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Revista de Folklore número

530



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La recuperación de la memoria. Los ramos prendidos de Barquilla (Salamanca). Un festival ígneo en la noche de Todos los Santos

MARTIN BENITO, José Ignacio

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 530 - sumario >



Resumen: El reciente fenómeno que está surgiendo en el mundo rural, de afirmación identitaria y de sentimiento de vinculación a la comunidad a la que se pertenece, está haciendo posible la recuperación de una buena parte de tradiciones populares que habían dejado de celebrarse. De este modo, de la mano de asociaciones ciudadanas y de la implicación de la población, están emergiendo o despertando viejos ritos y costumbres, con lo que se fortalece y rejuvenece una memoria secular, aletargada en algunos casos durante décadas. Es el caso de algunos ritos ígneos que se celebran a lo largo de toda la raya hispano-portuguesa, entre los que se encuentra uno singular: el de los Ramos prendidos de Barquilla (Salamanca), que se celebra el primer día de noviembre, festividad de Todos los Santos en el calendario cristiano.

Summary: The recent phenomenon emerging in rural areas, a reaffirmation of and feeling a connection to the community to which one belongs, is making it possible to recover a good part of the popular traditions that had ceased to be celebrated. Through community associations and the active participation of the local population, old rites and customs are being re-emerged, strengthening and rejuvenating a centuries-old memory that had lain dormant, in some cases for decades. This is the case with certain fire rituals celebrated along the Spanish-Portuguese border, including a unique one: the burning of the branches in Barquilla (Salamanca), which takes place on November 1st, All Saints’ Day in the Christian calendar.

Palabras clave: Rito. Fuego nuevo. Hogueras. Antorchas. Tradiciones populares. Costumbres. Ramos. Todos los Santos. Cristianización. Raya de Portugal.

Keywords: Rite. New fire. Bonfires. Torches. Folk traditions. Customs. Palms. All Saints’ Day. Christianization. Border with Portugal.

1. Introducción

En las dos largas décadas que llevamos del siglo xxi estamos asistiendo en nuestro país a un esfuerzo por la recuperación de la memoria y de la cultura tradicional. Felizmente ese esfuerzo nace del mismo territorio y de las gentes que aún lo habitan. Es como si se hubiera producido una sacudida en las conciencias que se suponían dormidas, aletargadas, vencidas, como la espada de Quevedo, del tiempo y de la edad.

La emigración de la España rural a los centros urbanos, tanto del interior como de la periferia española y, también, más allá de nuestras fronteras, ocurrida en la segunda mitad del siglo xx, provocó el abandono de las actividades primarias y la crisis, cuando no desplome, de la sociedad tradicional. La pérdida de efectivos demográficos, pero también el «deslumbramiento» por los hábitats y espacios nuevos, y el descubrimiento de otros modos de vida, lastró la herencia recibida, al tiempo que contribuyó a la falta de arraigo y, con ello también, al arrinconamiento, cuando no olvido, de determinadas costumbres que secularmente se habían venido desarrollando en el mundo rural. En suma, se abrazó y se valoró la nueva cultura -la urbana- contraponiéndola a la cultura popular, en muchos casos denostada.

En consecuencia, la desmemoria condujo a que muchas tradiciones y costumbres populares dejaran de celebrarse, quedando solo el recuerdo en aquellas generaciones que las habían vivido y practicado. La falta de brazos en muchas comunidades campesinas dificultó, aún más, la continuidad de los ritos y ceremonias tradicionales que durante siglos se habían venido renovando cíclicamente.

Si bien algunas tradiciones lograron mantenerse, otras muchas cruzaron su particular laguna Estigia y caminaron a habitar los vastos jardines sin aurora del olvido (Cernuda dixit). A nadie se escapa que el actual envejecimiento de la población ha dificultado y dificulta disponer de las fuerzas y «mimbres» necesarios para su mantenimiento.

Con todo, la memoria libra su particular batalla contra el olvido, como en el existencialismo unamuniano: Di tú que he sido. Esa necesidad por afirmarse, o por aferrarse a lo vivido, es quizás lo que estimula los recuerdos, escondidos, pero latentes, en los recodos o rescoldos resguardados.

Y es así cómo lo que se creía perdido u olvidado se aviva o emerge de nuevo, con lo que algunas de aquellas tradiciones dormidas o aletargadas han salido de un profundo sueño y, gracias a las generaciones que las guardaron en el arca de la memoria, despiertan con fuerzas renovadas. De este modo, en muchas partes, se ha producido y se está produciendo una transmisión generacional, un vehículo o nexo de comunicación que está permitiendo la recuperación y el mantenimiento de una parte de las tradiciones populares.

Se promueve o subyace en ello el afloramiento o formación de un sentimiento identitario, de vinculación o pertenencia a una colectividad, que valora lo propio y, como tal, se siente orgulloso de ello. Han sido y son las generaciones maduras las que han ido tomando conciencia del valor de las costumbres de sus respectivos lugares y, de manera organizada, se han lanzado a recopilar y recuperar viejas tradiciones que llevaban mucho tiempo durmiendo en el rincón del olvido. Estas generaciones han sido capaces de conectar con las más jóvenes, que se implican y participan en la celebración o puesta en escena de los ritos o eventos tradicionales.

La labor, en ocasiones, resulta titánica, pues la recuperación exige una previa recopilación de las costumbres, buscar y contar el relato de los protagonistas, recrear mentalmente las vivencias que ya solo existen en la memoria y, en el mejor de los casos, en algunas viejas fotografías.

Resulta alentador comprobar cómo las asociaciones ciudadanas (sociales y culturales), en colaboración con los ayuntamientos, se implican en una labor de recuperación y reedición de los viejos ritos, costumbres y ceremonias legadas y trasmitidas por sus mayores. Allí, donde se produce el renacimiento, se recibe y percibe el retorno con entusiasmo, porque la colectividad se involucra, haciendo piña comunitaria, pues al fin y al cabo, el reencuentro con su pasado contribuye a fortalecer los lazos y a fortalecer la conciencia de pertenencia a una comunidad: el pueblo que los vio nacer o donde nacieron sus mayores, al que se sienten umbilicalmente unidos, en el que viven o al que regresan temporal u ocasionalmente.

De este despertar existen múltiples ejemplos, en los que no podemos detenernos por falta de espacio. El fenómeno de recuperación es bien visible en la Raya hispano-portuguesa de Zamora y Salamanca, al que nos hemos referido recientemente[1].

De todas estas tradiciones recuperadas traemos aquí una muy singular y, a la vez, especial, la de los Ramos prendidos de Barquilla (Salamanca) (figs. 1 y 2), cuya celebración tiene lugar el primero de noviembre, día de Todos los Santos en el santoral cristiano.

2. Las hogueras o el fuego de Todos los Santos

Sostenía Frazer que en el ciclo festivo céltico había dos fechas muy significadas: una la de víspera del primer día de mayo y el otro, seis meses justos después, la del «día de todo lo sagrado». La primera es la precursora del calor y de la vegetación del verano, mientras que la última anuncia el frío y la esterilidad del invierno. Esta última es la que coincide con el día de Todos los Santos en el calendario cristiano, que oculta o se sobrepone a la antigua fiesta pagana de los muertos. El antropólogo cita muchos y variados ejemplos de los fuegos que se encienden la víspera del 1 de noviembre en buena parte de Europa, en la que se encendía el «fuego nuevo»[2].

Como ejemplos representativos citaremos aquí algunas localidades de las provincias rayanas con Portugal de Zamora y Salamanca donde se hicieron o se hacen hogueras en torno a Todos los Santos.

En la provincia zamorana se hacían hogueras de los Santos en Rionegro del Puente[3], Santa Croya de Tera[4], Camarzana de Tera[5], Melgar, Pumarejo de Tera[6], Tábara[7], Fradelos, Ufones[8], Nuez de Aliste[9], Sejas de Aliste[10]. Se siguen haciendo en Mombuey, Riofrío de Aliste, San Vitero y Lubián, entre otras.

De estas, queremos detenernos brevemente en la de Mombuey, conocida como El Fite[11]. Este es un roble de unos 10 o 12 metros de altura. Se corta uno o dos días antes de Todos los Santos y se pela enteramente, quitándole las ramas, menos la copa. Se clava en el suelo, dejándolo enhiesto, como un «mayo», en un hoyo de unos 20/30 cm, sujetado por cuerdas o vientos, en torno al cual se apila la leña o restos de maleza o de poda de los parques. Cuando arde la hoguera y se va quemando el Fite, con ayuda de los vientos se le deja caer en un sitio que no haga daño alguno ni estropee nada. Es como un mayo del tiempo de invierno, que se quema, como una gran antorcha que ilumina la noche. Pero, a la vez, la quema del árbol es un rito de regeneración de la vegetación y de renovación del año[12].

En la provincia de Salamanca, más concretamente en la comarca de Ciudad Rodrigo, la lumbre colectiva se encendía en Alba de Yeltes[13], La Atalaya[14], Aldehuela de Yeltes[15], Tenebrón[16], Serradilla del Llano, Monsagro, Agallas[17] y Bogajo[18], entre otras.

Pero vayamos con el rito del «fuego nuevo» que se hace en Barquilla y que llaman el «Día de los Ramos», «Los Ramos prendidos» o, simplemente, «Los Ramos»[19].

