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Resumen
Actualmente, las tradiciones religiosas están recuperando protagonismo en el ámbito cultural a través del renovado interés por las raíces populares. En este contexto, la documentación y el estudio de las manifestaciones religiosas emergen como una vía esencial para preservar el patrimonio inmaterial, generando la necesidad de fomentar tanto el conocimiento histórico como la participación activa de las comunidades locales en su transmisión de generación en generación. El objetivo de este trabajo es documentar y preservar la memoria de la Procesión del Encuentro de Medellín (Badajoz), contribuyendo a su reconocimiento como parte esencial del legado cultural del municipio. A partir de los escasos archivos históricos disponibles, así como de los diferentes testimonios orales de vecinos y participantes que han vivido la tradición en primera persona, se hace un recorrido desde los orígenes conocidos de la procesión del Encuentro hasta nuestros días. Por último, en este trabajo se busca poner en valor el significado de esta procesión histórica y social, así como fomentar su transmisión a futuras generaciones.
Palabras clave: Medellín, procesión, Encuentro, Carrerita, Dolorosa, costalero.
1. Introducción
Poco a poco las tradiciones religiosas están recuperando protagonismo en la cultura gracias al renovado interés por el patrimonio y las costumbres locales. En este contexto, Medellín se presenta como un pequeño pueblo extremeño en el que se vienen desarrollando procesiones religiosas muy antiguas y, entre ellas, con un especial arraigo, una muy querida por todos los metellinenses como es la del Encuentro del Domingo de Resurrección.
Con 2.237 habitantes a fecha 1 de enero de 2024, según fuentes del Instituto Nacional de Estadística (I.N.E.), y situado al noreste de la provincia de Badajoz, su término municipal es bastante reducido siendo escasamente de unos 65 km², sin embargo, es de reseñar su localización estratégica. En concreto, todo el término está regado generosamente por varios ríos y arroyos como son el Ortiga, el Guadámez, el Cagánchez y fundamentalmente el Guadiana, y también por varias de sus quebradas y charcas. La abundancia de agua junto con esa posición estratégica que le confiere el «Cerro del Castillo», circundado en particular por el caprichoso cauce de este último río que discurre entre cuatro cerros al norte, y por el irregular río Ortiga al este en su confluencia con aquél, hacen de ello una valiosa defensa natural. Además, en las inmediaciones de dichos cerros se cuenta con uno de los tres principales vados del río Guadiana en su travesía por la provincia de Badajoz, lo que le confiere al municipio una mayor importancia.
Sin duda, esta situación geográfica privilegiada es la que ha permitido a Medellín gozar de una vasta y amplia historia y, con ello, el desarrollo de las tradiciones que han llegado milagrosamente hasta nuestros días. Sólo conociendo la historia de Medellín puede entenderse su rico patrimonio inmaterial.
1.1 Breve historia local
Las circunstancias naturales que hemos relatado han hecho posible que desde tiempos remotos se hayan venido realizando construcciones civiles y militares en ese particular entorno, y que hoy día poco a poco gracias a la arqueología se van poniendo en valor. Desde la Prehistoria hasta el día de hoy estas tierras han estado habitadas por el ser humano ininterrumpidamente. Diversos restos líticos y pinturas rupestres demuestran que ya en el Paleolítico estaban habitadas por el hombre.
Avanzando en el tiempo y moviéndonos aun en la protohistoria, recientes excavaciones en la calle Pedro de Alvarado, bajo la propia carretera EX-206, han demostrado que ya, al menos, en época tartésica (s. VII a.C.) existía un núcleo poblacional fuerte bajo el casco urbano del actual Medellín. Este hecho tiene una importancia extraordinaria pues hasta ahora no se conocen otros cascos urbanos coetáneos en todo el Valle Medio del Guadiana, a pesar de los varios yacimientos encontrados en la provincia (Cancho Roano, La Mata, El Tamborrío, etc.). Ni que decir tiene su importancia como núcleo poblacional a juzgar por la riqueza de los restos arqueológicos hallados en la llamada Necrópolis de Medellín, o Necrópolis del Pozo, de época del Bronce Final y Período Orientalizante (s. VI - V a.C.) en las inmediaciones del río Guadiana, muy próxima al pueblo. Es el caso de la famosa kylix ática, moldeada en el taller ceramista de Eucheiros, «el de la buena mano», o la colección de marfiles fenicios tallados, o los escarabeos egipcios encontrados, o las propias piezas de orfebrería y cerámica de los ajuares funerarios depositados. Las excavaciones corrieron a cargo del profesor D. Martín Almagro Gorbea a partir de 1969, apuntando este arqueólogo la idea de que la Colonia Metellinensis romana, fundada allá por el año 79 a. C. por el cónsul Quinto Cecilio Metello Pío, del que Medellín recibe su nombre, podría haberse asentado, bien por la fuerza o bien por haberse fusionado de forma pacífica, sobre lo que llegó a ser anteriormente la ciudad-estado de Connisturgis, ciudad del pueblo conio, y tal vez su capital en algún tiempo. Por tanto es lógico pensar en su conexión con el famoso yacimiento de Casas del Turuñuelo. Este yacimiento ha sido objeto de un amplio reportaje recientemente en la revista National Geographic España dedicándole un extenso artículo titulado: «Tarteso, la maravillosa búsqueda de la civilización perdida», en el número correspondiente al mes de diciembre de 2024, y que en su portada aparecían reflejados los famosos «Rostros del Turuñuelo». Dista si acaso unos 2 km de Yelbes, una pedanía de Medellín. Por la organización territorial actual del Estado el yacimiento se encuentra localizado dentro del término municipal de Guareña, municipio distante casi 20 km, y que nada tiene que ver con el mismo.
De época romana, ¿cómo no?, citar el magnífico teatro excavado en la ladera sur del Cerro del Castillo, con su graderío magníficamente conservado, y que cuenta con un Premio Europa Nostra en 2013. Más de 800 sillares de granito tal y como los dejaron sus constructores, y que se siguen utilizando para representaciones teatrales y actuaciones musicales.
Interesante es también el llamado «Tesoro del Turuñuelo», de época visigoda, y que entre sus piezas destaca el famoso medallón de oro expuesto en el Museo Arqueológico Nacional que representa a la fiesta de la Epifanía del Señor en su cara anterior, y el siguiente texto en griego en la posterior: «Santa María, ayuda a quien lo lleve. Amén». Conviene aclarar que «El Turuñuelo» es una finca muy amplia que de siempre se ha asociado a Medellín por su proximidad, y que el referido tesoro, descubierto en 2001, no se encontró en el mismo yacimiento del túmulo de Casas del Turuñuelo, de reciente descubrimiento como hemos dicho.
Pocos son los vestigios que se conservan de la época de dominación musulmana, que tuvo lugar a partir del año 715, y durante cinco siglos, pero que no es óbice para pensar que Medellín no fuera una plaza relevante en el momento aunque se localizara dentro de lo que fue la kura de Mérida. De esta época se mantienen aún en pie, por ejemplo, parte de las murallas de tapial atribuidas a la etapa califal u omeya, en las laderas oeste y sur del Cerro del Castillo, así como un precioso aljibe de época almohade en el compartimento derecho de la fortaleza.
D. Pedro Yáñez, comendador de la Orden Militar de Alcántara, ayudado por el obispo de Plasencia, reconquistó definitivamente la plaza de Medellín para la cristiandad en 1234, pero el rey Fernando III «El Santo», a la postre, decidió no entregarla a esta Orden sino que la incorporó como de realengo a la Corona de Castilla. En este siglo se construyen las iglesias de San Martín y Santiago en el cerro del castillo. Por su parte y como era de esperar el Papa Clemente III la incorporó desde su reconquista al Obispado de Plasencia del que aún seguimos dependiendo. En este sentido dicen S. Andrés Ordax y otros en su publicación «Testimonios Artísticos de Medellín (Extremadura)» que:
Las tierras de Medellín servirían entonces para señalar los límites jurisdiccionales del Partido de La Serena, perteneciente a la Orden de Alcántara, a oriente, y la Orden de Santiago, a occidente. Así, entre los importantes poderes de las órdenes militares se interpondrá la Comunidad de Villa y Tierra de realengo que se constituye en Medellín tras la reconquista.
No podemos pasar por alto en el plano literario que ya en la primera mitad del siglo xiv Medellín es objeto de cita en, al menos, una de las obras literarias más conocidas del castellano antiguo. En concreto se trata del libro Libro de Buen Amor (Ruiz s. f.) de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, quien en tono muy agudo y sarcástico, cuando aborda el «Dominio de Doña Cuaresma», narra la huida de Don Carnal, diciendo: «Lunes por la mañana, don Rabí Acebín,/ para ponerle en salvo, prestóle su rocín;/ muy pronto ya pisaba tierras de Medellín,/ dijeron los corderos: -’¡Bee! ¡Esto es el fin!’».
