Joaquín Díaz

EL ACUEDUCTO DE SEGOVIA


EL ACUEDUCTO DE SEGOVIA

Leyenda tradicional recreada

22-02-2000



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La leyenda que hace al diablo arquitecto del acueducto es antigua
aunque tuvo su mayor difusión y efecto durante el
romanticismo. Anteriormente habían tenido más preminencia los
orígenes míticos, así que Diego de Colmenares en su Historia de
Segovia escribe: “Algunos autores de buen nombre dicen que
Hércules necesariamente hubo de fabricar la puente si fundó la
ciudad, pues sin ella no podia sustentarse; y es verdad que en
manuscritos de docientos años de antigüedad, hemos leído que en
los huecos o nichos del pilar más alto que llaman del
Azoguejo, donde hoy están las imágenes de nuestra Señora y san
Sebastián, puestas allí año mil y quinientos y veinte, estaban
antes estatuas o insignias de Hércules, de donde nació la fama
popular de que Hércules hizo la Puente”.Luego habla de otros
autores que opinan que la fábrica fue obra de Hispán, quien además
colocó unas estatuas en honor de Hércules.

Autores posteriores,como Mariana,quieren que su constructor
hubiese sido Trajano, opinión de la que discrepa Colmenares. Por
último en las notas al capítulo I,(nota 80), viene un artículo de
un "curioso segoviano" donde se toca el tema de su levantamiento
por el diablo y se remite a un escrito de Alejandro Dumas en sus
impresiones del viaje realizado por el escritor francés a
Suiza, donde habla de lo frecuentes que son en Europa las
calzadas, puentes y castillos del diablo, "que después de una
investigación un poco detenida se conocerá ser obra de
romanos".

El hecho, en efecto, ha sido tratado abundantemente en la
literatura, procurando siempre adjudicar al demonio las obras más
difíciles y arduas y dando, como en este caso, una explicación
legendaria a su factura.


EL ACUEDUCTO DE SEGOVIA



—Atiéndeme,Chavajoth; escucha atentamente Belial; oidme
Sachabiel, Adrameleck y Samgabiel. Llamad a todos vuestros
siervos. Convocad a vuestras legiones y que acudan aquí al
instante cada uno con una piedra. En el nombre de Luzbel yo os
conjuro...

Luzbel recorría ufano la gran obra que iba tomando
proporciones gigantescas. Con satisfacción comprobaba que el
volumen de la edificación aumentaba a medida que iba pasando la
noche. Según sus cálculos estaría concluida antes del amanecer. Así
al menos lo había prometido a aquella joven de cuyos labios oyó
varias blasfemias al caérsele el cántaro. Magnífica ocasión. Se
acercó a la airada muchacha y con palabras escogidas aumentó su
indignación. Le propuso un trato serio y práctico: no tendría que
acarrear nunca más agua pues él ordenaría a sus súbditos que
construyesen un ingenio que acercaría el precioso líquido a la
villa desde los manantiales de la sierra. A cambio poca cosa. Sólo
el dominio de su voluntad...Sellaron con sangre el pacto y sin
testigos. Ya le parecía estar gozando con aquel astuto envite de
la plena posesión del alma joven. Antes de que apuntaran las
primeras luces del alba se habría concluido el artificio. Todo a
punto...Pero...¡Cómo!.¿Y quién había sido el insensato que había
puesto a trabajar a Lilith,el diablo más joven del infierno,en
una piedra clave?.¡Si se rompía no podría concluirse el último
arco!.

En un vuelo furioso cruzó de extremo a extremo el inmenso
acueducto. Mas ya era tarde. Inconsciente e indiferente a su
trabajo, Lilith había rebajado burdamente la piedra con el pico
y ahora con una escoda acababa de asestar un fuerte golpe que
había dividido en dos la roca. Al tomar tierra al lado del infame,
Luzbel se percató de que su cuerpo hacía sombra sobre el
pavimento. Era una sombra tenue y alargada que formaba la aurora
con sus rayos, pero era, en fin, el día con su luz y la apuesta
perdida.