3. La tradición de los Ramos en Barquilla

Singular tradición que se recuperó en 2018, después de 54 años sin celebrarse[20]. Se trata de un rito o festival ígneo que, sucintamente, puede describirse de la siguiente manera:

El día de Todos los Santos, tras la puesta del sol y cuando las tinieblas comienzan a cubrir los campos y la aldea, los vecinos, tras encender una luminaria en la plaza del pueblo, junto a la iglesia, esperan la llegada de varias personas que, procedentes del Teso del Calvario, portan sobre el hombro grandes antorchas de escobas en llamas: los ramos. Los han encendido en una pequeña lumbre hecha para la ocasión en lo alto del cerro. El primero en encenderse es el más grande, colocado verticalmente en una peana de piedra vaciada de forma rectangular, denominada «La Pilita»[21]. Después se van encendiendo el resto de los ramos, los cuales son transportados camino abajo, de uno en uno, por parejas distanciadas entre sí unos 25 o 30 metros (figs. 3, 4, 5 y 6.).

Mientras dura el recorrido hasta el pueblo, en el cerro permanece enhiesto y prendido el ramo mayor hasta que la llama se consume. Los portadores de los ramos prendidos son precedidos por un pequeño cortejo, compuesto aproximadamente por una decena de niños que portan pequeñas antorchas. Niños y portadores descienden del cerro por un camino de tierra que conduce al pueblo. Cuando los ramos encendidos entran en la aldea, los portadores son animados y vitoreados por la gente que se ha colocado a ambos lados de la calle de la Iglesia para recibir las llamas. Al llegar a la plaza, arrojan los haces encendidos a la hoguera, alimentándola (fig. 7). Todo el recorrido está acompañado por el sonido de las campanas.

Tras la deposición en el fuego del último de los ramos, los vecinos, unidos por las manos, dan varias vueltas bailando en corro en torno a la luminaria (fig. 8). Después degustan castañas (carbotada) y otras viandas al calor de la lumbre.

3.2. Elaboración de los ramos

Los ramos están elaborados por dos capas de escobas, una seca e interna, y otra verde y externa, dispuestas en forma de espiga en torno a un vástago de encina de unos tres metros, al que están atadas con cinchos de correas hechas con cáscara de torvisco (figs. 9 y 10). Las escobas secas fueron cortadas en septiembre y las verdes unos días previos a Los Santos. Estas últimas contribuyen a que el ramo encendido aguante y no se consuma hasta llegar a la hoguera del pueblo.

3.2. El prendido y la procesión de los ramos

Los ramos[22], que han sido elaborados unos días antes, son subidos al cerro de El Calvario, en el lugar de la intersección de dos caminos, el que iba a la Trinidad con el que iba desde Villar de Puerco a Aldea del Obispo (fig. 11). Uno de ellos, el más grande, se coloca vertical, introduciendo su base en el orificio de la peana de piedra, fijándolo con cuñas de madera. Es el primero en prenderse. Cuando son las siete de la tarde, ya anochecido, comienzan a sonar las campanas y se prende el ramo grande, que ilumina esta parte del cerro y se avista desde el pueblo (figs. 12 y 13). Su llama es la señal para encender la hoguera de la plaza.

El resto de los ramos inician su descenso al pueblo a medida que se van prendiendo, en una especie de procesión de grandes antorchas, procurando guardar una cierta distancia entre ellos (fig. 14). Suelen medir en torno a los 3 m. de longitud y su peso aproximado es de 20-25 kg.

La ígnea procesión se inicia actualmente con el desfile de una decena de niños que llevan antorchas encendidas, acompañados y organizados por algunas personas adultas[23]. Previamente han inmortalizado su participación fotografiándose junto al ramo mayor antes de su encendido.

3.3. La narrativa de la tradición

Como ya se dijo, la procesión de los ramos prendidos de Barquilla se recuperó en 2018. Actualmente es la Asociación Cultural «La Flor del Campo»[24] la encargada de la organización y mantenimiento de la fiesta (fig. 15).

Contribuyó a su rescate el empeño de la gente por resucitar una tradición que guardaba en su memoria. Una memoria viva y, en este caso, además, escrita, pues un vecino del pueblo, Julio García Fernández (1931-2018)[25], había dejado un testimonio de la costumbre en una revista manual, que se hacía a máquina y con papel carbón en la década de 1980, titulada La Flor del Campo[26]. Su inclusión, dentro del apartado Costumbres, contribuyó a su difusión. Es la primera descripción de la tradición, que nos sirve, además, para contrastarla con la celebración actual, donde se han ido haciendo algunas adaptaciones, aunque la esencia prevalece.

Por su interés recogemos aquí el testimonio de Julio García Fernández:

La propia esencia y forma de ser de cada pueblo no cabe duda que viene influenciada por una serie de condicionantes previos que no son ni más ni menos que la tradición, lo que bien puede llamarse, y así lo entendemos todos, como rutina.

Ni que decir tiene que romper aquellos moldes y aquellas normas preestablecidas en los pequeños núcleos de población carentes en otros tiempos de los más elementales medios de comunicación y de contacto con el exterior resultaba prácticamente imposible, y así se explica que perduraran ciertas costumbres, ritos o solemnidades durante decenios, centenios, y hasta milenios.

Pero con el advenimiento de la televisión y de las corrientes migratorias, y de un mayor contacto en general de las poblaciones rurales con el mundo exterior, se produce un profundo cambio en el comportamiento social de estas pequeñas comunidades, se tambalea aquella esencia de que al principio hablamos, y sobre todo, desaparecen ciertas prácticas rituales que no mucho antes se consideraban inamovibles.

Vamos a referirnos hoy a la costumbre que existía en este pueblo de Barquilla; hoy desaparecida, y que se conocía como «El día de los Ramos», que se celebraba el día de Todos los Santos, y que a grandes rasgos consistía en lo siguiente:

A manera de inicio, preciso es informar a los lectores que no hayan alcanzado siquiera los treinta años que en el tiempo al que nos referimos, el pueblo contaba al menos una población que triplicaba a la actual. Que el aprovechamiento de la montanera lo hacía cada vecino con su pequeña tropa de ganado, y que por cada manada había un pastor a su custodia. Que estos pastores (porqueros se llamaban), en la mayor parte de los casos era gente joven; lo que daba lugar a que en ciertas horas que el ganado no requería una atención constante se agrupaban estos «porqueros» o «porqueras» (que de todo había), y cuando éstos eran jóvenes, no faltaba el jolgorio y los juegos propios de quien está en la edad en la que cualquier acontecer se traduce en diversión, y otro tanto ocurría al regreso por las tarde al pueblo en grupos, todo lo cual facilitaba que cualquier empresa que la juventud trataba de acometer pudiera ser cumplidamente comentada, planeada y puesta en práctica.

Pues bien, la consumación del acto de los «Ramos», tenía lugar el día de Todos los Santos, primero de noviembre, que encaja en tiempo de montonera. Pero varios días antes los mozalbetes, pues más bien era labor de los jóvenes que aún no habían hecho el Servicio Militar, se dedicaban a buscar un vástago de encina, que fuera bien «husero», quiere decirse de una longitud de unos cuatro metros, lo más recto posible (dentro de lo poco que se presta este árbol a producir ramas de esta calidad) y de un grosor que no le causara mucho peso y fuera manejable para el cometido a que iba a ser destinado. Y aquí, en esta tarea de encontrar el palo más apropiado, empezaba la rivalidad entre los mozos, y continuaba hasta conseguir el acabado mejor en la construcción del «Ramo». Lo normal era que los más veteranos conocieran mejor las técnicas de la confección que los novatos, y éstos procuraban «arrimarse» a aquellos para aprender y salir adelante con el empeño.

Una vez conseguido un buen palo, se guarnecía de escobas alrededor como a forma de espiga en toda su longitud (a lo más se le dejaba descubiertas treinta o cuarenta centímetros en la parte más gruesa), que era la parte de abajo una vez erguido, como es natural. Las Escobas» se sujetaban con zinchos de correas hechas con cáscara de «torvisco», distanciadas entre sí treinta o cuarenta centímetros.

Para [que] el revestimiento del ramo quedara más sujeto al palo al quitarle a éste las ramas, había que procurar no rapar los cortes, de forma que quedaran púas para que no se fuera resbalando la carga.

Así pues, aunque los trabajos preparatorios comenzaban con varios días de anticipación, la propia confección del ramo no tenía lugar hasta el mismo día de Todos los Santos, labor silenciosa que solía hacerse en grupos de dos o tres mozos, y una vez preparados, a la caída de la tarde, eran transportados al hombro del esforzado mozo, quizá ayudado por algún compañero, lo que constituía un gran esfuerzo, pero era grande la ilusión por llegar al centro de reunión con todos los ramos; que tenía lugar en el teso de «El Calvario», desde donde ya se divisa el pueblo. Y aquí era donde cada uno presumía de su bien hacer, y donde era admirada la perfección del ramo ganador (que siempre había uno que era el mejor) y donde, nunca mejor dicho, y a saberse de si de aquí deriva el refrán, había uno que «ponía el Ramo».

Este Ramo ganador se colocaba erguido encima de la peana de piedra que existe en el lugar, y la gente desde el pueblo lo contemplaba complacida.

Una vez reunidos todos los ramos y sus portadores, con el consiguiente acompañamiento juvenil, se esperaba hasta que anocheciera, y cuando la oscuridad se hacía completa cada mozo echaba su ramo al hombro, otro se encargaba de prenderle fuego por el extremo que quedaba hacia atrás, y el portador prendía a correr hacia el pueblo con el ramo ardiendo.

En verdad que era un espectáculo impresionante ver desde el pueblo las llamas de los diversos ramos (solían ser ocho o diez) en movimiento entre la oscuridad de la noche, unidos al inevitable griterío de los acompañantes.

Conviene aclarar que la técnica de la confección de los ramos incluía entre sus diversos y cuidados detalles, elegir escobas que no fuera secas o verdes en demasía; porque en el caso de serlo muy secas, la combustión sería por demás rápida, y no daría lugar a que el ramo llegara ardiendo hasta la plaza del pueblo, y si fueran en exceso verdes, peligraba que en algún momento se pagara el ramo, y esto era una contrariedad.

