Joaquín Díaz

EDITORIAL


EDITORIAL

Revista de Folklore

San Antón

30-11--0001



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Entre las fiestas que más han modificado su celebración en los últimos años se encuentra la de San Antón, patrono de los animales. El hecho de que éstos hayan pasado en las faenas agrícolas a un discreto plano, sustituidos por los vehículos de motor, ha contribuido bastante a acabar en muchos pueblos con la tradicional bendición que tenía lugar al terminar la misa frente al templo; en algunas localidades, hasta hace poco, se organizaban incluso carreras, muchas de ellas no competitivas sino de exhibición, en las que los animales lucían vistosas galas y atalajes lujosos. Era costumbre también, y esta parte de la fiesta ha tenido más fortuna en su conservación, que los versificadores locales hicieran, satirizando, un recuento de sucesos divertidos, conocidos por toda la comunidad, cuya recitación causaba no pocos sofocos a algún vecino o vecina y la hilaridad general en el resto. Estas relaciones o "refranes", especie de historia anual, abrían, por decirlo así, la fiesta popular en la que no faltaban baile y diversión para chicos y grandes.

Ha quedado también en el olvido aquel "marrano Antón", criado a expensas de toda la comunidad, que el día del santo pasaba a pertenecer al vecino en cuya casa entrara libremente; en otros lugares se rifaba o se entregaba al miembro de la comunidad más necesitado.

Con todo, y pese al progresivo debilitamiento que ha sufrido la fiesta, continúa siendo el 17 de enero, San Antonero, la fecha más importante, junto con los Reyes, del primer mes del año.