Joaquín Díaz

Editorial


Editorial

Parpalacio

Urueña en la Edad Media

30-12-2015



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La mayoría de las personas que visitan Urueña suele interesarse por su pasado, particularmente por la antigüedad de sus murallas, la historia de sus monumentos o los sucesos más notables aquí acontecidos. Si bien es cierto que parece confirmada la existencia de algún núcleo de población en época romana, fuese en el emplazamiento actual de la Villa o en sus alrededores, también lo es que la época a partir de la cual se cuenta con documentación que acredite el pasado de Urueña es la Edad Media. Desde la era romana hasta la invasión de los árabes se suceden unos siglos oscuros en los que existe poca documentación. De las excavaciones arqueológicas puede deducirse, sin embargo, que en la zona denominada Los Pedregales existió una iglesia, mencionada en documentos antiguos como ermita de Santiago, ya que estaba situada junto al camino que venía desde el monasterio de la Santa Espina a enlazar con la vía Zamorana o Zambrana hacia Santiago de Compostela. De esa iglesia, con planta de tipo visigótico, se extrajeron restos que se conservan en el Museo Provincial de Valladolid y en el Ayuntamiento de Urueña (pila bautismal).


Entender correctamente la Edad Media, con la nobleza, el clero y el pueblo como base social y cultural, es comprender una de las etapas más fructíferas para la comarca en la que Urueña se asienta. Hasta cuatro recintos monásticos se llegaron a construir en la zona, buscando habitualmente sus fundadores el agua, la espesura y la madera, el emplazamiento recóndito o fortificado y sobre todo el lugar adecuado para huir espiritualmente del mundo aun continuando físicamente en él. Así, se fueron edificando sucesivamente cenobios y monasterios que llegaron en mejor o peor estado hasta nuestros días, siendo alguno de ellos reconstruido o rectificado en los siglos intermedios, particularmente el de San Pedro y San Pablo de Cubillas, cuya iglesia, joya del arte románico, está actualmente dedicada a Nuestra Señora de la Anunciada, patrona de la Villa.


A mediados del siglo X el mozárabe Ebrahem era el propietario de la “Villa de Albine” (territorio que después se conocería como Villalbín, en el término de Urueña) y estaba casado con la noble leonesa Egilo. Este matrimonio, probablemente entroncado con la familia de los Eriz mantuvo hasta su muerte Villa Albín en su patrimonio. Poco después, la familia trocó las propiedades a Fernando I por Almaraz y Villasabariego. El rey, finalmente, dividiría la propiedad en dos partes: Doña Elvira recibiría en herencia la mitad de Villa Albín, que dejaría al morir en su testamento a San Isidoro de León, mientras que Doña Urraca, hermana de Doña Elvira y señora de Zamora, donaría su mitad de Villa Albín a la diócesis de Santiago de Compostela en 1087 a fin de que se construyera en ese terreno un monasterio dedicado a San Nicolás "para gloria de Dios y del santo apóstol Santiago". El documento de donación ya se publicó en Parpalacio. Sabemos que a la infanta la veneración al apóstol le venía de tradición familiar: Fernando I, continuando la labor de su padre, Sancho el Mayor, mandó edificar y restaurar puentes que facilitasen el acceso a Compostela de los peregrinos. A partir del siglo XI, por tanto, la relación de Urueña con Santiago de Compostela y su diócesis va a ser intensa ya que una sobrina de Urraca del mismo nombre, hija de Alfonso VI, fue reina de León, Castilla y Galicia con el nombre de Urraca I, y su propia hija Doña Sancha, hermana del emperador Alfonso VII y benefactora de los monasterios de la Santa Espina y de San Pedro y San Pablo de Cubillas, fue sin duda impulsora de la devoción del primer Maestre de Santiago don Pedro Fernández. De hecho hay numerosos topónimos en Urueña que hacen referencia a Santiago y que se localizan en el camino que une el monasterio de la Santa Espina con el antiguo puente de la Zamorana que llevaba a Compostela por la ruta de Zamora o Zambrana: la ermita de Santiago, el pago de Santiago, el camino que va de Santiago a la pila de Carrevalderas, la calleja de Santiago, las eras de Santiago, la carretera de Santiago, etc.


Las idas y venidas al castillo de Urueña de María de Padilla, amante de don Pedro I, y las visitas de éste en 1354, bien podrían haber estado relacionadas con la preparación de lo que sucedería pocos años más tarde: la muerte del Maestre de Santiago, don Fadrique Alfonso, por orden del rey y su sustitución por Juan Padilla, hermano de María. Un romance, utilizado por la tradición como canto de aguinaldo, recuerda los hechos, con la terrible descripción de la entrega de la cabeza del Maestre a la amante del rey.


Los franciscanos que van a ocupar el convento de Villalbín en el siglo XVI proceden de la provincia franciscana de Santiago (que abarcaba León, Zamora, Pontevedra, La Coruña, Lugo, Orense, Palencia, Asturias y Salamanca). La vinculación de Urueña y Villalbín con Santiago de Compostela estaría avalada, por tanto, no sólo por ser un mero lugar de paso en dicho camino sino por ser un importante enclave de la diócesis gallega en Castilla y por haber seguido siéndolo gracias a la labor de los franciscanos procedentes de la provincia de Santiago.


Cuando Ambrosio de Morales regresa de su famoso viaje a Galicia -a Santiago de Compostela en concreto-, en el que va haciendo inventario, por orden del rey Felipe II, de conventos y monasterios que contienen reliquias, llega a la Santa Espina desde el monasterio de Moreruela. Curiosamente su siguiente destino, antes de visitar los monasterios de San Mancio y de Matallana, es Urueña, a donde llega siguiendo el camino de Carrelaespina hasta su cruce con la carretera de los caballos y el camino de Villagarcía. Una vez en Urueña, describe el monasterio benedictino del Bueso atribuyendo su fundación al caballero de los romances que allí estaba enterrado en una sencilla tumba. Esta visita a la abadía del Bueso se debió probablemente a que era la única que mantenía hospedería en esa fecha.
Ya en 1703, Felipe V concede el título de Conde de Isla a Juan Manuel de Isla y Borja, que había sido armado caballero de Santiago en 1674. También su hijo, Bernardo Manuel de Isla, fue caballero de Santiago y decano de la Orden. Una hija del primer matrimonio de éste, Antonia de Isla y Monroy, casó con Pedro Represa, quien adquiriría el edificio que hoy alberga la Fundación. Todos ellos estarían emparentados con los obispos Antonio de Isla y Alonso de Mena y Borja, ambos nacidos en Urueña y benefactores de la Villa, ya que el primero fue quien mandó restaurar la iglesia de San Pedro de Cubillas dedicándola a la Virgen de la Anunciada y el segundo el que mandó construir la casona, hoy llamada de la Mayorazga, sede de esta Fundación.


Por último, en 1789, por orden del Supremo Consejo, se comisiona al Conde de Isla para que suprima en Urueña las cofradías de la Asunción, la Anunciada, San Blas, San Miguel, La Cruz, Minerva y Candelas, y queden solamente las del Sacramento, Rosario y Ánimas (y estas dos últimas, unidas). Se faculta entonces a Alonso Pérez Rodríguez y Minayo, también caballero del hábito de Santiago, para que entregue la cera de las cofradías extinguidas a las que van a subsistir, así como para que deposite en el Ayuntamiento los libros de cuentas, estatutos y ordenanzas de dichas cofradías.