Además, cada mozo necesitaba como se dijo, de un ayudante que a medida que se iba consumiendo el ramo en su recorrido fuera cortando las correas próximas al fuego para que las escobas se flojaran y ardieran mejor.

En la plaza estaba esperando la mayor parte de la gente del pueblo, y al llegar los mozos, había para ellos vítores y voces de animación. Estos tiraban en un montón los ramos ardiendo, y se formaba una gran hoguera, acompañada de una gran algarabía y espectación. Los mozos la saltaban utilizando los propios palos desvestidos ya del combustible ropaje, y cuando la hoguera se extinguía, la gente se retiraba a sus hogares, deseándose mutua salud hasta el año siguiente. Y así terminaba la fiesta.

Se desconocen los orígenes de esta tradición, y los motivos que la inspiraron, si bien parece adivinarse su explicación en los profundos sentimientos religiosos de la comunidad, a juzgar por la señalada fecha que se eligió para su celebración, y también por el propio nombre tanto del lugar donde se iniciaba el encendido de los gigantescos cirios, como del camino por donde discurría la comitiva; y que todavía hoy llamamos del «Calvario».

Lo cierto es que esta costumbre, como tantas otras, ha desparecido, y uno, quizá por aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, las recuerda con nostalgia.

En otras hojas mecanografiados dejó Julio García otro testimonio sobre la costumbre de los Ramos[27]. Subraya la relación de sus protagonistas con la montanera y, como novedades respecto al reproducido aquí, llama la atención la colocación de un ramo sobre «La Pilita» de El Calvario, el papel del ayudante y el espectáculo que suponía la «carrera de los Ramos»:

Los ramos era una costumbre cuyo origen se desconoce, que tenía lugar el día de Todos los Santos, y los protagonistas eran los muchachos que andaban de porqueros en el monte en tiempo de montanera.

Algunos días antes ya se iniciaban los preparativos para hacer los ramos, empezando por cortar un vástago de encina que fuera lo más largo y recto posible, cuatro o cinco metros, y a la vez de poco peso para que resultara fácilmente manejable. Se revestía de escobas procurando mezclar las verdes con las secas para que al tiempo de echarle fuego la combustión fuera lenta pero continuada.

Las escobas se sujetaban al palo con correas de torvisco, resultando así un voluminoso hachón que pesaba lo suyo y que los forzudos muchachos transportaban a la costilla desde el monte hasta la plaza.

La gente que desde el pueblo veía cómo iban llegando al teso del Calvario y se iban concentrando los ramos alrededor de «La Pilita» (piedra de cantería allí existente que en otro tiempo sirvió de peana a una cruz) y donde los muchachos solían colocar erguido uno de los ramos para que se viera mejor desde el pueblo.

Una vez que anochecía, los portadores de los ramos cargaban al hombre cada uno el suyo e iniciaban la carrera hacia el pueblo. Cada uno tenía un ayudante que se encargaba primero de prender fuego al ramo por un extremo y después durante el recorrido, de ir cortando las correas de torvisco acompasadamente para que el ramo no ardiera más de la cuenta ni tampoco que pudiera peligrar de apagarse

Ver desde la plaza bajar ocho o diez ramos ardiendo el camino abajo del Calvario unos detrás de otros en plena noche entre la algarabía que formaban los «rameros» acompañados de otros muchos que se adherían para participar de la fiesta, constituía un espectáculo llamativo y emocionante.

El destino final era la plaza, donde se habían concentrado ya gran número de curiosos. Al llegar, terminaban de cortarle a los ramos las correas que no lo hubieran sido en el camino y las escobas caían en un montón, preparándose una hoguera monumental. Luego con los propios palos de los ramos los muchachos hacían exhibición del salto de la garrocha saltando las llamas y hasta que el fuego quedaba extinguido casi por completo, allí permanecía la gente atenta disfrutando del espectáculo entre la oscuridad de la noche y la luz y el calor de la lumbre y, luego, cada uno para su casa.

Hasta aquí los relatos descriptivos de Julio García Fernández. Otros testimonios son los de Francisco Iglesias Baz (nacido en 1948) y Adrián Muñoz Fuentes (nacido en 1944), que recuerdan la fiesta en la que participaron como portadores de Ramos siendo muchachos[28]. De todos ellos se desprende que los participantes solían ser los mozos que hacían la montonera y que guardaban los cerdos. Así, a primeros de octubre cortaban las escobas para que se secaran. Traían los ramos desde el monte y terminaban de elaborarlos el mismo día de Todos los Santos, si bien los preparativos comenzaban unos días antes.

En la confección de cada ramo intervenía un grupo de dos o tres personas. Los ramos podían llegar a medir cuatro metros. A la caída de la tarde, cada grupo, con su ramo al hombro, procedente desde el monte -alrededores de la Cruz Mocha-, se dirigía al teso de El Calvario, explanada elevada desde donde se divisa el pueblo[29]. Allí se juntaban entre ocho y diez ramos. El que era considerado mejor se colocaba sobre «La Pilita» o peana de piedra que hay en el lugar, para que la gente lo admirara complacida. Al anochecer se prendían los ramos, y cada portador, corría hacia el pueblo con el suyo, con el «consiguiente acompañamiento juvenil». Al llegar a la plaza, entre vítores y ánimos de la gente que les esperaban, los portadores arrojaban los ramos a un montón [de leña], formándose una gran hoguera, que los mozos saltaban con sus varales. Se avivaba la hoguera con troncos de encina, se asaban castañas y se consumía vino y embutido, entre ellos chorizo y farinato. La gente permanecía en torno a la lumbre hasta que esta se consumía y se despedía deseándose salud hasta el año siguiente.

Durante toda la noche las campanas sonaban con el toque de difuntos. Los monaguillos se turnaban para tocarlas al calor de las brasas que habían recogido de la hoguera y trasladadas a la brigada del arco de la iglesia[30].

Otros tipos de narrativa de la tradición es la que proporcionan actualmente los medios informativos y audiovisuales. Sobre todo, a partir de la recuperación de 2018, la prensa, tanto la escrita como la digital, se ha ido haciendo eco, llegadas las fechas, de la celebración del Día de los Ramos de Barquilla. Además de la información escrita, acompaña a la noticia un nutrido repertorio fotográfico y, en ocasiones, también audiovisual[31].

3.4. Esencia y adaptaciones en la fiesta de los Ramos de Barquilla

Comparando el testimonio de Julio García Fernández con la celebración en la actualidad, observamos que, en origen, parece que era una fiesta en la que sus protagonistas era la gente moza, en su mayor parte dedicada a actividades pastoriles, que el 1 de noviembre elaboraba y transportaba los ramos, primero hasta el teso de El Calvario y, después, al anochecer, una vez prendidos y en compañía juvenil, hasta la plaza del pueblo, donde les esperaban los vecinos. En la actualidad los cargadores son tanto gente joven como adulta, hombres en su mayoría, pero también alguna mujer. No se tiene conciencia del significado profundo del rito, pero sí de lo que este supone como sentimiento y motivo de unión para la propia comunidad. Y eso lo perciben también las generaciones jóvenes que participan en la ceremonia. Irene Pacheco Sánchez, que tiene ahora 20 años, y que lleva bajando el ramo desde que tenía 14, destaca la unión que hay entre la gente del pueblo en torno a esta fiesta y señala que es una tradición «muy mágica. Tampoco sabría explicar muy bien por qué, es un sentimiento propio. Desde el pueblo, estando todo a oscuras cómo van bajando los ramos desde el monte, se ven como destellos de fuego y me parece muy bonito. Y después cuando bailamos todos en la hoguera, unidos, es también un momento muy mágico»[32].

El acompañamiento juvenil de los portadores, al que alude Julio García, ha sido sustituido en la actualidad por una comitiva de niños entre 8 y 12 años, aproximadamente, que portan pequeñas antorchas y preceden a los ramos encendidos. Estos tienen también su particular visión. La fiesta les gusta, conforme a sus declaraciones, porque «recordamos a nuestros antepasados; es muy divertido y representa a nuestros abuelos que concursaban a ver cual era el ramo más bonito»[33].

Según García Fernández, los vecinos esperaban la llegada de los ramos en la misma plaza, pero ahora la gente se agolpa a lo largo de la calle que conduce desde el camino de El Calvario hasta la iglesia para vitorear y animar a los cargadores, estando prácticamente la plaza vacía hasta que llega el último de los ramos. Es entonces cuando la plaza se llena de gente y comienza a concentrarse en torno a la hoguera. Parece que antes de 1964 esta era el resultado de arrojar los ramos prendidos sobre un montón de leña, si bien ahora la lumbre se enciende en el pueblo al tiempo que se prenden los ramos en El Calvario y estos, a su llegada, avivan el fuego.

Así pues, otra de las novedades es el encendido de la hoguera que se prende en la plaza en el momento de prender el ramo mayor en El Calvario. En la fiesta original la hoguera se formaba por los propios ramos ardiendo en el momento de ser arrojados a su llegada al suelo de la plaza.

3.5. La percepción del olvido

¿Cómo se extravío la memoria? o, dicho de otra manera ¿cuáles fueron los motivos por los que el Día de los Ramos dejó de celebrarse en la década de 1960? Para dar respuesta a esta pregunta, quizás convenga indagar y registrar la percepción que han tenido o tienen los propios vecinos de Barquilla, tanto los que conocieron la primigenia costumbre como las generaciones más jóvenes que, si bien no la conocieron, han oído a sus mayores hablar de ella.

