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Revista de Folklore número

528



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Una reevaluación del origen del cuento «Der Kaiser und der Abt» a partir de una versión de la literatura oral de Cantabria («Las Tres Preguntas»)

GURRUCHAGA SANCHEZ, Marina

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 528 - sumario >



1. El cuento «Las Tres Preguntas»

En los últimos años he trabajado en numerosas ocasiones con la imprescindible antología de Cuentos de la tradición oral cántabra recopilados por Jesús García Preciado[1], al hilo sobre todo de los temas de mi interés, cuales son la Arqueoetnografía de matriz indoeuropea en Cantabria y la indagación en la historia de las religiones protohistóricas.

Precisamente hoy quiero centrarme en el cuento titulado «El cura y las tres preguntas del rey», recogido en 2003 (con algunos matices añadidos en 2006), a partir de la información o versión suministrada por Florentina Campollo Díaz, de 85 años de edad (luego nacida en 1918), natural de Lubayo (Cabezón de Liébana), y completada por María Bulnes Peláez, como decimos tres años después.

Transcribo a continuación este cuento en su versión literal, que recoge los modismos del habla popular pero es perfectamente comprensible.

Era en aquellos tiempos cuando los curas, sin ir onde el rey a que les hicieran unas preguntas, no podían coger parroquia. Y mientras no supieran las preguntas del rey, ¡no se la daban!

Buenu, pues vino un cura a un pueblo, y le hicieron mucho obsequiu, ¡y esu! Bueno, pues bien, ¡muy contentu! Pero que, efectivamente, ¡no podía decir misa, no podía coger la parroquia, hasta que no fuera a onde el rey! Y ya, un día, pues fue onde el rey, a que le hiciera las preguntas, conqu´empezó el rey a preguntale:

–A ver, ¿cuánto valgo yo?

–¡Aaaay, pues no sé…!

–¡Piénselo!

–¡No sé! ¡No tiene que pensar! ¡No sé!

–¡Bueeno! ¡Una pregunta que no sabe! Segunda pregunta… ¡A ver! ¿En cuánto tiempo recorro yo el mundo?

–¡Ay, pues… no sé!

–¡Pues estúdielo usté, a ver si lo saca!

–¡No, no, no lo sé!

–¡Bueeno, pues, segunda pregunta! Ahora, la tercera pregunta. ¿qué estoy pensando yo en este momento?

–¡Ay! ¡Pues, no lo sé!

–¡Bueno, bueno, bueno! Y… ¿viene usté, a que le de parroquia? Pues, le voy a dar ocho días –de tregua–, pa que deprenda usté estas tres preguntas; y si no las deprende, ¡no tiene usté parroquia!

Así que, eso, le dio ocho días pa que deprendiera las preguntas. El pobre cura se fue pa casa… ¡desconsolau! ¡Y venga a pensar! ¡Y venga a preguntar! ¡Y venga a coger libros! ¡Y venga a leer! ¡Y que va!, ¡no había manera de saber esas preguntas! Nadie le daba razón, y no le faltaban más que días. Con eso –¡ya, aburríu!–, cogió un libru y se marchó p´ol monte –¡que no sabía ni pa onde ir!–. Fue p´al monte, y se encontró con un pastor…

–¡Hombreee! ¡Qué milagro por aquí el señor cura!

–Pues sí, por aquí vengo a dar un paseo.

–¡Bueno, bueno! Pero, ¡le veo muy triste, a usté, señor cura!

–No, no.

–¡A usté… le pasa algo!

–¡Que no!, no, no me pasa nada.

–¡Que sí! ¡a usté le pasa algo! ¡Usté me lo va a contar a mí, ahora mismu, lo que le pasa!

–Pues sí, se lo voy a contar. Ya sabe usté que, pa coger la parroquia del pueblu, tengo que ir a onde el rey, a que me haga tres preguntas. Y ya fui, y no… ¡no las sé! Y ahora, ¡no me va a dar parroquia!

–¡Hoombre! A ver, dígame qué preguntas son.

