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Revista de Folklore número

530



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Coplas de desgracias y crimenes ocurridos en Palencia. La muerte de Escolastica González a manos de su amante en Mazuecos de Valdeginate

PORRO FERNANDEZ, Carlos A.

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 530 - sumario >



La prensa rosa de amoríos y cotilleos y la novela negra de crímenes llenó las calles, mercados, plazas y romerías de romances en octosílabos, décimas, quintillas y poesías de toda métrica en las conocidas coplas de ciego y los coloridos pliegos de cordel –al menos tintados mayoritariamente en los siglos xix y xx– de los que conservamos en esta provincia un manojo con acontecimientos locales.

La popularidad efímera, suplantada de inmediato por otro suceso más atroz, dio lugar a impresiones de una única tirada y corto alcance por lo que muchos de los tristes y sangrientos relatos de la crónica negra no han llegado a nosotros en este formato. A veces se conserva en algún baúl de la panera alguna hojilla preparada para ser el almuerzo del ratón más pintado, pero por fortuna otros se aúnan encuadernados muy rústicamente en librillos en labor de las abuelas. Entre ellos se encuentra el Suceso sangriento en Calahorra de Boedo, del que daba cuenta El Diario Palentino el 21 de mayo de 1914 y donde figura en la última plana del pliego que conservamos, su autor, el conocido coplero de Piña de Campos Juan Molledo de la Pinta (nacido en Santoyo hacia 1853), relatando una reyerta entre vecinos[1]. Balbina González fue otra autora más tardía que compuso muchos versos con estas temáticas en nuestra provincia de los que tenemos noticia a partir de La historia del crimen cometido en Guardo en 1959, La historia de la inundación de Palencia y su provincia y datos de Valladolid y Zamora (I, II y III parte) de 1962, La historia de un suceso ocurrido en Palencia el día 16 de diciembre de 1960 en el colegio Ave María y El triste suceso en Husillos del 30 de mayo de 1965 donde perecieron ahogadas en el río Carrión seis niñas y el barquero que las acompañaba.

Muy conocido es el crimen del ermitaño del Cristo del Otero, cuya autoría se atribuye tradicionalmente también a Juan Molledo, suceso acaecido el 24 de noviembre de 1907[2]; el crimen de Moarves de Ojeda, la sublevación militar de 1934 en Guardo, El descarrilamiento del tren en Paredes de Nava en 1922 con una treintena de fallecidos o «Los estragos que ocasionó el nublado en el pueblo de Baltanás» el 14 de septiembre del año 1933, «sacado» por el obrero Julio Terrados, de Baltanás, como anota Caro Baroja en su tratado sobre literatura de cordel. Famosas en su época fueron las coplas y el pliego del asesinato de don Sotero del Dujo sucedido en Villalafuente el 1 de mayo de 1931, cura párroco de este pueblo y capellán de la Virgen del Valle de Saldaña que por negarse a dar la comunión a un vecino por cuestiones políticas, fue asesinado cuando volvía de decir misa. Más recientemente recogemos el crimen de la niña Carmencita, asesinada en Guardo, versos impresos en un formato de cuadernillo y el de la joven Laudelina en Aguilar de Campoo trabajadora de la fábrica de galletas ocurrido en 1959. Se conservan dos versiones diferentes editadas en copla con el suceso de Guardo, una de las cuales fue compuesta y editada por la escritora Balbina González Picatoste en 1960, en un librito que se vendió por toda la provincia y en la cercana de Valladolid.