El propio Julio García Fernández señalaba como causas la llegada de la televisión y las corrientes migratorias, así como el mayor contacto de las poblaciones rurales con el mundo exterior, lo que provocaba un profundo cambio que «tambalea» la esencia y forma de ser de los pueblos, con lo que «desaparecen ciertas prácticas rituales que no mucho antes se consideraban inamovibles». Añadía también García Fernández la despoblación como la causa de que la tradición se perdiera: «al quedar el pueblo sin gente joven, dio lugar incluso a que cambiara la forma de explotación del monte al faltar la mano de obra que tanto abundó anteriormente».

Uno de los hijos de Julio, Ángel García Muñoz, nacido en 1957 y que llegó a conocer los Ramos hasta 1964, señala también la emigración como una de las causas de la pérdida de la tradición, la modificación de las costumbres y los cambios producidos en la explotación agropecuaria: modificación en la forma de explotar la montanera, como consecuencia de la peste porcina africana, la progresiva desaparición del pastoreo, añadiendo la salida masiva del pueblo de los jóvenes para cursar estudios en colegios, institutos y universidad… Asimismo, Adrián Muñoz Fuentes señala que la montonera de los cerdos comenzó a perderse en Barquilla con la llegada de la peste porcina africana, a principios de la década de 1960.

Una percepción similar tiene Almudena Toribio Rodrigo, alcaldesa menor de Barquilla; para ella, la tradición –que llevaba mucho tiempo olvidada cuando nació[34]– se perdió por el fallecimiento o desaparición de las personas mayores y porque los hijos de estas tuvieron que salir a estudiar y trabajar fuera del pueblo.

Parece pues claro que el binomio emigración-despoblación, con la consiguiente falta de relevo generacional, junto a otras causas, provocó que el Día de los Ramos dejara de celebrarse en Barquilla.

En efecto, la pérdida de población contribuyó al extravío de las tradiciones, pero no debió ser sólo eso. A mediados del siglo xx (1950) Barquilla tenía 434 habitantes. Diez años después (1960) se habían reducido a 387; en 1970 eran 279; con el cambio de siglo la población siguió decreciendo: 80 en el año 2000; 45 en 2017 y 32 habitantes censados en 2024 (fig. 16 a y b). La pregunta que podemos hacernos es: ¿cómo se perdió una tradición singular en una población con más de 300 habitantes y, sobre todo, cómo volvió a recuperarse con poco más de 40?

En la recuperación, liderada por la Asociación cultural La Flor del Campo, se han involucrado muchas personas, tanto de las que residen en el pueblo como de las que viven fuera. La propia alcaldesa lo reconocía: «todos colaboramos en algo. Así, los hombres se encargan de los ramos, y las mujeres del chocolate, rosquillas y buñuelos, mientras otro grupo se encarga del repicar de las campanas»[35].

4. Paralelos e interpretación de la Fiesta de los Ramos

4.1. Paralelos

En la Península Ibérica se han celebrado o se celebran algunas manifestaciones populares que contienen elementos similares a la de Barquilla, particularmente antorchas o haces encendidos, elaboradas con escobas o paja dispuestas en torno a un vástago, de formas parecidas, que son prendidas, desfilan la noche en procesión y son quemados finalmente en la hoguera.

En Barroca de Zézere, freguesía del concelho de Fundão (diócesis de Guarda, Portugal), la tarde del Domingo de Ramos los pastores hacían una procesión antes de anochecer, sin sacerdote, desde el monte donde se enclava la ermita de Nossa Senhora da Roca, a 1 km del pueblo, portando ramas de pino secas con sus piñas. Al llegar a la entrada de la aldea las encendían, sirviéndoles de antorchas, y se encaminaban hacia el cementerio de la iglesia. Finalizado el recorrido depositaban los braços de pinheiro en un montón, lo que daba lugar a una gran hoguera. La tradición se interrumpió en la década de los años cincuenta del pasado siglo, recuperándose a principios de este. Aunque, en general, el ritual es similar al de Barquilla, en la práctica está más cristianizado, pues durante el recorrido las personas profieren rezos y cánticos religiosos, como la letanía: «Bendito e louvado seja a paixão do Redentor que para nos livrar das culpas morreu por nosso amor»[36].

Otra costumbre parecida a la de los Ramos de Barquilla es la Fiesta de los Escobazos de Jarandilla de la Vera (Cáceres), que se celebra el 7 de diciembre, víspera de la Inmaculada. Los escobazos o escobones -llamados así por tener forma de gran escoba- son grandes antorchas hechas con retamas (escobas), puestos en manojos y atados por cuerdas de fibra de pita. Como en Barquilla, unos días antes los vecinos de Jarandilla salen al campo a recoger la retama para preparar los escobazos. Sobre las 7 h. de la tarde se van congregando en la plaza del pueblo y encienden varias hogueras en las que prenden sus escobones, los cuales iluminarán la procesión que acompañará el estandarte de la Inmaculada[37].

La costumbre recuerda también la que Caro Baroja cuenta para algunas hogueras de San Juan en la provincia de Lérida, conforme a la cual los mozos van al bosque a buscar leña para las hogueras y, «al regresar los “fallaires” al anochecer, lo hacen blandiendo manojos de teas y ramas encendidas, fantástica marcha de las antorchas, que depositan luego en la fogata»[38].

Hachones –en este caso elaborados con paja de centeno– se prenden también en Castro Caldelas en la Festa dos Fachós, la víspera de san Sebastián, donde los vecinos portan cientos de ellos, acompañando a un fachón principal, quemandolos todos en una gran hoguera al final de la procesión nocturna, mientras suenan las campanas[39].

Grandes antorchas o «fachas» hechas de agucios (ramas secas de brezo) también se queman la noche del 7 al 8 de septiembre en Castelo, en el municipio de Taboada, en la Ribeira Sacra lucense[40].

El último viernes de septiembre tiene lugar en Vilelos (Lugo) el Folión das Fachas, donde los hachones son, asimismo, de agucios[41], y donde tiene lugar una procesión de hachones o antorchas (fachas) hacia el castro de Castro da Besta, altura desde la que se divisan las parroquias cercanas[42].

En Pontecesures (Pontevedra) los campesinos la noche del 29 de abril recorrían los montes cercanos a la población blandiendo haces encendidos, al tiempo que cantaban un himno propiciatorio de la cosecha[43].

Grandes antorchas de paja seca, conocidas como las fachizas, se queman en torno a la festividad de Las Candelas en los Ancares leoneses, concretamente en lo alto del monte de la Lagúa, en la localidad berciana de Burbia. Como en el caso de Barquilla, además de la elección de un cerro para el prendido de las antorchas, estas son realizadas por técnicas tradicionales[44].

Rituales parecidos se hacen en Aragón, en la comarca oscense de Ribagorza, en lugares como Liri, Castejón, Arasán, Aneto, Castanesa, Montanuy, Bonança, Laspaúles, Villanueva y otros, donde se enciende el «faro» (fuego) la noche de San Juan, en un cerro o monte alejado del pueblo; desde allí se se desciende hacia la población con las «fallas» o antorchas. Estas están hechas con mangos de pino o avellano y la tea con peladuras de abedul. Al llegar al pueblo encienden con ellas varias hogueras[45]. En el caso de Bonansa, los portadores, llamados aquí fallaires, bajan en fila hasta el pueblo con sus fallas en llamas. «La entrada a la plaza es uno de los momentos más emotivos, los fallaires entran al pueblo entre aplausos de los numerosos vecinos y visitantes que cada año acuden a verlos… El recorrido termina en la Plaza Mayor, donde espera preparada una gran hoguera, que se enciende y alimenta con el fuego de las fallas. A partir de ahí, música, bailes, conversaciones, un poco de torta y algo de beber»[46]. Narra Violant y Simorra que en Laspaúles los mozos hacían dos faros u hogueras la noche de San Juan en el alto de La Cogulla, en las que los hombres en fila de uno en uno prendían un fajo de paja de centeno (las fallas). Hecho esto, se encaminaban en dirección al pueblo, en cuya plaza depositaban las fallas, dando lugar a una nueva hoguera, tras lo que se repartían tortas y vinos que todos degustaban[47].

Semejantes celebraciones se hacen en otras zonas del Pirineo la noche de San Juan, caso del valle del Boí (Lérida). Las fallas o falles son aquí antorchas hechas de madera resinosa de unos 2 m de largo, y con trozos de tea de pino enganchados a un palo de fresno con alambres y puntas. Como en el pirineo de Huesca, en un lugar elevado, denominado el Faro, de donde se domina el pueblo, se hace un hoguera donde hay plantado un pino y otros árboles, de cuyas llamas encienden las fallas para bajar con ellas hasta el pueblo. Al llegar a la plaza, son recibidos alegremente por la gente con música y fiesta, haciéndose una gran hoguera con los restos de las fallas[48].

Similares costumbres se registran en Europa. Frazer recoge como en las montañas del Rhön, entre Hesse y Baviera (Alemania), el primer domingo de Cuaresma los muchachos iban «a la cima de una colina llevando antorchas, escobas embreadas y pértigas envueltas en paja. La gente corría con sus antorchas y escobas ardiendo hasta que al final las tiraban en un montón y poniéndose alrededor, cantaban algún himno o canción popular. Y añade que el objeto de correr por los campos blandiendo antorchas era alejar el maligno sembrador»[49]. En la noche de la víspera del primero de mayo, en la región alemana de Vogtland, entre los estados de Sajonia, Turingia y Baviera, los muchachos «encienden hogueras en la eminencia de un cerro y saltan por entre las llamas. Además agitan o lanzan al aire escobas encendidas. Hasta donde alcance la luz de la hoguera llegará la bendición a los campos»[50]. En la antigua Irlanda era costumbre encender el «fuego nuevo» la víspera de Todos los Santos o de Samhain[51].