–Pues, mire: la primera pregunta, que cuánto vale él. ¡Y yo, me harto de mirar, y preguntar, y nadie me da razón lo que vale el rey!

–¡Hombreee, señor cura! No se apure! ¡Eso está hecho!

–¡Hombre, cómo va a ser eso!

–¡Sí, sí, eso está hecho! A ver, ¿qué otras preguntas le preguntó?

–Que… en cuánto tiempo recorría él el Mundo.

–¡Ah, pero si esto está hecho! ¡Eso, no se apure usté!

–¡Pero cómo va a ser! –decía el cura–.

–¡A ver! ¡La tercera pregunta!

–Pues, que qué está pensando él en aquel momento cuando me lo pregunta. ¡Cómo yo voy a saber eso!

–¡Hoombreee! ¡Señor cura, no se apure! ¡Está hecho todo eso!

–¡Pero cómo va a ser eso!

–¡Sí, sí! Buenu, ¿cuándo tiene que presentarse usté?

Y diz que, pues ya, le quedaban dos días.

–Buenu, pues muy bien. ¡Voy a ir yo, vestiu de cura, eh! Y yo voy a ser el que contesto las preguntas. Y usté va a ir, a aplaudir las respuestas de las preguntas, a aplaudir con el público.

Buenu, pues llegó el día, y fueron p´allá. ¡El pastor se vistió de cura!, y el cura fue a aplaudir con la demás gente –¡que iban… a una reunión!–. Conque viene el secretariu del rey, y dice:

–Su majestad pregunta… ¡que cuánto vale él!

Y entonces contestó el pastor, que iba vestidu de cura:

–Pues, su majestad vale… ¡veintinueve monedas! Porque Jesús… ¡valió treinta! Y Jesús es rey de cielos y tierra; y nuestra majestad, como no es más que de tierra sólo, vale una menos, que son veintinueve.

¡Y todos a aplaudir, a aplaudir! …

–¡Es cierto, es cierto, es cierto! –decía la gente–.

–Bueeno. ¡Una pregunta tenía ya el cura!

–¡A ver! ¡Segunda pregunta! Su majestad pregunta... ¡que en cuánto tiempo recorre él el Mundo!

–Pues, su Majestad, como no nos han dicho en qué avión[2] va… si va en el sol, son veinticuatro horas justas.

–¡Cierto es! ¡Cierto es!

¡Todos aplaudían! ¡Y el cura, también!

–Bueeeno, pues, ¡tercera pregunta, que su majestad pregunta! ¿Qué está pensando su majestad en este momento?

–Pues su majestad está pensando… ¡que me tiene que dar parroquia!

Y todos:

–¡Cierto es! ¡Cierto es!

–¡Y se quedó el cura en el pueblo!

2. Tradición y transmisión

Cuando leí esta pieza de la tradición oral de Cantabria tuve la intuición de que bajo aquellos ropajes latían una serie de elementos de mayor profundidad de la que resultaba aparente en un principio. Comencé a rastrear la existencia de otras versiones y formulaciones de dicha historia, y pronto encontré los elementos organizativos de un stemma o tradición literaria que, sorprendentemente, abarcaba un espacio geográfico mucho más amplio del que podríamos imaginar, de tal manera que una primera impresión de cierta autoctonía o, cuanto menos, contextualización exclusiva en el ámbito del folklore europeo y/o cántabro (cuestión que luego comentaremos), se reveló como incorrecta.

El cuento que J. García Preciado presenta en su recopilación, es una más de las numerosísimas versiones (su gran estudioso, Walter Anderson[3], rastreó más de seiscientas en su obra clásica de 1923) que alcanza el arquetipo original en varios continentes. Se trata de una estructura narrativa sencilla, con forma dialógica, en la que una figura de autoridad –para la versión cántabra del cuento hablamos del «rey»–, plantea una serie de pruebas de ingenio o enigmas/adivinanzas a un personaje socialmente inferior, de cuya resolución depende la consecución de un logro vital de extremada importancia –en nuestro caso, la peripecia es la de un sacerdote que necesita obtener su destino parroquial–. Este dependiente es incapaz de dar solución a las demandas de dicha figura «soberana», y se ayuda de un personaje subalterno, quien es finalmente el que soluciona, gracias a su ingenio, las preguntas del rey (o figura similar).