De algunos, como decimos, no conocemos las coplas en papel, tal vez no llegaron a imprimirse olvidados por los nuevos sucesos o se perdieron dada la fragilidad y poca importancia de estos papeles. Es más habitual que todavía logremos recoger los textos de viva voz y de la memoria colectiva como el caso que nos ocupa, coplas de compositores locales que en clara crítica social siempre acusaban los hechos y defendían al triste proletariado frente las disquisiciones del capital y la burguesía. Así sucedió con uno de ellos ocurrido en Mazuecos de Valdeginate en las primeras décadas del xx, un crimen que se reveló realmente como uno de los muchos abusos de las clases gobernantes de aquellos tiempos al margen del propio crimen. Todo comenzaba el día 21 de marzo de 1919 cuando aparecía en unos terrenos situados entre las localidades de Cisneros y Mazuecos el cadáver de una mujer, hecho del que se hacían eco inmediatamente los periódicos de la capital:

Misterioso crimen en Mazuecos. Una señorita aparece apuñalada.

Las primeras noticias. La víctima vestía elegante. El cadáver aparece a los siete días. El abrigo es hallado en un pozo y trozos del pantalón en la carretera.

El día 14 del actual mes tomó el tren mixto que sale de esta estación a las 4:40 de la tarde una joven que vestía con alguna elegancia llevando solamente billete hasta la próxima estación de Grijota. En esta se presentó a hacer la revisión de billetes el interventor y la señorita pidió le hiciera suplemento sin fijar el término de su viaje diciendo al empleado que lo extendiera donde le pareciera y lo hizo hasta la estación de Paredes de Nava. Tampoco aquí abandonó el tren la señorita, siguiendo hasta Cisneros donde definitivamente se apeó haciéndolo a su vez, de otro departamento, un hombre que se acercó a ella.

Una pareja desconocida.

En el viaje de la señorita entablaron conversación en la estación de Cisneros a la que llegaron a las 6:30 entrando en la sala de espera y en esta según nos dicen merendaron juntos; terminada la merienda salieron en dirección al pueblo de Guaza por un sendero extraviado que parte de la ermita del Cristo en término de Mazuecos. Se desconoce dónde ni cómo pasó la noche la pareja por aquellos contornos.

El abrigo de la víctima en un pozo.

Al día siguiente apareció en un pozo próximo a la ermita y flotando sobre el agua un abrigo de astracán de señora. Las autoridades del pueblo al conocer el hallazgo del abrigo en el que aparecían grandes manchas de sangre creyeron se trataba de un infanticidio y ordenaron se reconociera el fondo del pozo donde apareció la prenda sin encontrar nada que delatara la sospecha de las autoridades.

Un pastor encuentra el cadáver.

A las 3:00 de la tarde de ayer uno de los pastores encargado de la custodia de un ganado lanar encontró en una profunda reguera distante aproximadamente 2 kms de la ermita del Cristo el cadáver de una mujer. Inmediatamente dio cuenta a las autoridades del macabro hallazgo.

La víctima.

El juzgado municipal se trasladó al sitio donde se hallaba el cadáver observando en el cuerpo gran número de puñaladas. Reconocida la víctima nadie pudo identificarla pero sí hubo quien aseguro que era la señorita que había estado merendando en la estación de Cisneros… la joven que ha sido hallada muerta representa de unos treinta y dos años de edad, de estatura regular, morena y viste traje entero de lanilla negra con cinturón y caídas de la misma tela, las medias son negras y las iniciales de la ropa interior tienen las letras E.C. o E.G.

De esta detallada manera uno de los periódicos locales, El Diario Palentino encabezaba la columna de sucesos la mañana de primavera. Asimismo El Día de Palencia el otro diario de la capital publicaba también en titulares:

Un crimen: Mujer apuñalada.

En la mañana de hoy llegó a nuestros oídos la noticia de que en Mazuecos, pueblo de esta provincia, había sido hallado el cadáver de una mujer muerta a puñaladas. Inmediatamente nos personamos en los centros oficiales donde pudimos confirmar la noticia si bien hasta ahora se carece de detalles.