En el año 1456 el rey Enrique IV de Castilla concedió villa, castillo y aldeas de Medellín y su tierra a D. Rodrigo Portocarrero, primer conde de Medellín de este linaje, pasando de este modo definitivamente de manos de la realeza a las de la nobleza. D. Rodrigo Portocarrero casó con D.ª Beatriz Pacheco, hija del famoso Marqués de Villena, D. Juan Pacheco, de quien heredó carácter evidentemente y su preferencia hacia la Beltraneja y los portugueses en las luchas por la corona de Castilla. Por tanto fue enemiga acérrima de la reina Isabel I La Católica hasta su muerte, e incluso, figuradamente, después de ella, una vez enterrada la condesa en el Monasterio de El Parral de Segovia, tal y como lo sugieren anecdóticamente D. Rafael M.ª Navarrete Salazar, y a su vez, lo recoge nuestro historiador local D. Francisco García Sánchez en su libro La Condesa de Medellín D.ª Beatriz Pacheco al referir que en una de las numerosas visitas de la reina al monasterio tropezó ésta con el sepulcro de la condesa y «…; repuesta del susto preguntó: «Quien yace aquí enterrada?, respondiéndole, el Prior, que Doña Beatríz Pacheco, condesa de Medellín. La reina se lamentó: «Esta mujer me sigue molestando, aún, despues de muerta» ». En 1462 el matrimonio Portocarrero-Pacheco fundó el mayorazgo de la casa para su hijo D. Juan Portocarrero, segundo conde, a quien su madre, D.ª Beatriz, litigó el condado, y al que llegó incluso a encerrarle en la mazmorra de la torre norte del castillo. Castillo que, tras la guerra de sucesión a la corona de Castilla, la condesa tuvo que reparar a su costa, dejándonos la fortaleza en gran parte como la vemos hoy día, y sobre la que el referido D. Francisco García Sánchez defiende la teoría de que el encierro del conde D. Juan por su propia madre fue la historia que argumentó Calderón de la Barca para escribir su obra «La vida es sueño». La casa Portocarrero ha mantenido el título de condes de Medellín con muchas fusiones como es natural después de casi 600 años hasta su entronque con la casa de Medinaceli, que lo ostenta en el día de hoy.
Ahora bien, si de la nobleza, hidalguía y personajes ilustres de Medellín hablamos, no podemos pasar por alto figuras muy relevantes para la historia de América y de España en general y de Extremadura en particular, como son la de su más ilustre hijo Hernán Cortés, nacido aquí en 1485, conquistador del imperio mexica en 1521, a quien se le compara muchas veces con la figura de Alejandro Magno, o con la de Julio César; o cómo no, de la heroica de D.ª Mencía de Calderón, «La Adelantada», fallecida en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) en 1593, que llevó a duras penas una expedición de mujeres españolas, o caravana, al Río de la Plata llegando hasta Asunción (Paraguay) en mayo de 1556 para, entre otros asuntos «casar» con los conquistadores del Nuevo Mundo. En esta época (siglos xv, xvi y xvii) Medellín vive su Edad de Oro; era cabeza de su estado compuesto por lo que hoy serían diez pueblos extremeños, con nobles, hidalgos y oligarcas residentes en él durante todo el año. Era un pueblo próspero con una economía pujante que aglutinaba muchos oficios aparte de los propios de la organización administrativa, agrícola o ganadera; así por ejemplo: la de médico, cirujano, maestro, zapatero, curtidor o sastre. Se construyen tres conventos, cinco ermitas extramuros, un hospital, palacios, un asilo, el famoso puente de los Austria sobre el vado del río Guadiana, se mantienen con servicio permanente cuatro iglesias. Nada que ver con los años posteriores en los que comienza el declive a partir del siglo xviii. La nobleza y la hidalguía, así como la mayor parte de la oligarquía, abandonan vivienda habitual en Medellín, cambiando su residencia e instalándose fundamentalmente en Don Benito y en ciudades como Madrid y Sevilla. El Ayuntamiento se ve incapaz de mantener ese nivel pujante que había tenido años atrás, fundamentalmente por los propios intereses particulares, directos o indirectos, de los regidores municipales, a todas luces ineficaces.
Llegamos a principios del siglo xix. Las consecuencias de la Guerra de la Independencia contra los franceses fueron nefastas para el municipio, y lógicamente para su población que tuvo que sufrir en sus propias carnes la derrota. Concretamente tras la «Batalla de Medellín» que tuvo lugar el día 28 de marzo de 1809, en la que perdió el ejército español, y de la que los franceses se vanaglorian reseñándola en el mismo Arco del Triunfo de París como una de las principales victorias del ejército napoleónico en España. No pudo tener peores consecuencias. Se destruyeron la mayor parte de los archivos municipales y parroquiales, así como numerosos edificios públicos y privados de relevancia, sus obras de arte también destruidas, expoliadas, quemadas o desaparecidas, quedaron arruinados casi dos tercios de las casas habitables que había, incluso se agotaron las escasas existencias de víveres y los enseres de los residentes que se vieron obligados a entregarlos a la división francesa de 3.000 hombres que quedaron acantonados durante mes y medio en el castillo. Acabaron con el poco grano existente y con todas las cabezas de ganado, sumiendo a la población en la mayor pobreza que se había conocido hasta entonces. Dice Rodríguez Gordillo (Rodríguez Gordillo 2015) cuando habla de las «Funestas consecuencias que tuvo [la batalla] para esta villa» que: «…: todos cuentan desastres y horrores de las crueles venganzas que tomaron los vencedores, ensañándose con las mujeres, los hijos, los parientes, y los bienes muebles é inmuebles de los vecinos de esta villa, que ya en el año 1805 había sufrido una escasez y carestía tan grande, que llegó á valer cinco reales un pan de dos libras, y …». Esta pobreza se mantiene en el tiempo, e incluso se agudiza por las varias epidemias que se tuvieron que sufrir, así como por la ineficacia de la aplicación de las leyes desamortizadoras que más que repartir riqueza, que era su justificación, lo que consiguieron fue aglutinar dicha riqueza en sólo unos pocos.
Llegamos al declive de finales del siglo xix sin levantar cabeza, y para rematar, ya en el siglo xx con la Guerra Civil de 1936 se acabó con lo poco que quedaba del siglo anterior, pues Medellín aunque no formaba parte exactamente de lo que se conoce como «Bolsa de la Serena», sí era un punto de control estratégico del Guadiana para el bando republicano, y además servía como lugar de aprovisionamiento militar. La Bolsa de la Serena estaba defendida por el bando republicano y asediada por el bando nacional, y por tanto, Medellín tuvo que sufrir en primera persona las consecuencias desastrosas de una nueva contienda bélica, con destrucción en gran parte del poco patrimonio que quedaba, y por supuesto con evidentes perjuicios para todo el mundo. Medellín vivió desgraciadamente su particular «Guernica». Cuenta la gente mayor que lo vivió que en Medellín se podía ir de punta a punta del pueblo pasando únicamente por los corrales de las casas sin necesidad de saltarlos. A continuación de la guerra vinieron los fatídicos «Años del Hambre», y todo ello supuso un conjunto de circunstancias adversas que nos valieron la inclusión en la lista de pueblos prioritarios que se beneficiarían de la reconstrucción estatal durante la postguerra. A partir de mediados de la década de los 40 se empezó a revitalizar el urbanismo de Medellín acometiéndose obras fundamentalmente civiles y construyéndose edificios notables bajo la dirección de la Comisión Provincial de Regiones Devastadas y Reconstrucciones como pueden ser: la remodelación del edificio del nuevo Ayuntamiento en la Plaza de Hernán Cortés, la construcción de los dos módulos del Colegio de Educación Primaria, las Casas de Maestros, la Casa Cuartel de la Guardia Civil, el necesario Depósito de Aguas en la falda del Cerro del Castillo, el nuevo cementerio municipal, etc.
El Plan Badajoz, aprobado por las Cortes de la época el 5 de abril de 1952, entre otras cosas, empieza a convertir en tierras de regadío las que hasta ahora venían siendo cultivadas como de secano, a excepción de las huertas próximas a los cauces de los ríos. El cambio en la economía fue fundamental en este caso para bien, aunque no fue suficiente para impedir que Medellín también sufriera la lacra de la emigración de sus habitantes de la segunda mitad del siglo pasado en busca de una vida mejor.
1.2 El Medellín actual
Hoy día sigue siendo un pueblo dedicado fundamentalmente al sector primario, en concreto a la agricultura de regadío, con productos estrella como el tomate de industria, la fruta de hueso o el maíz, pues la ganadería, de cerda y lanar básicamente, es algo residual, y la minería y la industria es inexistente. Hasta hace unos años, concretamente entre los de las décadas de los 60 y 80 del siglo anterior, el producto estrella fue el tabaco de la variedad negro, tipo Burley, y también algo del Virginia (tabaco rubio). Hoy día no existe ningún cultivador de dicho producto. El sector servicios es algo reducido pues cada vez más se advierte una mayor dependencia de los que prestan las ciudades próximas de Don Benito y Villanueva de la Serena; y el turismo tras la declaración de Medellín como Bien de Interés Cultural (BIC), con categoría de «Sitio Histórico» por la Administración Autonómica en 2014, unido a la explotación de sus cotos de pesca fluvial deportiva como motores de la economía local y fuentes de ingresos, acaban de empezar.
Hablando de números, para hacernos una idea del montante que viene configurando los presupuestos anuales de la localidad podemos indicar que el presupuesto municipal de 2025, incluyendo la pedanía de Yelbes, está bastante saneado y asciende a 2.381.907,05 €, cuyo capítulo principal de gastos es la de personal como suele ocurrir normalmente; de su estado de ingresos hay una partida que es reseñable por recoger la recaudación que supone gestionar por parte del Ayuntamiento la Finca Boyal El Prado, única dehesa de propios, privativos arbitrados, que conserva el municipio en la actualidad. Se trata de una antigua dehesa, como hemos dicho, reconversión de los antiguos Huertos Familiares, objeto de concentración parcelaria por parte de la Administración Autonómica a partir de 1993, siendo Consejero de Agricultura y Comercio D. Francisco Amarillo Doblado, y a través de la cual se convierten en pequeñas parcelas de regadío unas 250 ha. aproximadamente, con una superficie de entre 1 y 3 ha, para arrendamientos de 2 y 6 años, y a razón de un arbitrio de 502,00 €/ha en la campaña agrícola 2024/25. Cabe decir que no toda ella es terreno productivo, pues de la superficie total habría que descontar una superficie de unas 14 ha que son de terreno improductivo y para otros usos distintos del agrario, así como que recientemente se ha arrendado una superficie de 50 ha a una empresa privada productora de fruta de hueso (melocotones, paraguayos y nectarinas), con un precio de arrendamiento bastante superior a aquél. Todo El Prado cuenta con riego presurizado gestionado por la Comunidad de Regantes del Zújar.
