Fundación Joaquín Díaz

Colección de Pliegos de Cordel

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Cambio de los Calzones por las Alforjas. Nueva relación discreta, graciosa y divertida, de lo que sucedió el día 2 de enero de este presente año a un carbonero que le dieron un par de calzones, pensando darle sus propias alforjas; y como una vieja con sus industrias raras engañó de tal manera al carbonero, que aun le dió la mitad del dinero que sacó del carbon; con lo demás que verá el curioso lector

Incipits: Todo casado me escuche, / todo viudo se suspenda, / todos los mozos y niños / les suplico que me entiendas

Autor:

Fecha: 1856

Imprenta: Madrid: Se hallara de venta en la Plaza de la Cebada, núm.96

Localidad:

Otros datos:

Observaciones:

Grabado: 1 grabado de un hombre que entrega unos calzones a una mujer a la puerta de su casa. Y al inicio de la segunda parte 3 tacos de grabado de dos mujeres y un hombre. y otro grabado final un hombre en un borrico y otro borrico con alforjas

PL 6552

Cambio de los Calzones por las Alforjas. Nueva relación discreta, graciosa y divertida, de lo que sucedió el día 2 de enero de este presente año a un carbonero que le dieron un par de calzones, pensando darle sus propias alforjas; y como una vieja con sus industrias raras engañó de tal manera al carbonero, que aun le dió la mitad del dinero que sacó del carbon; con lo demás que verá el curioso lector


Colección de pliegos de cordel

Pliegos de Cordel

En el Museo de la Fundación se pueden contemplar unas doscientas coplas, romances y documentos, fundamentalmente de los siglos XIX y XX, seleccionados entre los más de seis mil que contiene la biblioteca y colocados en once paneles siguiendo las temáticas más frecuentes: aventuras, crímenes, religión y superstición, sucesos, etc. Los pliegos fueron impresos en establecimientos tipográficos de toda España ("El Abanico", "Universal", "Rodas", "Norte", "Santarén", etc.) y distribuidos acá y allá por ciegos cantores, vendedores callejeros y buhoneros.

El uso de hojas volanderas o sueltas para difundir noticias, sucesos, historias fantásticas, canciones de moda, romances viejos y un largo etcétera de temas, es casi tan antiguo como la imprenta. Propietarios de grandes bibliotecas se preciaron en todo tiempo de contar entre sus fondos con pliegos raros y curiosos, más considerados a veces por su escasez que por su contenido; la misma cualidad de hoja o cuadernillo hizo de todo ese material, fácilmente desechable, un género sin duda fungible y perecedero, pero también (por la comodidad para ser distribuido y su bajo coste) un excelente medio de comunicación que compitió ventajosamente con los primeros diarios del siglo XIX llegando incluso a convivir con la poderosísima televisión.

Desde los primeros tiempos, fue también un tipo de literatura "indirecta", es decir, que llegaba al lector a través de los oídos, si se permite la aparente paradoja; de hecho, habría que dejar muy claro que estos papeles no se hubiesen vendido y extendido tan fácilmente si no hubiesen tenido unos "voceros" tan profesionales como los copleros ambulantes, profesión que durante largos períodos de tiempo estuvo casi acaparada por los ciegos. Éstos, utilizando vetustas autorizaciones de diferentes reyes que les permitían imprimir y vender públicamente estampas de santos para fomento de la devoción, ampliaron el campo temático llegando a ser prácticamente los difusores por excelencia de una serie de géneros y materiales que, por su índole y atractivo, interesaban más o menos a todo el mundo. Grabadores y pintores de diferentes épocas plasmaron el estereotipo del ciego cantor con sus coplas al lado para ser vendidas o con su lazarillo apuntando a un gran cartelón donde se resumían en seis o nueve viñetas los momentos más significativos del texto.

Para consultar otras colecciones de pliegos de cordel se puede acudir a:

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Desenrollando el cordel.

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