El cronista recoge en la columna la noticia tramitada por los cauces oficiales y los primeros comentarios populares que se suscitaron en ambos pueblos tras el suceso. Relatan los mismos detalles que El Diario Palentino citando como informes oficiales los de la Benemérita de Cisneros y el juzgado de instrucción de Frechilla (El Día de Palencia, 21 de marzo de 1919).

El hecho se supo inmediatamente en toda la capital en voces de gacetilleros y comentarios de comadres en los corrales. No dio tiempo a mucha especulación pues al día siguiente del hallazgo del cadáver se detuvo al asesino, se identificó el cuerpo y el 22 de marzo El Diario Palentino sentenciaba la noticia con este cabecero: «El crimen de Mazuecos. Identificación de la mujer asesina, el autor detenido».

El reconocimiento del cadáver se llevó a cabo por el sargento Lorenzo Ruiz, del puesto de Palencia y el guardia civil Maximino Valdaliso quienes por algunos detalles como el vestido que llevaba, localizaron la identidad de la mujer. Los guardias de Cisneros llevaban ya algunos días investigando el abrigo manchado de sangre –que luego se supo que era de la difunta– que había aparecido el día 15 del corriente en un pozo cerca de la ermita del Cristo de Arenillas sita en término municipal de Cisneros pero en terreno propiedad de Mazuecos. Tras el envío de un retrato de la fallecida al puesto de Mazuecos, donde se custodiaba el cuerpo, los guardias locales procedieron a la identificación del cadáver (El Día de Palencia, 22 de marzo de 1919).

Todos los detalles se publicaron el 26 de marzo en El Diario Palentino entre ellos que la difunta «Llevaba unos zapatos negros comprados hace días en la zapatería «París», «una bata hecha con tela comprada por una amiga suya llamada María Antolín» y cómo el sargento Lorenzo Ruiz había hablado con los guardias de la comandancia detallándoles estos la llegada ese día a Cisneros de varios pasajeros y un compañero policía conocido como «el Barbán», por ser este su apellido. Al citado individuo no le fue prestada atención en primera instancia por considerarlo del cuerpo, aunque después recaería sobre él toda la sospecha al andar el personaje en líos de faldas con harta frecuencia. Los periódicos no escatimaron en otros morbosos cotilleos dando cuenta incluso del almuerzo de la pareja en la estación[3].

El crimen, revestido con tintes pasionistas desde el primer momento, fue conocido rápidamente por los palentinos, pues la capital no dejaba de ser una pequeña ciudad de provincias donde todo el mundo se conocía. Palencia tenía en ese momento 18.000 habitantes en el censo de ese año, 18.055 exactamente. En pocas horas se supo de la vida y milagros de cada uno de los protagonistas[4].

La fallecida era Escolástica González Vega, una viuda de la capital de 48 años de edad y residente en la Calle Estrada 37 –esquina Corral del Moral–, viuda de Isaac Jiménez, panadero, que repartía para la Panadería Francesa y madre de un mozo de nombre Guillermo Jiménez, ferroviario con residencia en Zaragoza. El asesino no era otro que su propio amante Benigno Barbán Escobar, casado y de 38 años de edad, y con el que hacía «vida marital», un vigilante de primera clase de la policía gubernativa de oscuros procederes al parecer y conocido de la población por sus trafullas y nada decentes formas de gobernarse en el cuerpo militar. Benigno fue arrestado por la Benemérita en su casa de la calle Pedro de Espina nº 4 en cuyo entresuelo vivía con su esposa y tres hijos, donde encontraron su gabán con varias manchas de sangre y tras apenas pasar ocho horas desde que fuera descubierto el cadáver.

Los periodistas ordenaron más o menos de la siguiente manera el suceso, el desencadenante y la salida de la estación palentina, la llegada a Cisneros y cómo se desarrollaron los hechos que determinaron la muerte de la infeliz Escola, que acabó yerta en un el arroyo denominado» de Valdemaza» a dos kilómetros de Mazuecos y que acabaría dando nuevo nombre a este término conservándolo hasta la actualidad como el «regato de la Escola».

