Joaquín Díaz

Editorial


Editorial

Parpalacio

Los instrumentos musicales

30-06-2016



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Ingres: Aquiles y los embajadores de Agamenón

Los instrumentos musicales son, entre la variedad de piezas que pueden observarse en un museo, las que tienen más capacidad para salirse virtualmente de él ofreciendo al visitante la posibilidad de imaginar, crear y construir fantasías. Esta cualidad se ha ido fraguando a través de siglos de relación entre el individuo, sus sentidos y su imaginario. Pondremos un ejemplo: en la mitología clásica, un dios de características y personalidad humanas como Hermes, se encarga de crear un instrumento que imita un sonido celestial capaz de calmar las tempestades y tranquilizar a las fieras. Estamos, sin duda, ante la invención de una pieza de la que el dios se provee para mejorar su capacidad de convicción. Un objeto con el que va a ser capaz de comunicar más bella o artísticamente una melodía y un texto. Y eso, que después aprenderán y desarrollarán los humanos y que tan importante es para transmitir los sentimientos, queda reforzado y avalado al provenir de las manos de un dios, de alguien dotado de un poder sobrenatural. El poeta Baquílides pone el instrumento en manos de las Musas, especialmente de Urania, a quien denomina «señora de la phorminx» y Píndaro menciona su antigüedad sugiriendo de paso su carácter helénico. En fin, parece un instrumento ligado probablemente a la época del bronce de cuya aparición en vasos y estelas de la península ibérica han extraído diferentes conclusiones tanto los arqueólogos como los paleomusicólogos. En cualquier caso, sean las estelas de origen ligur o micénico, la presencia en ellas de una phorminx está ligada a la representación de diferentes objetos usados en vida por guerreros.

Parece extraño, al menos para nuestro concepto actual que une casi siempre las armas con la violencia, que un instrumento musical se grabe sobre la tumba de un guerrero como parte de su cortejo fúnebre o como perteneciente a sus enseres junto al arco, al escudo o al carro para combatir y desplazarse. Homero, evidentemente, no era de nuestra opinión y así, hace aparecer en la Ilíada al colérico Aquiles, el de los pies ligeros, tocando la phorminx en su tienda cuando llegan los mensajeros de Agamenón: «Fuéronse éstos por la orilla del estruendoso mar y dirigían muchos ruegos a Poseidón, que ciñe y bate la tierra, para que les resultara fácil llevar la persuasión al altivo espíritu del Eácida. Cuando hubieron llegado a las tiendas y naves de los mirmidones, hallaron al héroe deleitándose con una hermosa phorminx labrada, de argénteo puente, que había cogido de entre los despojos cuando destruyó la ciudad de Eetión; con ella recreaba su ánimo, cantando hazañas de los hombres. Patroclo, solo y callado, estaba sentado frente a él y esperaba que el Eácida acabase de cantar. Entraron aquéllos, precedidos por Ulises, y se detuvieron delante del héroe; Aquiles, atónito, se alzó del asiento sin dejar la phorminx y Patroclo al verlos se levantó también.» (Ilíada, IX, 186-189).

John Flaxman nos da una versión romántica de la escena en la que Homero pide ayuda a la Musa, en la cual la phorminx se ha convertido en una especie de lira, parecida a aquella que toca Alceo ante Safo en Lesbos, según el pintor Lawrence Alma-Tadema. También Ingres reproduce el pasaje en el momento en que el héroe Aquiles se levanta del asiento para recibir a los embajadores de Agamenón en presencia de Patroclo.

Lawrence Alma-Tadema: Alceo toca ante Safo en Lesbos