Esta pieza encuentra su encaje en el sistema de clasificación de los cuentos folklóricos ATU[4]. Este acrónimo puede leerse como sistema Aarne-Thompson-Uther; se trata de un sistema de clasificación de fábulas y cuentos, cuya primera edición fue obra del folclorista finlandés Antti Aarne en 1910. Entre 1928 y 1961 el folclorista estadounidense Stith Thompson lo amplió y completó, por lo que pasó a llamarse Aarne-Thompson (AT o AaTh). Desde 2004 el alemán Hans-Jörg Uther ha continuado desarrollando la clasificación, por lo que ahora recoge el nombre de los tres folkloristas mencionados.

Según este sistema, la pieza objeto de nuestro interés entronca con la inmensa tradición folklórica de los denominados «cuentos de ingenio»[5], que integran en su relato la solución de enigmas y acertijos con diverso grado de dificultad y variadas consecuencias. El cuento en concreto se incluye en el tipo 922 (Realistic Tales: clever acts and words), y aparece asimismo en el Roud Folk Song Index[6] de clasificación de los cuentos, canciones, rimas, etc. tradicionales de las Islas Británicas, sistema que organiza la Vaughan Williams Memorial Library, dado que la pieza, conocida allí como la «Balada del rey Juan y el Obispo»[7], en sus variantes originales siempre se ofreció de forma cantada[8]. Se encontraría por lo tanto fuera del ámbito de los cuentos maravillosos, aunque según V. Propp[9], su gran estudioso, en un cierto grupo de los mismos, entre las tareas que el héroe tiene que cumplimentar se encontraría el desciframiento de adivinanzas o acertijos, a veces con ayuda de un objeto mágico, o merced a ayudantes dotados, eso sí (y no sería el caso de nuestra versión) de capacidades sobrenaturales[10].

2.1. Tradición española-castellana

Como hitos fundamentales de la cadena de transmisión en lengua castellana, o momentos en los que se han incluido las diversas versiones conocidas en colecciones de cuentos publicadas, podemos resaltar:

2.2. Otras versiones de interés

W. Anderson, como ya hemos comentado, recopiló casi 600 variantes, escritas y orales. Entre ellas podríamos destacar, como espacialmente más cercanas en cuanto al lugar de recopilación de nuestras variantes castellanas,

Añadiríamos, por habitualmente no citada o desconocida, la edición que realizó Seamus O´Duilearga en la revista de recopilación del folklore gaélico de Irlanda «Béaloideas» en 1930[19], en la que el rey plantea las tres preguntas al obispo de Drogheda.

3. El arquetipo y su origen: las teorías de W. Anderson

El periplo que este cuento recorrió fue descrito por su gran estudioso, Walter Anderson, en 1923: desde sus orígenes en Persia, donde presuntamente se compuso en el seno de alguna de las comunidades judías durante su exilio babilónico, se traslada al Egipto copto donde lo recopila Ibn-Abdulhakam c. 850 DC, según Anderson desprovisto ya prácticamente en la versión que éste recogió de su carácter judío – posteriormente comentaremos esta cuestión–[20]. Precisamente este historiador egipcio, autor de la obra tenida como fuente principal para conocer la conquista musulmana de Egipto[21], es también el primer árabe que escribe sobre la conquista musulmana de la Península Ibérica.

Para Anderson, la vinculación del Talmud Babilónico, suma de las discusiones rabínicas sobre la ley judía, recopilado durante la época del Exilio Judío de los ss. iii-v DC, con los contenidos de las preguntas y las respuestas del cuento arquetípico, es la prueba de sus orígenes. Atribución para Anderson exclusivamente judaica que no es de extrañar teniendo en cuenta la época en la que éste escribe su obra, los años veinte, momento de fascinación por los judíos y su cultura paralela a la aversión posterior, dramáticamente reflejada en los sucesos históricos.