Y después de todo lo dicho a modo de introducción de esta histórica villa viene bien poner en valor no obstante, y a pesar de que no tenga una acusada relevancia en la actualidad regional, salvo en el plano histórico indiscutiblemente, que su Ayuntamiento tiene reconocido el tratamiento de Excelencia por Real Decreto de la Reina Regente D.ª María Cristina desde el día 12 de octubre de 1892, y que actualmente existen en el mundo cinco localidades de tres continentes que en honor de esta pequeña villa llevan el nombre de Medellín.
1.3 Objetivos
Como curioso y muy orgulloso de la rica historia local de Medellín y, con ella, de nuestras tradiciones, mi pretensión fundamental con la realización de este trabajo no ha sido otra que dejar constancia por escrito de lo que se vive en esta villa milenaria a partir del amanecer de cualquier Domingo de Resurrección. Los objetivos específicos que se persiguen en este trabajo son conocer el origen de la procesión del Encuentro de Medellín y de sus imágenes, documentar y preservar la memoria de la procesión en sus distintos aspectos —preparativos, itinerario, pasos, movimientos, entre otros—, contribuir a su reconocimiento como parte esencial del legado cultural del municipio y fomentar su transmisión a las generaciones futuras.
2. Metodología
Este trabajo comienza haciendo un pequeño repaso a la historia local de Medellín, municipio en el que se desarrolla una de las procesiones denominadas del Encuentro, con el fin de contextualizar y situar al lector dentro de su marco geográfico y cultural. Continúo preguntándome cuál es el origen de la procesión del Encuentro que se lleva a cabo en el pueblo al amanecer todos los Domingos de Resurrección. Para ello, realizamos una revisión del estado del arte, para la que recurrimos en primer lugar a las posibilidades que nos ofrecen actualmente las nuevas tecnologías así como a las posibles fuentes escritas sobre Medellín y que desde nuestro punto de vista pudieran, aunque fuera de una manera indirecta, aproximarnos a una fecha válida. A la vista de los resultados, además, acudimos también a fuentes orales que recuerdan detalles de la referida procesión.
Describimos también el Rosario de la Aurora, acto previo a la procesión, y los preparativos de las imágenes que intervienen. Seguimos con el desarrollo de la procesión paso a paso (es decir: recorrido, imágenes que intervienen, costaleros y movimientos que éstos realizan junto con las demás personas que participan en el acto), y tomamos como referencia la procesión de 2019. Y sobre los especiales preparativos de la imagen de la Dolorosa por sus camareras, asistimos personalmente a ellos el día 19 de abril de 2025 con el fin de facilitar datos actualizados. Al igual, sobre el desarrollo de la procesión, hemos recurrido a vivirla personalmente el día 20 inmediato posterior a pesar de que nuestra descripción pormenorizada de los movimientos del paso de la virgen, como se ha especificado, date de la procesión llevada a cabo en 2019. Finaliza el trabajo con un apartado de conclusiones con las que se trata de sintetizar los principales puntos tratados en el mismo, así como con las reflexiones y posibles líneas futuras a tener en consideración.
3. La procesión del Encuentro
A falta de conocer su origen real y obviando, en su caso, los tiempos de los conflictos bélicos vividos desgraciadamente en la localidad, creemos que hasta ahora, esta procesión, la del Encuentro, desde que se recuerda ha sido suspendida oficialmente una sola vez en su historia, y esto ocurrió durante los años 2020 y 2021 por motivo de la declaración del estado de alarma, como medida para afrontar la situación creada por la pandemia del Covid-19 (R.D. 463/2020, B.O.E. n.º 67 de 14 de marzo de 2020). Hemos de indicar también que en los años en los que la meteorología no permite su celebración externa ordinaria, la misma se desarrolla en el pasillo central de la iglesia de Santa Cecilia mediante una versión abreviada, en la cual no vamos a reparar puesto que es bastante menos vistosa que aquélla. A pesar de su singularidad, no está reconocida como fiesta de interés turístico regional y, por tanto, no cuenta con apoyo institucional, ni de la Junta de Extremadura, ni de la Diputación Provincial de Badajoz.
3.1 Revisión del estado del arte
Preguntados los paisanos mayores del pueblo sobre el origen de la procesión del Encuentro, todos coinciden en que la conocen desde siempre pero, desgraciadamente, ninguno de ellos puede asegurar que conozca algún testimonio escrito o gráfico sobre el origen de la misma. Este es el caso concreto de Santiago Castilla Palma, natural de Medellín, con 92 años, y en plenitud de facultades en el momento en que se le entrevista para la redacción de este artículo.
Ante la falta de esos testimonios como veremos a continuación, y antes de indagar en las posibles fuentes escritas que desde mi punto de vista pudiera ser que nos aportaran alguna luz sobre el tema, recurrimos primeramente a una de las nuevas tecnologías de que disponemos en estos momentos, en concreto a la Inteligencia Artificial Chat GPT (OpenAI 2025) y al siguiente texto: «Háblame sobre el origen de la Procesión del Encuentro en Medellín (Badajoz)», la máquina nos responde: «Aunque no se dispone de una fecha exacta sobre su inicio, ‘La Carrerita’ es una tradición profundamente arraigada en Medellín. Consiste en una procesión en la que la imagen de la Virgen María se dirige con rapidez hacia la de Jesús Resucitado, simbolizando la alegría del reencuentro entre madre e hijo tras la resurrección de Cristo.».
En esta misma línea intentamos localizar alguna respuesta sobre el asunto, o sea, sobre el origen, visitando la página web de la Asociación Histórica Metellinense (Asociación Histórica Metellinense s. f.), y en el campo de búsqueda escribimos: «procesión Encuentro Carrerita», y obtenemos cinco resultados de los cuales, creemos, aquellos que efectivamente tratan de la procesión en sí, ninguno nos dice nada en concreto sobre su origen.
Apreciada la dificultad y con vistas a tener mayor seguridad en nuestras conclusiones, varias son las fuentes escritas y tecnológicas que hemos consultado para nuestro trabajo por ver si en alguna de ellas, aunque fuera indirectamente, nos hiciera llevar la investigación a buen término.
Podemos intuir que los orígenes de las procesiones de Semana Santa aquí tuvieran lugar durante los siglos xvi o xvii, o sea, cuando menos tres siglos después de la Reconquista, como ocurre en otras localidades históricas de Extremadura y, por supuesto, de Castilla y León. Es durante esos siglos cuando toman auge las cofradías y con ellas las manifestaciones y las expresiones más populares del fervor religioso de los fieles cristianos como puede ser el caso de las procesiones.
Lamentablemente los archivos de Medellín, tanto municipales como parroquiales, han desaparecido prácticamente todos, bien por las consecuencias fatídicas que supuso para esta localidad la Guerra de la Independencia contra los franceses, bien por consecuencias similares durante la Guerra Civil de 1936, entre los propios españoles, y de las que ya hemos hablado anteriormente.
Creemos, así mismo, que nada sobre procesiones locales y particularmente sobre esta del Encuentro ha dejado escrito el antiguo y prolífico arcipreste de la parroquia de Santiago el Mayor de Medellín: D. Juan Solano de Figueroa y Altamirano, pues al menos en su obra «Historia y Santos de Medellín. Culto y veneración a San Eusebio, S. Palatino, y sus nueve Compañeros Martires. A San Teodoro Anacoreta y San Raymundo Confessor, hijos desta Noble Colonia», publicada en 1650 (Solano de Figueroa Altamirano 1650), nada hemos encontrado sobre el asunto, y se trata de la obra escrita más antigua de que disponemos en Medellín sobre nuestra historia local, tal como lo asevera Rodríguez Gordillo (Rodríguez Gordillo 2015) al afirmar que «Este señor [ha sido] el primero y el único, que yo sepa, que ha escrito la «Historia de Medellín»», a pesar de que sí había entonces algunas cofradías religiosas constituidas.
Cuando leemos el «Interrogatorio de la Real Audiencia. Extremadura a finales de los tiempos modernos» (Asamblea de Extremadura 1996, tomo I, 38–39; Asamblea de Extremadura 1996, tomo II, 304-), conformado por esa institución netamente ilustrada, siendo entonces rey de España Carlos IV, y cuyo fin último era recabar información para una posible modernización y con ello « … la más pronta y efectiva administración de la justicia para los habitantes de estas tierras», a través de las 56 preguntas que se formulan a determinadas personas e instituciones y sus correspondientes contestaciones se hace con ello una auténtica fotografía escrita del Medellín del año 1791 (finales del siglo xviii). De todas esas preguntas nos fijamos únicamente en aquellas que podrían ser susceptibles de aportarnos alguna luz o información que fuera de nuestro interés. Nos referimos concretamente a las preguntas XXII, XXIII y XXIV por tratar de cofradías religiosas locales, las ermitas o los conventos. Especial interés tiene la número XXIII al preguntar expresamente por las procesiones: «Si hay Santuarios, ó Hermitas, sus circunstancias: si se concurre á ellos algun dia, se celebra fiesta, ó procesion, y si suele ser ocasión de quimeras: si tienen rentas, en qué consisten, ó qué limosnas suelen recoger: si en ellos residen Hermitaños, quién los nombra.». Ninguna de las respuestas dadas por los entrevistados nos informa de alguna procesión, a pesar de que hubiera en Medellín en ese momento cinco cofradías constituidas, tres en la iglesia de Santa Cecilia (la de Ánimas, la de Nuestra Señora del Rosario y la de San Blas), y dos en la de San Martín (la del Santísimo Sacramento y la del Dulce Nombre de Jesús), amén de una sexta llamada de San Pedro, pero «… de que son solo hermanos los eclesiasticos de este pueblo,...».