Benigno Barbán es natural de Guaza de Campos y allí vive su familia. El día 16, el actual día de San Julián, celebraba su fiesta onomástica el padre del Benigno y sin duda este convenció a su amante para que juntos fuesen al pueblo a pasar dicho día pensando decir en casa de sus padres que Escola era una pariente próxima de su esposa a quién los padres, personas honradísimas, no conocían. Acordado el viaje el día 14, acudieron los amantes a la estación del Norte y con el objeto de tomar el tren provincial de las 4:40. Ambos acudieron a la estación por separado y a hora distinta.

En la estación, por cuyos andenes y también separadamente estuvieron paseando no se les vio cruzar más que breves palabras y llegada la que fue la hora de salida del tren ocuparon Escola un departamento de tercera clase y Barbán otro de segunda donde viajaba la pareja de la guardia civil de escolta del tren.

Tenemos entendido que en el trayecto de una a otra estación de la línea, Escola llamó repetidas veces pegando los cristales de la ventanilla a su amante y que éste a pesar de que uno de los civiles de la pareja de escolta le dijo: –Marbán una mujer que viaja en el coche próximo te llama–, se hizo el desentendido no haciendo caso alguno de las llamadas.

Llegaron a Cisneros y en aquella estación se apearon ambos sin que se juntaran hasta después de arrancar el tren, momento en que los dos entraron en la sala de espera donde estuvieron merendando juntos. Y terminada la merienda sobre las 7:00 de la tarde juntos salieron a campo traviesa hasta llegar a la linde de un sendero conocido con el nombre de «sendero de los ladrones» que desde Cisneros conducía a Guaza y ya aquí solamente el asesino pudiera decir a nuestros lectores lo que ocurrió pero fantaseando diremos que en las proximidades de la ermita del Cristo, Barbán exigió a su amante cierta cantidad de dinero y algún documento que suponía llevaba en su poder y entregado o no lo que Barbán solicitaba, este pensó que todo quedaría en el misterio si en aquellos parajes solitarios y cuando ni el sol podía ser testigo de su crimen matase a su confiada amante. Y poniendo en práctica su proyecto apuñaló despiadadamente a la desventurada mujer y arrastró el cadáver hacia la reguera donde sin duda creyó quedaría oculto para siempre y regresó tranquilamente a Palencia (Diario Palentino, 22 de marzo de 1919).

Detenido el asesino en Palencia fue llevado a Mazuecos para la comprobación y seguimiento de los hechos siendo encarcelado en la Casa de Ayuntamiento donde estaba también el cadáver encontrado pocas horas antes. Tras los interrogatorios y después de negar los hechos primeros acabó por reconocer el cadáver y el crimen ante el teniente fiscal, el juez de Frechilla y la guardia civil, siendo encerrado en la misma sala de la víctima donde a la vista del cadáver, maltrecho ya por el paso de los días exclamó: «Es la Escola, ¡caramba! Que desfigurada estás!». Hecho que recoge el cronista y que ha quedado en la memoria colectiva de Mazuecos en aquellos que oyeron contar a sus padres o abuelos el suceso[5].

Benigno era un policía de retorcidos procederes sabidos y consentidos por sus propios compañeros y superiores, que tampoco pasaban desapercibidos al común de la población, motivo este que unido al del crimen sirvió para exacerbar y remover las conciencias a los palentinos. Según El Día de Palencia del 22 de marzo:

En la ciudad ha causado una enorme indignación el horroroso crimen; los comentarios son unánimes la protesta y la execración absolutas. Emparentado el detenido con familias muy distinguidas de la capital y provincia no puede alcanzar a ellas en lo más mínimo la mancha que el hecho arroja sobre el autor. Y nosotros profundamente indignados por el crimen pedimos a los lectores una oración por el alma de la víctima…