Precisamente según I. Brandwein[22], el Talmud babilónico estuvo muy influido en su redacción por el Zoroastrismo, religión si no de estado sí seguida por muchos de los mandatarios persas. Creencia de base indoeuropea, producto de la reforma que se realiza de la religión previa en el Turquestán Occidental entre el i y ii milenio AC, el Zoroastrismo evolucionó de forma diferente[23] entre los indoarios, donde Mitra (dios soberano de referencia solar) se escinde en tres divinidades, Mitra, Ariamán y Varuna, y entre los iranios, donde se mantiene la unidad de Mitra, a su vez hijo del dios del Cielo Ahura Mazda. Diversos elementos vinculan estas tradiciones iranias con las creencias religiosas de la cultura indoeuropea occidental, como la paralela tradición de la exposición de los cadáveres (en las «torres del silencio» para ambiente persa, y a merced de las aves carroñeras para su ascensión al cielo entre los celtíberos hispanos); también la centralidad en la consideración religiosa del dios solar-fuego en ambas culturas (mito del héroe fundador o «primer rey», en ambiente céltico, que rescribe el nacimiento de éste a la acción de una chispa originaria)[24], y, vinculadas también a la figura heroica, las concepciones sobre la soberanía divina y su proyección en la realeza y la sociedad. Finalmente también es común la visión escatológica de una conflagración o lucha última entre el bien y el mal, la luz y las tinieblas, en el ciclo mítico iránico personificada en la lucha entre serpientes y dragones, las primeras encarnación de la luz, los segundos de las tinieblas; en el mito indoeuropeo occidental, a su vez, la lucha se sustancia entre la serpiente del caos y el héroe solar.

En nuestra opinión, existen suficientes elementos en el cuento como para vincular los elementos de base, así como las preguntas arquetípicas que se mantienen de forma directa o indirecta en las diversas versiones del mismo, con un trasfondo de religiosidad indoeuropea que, en parte, ha podido explicar el éxito en la aclimatación del cuento a sede occidental, de base folklórica engarzada en dichas referencias culturales, como ya hemos estudiado tantas veces. Hayan sido estas versiones canalizadas hacia Europa y otros lugares en tiempos posteriores a la diáspora judía, desde un origen centroasiático de cultura indoeuropea, por comunidades de dicha extracción cultural, muy influenciadas por ella (o que incluso pudieron tomar directamente este cuento de la tradición persa-iránica con la que convivieron durante décadas), o, tampoco podemos descartar, ya existiera en Europa un cuento de transmisión oral de lejanísimo origen indoeuropeo (habida cuenta de la vinculación comentada entre Zoroastrismo y religión indoeuropeas), que pudo ser reavivado en su tradición por la llegada, a través de recopilaciones y colecciones de cuentos, del nuestro, el caso es que creemos que éste ostenta elementos que lo refieren más a una base o referencia de tipo indoeuropeo que propiamente judaico, como afirmaba Anderson.

4. Elementos de trasfondo indoeuropeo presentes en el cuento arquetípico

Estos elementos, a nuestro parecer, podrían ser:

4.1. Triplismo

En la estructura fija del cuento, la que se ha mantenido a lo largo de todas las variantes mayoritariamente extendidas (se nos escaparía la primera en castellano del Lazarillo), podemos constatar la repetición de la secuencia triple en cuanto a las preguntas, así como la configuración también triple de los protagonistas-personajes del cuento, ambas categorías con variaciones internas en cuanto al contenido de las preguntas (aunque no tan amplia: Anderson localizó hasta 18 posibilidades). También es triple la categoría social-caracterización de los personajes en función de la reactualización del cuento en sintonía con el contexto cultural y social, manteniendo siempre una jerarquía claramente marcada y descendente, asociada a una sociedad de tipo estático o tradicional con movimientos de promoción exclusivamente internos a los grupos sociales, los cuales son

1) la figura de autoridad;

2) el personaje subalterno;

3) el auxiliar del subalterno (en variedad de profesiones, aunque frecuentemente pastor) en la solución de las preguntas o enigmas.