El que la tradición se celebre en Barquilla la noche de Todos los Santos tiene sus paralelos en otras partes de la Europa céltica, pues en la tradición precristiana fue una de las fechas del comienzo del año, donde se encendía el «fuego nuevo» y se recordaba a los difuntos. No en balde, la fecha de Todos los Santos en Europa viene a señalar la transición del otoño al invierno, «momento en el que se supone que las almas de los difuntos volvían a sus antiguos hogares para calentarse en el fuego»[52].

4.2. Interpretación del ceremonial o ritual de los Ramos de Barquilla

El porte de los ramos encendidos en Barquilla es un festival relacionado con el fuego y la luz, que se celebra la noche del 1 de noviembre, en un tiempo de transición que anuncia el paso hacía los días más cortos y fríos. De ahí la importancia del fuego como elemento que da luz y calor, al margen de otras propiedades que le son atribuidas.

El encendido en el Teso del Calvario tiene su paralelo con otras ceremonias ígneas en las que las hogueras se prendían al anochecer en una elevación del terreno, loma o cerro cercano al caserío, desde donde eran más visibles[53]. Hoy, desde el cerro, se divisan las luces tintineantes del alumbrado de los pueblos de alrededor y del mismo Barquilla[54], pero en una época donde no había luz eléctrica y todo era oscuridad alrededor, las llamas encendidas en la elevación debían ser un espectáculo nocturno para sus habitantes, que percibían el encendido de una luz en la oscuridad, una esperanza en medio de las tinieblas, una llama que se acercaba para renovar el fuego, el tiempo y proteger a personas, bienes, frutos y ganados. Un fuego y una luz que le permitía encender candelas, velas, candiles y, por tanto, poder ver en la oscura noche.

El propio nombre del cerro -El Calvario- es indicativo de un lugar sacralizado o con reminiscencias sacras, de modo que el trayecto desde este hasta la plaza del pueblo, donde esperaban los vecinos, es también una especie de paseo o camino ritual.

Señalan en el lugar que la peana donde se coloca el ramo mayor posiblemente sea la base de una cruz. Este hecho, unido a que más adelante, cercano al camino, hay otra similar realizada sobre una roca, en lo que se denomina La Cruz Mocha, a poco más de medio kilómetro de San Gregorio, sugiere la posible existencia de una vía sacra, marcada o señalada por cruces (fig. 17 y 18). Recordemos como los ramos se hacían tradicionalmente en los alrededores de la Cruz Mocha, entre ésta y el regato de las Tahonas por la izquierda y en la Mediana Ancha por la derecha, en el llamado Monte Viejo, pagos estos junto el camino. Este debe ser el conocido en la documentación como Camino de la Trinidad[55], que unía el pueblo con el antiguo convento.

Algunos vecinos en el pueblo tienen la creencia de que la peana en El Calvario formara parte de un vía crucis, del que no quedan testimonio. En cualquier caso lo que sí parece evidenciarse es que a lo largo del camino que conduce al lugar de San Gregorio, en el monte (fig. 19), hubo al menos dos cruces, sino más.

Sí, porque en la documentación de mediados del siglo xviii aparecen citadas las denominadas Cruz de la Trinidad y Cruz de San Gregorio[56]. La de la Trinidad se encontraba cerca del término de Villar de Puerco [de Argañán] y del camino de El Gardón, lo que coincide más o menos con el actual enclave de la llamada Cruz Mocha[57], por lo que podría tratarse de esta. Otra era la denominada de San Gregorio, próxima también al término de Villar de Puerco[58].

En el citado pago quedan restos arqueológicos de una antigua construcción, que se asocian a un convento[59]. Sin duda se trata del perteneciente a la orden de la Trinidad, que había sido fundado en 1507, por el matrimonio compuesto por Juan Mangas y Elvira Méndez, vecinos del lugar de Barquilla, bajo la advocación de Nuestra Señora del Gozo[60]. En 1526-1527 el matrimonio se querellaba «contra el Provincial y Orden de la Santísima Trinidad de Castilla, sobre el incumplimiento de la confirmación de la fundación de la Trinidad del Gozo en Barquilla, hecha por ellos en 1507»[61]. Se enclavaba en lo que se conoce como San Gregorio, un pago en el término de Barquilla, cercano a la raya de El Gardón y próximo a la ribera de dos Casas[62]. Los trinitarios se trasladaron a Ciudad Rodrigo en 1554[63], si bien algunos religiosos permanecieron en el convento de Barquilla. En cualquier caso, la existencia cercana de indicios de materiales de época romana señalaría una ocupación más antigua de la zona[64]. Sería este un lugar retirado, en el monte. Por cierto, hacia 1904 se la conocían como ruinas de San Columbiano, según recoge Casiano Sánchez Aires[65]. El topónimo puede estar en relación con San Columbano, monje irlandés del siglo VI[66], fundador de monasterios y autor de una regla que se siguió en muchos conventos, tal vez también en Barquilla[67].

El nombre actual del paraje, situado a unos 3,4 km. de Barquilla[68], parece derivar del culto que se hacía a San Gregorio, cuya festividad se celebraba el 9 de mayo, e incluía una feria que, desde su fundación, fue concedida al convento[69]. De la permanencia del culto a San Gregorio en Barquilla dejan constancia las misas dejadas en las mandas testamentarias por los vecinos del lugar[70].

Pero allí también se rindió culto a Nuestra Señora del Gozo, cuya imagen debió trasladarse a Ciudad Rodrigo para retornar a Barquilla a principios del siglo xviii, según refiere la Chronica de Francisco de la Vega[71].

En cualquier caso, el camino que conduce desde San Gregorio/San Columbiano/Trinidad del Gozo a Barquilla sería una especie de cordón umbilical viario, marcado por elementos que señalaban la sacralidad: las cruces. Estas, formaran parte de un vía crucis o no, así como el propio nombre de El Calvario, sugieren cierta sacralidad del camino[72]. El topónimo Camino de El Calvario ya se registra en el apeo de 1696[73], así como en 1752[74].

El lugar donde se llevan los ramos es, en realidad, una encrucijada de caminos, donde entroncan el que desde Barquilla iba a la Trinidad con el que procedente de Villar de Argañán se dirigía a Aldea del Obispo[75]. La peana de El Calvario, donde se coloca el ramo que se deja encendido, está justo en esa intersección vial, de modo que el concepto de vía sacra se vería potenciado o reforzado con la cruz, como protectora del espacio geográfico[76].

Precisamente, las encrucijadas han estado unidas a antiguas creencias, contra las que arremetía Martín de Braga en su De correctione rusticorum. Como recordaba la Iglesia la cruz tenía «la virtud de espantar el demonio nuestro enemigo, por aver sido en ella vencido, razón por la cual tienen costumbres loable los pueblos cristianos de hazer la cruz en los caminos»[77].

Cabría también considerar la relación que se establece entre el primero de noviembre, el fuego y los difuntos, ligado al mundo pastoril, cuando comenzaba el tiempo frío y anunciaba el regreso de los pastores a la aldea, momento que coincidía con el retorno de las almas de los antepasados a lo que fueron sus hogares[78]. De este modo, las luces de los ramos marcarían a los difuntos el camino a sus antiguas moradas, mientras son guiados por el sonido de las campanas[79]. Tradiciones arcaicas ligaron a las encrucijadas con los difuntos y contribuyeron a la formación de mitos, como el de Deméter, buscando y llamando clamorosamente, por la confluencia de los caminos, con antorchas o teas encendidas, a su hija Perséfone[80].

Las cruces de Barquilla contribuían a significar el trazado que unía dos lugares de culto: los que se profesaban en el convento cercano a la ribera de dos Casas (San Gregorio y Nuestra Señora del Gozo) y el de la titular de la propia iglesia parroquial, en una curiosa asociación homónima de los dos lugares (San Columbiano y Santa Columba). Este es el camino de la Trinidad. Y este es el camino que hacían los ramos, desde la Cruz Mocha, donde eran elaborados, hasta El Calvario, unos dos kilómetros y, ya prendidos, desde El Calvario hasta la plaza del pueblo, unos 900 metros.

La pagana procesión de las llamas desciende pues de un monte, a través de una vía sacra, y lleva la luz y el calor al pueblo sumido en las tinieblas. Allí esperaba un montón de leña seca para ser prendida en luminaria comunitaria por el fuego que venía desde un locus o un mons sacer, por una vía o iter sacrum. Los portadores no son sino los enviados, los nuevos prometeos que acercan el fuego y sus dones a la aldea, para que sus habitantes tengan luz en tiempo de oscuridad, calor en tiempo frío y puedan cocinar los alimentos[81]. Por ello, cuando el fuego llega todos lo celebran y bailan en torno a la hoguera.

Subyace, en esencia, el arquetipo primario de los dos elementos antagónicos: la lucha del bien contra el mal, de la luz contra las tinieblas, del día contra la noche, como recoge el primero de los capítulos del Génesis (1-5).

Frazer recoge costumbres europeas en la que gente joven corría por las tierras con sus antorchas y escobas encendidas hasta que finalmente las tiraban en un montón, práctica que interpreta como alejar al maligno sembrador y liberar los campos de los agentes destructores como el granizo y la tormenta[82].

Otro de los dones del fuego es el poder purificador, el que protege y aleja de las enfermedades. Por eso en muchas partes se encienden hogueras con tomillo bendecido en el Corpus, o se queman plantas olorosas para que el humo extienda su manto protector a personas o ganados. En la comarca salmantina de las Arribes, se siguen encendido hogueras la víspera de San Sebastián en Sobradillo[83], La Fregeneda[84] e Hinojosa de Duero[85], en la creencia de que el humo al paso de la procesión del santo protegerá la salud de las personas. De algún modo también en Barquilla se confiaba en el poder salutífero del fuego, cuando se consumía la hoguera comunitaria el día de los ramos y los habitantes se recogían para sus casas deseándose mutuamente salud hasta el año siguiente.

