Joaquín Díaz

Carta del director


Carta del director

Revista de Folklore

La música de las esferas

30-11-2022



-.-

La expresión coloquial «música celestial», tan frecuentemente utilizada para designar un tipo de melodía tan elevada que nuestros oídos humanos no son capaces de descifrar, dio origen en nuestra lengua a una expresión más cercana a lo misterioso que a lo terrenal. A música celestial nos suena todo aquello que no pertenece a nuestro mundo ni nos es dado interpretar porque se acerca a lo divino o procede de un prodigio. Prodigioso era, en efecto, que desde Bizancio aparecieran ya los ángeles –esos espíritus puros sobre cuyo sexo discutieron tanto los defensores de Constantinopla mientras los turcos estaban a las puertas de la ciudad– interpretando melopeas en honor a la divinidad. Howard Mayer Brown, que fue presidente de la Sociedad Americana de Musicología además de profesor en Harvard, Wellesley o el King´s College de Londres, dedicó buena parte de su vida a identificar iconográficamente en qué circunstancias interpretaban los ángeles sus himnos o ante quién tañían sus instrumentos. Instrumentos, por cierto, creados por humanos y fabricados por lutiers aunque estuviesen en manos angelicales.

Uno de los instrumentos preferidos por las jerarquías de los 9 coros celestes parece ser la flauta con el acompañamiento del tambor de cuerdas. Numerosas obras de arte de diferentes siglos muestran la peculiar combinación que aún se utiliza en la música popular de Bearn y los Pirineos. Se trata de una combinación ya plenamente consolidada en el primer Renacimiento y cuya sonoridad podía recordar o sugerir la armonía de las esferas que estudió Pitágoras, relacionándola con la distancia entre planetas, su velocidad o los intervalos que elevaban los zumbidos del cosmos a una categoría imperceptible para los habitantes de la Tierra. El autor del Evangelio del Pseudo Mateo, texto considerado apócrifo por la Iglesia, fue muy aficionado a hacer aparecer ángeles en distintas circunstancias. La que más interés tiene para el tema de esta carta es la que se refiere al nacimiento de Cristo. El evangelista habla de que espíritus angélicos rodearon la caverna en la que María se había refugiado y decían «Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad». Cuando esos hombres –representados por unos pastores– afirmaban haber escuchado una música a medianoche, decían que esa melodía procedía de un himno interpretado por ángeles. Tal vez los serafines interpretaban en sus voces el Trisagio que luego, según la tradición, fue revelado a Teodosio II por una voz celestial y que los cristianos de Occidente interpretaron tradicionalmente con el texto Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, que libraba de todo mal a quien lo entonaba.