Precisamente esta estructura triplista engarza o conecta con la funcionalmente habitual en la narrativa mitológica indoeuropea[25], referida a los dioses, a sus animales representativos y a la iconografía desarrollada en relación a los mismos, y paralelamente en las leyendas, acciones (rituales, simbolismos) y vivencias[26] plasmados en los ciclos de raigambre céltica de la literatura de las Islas Británicas y otras Restliteratüren. La concepción triple de la sociedad indoeuropea, analizada originariamente por J. Boissel y G. Dumézil, encontraría su proyección a nivel mental en este esquema que organiza la realidad objetiva y simbólica de forma simultánea, representando el número tres la totalidad que se desarrolla en una secuencia de creación, conservación y destrucción[27] –presente, pasado y futuro (con su correlato de antepasados, coetáneos y descendientes)[28]–.

4.2. Ordalía del héroe y Geiss. Lenguaje oracular.

Efectivamente la adivinanza puede ser estudiada como un auténtico etnotexto[29] que ofrece, según I. de Aranzadi[30], información sobre las mentalidades, las creencias, las instituciones y las vivencias de los pueblos analizados. La tradición de la adivinanza, acertijo, etc. aparece de forma habitual en las tradiciones de la mitología y el folklore europeo (especialmente en el céltico, nórdico, eslavo, peninsular, etc.), vinculada también a las formas de sociabilidad como elemento de entretenimiento, así como al desafío intelectual[31]: por ejemplo, en las religiones védicas, de base indoeuropea, se realizaban certámenes de enigmas en las fiestas de sacrificios, y los brahmanes competían en gatavidya (conocimiento de los orígenes) y brahmodya (enunciación de lo sagrado)[32]. A su vez, durante la Antigüedad clásica, y especialmente en la cultura griega, el enigma, según G. Colli[33], es un fenómeno arquetípico, engarzando el ciclo mítico edípico con la función de la adivinanza en la filosofía de Heráclito de Éfeso.

Esta figura del acertijo o adivinanza puede presentarse en dos modalidades: como un enigma básico, expresado en una estructura generativa que ayuda a la transmisión de la tradición oral[34], o en una forma que, en nuestra opinión, encubre mecanismos de tipo ordálico, con una incidencia angustiosa en la vida y el destino futuro del personaje, como se presenta siempre en las variantes de nuestro cuento.

La presencia del fenómeno ordálico en las culturas de sustrato indoeuropeo se registra en diversidad de leyendas, tanto en la literatura irlandesa altomedieval como en el folklore hispánico[35], y alcanza su expresión más elevada en los mitos de asunción de la realeza por el héroe fundador, entre los cuales destacan por su trascendencia el mito griego de Edipo y el de Habis en ámbito tartessico-céltico[36]. La base remota de la estructura del enigma tiene en nuestra opinión por lo tanto un origen religioso, presente también en la expresión del oráculo de base indoeuropea (céltico, griego y romano), el cual solía realizarse merced a metáforas, ideas paradojales y polisemias[37], herramientas lingüísticas presentes como sabemos en las adivinanzas y enigmas. Una última conexión del lenguaje enigmático con el mundo de la religión indoeuropea podemos encontrarlo en la expresión del geiss u obligación/prohibición, que no puede romperse sin sufrir consecuencias de extrema gravedad, presente en la mitología irlandesa[38]; dicho tabú o vinculación mágica se conecta por lo tanto con las también funestas consecuencias para el personaje afectado, si no logra solventar los acertijos planteados en nuestros cuentos.

