Joaquín Díaz

Carta del director


Carta del director

Revista de Folklore

La voz de Zorrilla

30-01-2018



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Muchos autores contemporáneos del poeta José Zorrilla mencionan la peculiaridad de su voz, cualidad que él mismo confiesa haber usado para ejercer una influencia mágica sobre su auditorio. Antonio Esquivel eligió a Zorrilla para ser el centro de un retrato colectivo muy famoso. Parece obvio por qué. El poeta era ya, a sus 29 años, un escritor consagrado, pero además estaba considerado como un consumado lector, capaz de seducir por muchas razones a sus contemporáneos y de entusiasmar al auditorio en cualquiera de sus intervenciones públicas. Su mirada y su voz debían de ser –casi todo el mundo que escribe sobre ellas coincide–, muy atractivas y sugerentes. Probablemente esa capacidad para convertir la fonación en un producto emotivo le llegó de sus clases de retórica en el Real Seminario de Nobles y singularizó su forma de declamar. El movimiento ondulatorio de sus cuerdas vocales hizo vibrar a los públicos que le escucharon y traspasó fronteras. Antonio Sánchez Miguel, al morir el poeta, se emociona al recordarle «oyendo leer sus versos con la maestría extraordinaria con que solía hacerlo desde su niñez hasta su muerte. El carácter musical de la recitación, la división de las frases, la variedad de tonos, la claridad y pureza de la pronunciación, el vigor que imprimía a las expresiones, sin cansancio ni fatiga a pesar de las largas tiradas de versos, aquí donde tan pocos poetas y no poetas saben leer verdaderamente, fascinaban de tal modo que no dejaban espacio a la crítica, sino ancho campo a los aplausos. Los que no tuvieron la dicha de oírle leer, no podrán formar nunca cabal idea de las singulares cualidades del gran maestro».


Maximiliano y su esposa Carlota, ilusionados con la idea de crear en México una corte de estilo europeo, reconocieron esas cualidades y llamaron a Zorrilla para nombrarle director del Teatro Nacional y nada menos que lector imperial. Todos sabemos el triste final de la aventura mexicana pero lo que llama la atención es un tan alto reconocimiento público que, si se hubiesen dado otras circunstancias, hubiese llevado su voz a toda América. Al regresar a España, su situación económica le obligó a idear un sistema para obtener rápidamente un beneficio económico. Nada mejor para ello que aprovechar el éxito de su obra más popular, Don Juan Tenorio, convirtiéndola en zarzuela. Zorrilla tenía buen oído –no en vano había tenido en el Seminario buenas notas en la asignatura– y facilidad para apreciar la música. De la colaboración con el músico Nicolás Manent nació Don Juan Tenorio: zarzuela en tres actos, que se estrenó en el teatro de la Zarzuela de Madrid el 31 de octubre de 1877. El mismo Zorrilla hace algunas observaciones, con una mentalidad casi actual y mediática, sobre la génesis y el desarrollo de dicha obra: «Dicen muchos que es un disparate y que no quieren que cante don Juan Tenorio... Si canta en la ópera italiana, ¿por qué no ha de cantar en la zarzuela española? ¿Es don Juan, por ventura más personaje; es, ni puede ser más grave, más grande, más noble, ni más digno de respeto que el emperador don Carlos, que llenó el mundo, y que Moisés, que habló con Dios cara a cara?».