Nada encontramos tampoco en el libro Apuntes Históricos de la Villa de Medellín, de nuestro historiador local D. Eduardo Rodríguez Gordillo, publicados en 2015 por la Federación Extremadura Histórica y la Asociación Histórica Metellinense en reproducción facsímil (Rodríguez Gordillo 2015). D. Eduardo fue el último cura párroco de la Iglesia de San Martín de esta localidad, desde 1883 hasta 1924, año en que falleció. Su obra es fuente básica para cualquier estudio histórico local y, por tanto, autor al que mucho debemos los metellinenses aficionados a nuestra Historia. De facto, D. Eduardo fue un verdadero cronista oficial de la villa. Él sí tuvo la posibilidad de consultar personalmente algunos de los documentos que quedaban tanto en el desvalijado archivo municipal como en los parroquiales e incluso en algunos particulares. A modo de reflexión personal me cuesta trabajo creer que al tratarse de un historiador tan metódico, detallista y riguroso como lo fue D. Eduardo, de desarrollarse la procesión que nos ocupa durante sus años de sacerdocio en Medellín, incluso con la posibilidad de que se hiciera de una forma más simple que la actual, no lo mencionara para nada en sus famosos Apuntes (Rodríguez Gordillo 2015), y más aún cuando por él sabemos y podemos afirmar que en el convento de las madres concepcionistas, localizado frente a la iglesia de San Martín, sí había una imagen de la Virgen de la Aurora, pieza clave para el desarrollo de la procesión en muchos casos como quedará dicho.
Pensando sobre imágenes religiosas y por tratarse de un recopilatorio sobre monumentos históricos y obras artísticas existentes en ciudades y pueblos de España antes de la Guerra Civil de 1936, caímos en que tal vez alguna aportación podría hacernos el prestigioso historiador D. José Ramón Mélida y Alinari y consultamos su «Catálogo Monumental de España. Provincia de Badajoz» (Mélida y Alinari 1925–1926, vol. de fotografías), publicado por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1925 y 1926. La obra se compone de dos volúmenes de texto que corrieron a cargo del referido D. José Ramón, y tres volúmenes de fotografías, a cargo de sus parientes los hermanos italianos florentinos Alinari, expertos en fotografiar imágenes de arte religioso y civil. En el volumen segundo de texto, en la página 421, número 1.722, así como en el quinto volumen que es de fotografías, lámina CXXXVII, primera de las tres fotos, nos encontramos con sendas gratas sorpresas para aquellos que estamos interesados en todo lo relacionado con Medellín. En la iglesia de Santa Cecilia existía una talla de la virgen de la Dolorosa del siglo xvii, una verdadera obra de arte. D. José Ramón Mélida, que visitó Medellín en 1910, hace una preciosa descripción de la referida imagen y, además, podemos admirarla en fotografía en el quinto volumen de dicho catálogo como decíamos, pero no nos indica si llegó a utilizarse en alguna procesión por alguna de las cofradías existentes en el momento y, consecuentemente, tampoco a su posible utilización en una supuesta procesión del Encuentro.
Tampoco sabemos nada concreto sobre el origen real de la procesión y su desarrollo a través de D. Francisco García Sánchez, cura párroco de Santa Cecilia, y también historiador local, fallecido en 2012, salvo que hubiera dejado escrito algún documento del que no tenemos noticia hasta hoy. Cierto es que D. Francisco dispuso en su propio domicilio de algunos de los escasos libros y documentos históricos que estaban depositados en el Ayuntamiento cuando él llegó a Medellín en el año 1960. No puedo relacionar dichos libros y documentos porque nunca los vi, a pesar de contar con una autorización escrita personalizada del secretario municipal del momento: D. Teodosio Toral Chamorro. Sabemos a ciencia cierta que D. Francisco se procuró su propio archivo del que, presumiblemente, se prestaron libros, fotografías y otros documentos gráficos a desconocidos, y que por desgracia nunca llegaron a ser devueltos. En el volumen encuadernado de sus «Hojas Parroquiales» (García Sánchez 1981-1997), publicaciones mensuales sobre el devenir de la parroquia de Santa Cecilia y del pueblo de Medellín, y que donó a la Asociación Histórica Metellinense, no encontramos ninguna alusión al origen de la procesión, si acaso algunas pinceladas sobre la misma y que trataremos más adelante.
También consultamos el libro Testimonios Artísticos de Medellín (Extremadura), escrito por el catedrático de Historia del Arte en la UEX, Salvador Andrés Ordax y tres compañeros más, en 1985, con motivo de una futura celebración del V Centenario del Descubrimiento de América (Andrés Ordax, González Tojeiro, Mogollón Cano-Cortés, y Navareño Mateos 1985), pero no obtuvimos ningún resultado positivo.
En el año 2003 el Informativo Municipal del Ayuntamiento de Medellín publicó en su número 13, correspondiente al mes de junio, un artículo de D. Francisco Pulido Romero en el que el autor rememora sus vivencias personales en Medellín remontándose hasta el año 1946 (Pulido Romero 2003). En él habla de diversos temas locales como son juegos, costumbres, calles, paseos, bares, bailes, etc., pero la procesión que nos ocupa no está entre ellos.
Por último, sobre las fuentes escritas y consultadas, tampoco encontramos ningún apunte al respecto del origen de la procesión y su desarrollo en el tan prolijo y bien documentado trabajo llevado a cabo por D. Tomás García Muñoz, actual cronista oficial de la villa de Medellín, titulado «La villa de Medellín entre 1917 y 2017. Las últimas décadas de una villa milenaria» (García Muñoz 2017, 2065–2106), que haciendo «… un análisis descriptivo del devenir histórico, económico, demográfico, socio-cultural urbanístico y patrimonial de Medellín en los últimos noventa años.», con multitud de datos reales y fehacientes, no tocó el tema de las procesiones como manifestación exterior de los sentimientos religiosos del pueblo, rama que a nosotros nos incumbiría. Se publicó en la Revista de Estudios Extremeños en 2017.
Sobre el asunto que nos ocupa, si acaso el citado D. Francisco García Sánchez, como decíamos, en sus Hojas Parroquiales (García Sánchez 1981-1997), concretamente en la número 60, correspondiente al mes de abril de 1986, habla someramente del Encuentro en los siguientes términos:
El día de la Pascua, domingo de Resurrección, Medellín goza de un espectáculo impresionante, viendo correr a su Virgen Dolorosa al encuentro de su Hijo, en unos momentos llenos de alegría y que ya forma parte de su Semana Santa, como algo indispensable. Los aplausos, las tracas, y en fin todo el conjunto, hacen ya famosa la llamada Carrerita, como cuadro típico de una fe arraigada en el pueblo.
No obstante lo anterior, como podemos comprobar, no toca expresamente el origen de dicha procesión, ni tampoco su desarrollo. Ahora bien, con las expresiones «…que ya forma parte de su Semana Santa, …» y «... hacen ya famosa la llamada Carrerita, …» podría indicarnos al menos veladamente que tal vez su origen no fuera muy lejano, eso sí, refiriéndonos al modo actual con que se desarrolla. Por tanto, no sería descabellado preguntarse si esta procesión local de la Semana Santa metellinense, por la solemnidad con la que se desarrolla hoy en día precisamente, podría no ser tan antigua como muchos creíamos. Eso sí, también podría haberse dado el caso de que, con otras imágenes distintas a las actuales tal y como veremos y llevándose a cabo de forma también distinta a la de hoy, con mayor simpleza probablemente, esta procesión metellinense contara con bastantes años de antigüedad. Así lo apunta una fuente oral que recogemos más adelante. Lo que sí sabemos con toda seguridad, y lo podemos afirmar llegados a este punto, es que las dos imágenes que se utilizan en la actualidad en la procesión fueron adquiridas ambas poco después de mediados del siglo xx.
Por otra parte, y dada su proximidad, ¿cabría suponerse un origen y desarrollo iniciales similares a los de la Carrerita de Villanueva de la Serena? Esta localidad está situada a unos 15 km de Medellín, y en ella se celebra en el mismo día, y como en tantos otros pueblos, una procesión algo parecida, llamada La Carrerita, al parecer desde el siglo xviii, pero teniendo en cuenta que los primeros documentos escritos sobre ella son del siglo xix, según se desprende de la información obtenida de la página web del propio Ayuntamiento (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena 2007). La procesión se desarrolla con la Virgen de la Aurora y el Cristo Resucitado. Esta fiesta está declarada Fiesta de Interés Turístico Regional de Extremadura desde 2007. Como se podrá comprobar por quien lo desee visitando dicha página, se diferencia bastante de la actual procesión del Encuentro de Medellín.
Por intentar establecer cierto nexo, paralelismo o relación entre una procesión y otra, que sepamos, según testimonio de D. Eduardo Rodríguez Gordillo (Rodríguez Gordillo 2015), concretamente en el capítulo V, pág. 209 de la reproducción facsimíl de Apuntes Históricos de la Villa de Medellín, párrafo 2º, al hablar del convento de las Religiosas Concepciones, y concretamente sobre las imágenes que las monjas trasladaron a la capilla habilitada de la casa/palacio que adquirieron las religiosas para su congregación, una vez que no pudieron seguir en su convento por encontrarse ruinoso tras la Guerra de la Independencia, dice: «…; otra imagen de Nuestra Señora de la Aurora, que se quedó con ella dicho D. Narciso, así como con una de las dos campanas …». Se refiere concretamente a la casa conocida actualmente por la Casa del Telefonista o de María Asunción, calle Colombia, número 24 que, por otra parte, precisamente, es desde donde comienza lo más interesante de la procesión que nos ocupa, y a D. Narciso de Torres y Rosado que la adquirió por una puja de 76.000 reales en pública subasta en aplicación de las leyes desamortizadoras del momento, pagaderos en 20 años: Sabemos también por D. Eduardo que el tal D. Narciso vendió tanto la imagen de la virgen como la campana a la familia Solo de Zaldívar de Don Benito (Badajoz), por el precio de 1.000 reales, o sea 1,50 € actuales, y que esta familia las colocó en el oratorio de su dehesa Cabeza Redonda, situada en las proximidades de la Sierra de las Cruces. En este contexto de compraventa de imágenes religiosas tan libertino ¿cabría plantearse algún tipo de nexo, paralelismo o relación, como decíamos antes, con la imagen de la Virgen de la Aurora de Villanueva de la Serena? Nos referimos lógicamente a la que se utilizaría en esta localidad antes de la Guerra Civil, pues nos consta por conversación mantenida con D. Antonio Barrantes, el cronista oficial, que desapareció durante la contienda, que no se sabe nada sobre su origen y que fue sustituida por otra imagen de la Virgen que nada tiene que ver con la que se utiliza desde 1995 en el evento, que es obra del escultor imaginero villanovense D. Eduardo Acero Calderón.