4.3. El rey como Cosmocrator. Simbolismo solar

Este trasfondo de nuestro cuento, de probable raigambre indoeuropeo-zoroastrista como venimos comentando, se conserva también, en nuestra opinión, en otros elementos de las diversas variantes del cuento, tanto referidas al contenido de las preguntas como a la caracterización de los personajes actuantes. Esto puede ser así debido a que, en el lenguaje folklórico general, y en el de las adivinanzas y acertijos en particular, es probable, según algunos autores con los cuales concordamos, que los propios enigmas sean «microtextos o discursos condensados de un ciclo [o ciclos, añadimos nosotros] narrativo originario del cual se habrían desprendido»[39], cuyo carácter es expresivo de tradiciones anteriores. La superación o readaptación, como ya hemos visto, de cosmogonías y mitos arcaicos, pero también, consecuentemente, de elementos de las teologías políticas arcaicas, ha ido convirtiendo éstos en partes adheridas a nuevas piezas de transmisión oral que conservan, como encapsuladas, dichas referencias anteriores, en las que, caso de nuestro cuento, podemos rastrear hasta sus últimas fuentes culturales.

En este sentido, las preguntas de la mayoría de las variantes (que coinciden básicamente con la versión de García Preciado y la original en castellano de Timoneda en el s. xvi) aluden a la centralidad de la figura de autoridad, en cuanto a

La concepción de la realeza y la soberanía tanto divina como terrenal del pensamiento indoeuropeo en sus tradiciones más antiguas (incluyendo la iránica)[40], refleja esta centralidad, que es dual: la responsabilidad regia respecto al orden cósmico y al jurídico. El rey está, como el sol en su cenit, situado en el centro del mundo simbólico y por lo tanto también en el histórico, definiendo un eje que coincide con el movimiento del sol (para los celtas, la división en los «cuartos del espacio» señalaba espacios faustos e infaustos). En esta dirección, por lo tanto, se orienta una de las preguntas, referida a la duración del ciclo solar, inmediatamente después de la pregunta sobre la validez o categoría de la realeza, traducida en el contexto cultural cristiano a una comparación con el precio en monedas de la traición de Judas a Jesucristo, Rey de Reyes.

5. Periplo de dicho cuento hasta un pueblo de Liébana en Cantabria

¿Cómo pudo llegar una variante de este cuento, de orígenes persas indoeuropeos en nuestra opinión, a un remoto pueblo de Cantabria, de donde lo rescató nuestro admirado J. García Preciado?

Creemos que el proceso de alfabetización español del s. xix, impulsado por las leyes de 1838 y 1857-59 [41], pudo, gracias a la dotación (más o menos escasa) de libros de lectura y aprendizaje en las escuelas o instituciones de enseñanza de las primeras letras, permitir el acceso de los niños campesinos a colecciones de cuentos o antologías que podrían ser utilizadas por los maestros de turno como instrumento docente. Es bien posible que nuestras informantes Florentina Campollo o María Bulnes, nacidas en torno a 1915-20, hubieran podido escuchar en la escuela dicho cuento, a través de la antología de A. de Trueba, editada en 1862, o bien sus antepasados, padres o abuelos (a su vez), cuando frecuentaban ellos mismos las aulas, podrían haber sido los receptores, y más tarde transmisores domésticos, de este cuento. Nos parece más difícil que hubiesen accedido las informantes o/y sus antepasados en la escuela primaria al volumen impreso de Timoneda, por estar escrito en un castellano más arcaico, si bien existe una edición de 1903 (de la editorial Perlado, Páez y C., Sucesores de Hernando, en Madrid), más cercana al momento de la infancia de nuestras informantes o de sus padres. El que hubieran podido leer estos libros a partir de su adquisición para una biblioteca particular sería mucho más extraño, dado el analfabetismo presente en la sociedad campesina, aunque nada es descartable.

