos de engaño en el Romancero General de
Escobar, donde el Cid se lamenta de que la injusta expulsión del
rey le obligue a lo que no desea hacer:



Dioles dos cofres cerrados/ entrambos llenos de arena
y confiados del Cid/ dos mil florines le prestan.
—Oh necesidad infame/ a cuántos honrados fuerzas
a que por salir de ti/ hagan mil cosas mal hechas…

Tampoco queda duda en la devolución de lo prestado con el interés
correspondiente:

Y a los honrados judíos/ Raquel y Vidas llevá
doscientos marcos de oro/ tantos de plata y non mas
que me endonaron prestados/ cuando me parti a lidiar
sobre dos cofres de arena/ debajo de mi verdad;
rogarles heis de mi parte/ que me quieran perdonar
que con acuita lo fice/ de mi gran necesidad

que aunque cuidan que es arena/ lo que en los cofres está
quedó soterrado en ella/ el oro de mi verdad.

Pagáles la logrería/ que soy tenudo a les dar

del tiempo que su dinero/ he tenido a mi mandar...

LOS COFRES DEL CID



—Shalom, Vidas.

—Saludoso te veas, Rachel.

—¿Sabes si ya llegó nuestro deudor?

—Bien venido sea el deudor y bien hallado el arrecaudador. Mi hijo
David vino a anunciarme su regreso y me dijo que volvió vencedor
de sus campañas. Mi corazón se hinchó de gozo al oir la nueva
porque mi corazón le acompañaba. Aun sabiendo que los dos cofres
que nos dejó contenían arena arriesgué gustoso parte de mi
fortuna en su palabra. $abiéndole vencedor ¿qué eran seiscientos
marcos empeñados un año?. El brillo de sus ojos sólo se ve en los
campeones y no me ha defraudado...

—Aguardarás entonces que te haga llamar.

—Hay muchos negocios aún que proponerle. Hicimos bien en apoyar
su espada con nuestro oro, aceptando el engaño de Martín
Antolínez. No hay en Burgos apuesta más segura ni mejor valedor
que nos defienda. En buena hora nació el Campeador cuyo brazo nos
da tantas victorias.

—Viva, crezca y enflorezca tu hijo que te trajo tan buena novedad.
—Que Adonai te proteja...

—Que El te guíe...