Especial interés tiene el testimonio verbal de D.ª Ana Blanco Casallo, de 90 años, la cual recuerda que su abuela: D.ª Julia Martín Miguel, fallecida hace bastantes años como podemos imaginar, era la encargada de cuidar del altar de una preciosa virgen Dolorosa que existía en la iglesia de Santa Cecilia, y con ello de custodiar el manto de terciopelo negro que se usaba en Medellín para el desarrollo de la procesión del Encuentro. Tal vez pudiera referirse a la Dolorosa de la que nos habla D. J. R. Mélida y que seguramente desapareció para siempre durante el transcurso de la Guerra Civil. Tras la contienda bélica, no disponiéndose de una imagen de la virgen más adecuada para la ocasión, se utilizaba al parecer una de la Inmaculada Concepción, cuya procedencia real se desconoce, pero que era anterior a la que existe hoy día. Pudiera ser que se tratara de una de las donaciones de imágenes religiosas que D. Francisco González Dorado, conocido en el pueblo por el «Comandante», y su primera esposa: D.ª Cándida Pérez Marrero, hicieron a la iglesia de Santa Cecilia tras la guerra. Según comentarios de los hijos del Comandante: D. Francisco y D.ª Mª Jesús González Pajuelo, su padre donó a la iglesia de Santa Cecilia, al menos, una imagen del Niño Jesús y otra del Resucitado. A dicha Inmaculada se le desprendía la corona para la procesión y se le cubría con el referido manto de terciopelo negro, insertando en él las doce estrellas plateadas de aquélla. A su vez el rostro de la virgen se cubría con un velo de gasa, también negro, que era el que se retiraba por una de las camareras mientras el sacerdote, incensando las imágenes, entonaba los salmos correspondientes al producirse el encuentro de madre e hijo. D.ª Ana recuerda anecdóticamente cómo su abuela también le contó cuán celosamente guardaba esta señora ese manto de terciopelo negro que incluso se lo llevó consigo cuando la población civil de Medellín tuvo que desplazarse al pueblo vecino de La Haba con motivo de la inminente ocupación por parte de las fuerzas nacionales durante el transcurso de la Guerra Civil. Lógicamente D.ª Julia devolvió dicho manto al regresar al pueblo y D.ª Ana aún se acuerda de la caja en la que se depositaba. El itinerario de ambas imágenes, tanto antes de la contienda bélica como después, presumiblemente sería el mismo que hoy día, iniciándose y terminándose en la iglesia de Santa Cecilia, y desarrollándose el encuentro sobre las actuales calle Colombia y la Plaza de España. Respecto a los movimientos de los costaleros D.ª Ana no puede asegurarnos que fueran muy similares a los actuales, es decir, corriéndose con la Virgen las mismas series de pasos hacia adelante y también hacia atrás con las correspondientes genuflexiones, o por el contrario que se realizara una sola carrera hacia adelante de unos 100 pasos, es decir, más en la línea de la Carrerita de Villanueva de la Serena. Por consiguiente y tras el testimonio de D.ª Ana, basado a su vez en los comentarios que le hizo su abuela, estamos hablando de que la procesión del Encuentro en Medellín sí se corría antes de la Guerra Civil de 1936, desconociéndose su inicio, así como su desarrollo, que probablemente fuera más simple que el actual, menos medido, menos solemne. Además, que en los años inmediatos posteriores a la referida guerra se siguió con la tradición de seguir corriendo la procesión del Encuentro, eso sí, con imágenes distintas a las que se utilizan en la actualidad, y con su desarrollo al menos muy parecido, pues ninguna de las fuentes orales consultadas recuerda otro diferente.
3.2 El Rosario de la Aurora
Primer domingo después de la primera luna llena del equinoccio de primavera de cualquier año. Es el Domingo de Resurrección, o de Pascua. Al amanecer, en la iglesia de Santa Cecilia, aproximadamente a las 07:45 a.m., se habrán reunido los cuatro costaleros que se encargarán de realizar la procesión del Encuentro portando el paso de la Virgen de los Dolores o la Dolorosa. El otro paso necesario, el del Resucitado, por su parte también estará preparado y listo sobre sus andas. Ambos pasos se colocan en el altar lateral de la epístola.
Un ratito antes, en torno a las 07:00 a.m., dirigidos por el sacerdote, los feligreses que lo desean salen de Santa Cecilia para rezar el Rosario de la Aurora por algunas de las calles del pueblo. Décadas atrás, previamente a este Rosario de la Aurora, en torno a las 05:00 a.m., los vecinos voluntarios y más madrugadores, emulando a los famosos auroros castellanos, dirigidos muchos años por D. Ricardo González, y provistos de instrumentos musicales ligeros tales como campanillas, carracas, cascabeles, triángulos o botellas de cristal entonaban alegres canciones y, además, se encargaban de aporrear las puertas de las casas por donde pasaban con el fin de despertar a los vecinos dormilones para que no se perdieran los actos solemnes posteriores; es decir: el Rosario de la Aurora, la procesión de Encuentro y la santa misa de Pascua. Para ello entonaban algunas canciones populares y otras marianas especiales de este día como pueden ser «Levántate fiel cristiano» o el famoso «Himno del Rosario», de origen presumiblemente popular, y que por tanto son de sobra conocidas.
El poeta local y amante de nuestra historia D. Pedro Antonio Segura Ortiz aborda el tema del Encuentro, y hace una descripción muy amena y entretenida sobre todo el evento en su artículo titulado «Procesión del Encuentro -Medellín, España-» (Segura Moreno 2023) publicado en la revista cultural Lacipea, editada semestralmente por la Asociación Amigos de Santa Amalia, en su número XLV, de junio de 2023, y sobre el itinerario del referido Rosario de la Aurora en concreto dice:
El Rosario empezaba al despuntar el día, sobre las siete de la mañana, lo encabezaba uno o varios estandarte de la Virgen y salía de la parroquia de Santa Cecilia hacia las calles Margallo, San Martín, Olea y García Holguín hasta llegar a la carretera, seguía por la calle Méjico y Colombia hasta arriba de la cuesta de «María Asunción», y atravesando la calleja de Juan Pino llegaba al Barrio Nuevo siguiendo por la actual Diputación Provincial hasta la plaza de «Quinto Cecilio», atravesaba la carretera y se dirigía por las calles Otumba y Ponce de León al lado norte de la Plaza de Hernán Cortes, y de allí de nuevo a la iglesia.
3.3 Consideraciones previas a la procesión
3.3.1 Sobre las imágenes que intervienen
Sobre el tema de las imágenes que intervienen actualmente en la procesión del Encuentro, según nos informan D.ª Ana Blanco Casallo, ya citada, y D.ª María Dolores Gálvez Gómez, la actual imagen de la Dolorosa fue donación de D.ª Eladia Gómez Castro, esposa de D. Francisco Gálvez y Martín de Castejón, médico de profesión y alcalde de Medellín en 1942, y madre de la anteriormente mencionada D.ª María Dolores; lo hizo a la iglesia de Santa Cecilia, siendo entonces su párroco D. Claudio Álvarez González, unos años antes de que llegara D. Francisco García Sánchez como su sustituto en 1960. D.ª Eladia hizo la donación por la gran devoción que tuvo toda su vida a esta virgen, como agradecimiento por el gran favor que le hizo en relación con la grave enfermedad de su esposo, así como por el feliz nacimiento de su hija tras haber pasado un doloroso embarazo. Tras la información obtenida al respecto, no podemos afirmar si D.ª Eladia también donó el anillo de agua marina azul que la virgen luce en su dedo anular de la mano izquierda, o bien fue una donación realizada por su amiga D.ª Silvia Valdaliso Molina, pues los herederos de ésta conservan un par de pendientes que podría encajar con el anillo formando juego. Algunas de sus alhajas las luce la virgen en sus dedos ese día, por cierto muy estilizados, y que en su mayoría corresponden a donaciones anónimas. Tal y como puede verse en la figura 1, la imagen es una talla de candelero, del tamaño de una persona. Las facciones de la cara expresan un gran sufrimiento contenido, pero a la vez una gran ternura como madre, y están realizadas con tanta perfección y delicadeza que consiguen mostrar un rostro de mucha naturalidad y, al mismo tiempo, belleza y, como decimos, también amargura (véase la figura 2).
El traje de terciopelo negro y el manto originales para esta imagen se confeccionaron con prendas procedentes de la abuela de D.ª María Dolores Gálvez. Hoy en día y para la ocasión se han sustituido por un delantal también de terciopelo negro con bordados blancos y pedrería, confeccionado por D.ª Genoveva Simón Trinidad, y el manto nuevo del que habla Don Francisco como veremos a continuación. Alrededor de la talla, una estructura metálica para dar volumen al paso. Con respecto al resto del equipamiento de la imagen, D. Francisco García Sánchez en su hoja parroquial n.º 100, correspondiente a los meses de enero y febrero de 1990, donde hace un balance de hechos históricos relevantes y adquisiciones para la iglesia desde 1960 hasta 1990, en el apartado de Metal, página segunda, en su último punto, hace alusión a la adquisición de una corona dorada para la Virgen de los Dolores, sin especificar fecha concreta, ni su procedencia, ni valor. Actualmente la virgen no lleva esa corona sino una diadema o tiara plateada cuyo origen desconocemos pero que es anterior a la propia corona dorada adquirida por D. Francisco. Además, en la Hoja Parroquial número n.º 102, correspondiente a los meses de abril y mayo de 1990, habla del «Manto negro» de la Virgen la Dolorosa al indicar:
Esta Semana Santa, la novedad, fue el nuevo manto de La Dolorosa. Es una obra de gran mérito artístico, confecionado y bordado, en Medellín, por un grupo de mujeres, que han sacrificado muchos trabajos, para que la Virgen lo luciera el Viernes de Dolores y Viernes Santo. Es amplísimo; al estilo de las de Sevilla El terciopelo, se compró en una casa especializada de Madrid: importó 40.000 pts y el bordado aparte no tiene precio. Se mezclaron el arte y el amor. Gracias.