A las pocas horas se supo que el suceso estaba envuelto además en un halo de misterio pues los desaguisados del asesino en otras detenciones y estafas –una en concreto– estaban siendo ocultados o disimulados por algunos cabecillas de la policía local, lo que generó rápidamente algunos tumultos que se extendieron en los días posteriores al hallazgo del cadáver. Los periodistas no dejaba de echar leña en sus letras y fueron desentrañando poco a poco una enredada tela en la que el asesino, era conocido como decimos por otras fechorías. El autor confeso había sido «distraído» de la ciudad por sus superiores para evitar revuelos y altercados pues recientemente se había visto relacionado con un robo en la capital, o al menos la sustracción de cierta cantidad de dinero en compañía de su socio Manuel García, miembro asimismo del cuerpo de vigilantes. Ambos delincuentes habían sido cesados de sus puestos locales y destinados el primero a Jerez y el segundo a Logroño, en la idea de apaciguar los tumultos y comentarios generalizados que soliviantaban al pueblo de tiempo atrás. El día 17 de marzo se había hecho efectivo el traslado de ambos policías a sus nuevos destinos pero ese día ya estaba la pobrecita Escola tirada en la reguera… al menos desde el día 14 cuando fue asesinada.

El periódico describía a Barbán y sus cruentos procederes como un personaje que

[…] se complacía en atormentar a los detenidos. Cuando alguien era llevado a la inspección le pegaba bárbaramente, sus compañeros no se atrevían a oponerse por ser vigilante de primera y contar según decía con la confianza del gobernador quien claro es, no conocía esos bárbaros procedimientos. Muchas veces los vigilantes salían de la inspección por no ver los apaleamientos que daba Barbán (…) hace tiempo un vecino de Villarramiel había robado una cartera con 24.000 pts. En la busca y captura del autor parece ser que intervino Barbán y que algo hay de gravedad de este asunto. Se dice en público rumor que varios carteristas detenidos en esta capital o en Venta de Baños ni fueron conducidos al juzgado ni pasó a la cárcel. Un examen del libro de registros podrá probar si fuera cierto que Barbán cometió algún nuevo delito. También por no denunciar no sabemos qué cosas, se dice que el Barbán venía sacando dinero hasta 500 pts. a un señor (…) El rumor afirma que Barbán tenía montado un verdadero servicio para cometer robos y estafas contando con la complicidad de dos «celestinas» (El Día de Palencia, 24 de marzo).

Incluso otras noticias de periódicos de provincias refieren más casos delictivos del policía:

Por lo que se sabe de toda la gente era un pájaro de cuenta pues según parece robó una importante cantidad a una señora Villarramiel y a varios carteristas a los que detuvo aquí y en Venta de Baños. No los envíó el juzgado ni a la cárcel pero los quitó el dinero que llevaban. También se acusa al policía de efectuar chantajes en combinación con algunas mujeres; se cuentan otras muchas cosas entre ellas que Benigno tenía cómplices fuera de Palencia y que un robo de 13.000 duros que se cometió recientemente en Lérida fue planteado por él desde la capital (Diario de La Rioja, 28 de marzo de 1919).

Barbán y su compinche Manuel se habían visto implicados en otros escarceos que por lo visto habían sido obviados por el gobernador provincial don Pascual Testor, no dando cuenta en ningún momento a la dirección general de policía, seguramente por familiaridad del principal implicado como ya indicamos:

Esta mañana bien temprano se supo que había sido detenido el autor del crimen causando un poco sorpresa en la opinión al conocer que se trataba de un policía que recientemente había sido trasladado de esta capital a Jerez de la Frontera a causa de su intervención en el suceso que con tanta suspicacia refirió en el sueño nuestro compañero Chaparro. Y si en vez de condolerse de las consecuencias de una cesantía se hubiera dado cuenta a la Dirección general de seguridad el hecho incalificable que habían cometido los acusados en aquella escena que relataba Chaparro y se hubiera entregado a los tribunales el asunto puede asegurarse que no se hubiera cometido el asesinato de Mazuecos (Diario palentino, 22 de marzo de 1919).

