Joaquín Díaz

LA MISA MILAGROSA


LA MISA MILAGROSA

Leyenda tradicional

22-02-2000



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En los Castigos e documentos del rey don Sancho hay un capítulo
que "fabla cómo debe home fazer su oracion et poner en ella toda
su devoción et de cómo debe olvidar todas otras cosas mientras
en oracion estodíere". En él se narra esa historia referida al
conde Garci Fernández, uno de cuyos caballeros, llamado Ferrand
Antolínez, prefiere continuar en misa antes que acudir al vado de
Cascajares donde se libraba una batalla con los moros: "Este buen
caballero, tamaña era la devocion que habia en las misas, que
aunque oía que su escudero lo maltraía, non tornaba ende cabeza; e
él estando allí en la iglesia, nuestro Señor Dios, acatando los
bienes de la misa e sus virtudes...quiso guardar a este caballero
de vergüenza, e mostro luego su miraglo en esta manera: que nunca
aquel dia lo fallaron menos en la fazienda, e envió El su ángel
del cielo que peleara por é1, e non se falló ende otro que tan
buen caballero como él andoviera nin que tanto pelease".

El tema aparece con protagonista anónimo en las Cantigas y en
el Recull d“eximplis...También lo trae Santiago de la Vorágíne
con estas palabras: "Un caballero muy valiente y muy devoto de la
bienaventurada Virgen María, yendo en una ocasión a una ciudad
para participar en un torneo, vio un monasterio a la vera del
camino, y, al advertir que estaba dedicado a Nuestra Señora, entró
en su iglesia para oir misa. La oyó y oyó otra que comenzaba
inmediatamente de la que acababa de oír, y oyó una tercera y
varias más porque, llevado de su amor a la Virgen María, decidió
asistir a todas las que en cadena se celebraban aquella mañana
en la susodicha iglesia. Concluida la última de ellas salió del
templo, y a toda prisa se dirigió a la ciudad en la que las justas
habían de celebrarse. Poco después de que reanudara su marcha se
encontró con otros caballeros que regresaban del ya terminado
torneo, los cuales al verle y reconocerle le felicitaron por el
arrojo y denuedo con que habia combatido durante la
competición...Prosiguió él su camino y al llegar a la ciudad, la
multitud que había asistido al espectáculo, al verle, prorrumpió
en aclamaciones de entusiasmo, e incluso fue homenajeado por
varios contendientes que se presentaron ante él y le
dijeron: Puesto que nos has vencido, tienes derecho a hacer con
nosotros lo que te pareciere'. Entonces cayó en la cuenta de lo
que le había sucedido: la Reina soberana del cielo con exquisita
cortesía había correspondido a la devoción que su siervo hacia
ella sentía, haciendo que, mientras él oía en su honor la larga
serie de misas, alguien, milagrosamente, asumiera su figura y su
aspecto y le reemplazara en el torneo".

Parece evidente la intención moralizante del relato al evitar
que el caballero sienta vergúenza o deshonor por no haber
participado en la lucha siendo sustituido por un ángel que, en su
lugar,vence a todos los contendientes.


LA MISA MILAGROSA

—Confiteor Deo...

Hernán confesaba ante Dios y los santos su fe de cristiano, su
profunda fe en el Salvador,su amor a Cristo por quien todos los
días, con fuerza renovada, salía a combatir al infiel. La pequeña
iglesia, la penumbra, el bisbiseo del sacerdote, el leve resplandor
de los blandones daban a ese instante una magia especial y el
espíritu se elevaba por encima de todo lo terrenal con admirable
levedad.

Hernán no escuchó los pasos de su escudero que llegaba a
advertirle de la cercanía de un grupo de mahometanos que estaba
entablando ya una escaramuza con los suyos.Notó, eso sí, un claro
escalofrío que recorrió su cuerpo casi inmóvil, una tenuidad en
sus miembros que apenas si alteró su profundo silencio
interior. Escuchó el ruido de pisadas que se alejaban de él, el
quejido del gozne en el quicial, para volver de nuevo a una
plácida quietud parecida a un sueño. Imaginó ser guardián de la
pequeña iglesia, defensor de los muros construidos con la fe y el
esfuerzo de sus padres, sobre la certeza de sus convicciones. Se
vio a si mismo ante la puerta del edificio recoleto, tan familiar
para él, y se sobresaltó al escuchar el repentino ladrido de un
mastin que se avalanzaba; apenas tuvo tiempo de esquivar
la primera dentellada cuando, uno tras otro, fueron llegando perros
de distintas razas y tamaños que buscaban su cuerpo. Un alano
clavó con fiereza los colmillos en su mano izquierda que se
contrajo dolorida. Descargó un golpe seco sobre la cabeza del
animal que no soltaba su presa; con la mano diestra rechazaba una
y otra vez los ataques y saltos de sus enemigos.

Le pareció interminable la pelea. Sus miembros estaban ahora
torpes, graves, como si alguien hubiera depositado una enorme carga
sobre todos y cada uno de ellos. Trataba de moverse y era
inútil. a pesantez era superior a su voluntad por desplazarse. Se
encomendó varias veces a Santa María y puso en su regazo el
resultado de tan angustioso combate...

De pronto,cuatro fuertes brazos le elevaron y unos gritos le
devolvieron a la realidad. Estaba rodeado de los suyos que le
aclamaban como vencedor de un combate. ¿De cuál? ¿A qué se
referian? En aquel momento percibió un gran dolor en su mano
izquierda que alguien vendaba fuertemente para cortar la
hemorragia. Volvió a musitar, ahora acompañado por unas voces
roncas y cansadas:

—Confiteor Deo...