Y en la Hoja Parroquial n.º 108, correspondiente a enero de 1991, aunque no se especifica como tal, en su página primera, concretamente en el balance que hace respecto de 1990 dice que en «Ornamentos, casullas, albas, ect, manto de Virgen de los Dolores (Terciopelo) …… 56.684 pesetas», o sea, 340,68 € de los actuales.
Respecto a la imagen del Resucitado, poco podemos decir, únicamente que en la ya aludida Hoja Parroquial n.º 100, página segunda, en el apartado de Imágenes, D. Francisco dice sobre su adquisición: «Jesús Resucitado, 1´60 mts.»; y que en la página cuarta, «Aspecto de Datos Históricos», respecto del año 1961 dice: «Se instalan los altavoces y viene la imagen del Resucitado». Al igual que ocurre con la imagen de la Dolorosa, desconocemos datos interesantes como pueden ser: escuela, autor, precio o su financiación. Una curiosidad: podemos contar que la imagen del Resucitado, venía empaquetada en un cajón de madera del tamaño de una persona pero con el brazo derecho con el que porta el banderín de Jesús Resucitado separado del resto de ella. Inicialmente se le colocó de una manera algo provisional de tal forma que durante algunos años el brazo se movía casi libremente durante sus procesiones y causaba una mala impresión. El estado actual en el que está hoy día es obra de D.ª María de los Ángeles Moreno Palomares que fue quien fijó definitivamente dicho brazo al resto del cuerpo mediante su restauración en 1973 a base de escayola, desarrollando por cierto un excelente trabajo. Creemos que aparte de esta restauración no se han llevado a cabo otras, salvo las propias de mantenimiento de alguna pintura que siempre han corrido a cargo de la mencionada restauradora.
Esto es todo lo que hemos podido recoger sobre el origen de las dos imágenes que intervienen actualmente en el acto, dejando patente que las dos llegaron a Medellín a partir de mediados del siglo xx, y que sustituyeron a las anteriormente utilizadas, es decir, a la Inmaculada, que era anterior a la que existe actualmente en Santa Cecilia, y al Resucitado, donado por D. Francisco González Dorado, el Comandante, y su esposa.
Ahora bien, hechas las correspondientes consultas a varios vecinos mayores del pueblo, paisanos con edades de entre 80 años o más, es decir, nacidos antes de la donación de la Dolorosa y de la adquisición del actual Resucitado, de los que ya tenemos constancia de cuándo ocurrió, curiosamente ninguno de ellos recuerda que hubiera otras imágenes que fueran utilizadas ya antes de la Guerra Civil, a excepción de la mencionada D.ª Ana Blanco Casallo cuando nos habla de una Dolorosa y que podría tratarse de la que está incluida en el Catálogo Monumental de España del que ya hemos hablado (Mélida y Alinari 1925–1926), y de la que no sabemos su destino final. Presumiblemente todas las imágenes religiosas desaparecerían durante el transcurso de la Guerra Civil en Medellín entre los años 1936 y 1938. En esta dirección apuntan los testimonios recogidos por D. Francisco García Sánchez en su publicación de 1962: «Evocación de la vida de sacristán en la villa de Medellín» (García Sánchez 1962, 138-139), dedicado a D. Juan Francisco Pino Núñez, sacristán de las parroquias de Medellín, que lo fue durante 65 años, además de alguacil y voz pública del Ayuntamiento. Así, el Rvdo. Sr. D. Publio Arias Regodón, párroco que era de Santa Amalia, al regresar a Medellín junto con el sacristán Pino una vez pasada la contienda bélica hace el siguiente comentario:
¡Qué pena nos daba entrar en las casas y verlas cubiertas de polvo, vacías de sus moradores, y sólo algún que otro utensilio, roto y tirado por el suelo!
¿Se acuerda usted, Pino, de cuando entramos en la casa parroquial y vimos que no quedaba nada, evocando la figura del párroco mártir, el amigo y animoso, don José? Y las iglesias, ¡cuánto dolor!
Y en este mismo sentido se recoge el testimonio del Rvdo. Sr. D. Antonio Mayoral, párroco de Villamesías, a quien se le había encargado la restauración de Santa Cecilia, y en el referido libro dice (García Sánchez 1962, 141):
Cuando se liberó Medellín, Pino, que se había evadido a zona nacional, se incorpora a su pueblo y su primera preocupación, después de interesarse por sus familiares, es ver sus iglesias casi destruidas , […] , sin encontrar nada de cuanto él había dejado en ellas, ni altares, ni imágenes, ni nada perteneciente al culto.
Deducimos que efectivamente todas las imágenes de todas las parroquias que había en Medellín hasta el verano de 1938, desaparecerían lamentablemente durante los dos años que duró aquí la contienda. Eso sí, a excepción de un busto de Ecce Homo que se salvó sorprendentemente y que hoy día podemos contemplar, restaurado, en la hornacina de las reliquias del altar mayor de la iglesia de Santa Cecilia. No obstante, y haciendo caso a las palabras recogidas por el propio D. Francisco en su libro Medellín: Encrucijada histórica (García Sánchez 1984, 188), sí podemos afirmar que antes de la Guerra Civil existía al menos una imagen de la Dolorosa, como ya hemos comentado anteriormente, no así del Resucitado pero que presumiblemente existiera al venir realizándose la procesión, pues hablando también del lamentable escenario que se encontraron los vecinos evacuados que regresaron de los pueblos de alrededor tras la guerra, y recordándolo como tales dice: «Testigos oculares cuentan asombrados las parodias burlescas que se hacían con las imágenes de nuestros templos, algunas de verdadero mérito artístico, como una Dolorosa de talla del siglo xv; ...». Entendemos que se trata de la misma imagen a la que se refiere D. José Ramón Mélida en su «Catálogo Monumental de España. Provincia de Badajoz» (Mélida y Alinari 1925–1926) anteriormente citado, y que la atribuye a la escuela sevillana, datándola, sin lugar a dudas, del siglo xvii.
3.3.2 Sobre los costaleros de la Virgen
Con una similar altura y vistiendo de calle hasta hace unos años se reúnen los cuatro jóvenes costaleros, previamente acordados, ante el paso de la Dolorosa. Recientemente van uniformados con camisa o camiseta blanca, pantalón vaquero, jersey gris con emblema de cofradía y calzado deportivo oscuro). No hay subasta ni puja entre ellos por los brazos del paso. Cada uno sabe exactamente su puesto. En ocasiones ha resultado fundamental que estas cuatro personas hayan ensayado los movimientos que van a desarrollar en el acto durante varios días antes, pues hay que tener en cuenta que resulta necesario e imprescindible que mantengan los brazos del paso lo más prietos posible sobre sus hombros, de forma que en los cuatro puntos de apoyo no quede ningún hueco. También es lógico señalar que, como todo en esta vida, el desarrollo de la procesión haya variado con el paso de los años, en este caso previsiblemente, se iría perfeccionando y solemnizando cada vez más. En la procesión de 2019, año de nuestro relato, los cuatro costaleros de la Dolorosa concretamente fueron:
Resulta muy difícil confirmar quiénes fueron los costaleros que realizaban esta procesión años atrás toda vez que únicamente hemos podido recurrir a las fuentes orales, las cuales en algunos casos han sido contradictorias. Remontándonos a bastantes años atrás, décadas de mediados del siglo pasado, podríamos indicar, gracias a la información verbal facilitada por D. Domingo Haba Ortiz y por D. Santiago Castilla Palma, fundamentalmente, que antes de 1972 los costaleros habrían sido: D. Luis Romero Román y D. Antonio Moreno González como los más antiguos que se recuerdan, aunque algunas de las fuentes lo ponen en duda, y así mismo, en su caso, desconociéndose con qué otras dos personas formarían pareja, y que probablemente les sucedieron los dos hijos de este último: D. Juan Antonio y D. Francisco Moreno Sánchez, así como D. Isidro Palomares García, en el papel de coordinador, y formando pareja delantera con D. Sergio Bravo García. En algunas ocasiones participaron también D. Antonio Segura Quirós y D. Iluminado Liviano García. A partir de ese año (1972) tomaron el relevo: D. Emilio Monje Moreno (coordinador), D. Antonio García García, D. Ramón Quirós Bravo, D. Pedro Cidoncha Ontiveros y el propio D. Domingo Haba Ortiz, los cuales se iban alternando según su situación personal y familiar. Posteriormente también participaron: D. Justiniano Barrero Herrera y D. Manuel Sánchez Miranda Nájera, llegando a ser este último durante muchos años el coordinador, y compartiendo tarea con algunos de los costaleros que se reflejan a continuación en la tabla 1, así como con D. Juan Antonio García Segura, y al menos un año con D. Antonio Parral Carmona entre 1997 y 2001. A modo de resumen, en la referida tabla 1 se relacionan los costaleros de la virgen que han venido participando desde el año 2019 indicando, asimismo, quiénes han llevado el rol de coordinador en cada caso:
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Tabla 1. Relación de costaleros de la Virgen desde el año 2019 hasta el año 2025 | |||
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Año |
Costalero |
Coordinador |
Posición (en el sentido de la marcha) |
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2025 |
José Antonio Romero Mateos |
Sí |
Anterior izquierda |
|
Mario García López |
No |
Anterior derecha | |
|
Raúl Casado Quintana |
No |
Posterior derecha | |
|
Mario García Sanz |
No |
Posterior izquierda | |
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2024 |
José Antonio Romero Mateos |
Sí |
Anterior izquierda |
|
Lázaro Belloso Mira |
No |
Anterior derecha | |
|
Raúl Casado Quintana |
No |
Posterior izquierda | |
|
Mario García Sanz |
No |
Posterior derecha | |
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2023 |