A propósito del arquetipo de nuestro cuento, en mi opinión, la diáspora centenaria del pueblo judío desde los tiempos del exilio babilónico, fue el vector de penetración, en el Egipto que conoció Ibn-Abdulhakam en el s. ix, de un cuento de lejana raigambre mazdeísta (y no, como dice Anderson, un cuento «ya despojado de sus elementos judaicos» –pues quizá nunca los tuvo en un sentido exclusivista–). Los caracteres de nuestro cuento, asimilados, como tantos otros elementos de la cultura irania, por dicho pueblo judío, fueron luego trasladados y transmitidos a lo largo del tiempo en los distintos lugares que frecuentó hasta llegar a Egipto, donde alcanzó la forma originaria que Anderson rastreó en la versión recopilada por el mencionado erudito árabe (y que lógicamente no sería la única que circularía en su tiempo).

La corriente ya propia de la Edad Moderna europea, de recopilación y coleccionismo, entre curioso y erudito, del folklore de cuentos y adivinanzas, lanza a la imprenta ésta y otras muchas piezas que irán transmitiéndose, también, paralelamente por vía oral. Esta recepción alcanzó gran fortuna, como vimos, especialmente en las áreas de la Europa Atlántica y Occidental donde el trasfondo cultural indoeuropeo seguía presente en la base del folklore local. Dicha sintonía hacía especialmente significativos los elementos que hemos comentado (triplismo, planteamiento de una ordalía bajo el ropaje del trío de enigmas o adivinanzas, concepción de la soberanía, referencia solar, etc.), abonando por lo tanto su transmisión, hasta alcanzar la enorme cantidad de variantes referida. En determinado momento, finalmente, nuestro cuento llegó a Lubayo, quizás a través de las lecturas o explicaciones de un maestro o maestra del lejano siglo xix o comienzos del xx. Así lo aprendieron Florentina y María, o quizás sus padres o abuelos, mostrándonos una vez más la extraordinaria vitalidad y longevidad de aquellas «tres preguntas», de ninguna manera fáciles de responder.




NOTAS

[1] GARCÍA PRECIADO, J. Cuentos de la Tradición Oral de Cantabria, eds. Tantín, Santander 2000-2006. En concreto el cuento que vamos a analizar se encuentra en el vol. VI, pp. 11-12.

[2] Esta simpática alusión a un «avión» nos muestra que los transmisores de la versión de Preciado han aclimatado a los tiempos recientes el esquema básico de la historia arquetípica, mecanismo habitual de la transmisión del folklore oral.

[3] ANDERSON, W. Kaiser und Abt: die Geschichte. Helsinki 1923. La obra original puede consultarse online en www.archive.org.

[4] THOMPSON, S. Motif-index of folk literature. A classification of narrative elements in folktales, ballads, myths, fables, medieval romances, exempla, fabliaux, jest-books and local legends. Copenhague & Bloomington, Indiana University Press, 1955-58.

[5] VÉLEZ, L. «El enigma del molinero», en Revista de Folklore 137 (1992).

[6] Gestionado por la Vaughan Williams Memorial Library (www.vwml.org).

[7] El supuesto marco histórico de la versión inglesa, sumamente popular, es el largo conflicto de la corona inglesa (Enrique II) con la Iglesia Católica a la hora de dotar el obispado de Canterbury, proceso que suscitó una serie de restricciones burocráticas por parte del papado y el correspondiente cese de varios obispos.

[8] THOMPSON, S. The folktale. The Dryden Press, N.York, 1946, p. 162.

[9] PROPP, V. Morfología del cuento. Fundamentos, Madrid 1981.

[10] CONTRERAS, C., BARRAZA, E. «Enigma y situación límite en un conjunto de cuentos folklóricos», en Revista de Diactología y Tradiciones Populares 50, 1 (1995), p. 29.

[11]https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-segunda-parte-de-lazarillo-de-tormes-y-de-sus-fortunas-y-adversidades--0/html/fefdcbcc-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html#I_1_ . Esta versión la recoge Anderson en su obra, en la pág. 9.

[12] AGUNDEZ GARCÍA, J.L. «Tradición oral y literatura (V). Cuentecillos de Timoneda, Aragonés y Medrano en Rafael Boira», Revista de Folklore 310 (2006).

[13] Edición de 1862, pp. 367-377. Esta edición está recogida por W. Anderson en la p. 30.