El hecho de que en Barquilla los protagonistas fueran los mozos que realizaban la montonera y que hicieran los ramos en el Monte Viejo (alrededores de la Cruz Mocha), podría sugerir también acercar o llevar al pueblo el espíritu de la vegetación y sus cualidades benefactoras, en forma de pequeños árboles -los ramos-, siendo las principales la luz y el calor.

4.3. La «cristianización» del ritual

La asociación del Día de los Ramos a la noche de Todos los Santos, en la víspera de los Difuntos, no oculta ni empaña el carácter profano de la fiesta. El elemento cristiano, aunque perceptible, es aquí mínimo, aparte del día señalado. Pero, como es sabido, la Iglesia adaptó el santoral a prácticas paganas. Sustancialmente, los Ramos de Barquilla, están desprovistos de impregnación religiosa, que quedaría reducida solo a la denominación del topónimo donde se encienden los ramos: El Calvario, así como el acompañamiento del tañido de las campanas de la iglesia durante el recorrido de la ígnea procesión. Pero aún así, este topónimo, ligado probablemente a un camino sacro, estaría subrayando quizás el primigenio carácter sagrado del lugar.

5. Conclusiones

Entre las diversas celebraciones en torno al fuego que se han desarrollado y desarrollan en gran parte de la península ibérica en general y de las provincias de la Raya de Portugal, en particular, están las asociadas a la festividad de Todos los Santos. En origen fueron ritos relacionados con el paso de una época del año a otra. Frazer recordaba como el 1º de mayo y el 1º de noviembre son «momentos críticos culminantes de cambio del año en Europa; el uno es precursor del amable calor y de la vegetación espléndida del verano y el otro anuncia el frío y esterilidad del invierno, si no es una parte de él»[86]. Ambas fechas dividirían el año en dos mitades. El antropólogo escocés asocia esta división al pastoreo de los rebaños y, en concreto, la fiesta de Todos los Santos como el comienzo de un año nuevo en la tradición de los pueblos célticos. Esa noche, que marcaría la transición del otoño al invierno, tendría lugar el encendido del «fuego nuevo». Esa misma noche las almas de los difuntos volverían a sus antiguos hogares para calentarse al fuego del hogar.

Con el tiempo, la fiesta cristiana se superpuso pues a la fiesta pagana de Samhain, perdurando el culto a los muertos, con toques nocturnos de campanas y actos litúrgicos. En paralelo prevaleció la costumbre de prender hogueras nocturnas las vísperas del día de los Santos o de los Difuntos. Esta tradicional práctica, otrora extendida en buena parte de los pueblos rayanos de las provincias zamorana y salmantina, se mantiene aún hoy en algunas localidades, limitándose en la mayor parte de los casos al encendido de la lumbre, en torno a la cual se baila, se salta y se degustan productos de la época, entre ellos las castañas.

No obstante, la tradición en Barquilla conserva aspectos ceremoniales primigenios de un lejano pasado y, por tanto, de su antiguo significado, lo que le confiere un carácter muy singular, prácticamente único en su modalidad, que podría resumirse básicamente en dos aspectos generales: el encendido del fuego nuevo y su llegada a la aldea.

El fuego se enciende en una altura cercana al pueblo, a la vista de todos y es transportado en procesión, en forma de grandes hachones -los ramos-, hasta la plaza, el lugar de reunión de la comunidad. Los haces de luz descienden por una vía sacra, iluminan la oscura noche y combaten las tinieblas; acaso también indiquen a los difuntos el camino a sus antiguas moradas. En cualquier caso, la llama es la luz de la esperanza. Cuando llegan a su destino, donde les espera la gente, son depositados en el suelo para dar principio a la hoguera. El pueblo lo celebra bailando y dando vueltas alrededor de la luminaria[87].

Con la llegada del fuego a la aldea los vecinos se aseguraban la luz y el calor para cubrir sus necesidades en el largo invierno que estaba por llegar.

Todos los años, por las mismas fechas, la comunidad renovaba el rito, hasta que, como en otros muchos lugares de la España rural, este quedó arrinconado o extraviado. En efecto, la tradición se mantuvo en Barquilla hasta los primeros años de la década de los años sesenta del pasado siglo. Diversas circunstancias, entre ellas la emigración y la despoblación, así como el declive o transformación de determinados aspectos de la vida y economía agropecuaria, hizo que la costumbre dejara de celebrarse. Pero también, como ha sucedido y está sucediendo en distintas comunidades rurales, la persistencia de la memoria (Dalí pinxit) se abrió camino, y la vieja y antigua tradición salió de su letargo en 2018. Ha sido así cómo la ceremonia o el Día de los Ramos, con alguna que otra adaptación, se ha recuperado en Barquilla y, salvo la imperiosa interrupción por la pandemia en 2020, sus vecinos continúan renovando anualmente por Todos los Santos el ígneo ritual.

José Ignacio Martín Benito
Correspondiente de la Real Academia de la Historia


Al «fuego nuevo» de Barquilla (Salamanca), en la noche de Todos los Santos
Antorchas silenciosas descienden del Calvario,
cargadas a los hombros de nuevos prometeos;
escobas enrolladas en vástagos de encina
encienden en la noche la luz de la esperanza.
El pueblo se congrega esperando el milagro,
de la luz renovada que llega desde el monte,
del calor concentrado que aviva los hogares,
que combaten tinieblas y el frío del invierno.
Tradición rescatada de secretos antiguos,
liberada de olvidos y memorias dormidas
que celebran con júbilo, aunque ignoran su origen,
manteniendo la llama en su doble sentido.
Los titanes del fuego ya recorren las calles,
jaleados con voces y vítores de ánimo,
y enfilan el trayecto que lleva hasta la plaza,
donde dejan el fuego robado en el Olimpo.




NOTAS

[1] MARTÍN BENITO, José Ignacio: «La fuerza de la tradición. Arraigo, mantenimiento y recuperación de algunas costumbres populares en la Raya salmantina». V Jornadas Internacionais de Etnografía. Leiria, 7 y 8 de noviembre de 2025.

[2] FRAZER, James George: La rama dorada. Fondo de Cultura Económica. Madrid, 1981. Primera edición, 1890, pp. 710-714.

[3] Noticia facilitada por Eusebio Rodríguez Carrión, de Rionegro del Puente.

[4] Información de Agustín García Arenas, de Camarzana de Tera.

[5] Debo la noticia a Santos Romero Panizo, de Camarzana de Tera.

[6] Información de Faustino Galende Llamas, de Pumarejo de Tera.

[7] Información facilitada por Carlos Fresno Gago, de Tábara.

[8] GÓMEZ TURIEL, Pedro: Colectivismo y tradición en el municipio de Rabanales, 2017, pp. 56 y 100.

[9] La hoguera se conocía como «El Lumbrón», noticia de Raúl Fernández Fernández.

[10] MANÍAS FRAILE, Cristina: «El Toco, una espectacular demostración de fuerza de la juventud alistana. Una celebración tradicional que finalizaba con una gran hoguera en la noche de Todos los Santos». La Opinión de Zamora, 16 de noviembre de 2025.

[11] En Mombuey la hoguera que se enciende es conocida como «El Fite», vide A.B: «Mombuey salva a las ánimas del purgatorio», La Opinión de Zamora, 7 de noviembre de 2017, https://www.laopiniondezamora.es/comarcas/2017/11/07/mombuey-salva-animas-purgatorio-1138131.html y SAAVEDRA, Araceli: «Mombuey alumbra El Fite en la noche de los Santos», La Opinión de Zamora, 2 de noviembre de 2024, https://www.laopiniondezamora.es/comarcas/2024/11/02/mombuey-alumbra-fite-noche-santos-111206334.html

[12] ELÍADE, Mircea: Tratado de historia de las religiones. Morfología y dinámica de lo sagrado. Ediciones Cristiandad, Madrid, 1981, p. 316.

[13] Debo la información a Saturnino Rodríguez Miguel, de Sancti Spiritus.

[14] SÁNCHEZ AIRES, Casiano: Breve reseña geográfica, histórica y estadística del partido judicial de Ciudad Rodrigo. Ciudad Rodrigo, 1904, p. 131 y VALLEJO ESTÉVEZ, Mariano: El antiguo Campo de Agadones. Salamanca, 2022, p. 239.

[15] SÁNCHEZ AIRES, Casiano: op. cit., p. 35

[16] Agradezco la información a Nino Rodríguez, de Sancti Spiritus, que la recibió de Jaime Román Benito Sánchez (1970).

[17] VALLEJO ESTÉVEZ, Mariano: op. cit., pp. 238-239.

[18] BRAVO ROMÁN, José; HERRERO MARTÍN, José Luis y BRAVO ROMÁN, Jesús: Bogajo, un pueblo con historia. Salamanca, 2006, p. 102.

[19] Mi agradecimiento a cuantas personas me han facilitado información sobre la tradición de los Ramos, así como a aquellas que me han prestado documentación gráfica: a los hijos de Julio García Fernández y de Lucila Muñoz Cañada: Adrián, Ángel y Nina; a Almudena Toribio Rodrigo y a su padre Francisco Toribio Pérez, a Carlos Pacheco; a Adrián Martín Pastor, de Salamanca al día; a Rebeca Jerez de Noticias Ciudad Rodrigo; a Juan Antonio Martín Sánchez; a la Asociación Cultural «La Flor del Campo» y, en general, a todo el pueblo de Barquilla por las atenciones recibidas la noche de Todos los Santos de 2025.

[20] Véase la entrevista que Rebeca Jerez, de Noticias Ciudad Rodrigo, hizo en 2022 a Ángel y Adrián García Muñoz, hijos de Julio García Fernández, https://www.youtube.com/watch?v=D9R0avIkhA0

[21] Señalan en el lugar que, posiblemente sea la base de una cruz, en la creencia de que podría formar parte de un vía crucis.