José Antonio Romero Mateos |
Sí |
Anterior izquierda |
|
Lázaro Belloso Mira |
No |
Anterior derecha | |
|
Raúl Casado Quintana |
No |
Posterior derecha | |
|
Mario García Sanz |
No |
Posterior izquierda | |
|
2022 |
José Antonio Romero Mateos |
Sí |
Anterior izquierda |
|
Lázaro Belloso Mira |
No |
Anterior derecha | |
|
Raúl Casado Quintana |
No |
Posterior derecha | |
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Mario García Sanz |
No |
Posterior izquierda | |
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2021 |
(Suspendida oficialmente por motivo de la pandemia del Covid-19) | ||
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2020 |
(Suspendida oficialmente por motivo de la pandemia del Covid-19) | ||
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2019 |
Ángel Romero Lucas |
Sí |
Anterior derecha |
|
José Antonio Romero Mateos |
No |
Anterior izquierda | |
|
Lázaro Belloso Mira |
No |
Posterior derecha | |
|
Mario García Sanz |
No |
Posterior izquierda | |
3.3.3 Antes de la procesión
El paso de la Dolorosa ya está preparado sobre unas andas de madera que son algo ligeras. Tal y como se aprecia en la figura 3, la Virgen viste de negro riguroso en señal de luto por la muerte de su hijo. Interiormente unas enaguas blancas, parte superior del vestido y delantal de terciopelo negro con filigranas blancas, pañuelo blanco de encaje en el dedo índice de la mano derecha, los típicos encajes de toquilla alrededor del rostro, sobre la cabeza un primer manto blanco de crespón de seda, cosido con hilo dorado, del que hablaremos más tarde, y sobre él una toquilla blanca y dorada. A la vez sobre este manto blanco y esta toquilla el segundo manto, también de terciopelo de color negro como el delantal, con puntillas y adornos florales blancos salteados, sobrepuestos y cosidos, muy amplio como decía D. Francisco García, semicircular y con cola. Este manto tiene un pequeño corte transversal en su parte central, a la altura de la cabeza de la imagen, de unos 20 cm de profundidad. En los bordes de ese corte van dispuestos a la misma distancia tres pequeños trozos de velcro negro de unos 3 cm, siendo ésta la clave para que este manto negro caiga en un momento determinado del acto como se dirá en su momento. Como remate, la diadema plateada de la que ya hemos hablado, atornillada a la cabeza para evitar su caída durante las carreras. Tapando el rostro, un velo de gasa negro, pegado a otros dos pequeños trozos de velcro colocados a unos 50 cm del corte del manto negro al que aludíamos anteriormente, y así mismo, someramente unido a él además con unos simples alfileres. El manto blanco, también muy amplio, se anudará a los extremos de la estructura metálica que rodea el cuerpo de la virgen, quedando oculto inicialmente, y cuando llegue el momento será la señal de alegría y júbilo por el encuentro de madre e hijo. A los pies, un pequeño pedestal de flores blancas naturales.
El paso del Resucitado (véase la figura 4) también está preparado sobre sus andas con un pequeño pedestal de flores naturales, y listo para salir. La talla se muestra íntegra y no se le coloca ninguna prenda de vestir ni accesorio. Para este paso se necesitan ocho costaleros, que serán voluntarios de entre los asistentes a la ceremonia. No es necesario contar con unos costaleros determinados como es el caso de los de la virgen, y su vestimenta es la normal de calle.
Son las 08:00 de la mañana y todo está preparado para iniciar el recorrido desde la iglesia de Santa Cecilia por ambos pasos. En la figura 5 y figura 6, se muestran fotografías en las que puede verse la imagen de la Dolorosa y del Resucitado a las puertas de la iglesia, listas para iniciar el acto.
3.4 Desarrollo de la procesión
A modo de resumen, en la figura 7 se muestra el itinerario seguido por cada una de las imágenes por el centro histórico de Medellín. El recorrido de la Dolorosa se muestra en verde y el del Resucitado, en azul.
Por su parte, los feligreses y demás asistentes congregados en la iglesia se disponen para acompañar a ambos pasos, y se dividen en los dos grupos siguientes:
Sale primeramente el paso de la Dolorosa, precedida por su estandarte (véase la figura 8) y acompañada por sus cofrades dispuestas en dos filas paralelas. Una pequeña aclaración: aunque hablamos de las cofrades, en realidad la cofradía que realmente está constituida y a la que pertenecen como sección es la del Sagrado Corazón de Jesús. Los demás asistentes también se dispondrán en ambas aceras de las calles y acompañarán al paso. Las cofrades llevan el típico escapulario de la Dolorosa, el cual se muestra en la figura 9. Todos entonan las habituales canciones religiosas durante el siguiente itinerario: Plaza de Santa Cecilia, Plaza de Hernán Cortés, calle Arco y calle Colombia. El paso y las cofrades se detienen aproximadamente a la altura del actual número 24 de esta última calle, próximos a la esquina llamada de María Asunción, cerca de la casa adquirida en su día por las madres concepciones y a la que curiosamente trasladaron la imagen de la Virgen de la Aurora. Guardan silencio a partir de este momento. A lo lejos, en frente, aunque aún no se vea, estará el paso del Resucitado esperando. Las filas de las aceras continúan su marcha hasta el centro de la propia Plaza de España, fusionándose sus integrantes con los de la otra comitiva, la del Resucitado. A paso lento, la comitiva de la virgen llega a la altura del número 7 de la calle Colombia, pasado el cruce de ésta con la calle Olid. Ya se ven las imágenes mutuamente. Es a partir de este momento cuando comienza lo más emocionante y emotivo de la procesión del Encuentro.
Por su parte, el Resucitado sale de la iglesia unos minutos después del paso anterior a hombros de 8 costaleros. Le acompañan el sacerdote, un coro de cantoras y los asistentes que lo deseen. Las campanas de Santa Cecilia repican insistentemente a «Gloria». Hasta hace unos años era habitual que los acompañantes del paso fueran exclusivamente varones. Su recorrido es más corto que el de la Dolorosa. Realizan el siguiente itinerario: Plaza de Santa Cecilia, calle Tlaxcala, calle Méjico y Plaza de España, deteniéndose aproximadamente en el número 6 de esta última, a la altura del antiguo Bar Yuma II, o del actual Bar Alonso. Las cantoras van entonando canciones de júbilo y alegría como podría ser una de las versiones del «Aleluya, aleluya, aleluya», o bien la del «Resucitó», del famoso compositor Kiko Argüello. Los acompañantes, a diferencia del otro paso, no se disponen en filas, van detrás de él y no suelen cantar.
Ambos pasos están parados sobre la carretera, la actual EX-206 a su paso por el casco urbano de Medellín. La Policía Local se encarga de cortar y desviar el tráfico durante el acto. El sol va apareciendo lentamente sobre los tejados de las casas. Llega la luz del día, y hace fresco. El paso de la virgen rebasa la referida esquina de la calle Olid. Ya se ven mutuamente las dos imágenes, como comentábamos.
Los espectadores están aglutinados en el centro de la Plaza de España. También en ventanas y balcones. Todo está preparado. En el caso que estamos narrando (2019) el coordinador del paso de la Dolorosa con su horquilla en la mano derecha procede a dar un golpe seco en el suelo, y ésta es la señal para que, de manera muy coordinada, se den unos 20 pasos corriendo literalmente con la imagen hacia adelante. El efecto visual logrado con la vestimenta de la virgen por los firmes, rápidos y coordinados movimientos de los cuatro costaleros resulta muy emocionante y sobrecogedor ya que se consigue que mantos, velo negro y diadema se muevan de una forma tan natural que da a todos los presentes la impresión de que es la virgen la que está corriendo realmente, rodeada por sus cuatro costaleros (véase la figura 10). Caminada la distancia establecida, el coordinador o capataz vuelve a dar otro golpe seco en el suelo con la horquilla, y, en este caso, sirve para que los cuatro costaleros, a la voz de «¡abajo!», paren y se arrodillen realizando una genuflexión hasta el suelo con la pierna derecha, el tronco erguido, y la rodilla izquierda flexionada en ángulo de 90º durante unos tres segundos. Interpretamos que este movimiento sirve para representar el estado de conmoción que sufre María al ver a su hijo resucitado de entre los muertos (véase la figura 11), así como también un gesto de reverencia hacia él. Con un nuevo golpe de horquilla en el suelo, y a la voz de «¡arriba!», los costaleros vuelven a incorporarse, a ponerse de pie, y avanzan lentamente hasta superar el paso de peatones elevado que actualmente existe a la altura del número uno de Plaza de España.
A continuación, repiten una segunda y hasta una tercera vez todos los movimientos antes descritos hasta que a escasos dos o tres metros se encuentran frente a frente los dos pasos: la Dolorosa y el Resucitado. Llegados a este punto, cuando el coordinador da la voz de «¡abajo!», los cuatro costaleros hacen una nueva genuflexión y dos de las camareras de la virgen (D.ª Ana Silvia García Simón y D.ª Encarna Torres Espino), de forma muy hábil y rápida, casi de manera inadvertida, tiran del manto negro a ambos lados hacia abajo desprendiéndole de la cabeza de la virgen sobre la que se mantenía por las pequeñas piezas de cinta de velcro, arrastrando con él el velo de gasa. El manto que se mantiene sobre la imagen y se ve a partir de ahora es el blanco, simbolizando la alegría que siente María al encontrarse con su hijo Jesús Resucitado (véase la figura 12). Las camareras también se encargan de retirar las prendas caídas para que no estorben a los costaleros de atrás.