[14] En tres volúmenes, publicada en 1946-47, pp. 59-60.

[15] Ed. de Labor, 1958, pp. 968-69.

[16] Versión de Connaught, Mayo, isla de Adrill; p. 34.

[17] La versión está recogida en las Hébridas, en Inverness y en la isla de North Wist; pp. 60 y 62.

[18] Recogida en el Dep. de Côtes du Nord, en Lennion, Plouaret y Pluzunet.

[19] 2, 4 (1930), pp. 381-383. Disponible en jstor.org.

[20] ANDERSON, W. Op. Cit., p. 289.

[21] TORREY, C.C. Ibn Abd al-Hakam, Futuh Misr, New Haven, Connecticut, 1922.

[22]Influencia persa-babilónica en en el judaísmo

(https://xdoc.mx/preview/influencia-persa-babilonica-en-el-judasimointro-5f3ee120c607a).

[23] LINCOLN, B. Religion, culture and Politics in Pre-Islamic Iran. Collected essays. Brill Academic Pub 2021.

[24] ALMAGRO GORBEA, M. Los celtas. Imaginario, mitos y literatura en España. Almuzara 2018, p. 100 y ss.

[25] GREEN, M. Symbol and image in Celtic Religious Art. Routledge, London-N. York 1989.

[26] BLANCO GARCÍA, J.F. «Triplismo en la Hispania Céltica» en BSAA Arqueología LXXVII-LXXVIII (2011-12), p. 173.

[27] HIDALGO RUIZ, C. El universo celta en la novela del s. xii francés. TFG Universidad de Cádiz, 2021, p. 26.

[28] REES, A., B. REES. Celtic heritage: ancient tradition in Ireland and Wales. Thames and Hudson, London 1961.

[29] Según N. de Friedemann, surge como «piezas tomadas de la oralitura, es decir expresiones estéticas de la oralidad de una tradición étnica, las cuales debieron transferirse a la escritura para luego elaborar una nueva producción estética escrita» (América Negra 13 (1997), p. 25).

[30]La adivinanza en la zona de los Ntumar. Tradiciones orales del bosque Fang. CSIC, Madrid 1962.

[31]Unsolvable riddle: impossible tasks in folklore (https://thoughtsonpapyrus.com/tag/unsolvable-riddles/).

[32] VÉLEZ, L. Op. Cit.

[33] COLLI, G. La sapienza greca. Adelphi, 1992. Varios volúmenes.

[34] CONTRERAS, C., BARRAZA. E., Op. Cit., p. 26.

[35] ALMAGRO GORBEA, M. «La leyenda del conde de Medellín. ¿De un mito tartessio al Segismundo de La Vida es Sueño?», en Revista de Estudios Extremeños 2013 LXIX, III, pp. 1471-94.

[36] El anteriormente comentado mito de Edipo se incluiría en esta tradición (HUYS, M. The Tale of Hero who was exposed at Birth in Euripean Tragedy: a study of motives, Leuven, 1995).

[37] GARDELLA, M., JULIÁ, V. Los enigmas en la Grecia Antigua (https://www.teseopress.com/elenigmadecleobulina/chapter/los-enigmas-en-la-grecia-antigua/).

[38] HIDALGO RUIZ, A. Op. Cit., p. 31.

[39] Cito textualmente a C. CONTRERAS y E. BARRAZA, Op. Cit., p. 31.

[40] Una exposición completa de la doctrina de Zaratustra y del Mazeísmo en general se encuentra en P. KRIWACZEK, In search of Zarathusthra. Vintage Books, 2004.

[41] DEL RÍO DIESTRO, C. Las fundaciones benéfico-docentes en Cantabria. Siglos xix-xx. Tesis doctoral. Universidad de Cantabria, 2010.



Una reevaluación del origen del cuento «Der Kaiser und der Abt» a partir de una versión de la literatura oral de Cantabria («Las Tres Preguntas»)

GURRUCHAGA SANCHEZ, Marina

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 528.

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