[22] En 2025 han sido un total de seis, cinco de los cuales bajaron prendidos al pueblo, mientras el mayor permaneció en El Calvario hasta consumirse.

[23] Peculiaridad que ha sido ha sido introducida recientemente, pero que no se hacía en el ritual tradicional. En cualquier caso no altera para nada la tradición y puede servir para transmitirla, en la confianza de que los niños que hoy participan puedan ir tomando el testigo en su día.

[24] «La Flor del Campo de Argañán (que así llaman a Barquilla)», SÁNCHEZ AIRES, Casiano: Breve reseña geográfica, histórica y estadística del partido judicial de Ciudad Rodrigo. Ciudad Rodrigo, 1904, p. 94.

[25] Julio García Fernández fue secretario en Barquilla, Castillejo de Martín Viejo, Saelices el Chico y Gallegos de Argañán.

[26] El primer número que se publicó lo hizo en 1982-1983, según información de Almudena Toribio. Debo copia del testimonio de Julio Fernández a Fernando Domínguez, de Ciudad Rodrigo.

[27] Agradezco a su hijo Ángel García Muñoz, que me haya facilitado copia.

[28] Video. Día de los Ramos 2025 en Barquilla, https://noticiasciudadrodrigo.com/2025/11/02/video-dia-de-ramos-2025-en-barquilla/

[29] Los ramos se hacían en los alrededores de La Cruz Mocha; entre ésta y el regato de las Tahonas por la izquierda y en la Mediana Ancha por la derecha, situados en el camino, según información transmitida por Adrián Muñoz Fuentes a Ángel García Muñoz.

[30] Muy conocido es el dicho del lugar: «Barquilla, la Flor del Campo/ tiene la iglesia al derechas y al revés el campanario» o el recogido por SÁNCHEZ AIRES en 1904: «En Barquilla mucho trigo, /muchos pinos y un castaño/ tiene la iglesia al derechas/ y al revés el campanario!», op. cit., p. 95.

[31] Ver, entre otras, PASTOR, Adrián M.: «Barquilla recupera la tradición de Los Ramos prendidos en la noche previa a Todos los Santos». Salamanca al día, 31 de octubre de 2021, https://salamancartvaldia.es/noticia/2021-10-31-barquilla-recupera-la-tradicion-de-los-ramos-prendidos-en-la-noche-previa-a-todos-los-santos-279087R

RODRÍGUEZ, David: «Barquilla celebrará el sábado El Día de los Ramos». Salamanca al día, 28 de octubre de 2024; DORADO, S.: «Barquilla prepara el Día de los Ramos, una tradición rescatada». La Gaceta de Salamanca, 27 de octubre de 2025, https://www.lagacetadesalamanca.es/provincia/barquilla-prepara-dia-ramos-tradicion-rescatada-20251027143249-ga.html

Videos de la fiesta de los Ramos, con entrevistas de sus protagonistas, puede verse en:

https://www.youtube.com/watch?v=D9R0avIkhA0

y Noticias Ciudad Rodrigo:

https://noticiasciudadrodrigo.com/2025/11/02/video-dia-de-ramos-2025-en-barquilla/

[32] Declaraciones a Noticias Ciudad Rodrigo, 31 de octubre de 2025:

https://noticiasciudadrodrigo.com/2025/10/31/audio-irene-pacheco-sobre-la-fiesta-de-los-ramos-en-barquilla-me-parece-una-tradicion-muy-magica/

[33] Ibidem.

[34] Nacida en 1984 en San Sebastián. Hija de padre natural de Barquilla y madre de Aldeadávila.

[35] DORADO, S.: «Barquilla prepara el Día de los Ramos, una tradición rescatada». La Gaceta de Salamanca, 27 de octubre de 2025:

https://www.lagacetadesalamanca.es/provincia/barquilla-prepara-dia-ramos-tradicion-rescatada-20251027143249-ga.html

[36] «Procissão das Pinhas «ilumina» a Quaresma no Fundão», 5 Abril, 2006:

https://agencia.ecclesia.pt/portal/procissao-das-pinhas-ilumina-a-quaresma-no-fundao/

[37] En la procesión intervienen también jinetes a caballo, en la creencia de que las caballerías se verán libres de enfermedades durante el año siguiente; los portadores de los escobones van protegidos con ropas viejas, gorros y guantes y, después de la procesión, reparten «escobazos» de la cintura para abajo a los asistentes, Los Escobazos - Wikipedia, la enciclopedia libre

[38] CARO BAROJA, Julio: La estación de Amor. Fiestas populares de mayo a San Juan. Barcelona, 1992. Círculo de Lectores. p.183.

[39] SOTELO BLANCO, Olegario: «A festa dos Fachós en Castro Caldelas», en Quintela, https://soteloblanco.blogspot.com/2009/05/festa-dos-fachos-en-castro-caldelas.html ; y VÁZQUEZ SAAVEDRA, Mercedes y VÁZQUEZ PÉREZ-BATALLÓN, Carmen: Guía da Ribeira Sacra. Editorial Galaxia, 2001, p. 191 y «Festa dos Fachós», https://es.wikipedia.org/wiki/Festa_dos_Fachós

[40] «A queima das Fachas», http://www.asfachas.org/seccion.1.php

[41]https://turismo.ribeirasacra.org/folion-fachas-vilelos

[42]https://turismo.ribeirasacra.org/folion-fachas-vilelos

[43] Lo recoge Jesús RODRÍGUEZ LÓPEZ en sus Supersticiones de Galicia. Madrid, 1910, p. 120, citando a Manuel Murguía:

Alumea pai

Cada gran seu toledau;

Alumea fillo

Cada espiga seu pantrigo;

Alumea o liño

Cada freba su cerriño.

[44] «Las fachizas de Burbia: fuego y tradición en el corazón de los Ancares», El Bierzo digital, 2 de febrero de 2025, https://www.elbierzodigital.com/fachizas-burbia-fuego-tradicion-corazon-ancares/

[45] D´O RIO MARTÍNEZ, Bizén: «Fuego y rito solsticiar en el alto Aragón», 20 de mayo de 2021, Real Academia española de cronistas oficiales, https://www.cronistasoficiales.com/fuego-y-rito-solsticiar-en-el-altoaragon/

[46] Página web del ayuntamiento de Bonansa, https://www.bonansa.es/fallas . Ver también el video https://alacarta.aragontelevision.es/programas/raices-vivas/cap-1-11092016-1452

[47] VIOLANT Y SIMORRA, Ramón: El Pirineo español. Vida, usos, costumbres, creencias y tradiciones de una cultura milenaria que desaparece. Ed. Plus-Ultra. Madrid, 1949, cap. XII, pp. 588-589.

[48]https://www.vallboi.cat/es/fallas-un-valle-con-tradiciones-ancentrales vide CARO BAROJA, Julio: op. cit., p. 183.

[49] FRAZER, James George: op. cit., p. 689.

[50] Ibidem, p. 699.

[51]Ibidem, p. 712.

[52]Ibidem, pp. 712-713.

[53]Ibidem, pp. 713-714.

[54] Los pueblos que se divisan desde El Calvario de Barquilla son, además, de este, Ciudad Rodrigo, Villar de Argañán, Villar de Ciervo y Aldea del Obispo, la torre de la iglesia de Villar de la Yegua.

[55]Partiose otro pedazo en tres tierras a do dicen las Erreras a Boca de Cuerbo que salen de la tierra de Manuel Enriquez y descabezan en el Camino que va a la Trinidad que por otra parte linda con el prado de Boca de Cuerbo i por la otra con la oja de la Chicharra. Archivo Histórico de la Nobleza (AHNO), Luque Caja 572, D. 26, fols. 33v y 34r. Copia del apeo de las tierras, prados y demás heredades de las tres hojas en la Barquilla (Salamanca), ante el escribano Luis Antonio Brasero, 7 de septiembre de 1696.

[56] Archivo Histórico Provincial de Salamanca (AHPSA). Catastro de Ensenada. Libro 325. Relaciones Estado Eclesiástico, fols 21r, 54r, 137r para la Cruz de la Trinidad y 67v para la Cruz de San Gregorio.

[57] Llamada así, según parece, porque en algún momento, perdió uno de sus brazos.

[58] AHPSA. Catastro de Ensenada. Libro 325. Relaciones Estado Eclesiástico, fols. 21r, 54r, 137r para la Cruz de la Trinidad y 67v para la Cruz de San Gregorio.

[59] La ficha del inventario arqueológico de la Junta de Castilla y León recoge la siguiente información sobre estos restos: « El yacimiento se localiza en la caída S de un suave alomamiento, junto a un regato. La zona se encuentra en erial y monte bajo, por lo que la visibilidad no es buena. Según la información oral en este lugar se ubicaba el Monasterio de San Gregorio, y se han extraído piedras escuadradas antiguamente. En superficie se dispersan restos constructivos: tégulas, sillarejos, ladrillos macizos, losetas y teja curva, que ocupan una extensión de 2 Has. C. Sánchez Aires hace referencia a la presencia en este pago del Convento de San Columbiano. Tras esta campaña de prospección, y a la vista de los materiales recuperados y las noticias existentes, se ha considerado como un yacimiento sin diferenciar de época tardorromana, y posteriormente ocupado de nuevo como lugar cultual, adscrito ya a momentos bajomedievales-modernos».