Por su parte, cuando las imágenes ya se encuentran paradas, una enfrente de la otra, el sacerdote hace su ritual entonando los salmos especiales de este día e incensando las imágenes durante unos minutos; y las cantoras entonan mientras tanto la antífona en latín «Regina caeli».
Cabe decir que la virgen venía vistiendo antiguamente sólo con el traje y manto negros, de luto riguroso. El manto blanco se adquirió hace unos 18 o 19 años aproximadamente, por una de las hermanas del antiguo párroco de Santa Cecilia (D. Francisco García Sánchez), a la que comúnmente conocemos como Pepita, y ella fue quien lo donó trayendo desde Fátima las telas, puntillas, hilo dorado y demás material necesario para confeccionar dicho manto blanco. Desde entonces se acordó entre todos los implicados llevar a cabo la procesión de la forma que hemos descrito anteriormente con los dos mantos. Como curiosidad, y dejando el comentario abierto a la imaginación de cada cual, hemos de decir que en la primera ocasión que se utilizó el manto blanco no fue necesario que las camareras tiraran del manto negro ya que de forma inesperada y ante el asombro de los asistentes cayó casi en el momento oportuno. Mientras tanto, los espectadores que están contemplando la procesión desde los balcones y terrazas en Plaza de España lanzan pétalos de flores a ambos pasos (véase la figura 13), y el público congregado en la plaza estalla en aplausos por el buen trabajo desarrollado por los costaleros y, por supuesto, por el significado religioso en sí de la procesión. Es la victoria de Jesús sobre la muerte. Esos aplausos también se entremezclan con el estallido de varias tracas de pólvora que habitualmente, y hasta pocos años antes de su fallecimiento, corrieron a cargo de D. Antonio Hurtado Andújar, emigrante primero en Suiza y después en Valencia, pero que el día del Encuentro siempre se podía contar con él. Antes, bastantes años atrás, eran los propios cazadores del pueblo quienes, agrupados en las esquinas, disparaban salvas con cartuchos de fogueo. Las campanas de Santa Cecilia siguen repicando a gloria, y todo este ambiente de alegría sirve para anunciar que se ha producido el tan esperado Encuentro.
Pero este ambiente de júbilo y alegría llega a un punto en que desaparece repentinamente sin ninguna señal, todo el mundo se calla porque se espera algo más. Es a partir de aquí cuando se desarrollará la parte más dificultosa del acto, ya que con el paso de la Dolorosa se realizan dos series de diez pasos cada una, con la particularidad de que se dan hacia atrás, para lo cual es necesaria nuevamente una coordinación absoluta entre los cuatro costaleros, y evitar así que caiga la imagen al suelo. Como hemos dicho, la virgen está delante del Resucitado. Sus cuatro costaleros, ya puestos en pie, flexionando levemente la pierna izquierda, apoyándose sólo sobre los dedos del pie, a golpe de horquilla en el suelo comienzan una carrerita de diez pasos hacia atrás, comenzando con la pierna izquierda. De nuevo a golpe de horquilla en el suelo hacen la misma genuflexión ya descrita, incorporándose a continuación, y repitiendo una vez más dichos movimientos.
Llegados a este punto, el paso de la virgen da media vuelta (véase la figura 14) y todos los asistentes que lo desean acompañan en procesión a ambos pasos hasta la iglesia de Santa Cecilia, primero la Dolorosa seguida del Resucitado (véase la figura 15), con el itinerario de ida que había realizado aquélla pero en sentido contrario, es decir: Plaza de España, Calle Colombia, Calle Arco, Plaza de Hernán Cortés (véase la figura 16 y figura 17) y Plaza de Santa Cecilia. Durante todo el trayecto se entonan canciones religiosas alegres como por ejemplo la de «Gloria repitan», y que se vuelve a cantar cuantas veces se estime necesario.
De regreso, ya en la Plaza de Santa Cecilia, el paso de la virgen gira media vuelta y frente al Resucitado hace por último una nueva reverencia, arrodillándose, y entrando finalmente en el templo, seguida por el paso de su hijo. Recientemente en esta despedida se ha incluido un pequeño balanceo por parte del paso de la virgen. Los fieles escuchan la misa del Domingo de Resurrección, que a la postre, una vez terminada, y como manda la santa tradición, servirá para poder disfrutar, y tanto que disfrutar, los tan ansiados días de jira o de romería en la localidad, comiendo las famosas «bollas de Pascua», que, por otra parte, son mimbres suficientes para hacer otro bonito cesto.
4. Conclusiones y reflexión final
A falta de fuentes escritas o testimonios documentales que lo acrediten y que se hayan hecho de público conocimiento hasta ahora, tras las respuestas telemáticas obtenidas, los textos escritos consultados y los testimonios obtenidos de fuentes orales, no podemos asegurar desde cuándo exactamente se viene desarrollando la procesión del Encuentro en Medellín. Podemos deducir sólo en base un testimonio oral, que antes de la Guerra Civil de 1936 ya se corría dicha procesión de una forma más simple que la actual probablemente y utilizando una imagen de la Dolorosa (¿tal vez la talla del siglo xvii?) y una supuesta del Resucitado, que seguramente ambas serían destruidas durante la contienda bélica de 1936. En los años inmediatamente posteriores a los de la Guerra Civil, en la que, como decimos, desaparecieron, o se les perdió la pista, a todas la imágenes de todas las parroquias del pueblo, excepto una de un Ecce Homo, se realizaría la procesión siguiendo la línea anterior existente, pero con una imagen de la Inmaculada Concepción anterior a la actual, adaptada a la ocasión, y una del Resucitado, que presumiblemente fueron donadas a la iglesia de Santa Cecilia por D. Francisco González Dorado, el Comandante. Allá por la década de los años 60 del siglo pasado, cuando ya se disponía de las imágenes actuales (La Dolorosa y El Resucitado), creemos que el desarrollo de la procesión fue probablemente fruto de un acuerdo entre varios fieles muy comprometidos con la parroquia, y probablemente animados por ella, decidiéndose realizar el trayecto de la carrera en tres tramos o series de 20 pasos corriendo hacia adelante y al menos dos series de 10 pasos hacia atrás. Por último, en los inicios de la primera década del presente siglo se acuerda introducir en la vestimenta de la virgen el manto blanco de crespón, traído desde Fátima, y la adaptación del manto negro que permite su caída durante el incensado de las imágenes y rezo de salmos. La imagen del Resucitado no sufre modificación desde su adquisición. Con estas novedades el desarrollo de la procesión del Encuentro en Medellín pasa a ser el que hemos relatado de 2019.
Por tanto, desconocemos con exactitud desde cuándo se celebra y en qué términos comenzó a celebrarse. A partir de la fecha indicada de 1960 sí conocemos cómo ha ido evolucionando con los años hacia una forma más compleja, más estructurada, más seria y, en definitiva, más solemne.
La procesión actual del Encuentro de Medellín es tan singular y tan distinta a las que se vienen desarrollando en los pueblos de alrededor, que fuera conveniente, yo diría necesario, que desde alguna institución local, pública o privada, se iniciaran los trámites oportunos para la solicitud de su declaración como fiesta de interés turístico regional.
Actualmente, por falta de jóvenes que quieran seguir con la tradición de ser costaleros de la virgen, corremos el riesgo de que la misma pase a ser un recuerdo más. Como miembro de la generación a la que pertenezco, y como reflexión final, creo que los que hoy día tenemos cierta edad, deberíamos asumir el fracaso de no haber sabido transmitir a los jóvenes los valores de identidad propios, los genuinos, los de pueblo viejo, histórico y milenario. En definitiva, nos hemos desentendido de esos valores, a pesar de que están en juego tradiciones como la aquí narrada, que es tan peculiar y tan querida por nuestras generaciones anteriores. Modestamente, creo que de manera individual o de manera colectiva, eso sí, con el auspicio de las autoridades locales, entre todos deberíamos potenciarla. Aún estamos a tiempo.
Esta procesión del Encuentro es solo un pequeño ejemplo del potencial en tradiciones que nos queda por mantener; y otras menos conocidas, o en desuso, que convendría recuperar y sacar a la luz. Y, de todas ellas, por supuesto, escribir y escribir. De la forma más fácil que se pueda hacer, a ser posible de una manera amena, incluso algo divertida si me permiten la licencia en determinados asuntos. Y ya por último, si consiguiera con este trabajo animar a mis paisanos a realizar la misma operación que yo con tantas otras tradiciones y vivencias que, como digo, están abocadas al olvido si no se les pone remedio de una forma u otra, pues tanto que mejor.
Agradecimientos
Agradecemos la colaboración de D.ª Ana Blanco Casallo, de D.ª María Dolores Gálvez Gómez, de D.ª María de los Ángeles Moreno Palomares así como de los hermanos González Pajuelo por la información facilitada sobre las imágenes; de D.ª Feliciana Sanz Paniagua en el asunto de las canciones; de las camareras de la virgen en el de su vestuario: D.ª Ana Silvia y D.ª Encarna, ya citadas anteriormente, y también de D.ª María Jesús García Gil, y por supuesto, recordar y significar obligatoriamente el papel fundamental y relevante desarrollado durante muchos años atrás por D.ª Josefa Mateo Morcillo, hoy día fallecida, que siempre tuvo un especial interés para que se llevara a cabo esta procesión en particular. Mi agradecimiento a la dirección, empleadas y usuarios del Centro de Día de Medellín, a D. Santiago Castilla, a mi vecino D. Domingo Haba, a los empleados públicos locales D. Celestino Paredes Román y D. Óscar Ruiz Félix, a los costaleros, y entre éstos en particular a D. Ángel Romero Lucas, y cómo no, mi agradecimiento especialmente como padre a mis tres hijas por el tiempo que les he robado y los conocimientos que les he obligado a prestarme. Además, pido perdón humildemente por obviar a todos aquéllos que, participando en mayor o menor medida en este relato de una manera totalmente desinteresada, no han sido mencionados expresamente.
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