Joaquín Díaz

Editorial


Editorial

Parpalacio

Los grabados de indumentaria

30-06-2012



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La indumentaria es, sin duda, un medio de comunicación. A través de ella mostramos nuestro carácter, nuestro estatus, nuestro deseo de relacionarnos con lo demás y por tanto necesita de un lenguaje propio y especialmente expresivo. En la medida en que se sabe usar ese lenguaje, la transmisión es más nítida y certera. De los aspectos técnicos y de los diseños, por lo general, se ocuparon casi siempre especialistas -sastres y sastras, modistos y modistas y últimamente diseñadores- pero en la forma de vestir, en los complementos y particularmente en los colores, la última palabra la tenía el propio usuario, que relacionaba sensaciones estéticas con emociones. La literatura y la poesía sirvieron, habitualmente, para recordar esa relación, permitiendo a los creadores reforzar las formas de expresión gracias a lo sugestivas que se mostraban determinadas prendas, los tejidos, los materiales y los colores.


Los grabadores, desde el siglo XVI, se preocuparon del individuo (y, en consecuencia, de sus atuendos), ya apareciese como protagonista de la estampación ya como complemento (del paisaje, de la cartografía, de un monumento -para servir de medida-, de determinadas particularidades -físicas, étnicas, raciales-, de los oficios, de una situación...).


A veces, los comentarios al pie de las ilustraciones nos sirven para completar detalles o referir a un contexto lo que se ve. Los bocadillos de los comics son una herencia de esos pies de grabado o de esas filacterias que añadían una frase o un párrafo al dibujo. En un grabado de los que componen el libro Colección de Trajes de España, de Juan de la Cruz Cano (1777), se habla de la necesidad de "novedad" para dar gusto al público, se busca una referencia para comparar -en Suecia son más moderados en los atavíos- y se habla del sentido práctico de un atuendo en cuestión, "ya que se puede usar en diferentes circunstancias". Hablando de un modelo recién aparecido en España menciona los sombreros "a la chamberga" (del mariscal francés Schomberg -Frederic Armand- en la guerra franco española del siglo XVII y del regimiento creado en tiempo de la minoría de edad de Carlos II, que llevaba un sombrero blando y de ala ancha) y a la "maragata" y termina diciendo que las lugareñas, menestralas y serranas tienen sus vestidos propios que conservan "nuestra bella antigüedad". Cruz Cano decía, en otra parte del libro, que todas las estampas, sobre todo los nuevos peinados, se mostraban en el supuesto de que "la invención de la moda no es ajena de nuestro estilo propio, aunque lo sea de nuestra propia desconfianza". Se veía obligado, a pesar de su preferencia por lo tradicional, a hablar de las novedades impuestas por la moda. La palabra moda, en realidad significa "modo", "manera" -es decir lleva implícita la imitación-, pero con el sentido de lo que se vestía como novedad, se impuso desde Francia, donde la palabra "mode", por la ambigüedad de su terminación, se hizo femenina.