[60] SÁNCHEZ CABAÑAS, Antonio: Historia civitatense. Estudio introductorio y edición de Ángel Barrios García e Iñaki Martín Viso. Salamanca 2001, p. 311. Juan Mangas mantendría un pleito con el concejo de Barquilla en 1526-1527, al reclamarle este el pago de la alcabala como vecino y negarse Mangas alegando las donaciones que había hecho al monasterio de la Trinidad. En dicho pleito se inserta la carta de donación de Juan Mangas, vezino e morador del lugar de la Barquilla, de los terrenos para el monasterio, do dicen Val de los Yelgos, al Rodillo de Lera, que es mi propia heredad e tierra… que se llama el monesterio de la Trinidad del Gozo, con todo el edificio que tengo fecho en ella e fare de aquí adelante para que sea iglesia y casa y monesterio donde sirvan y rezen los religiosos.., Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (ARCHVA). Pl Civiles, Taboada (olv), Caja 369,9. Sobre la fundación del convento véase DE LA VEGA Y TORAYA, Francisco: Chronica de la provincia de Castilla, León y Navarra del orden de la Santissima Trinidad, redempcion de cautivos. Segunda parte. Madrid, 1723, Capitulo L, pp. 303 y ss.

[61] Archivo General de Simancas (AGS). Consejo Real de Castilla, 300, 3.

[62] El camino a San Gregorio aparece citado en la documentación del Catastro de Ensenada, AHPSA, Libro 324, fol. 320v.

[63] SÁNCHEZ CABAÑAS, Antonio: Historia civitatense. Estudio introductorio y edición de Ángel Barrios García e Iñaki Martín Viso. Salamanca 2001, p. 311. En el monasterio o convento de La Trinidad se había firmado en 1510 un acuerdo entre Ciudad Rodrigo y los concejos portugueses de Riba Côa, MARTÍN BENITO, José Ignacio: «La Concordia de 1510 entre Ciudad Rodrigo y las villas de Ribacôa. Su aplicación en el siglo xvi y principios del xvii en torno al pinar de Azaba». Estudios Mirobrigenses, VI, 2019, pp. 85-130. Así pues, tenemos al menos tres denominaciones para referirse a las ruinas de este lugar asociado al culto: San Gregorio, La Trinidad y San Columbiano (acepción esta última recogida por Casiano Sánchez Aires en 1904). Sobre San Columbano véase «San Columbano Abad (543-615). Regla de los monjes. Regla conventual de los Padres. La penitencia. Fuentes». Cuadernos monásticos, 150, 2024, pp. 363-396. Recordemos que la patrona de la iglesia de Barquilla es Santa Columba: en la visita que el capitular Antonio Mansilla de Honorato, visitador general de la ciudad y obispado de Ciudad Rodrigo, hizo del libro de cuentas de fábrica de la parroquial de Barquilla el 15 de febrero de 1735, se anotó que por quanto la imagen de santa Columba, patrona de esta dicha iglesia, es la echura de dicha imagen de talla con sus estofado decentemente y no necesita de otro adorno, mando su merced que el manto de raso de flores con que se allá se le aplique para la imagen de Nuestra Señora del Rosario, que se benera en la parroquial de dicho lugar, Archivo Diocesano de Ciudad Rodrigo (ADCR). Libro de cuentas de fábrica de Barquilla. No resulta extraño la asociación que se pudo hacer con San Columbano, enlazando quizás, bajo el mismo nombre, dos lugares de culto, unidos entre sí por una vía o camino sagrado. Además de Santa Columba en Barquilla se veneraban las imágenes de Nuestra Señora de Barquilla, la Virgen del Rosario, san Bartolomé, Cristo de las ánimas, santa Águeda, Cristo del Humilladero, a las que muchos devotos dejaban misas en sus mandas testamentarias, incluyendo también a San Gregorio Ostiense. Son también comunes las misas a la Virgen de la Peña de Francia y a los cristos vecinos de Gallegos, del Consuelo de Villar de Puerco, de la Misericordia de Villar de la Yegua y de las Batallas en Aldea del Obispo, incluso al Cristo de la Barca en Almeida (Portugal). ADCR: Libro de defunciones de Barquilla (1773-1851).

[64] Los indicios se localizan a 360 y 640 metros, aproximadamente, al oeste de San Gregorio. Debo la información a Carlos Pacheco.

[65] SÁNCHEZ AIRES, Casiano: op. cit., p. 95.

[66] RÉAU, Louis: Iconografía del arte cristiano. Iconografía de los santos. De la A a la F- Ediciones del Serbal. Tomo 2, Vol. 3, Barcelona, 1997, pp. 326-327.

[67] YEPES, Antonio: Coronica general de la orden de San Benito, Patriarca de religiosos. Tomo II. Centuria II. Año 1609 , Matías Mares, impresor del Reyno de Navarra, pp. 614-616.

[68] El registro del estado seglar de Barquilla redondea la distancia y sitúan el sitio de San Gregorio, «a media legua» de la población. AHPSA. Libro 322, fol. 12r.

[69] DE LA VEGA Y TORAYA, Francisco: op. cit., p. 308.

[70] ADCR, Libro de defunciones de Barquilla (1773-1851).

[71] Llamada también del Consuelo por los que da a sus devotos en sus mayores aprietos. Con todos muestra su Real protección su Divina Magestad, pero en las grandes necessidades de agua, quando abierta en bocas la tierra, claman al Cielo los Lugares circunvecinos al Campo de Argañán, por misericordia, en Maria Santissima la halla excessiva, lloviendo con abundancia, para que con estos socorros pueda coronarse de frutos la tierra, DE LA VEGA Y TORAYA, Francisco: op. cit., p. 308.

[72] Sobre el papel de las cruces en el campo véase CRUZ SÁNCHEZ, Pedro Javier: «Presencia de la cruz en la arquitectura popular. Apuntes arribeños». Estudios del patrimonio cultural, revista digital, nº 5, diciembre, 2010, pp. 5- 17.

[73]Partiose otro pedazo en dicho sitio que salen las tierras del Camino del Calbario, y descabezan en el Camino de aldea el Obispo, que linda de una parte con camino de Villar de puerco, que ba para Aldea el obispo, y de la otra con partija del del ejido… AHNO, Luque Caja 572, D. 26, fol. 45v. y Partiose otro pedazo a do dizen el majuelo que salen las tierras del Camino del Calbario y descabeza en camino del Alameda, que linda de una parte con tierras y Camino de la Alameda y de otra parte con camino que va para Aldea del Obispo y de Villar de Puerco… AHNO, Luque Caja 572, D. 26, fol. 45v y 46r y v; Partiose otro pedazo a los prados de la Fuente Villana que salen las tierras del Camino del Calbario y descabezan algunas tierras en los prados de la Fuente Villana, ibidem, fol. 47r.

[74] AHPSA. Libros del Catastro de Ensenada. Libro 325, fol. 18v, 66r, 114v, 153r y v y 167r.

[75] Este último es el que se conoce en el pueblo de Barquilla como «camino de los Soldados», porque era el utilizado por las tropas que se movían entre el Fuerte de la Concepción (Aldea del Obispo) y los acuartelamientos de Ciudad Rodrigo. Debo la información a Ángel García Muñoz.

[76] SÁNCHEZ RIVERA, José Ignacio: «La cruz como icono protector en los espacios de tránsito». Estudios del patrimonio cultural, revista digital, nº 5, diciembre 2010, pp. 18-30.

[77]Constituciones sinodales del obispado de Osma, hechas y ordenadas por el Reverendissimo Señor Don Sebastian Perez Obispo del dicho Obispado… impresas en su villa del Burgo, 1586, p. 28.

[78] FRAZER, James George: op. cit., pp. 711-713.

[79] DOMÍNGUEZ MORENO, José María: «Fuegos rituales en Extremadura: las luces de ánimas». Revista de Folklore, nº 432, 2018, p. 35.

[80] POMEY, Francisco: Panteon mítico o Historia fabulosa de los dioses escrita en lengua latina. Traducida al castellano por Lorenzo Diaz de la Madrid, Madrid, 1764, p. 360.

[81] Sobre el fuego robado véase: en la mitología clásica, entre otros, GRIMAL, Pierre: Diccionario de Mitología griega y romana, Ed. Paidos, Barcelona, 1991, p. 45; y, sobre tradiciones populares, ABENÓJAR, Óscar: «La anciana y el robo del fuego». Boletín de Literatura Oral, 9, 2019, pp. 13-34.

[82] FRAZER, James George: op. cit., p. 689.

[83] CORREDERA, Ester: «Ocho hogueras llenan de humo purificador las calles de Sobradillo, al paso de San Sebastián». Salamanca al día, 18 de enero de 2025, https://salamancartvaldia.es/noticia/2025-01-18-ocho-hogueras-llenan-de-humo-purificador-las-calles-de-sobradillo-al-paso-de-san-sebastian-361821?rc=63

[84] CORREDERA, Ester. «El humo de seis hogueras de jumbrio ilumina las calles de La Fregeneda». Salamanca al día, 18 de enero de 2025, https://salamancartvaldia.es/noticia/2025-01-18-el-humo-de-seis-hogueras-de-jumbrio-ilumina-las-calles-de-la-fregeneda-361823

[85] CORRAL, Miguel: «Rescatan las hogueras de júmbrio en Hinojosa de Duero por San Sebastián». Salamanca al día, 22 de enero de 2025, https://salamancartvaldia.es/noticia/2025-01-21-rescatan-las-hogueras-de-jumbrio-en-hinojosa-de-duero-por-san-sebastian-361967

[86] FRAZER, George: op. cit., p. 711.

[87] Tiempo atrás, cuando los pastores traían los ramos prendidos, aquellos saltaban la lumbre con los varales a modo de garrocha. Adrián Muñoz Fuentes no recuerda que el salto se efectuara un número determinado de veces, indicando que era aleatorio y que no siempre se utilizaba el palo a modo de garrocha.



La recuperación de la memoria. Los ramos prendidos de Barquilla (Salamanca). Un festival ígneo en la noche de Todos los Santos

MARTIN BENITO, José Ignacio

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 530.

Revista de Folklore

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