El texto cita como un hecho, cuando menos sorprendente, cierto sueño de un periodista de la capital y que en días anteriores había escrito otra columna relativa a los sospechosos en un artículo que tituló «Atraco esdrújulo. El sueño del reportero», siendo el cronista Chaparro (alias de César Fernández Aguado) quien relata en El Diario palentino del 11 de marzo de 1919 como «supuestamente» dos individuos entraron en una noche lluviosa en casa de una mujer que cita como «doña Benigna» a la que amenazaron y encañonaron para robarla y que curiosamente tiempo después «los prójimos con mucha lástima hicieron que a poder de la dueña atracada llegase una cantidad metálica idéntica a la que ellos usurparon. Así nadie lo denunció y ellos tan impávidos siguen gozándola». Todo ello publicado días antes del crimen.

Efectivamente, el 26 de diciembre de 1918, dos meses antes de este sueño se había cometido un atraco en casa de Benigna Carretón, una meretriz conocida que regentaba una casa de citas en la capital[6]. En el atraco habían tomado parte varios policías como refiere el auto de la audiencia, Barbán y Manolo García junto con el inspector Fulgencio Escribano donde exigieron a doña Benigna 2.000 pts. en monedas de oro tras amenazarla de muerte. Sea como fuere, conflictivas ambas partes debieron –por consejo del jefe de policía– arreglar esta sustracción y devolver el dinero a «La Carretona» para evitar males mayores y aquí es donde entra en juego la pobre Escolástica, quien engañada por Barbán con la idea de irse a vivir con él a Jaén, logró que vendiera su casa en 19.000 pesetas parte de las cuales entregó a su amante para que pudiera resarcir dicho pago.

De tiempo atrás pues, venían rumiándose los acontecimientos delictivos y murmuraciones locales que precipitaron la muerte de la Escola, el robo y atraco a doña Benigna y que la población sabía que si se hubiera corregido a tiempo no hubiera dado lugar al crimen. Por tanto el día 24 de marzo ya se sabía y se publicaba que estaban pendientes el asesino y su compañero vigilante de este proceso «por un robo cometido en una casa de mala nota de esta ciudad habiendo decretado el procesamiento de prisión de ambos policías».

El sueño de Chaparro[7], sirvió de acicate para que el Jefe de policía Fulgencio Escribano reclamara a los policías y denunciara el caso «supuestamente» ante el Gobernador, quien lo consideró asunto privado no dando parte a las autoridades competentes. El Jefe de policía obligó a devolver el dinero a La Carretona de inmediato, lo que precipitaría la venta de la casa de Escolástica para lograr el dinero y el posterior crimen. El relato del sueño no dejaría de poner por escrito lo que era vox populi en las calles de Palencia y que de esta manera sibilinamente se sacaba a la luz. Y el mismo diario en la posterior fecha del 19 de octubre de 1919 en la lectura de la sentencia y veredicto del crimen indicó que «levantó con esta velada denuncia [el sueño referido] un ola de diatribas y murmuraciones contra la policía no llegando a hacerse concretamente la denuncia ante las autoridades».

La capital vivía así desde los albores del año ciertas intranquilidades y todo ello no causaba más que malestar entre una población que llevaba tiempo viendo los atropellos policíacos. El Día de Palencia, el 22 de enero, se publicaba un artículo donde se reconocía el valor de estos dos agentes tras la detención de algunos delincuentes que participaron en el robo de varios materiales y herramientas en la tejera de don Cándido Germán en la ciudad, tal vez con la idea de apaciguar los ánimos tan revueltos con las autoridades. Pero el 8 de marzo en El Diario Palentino el mismo periodista Chaparro, publicaba los descontentos sobre las actuaciones policíacas en Palencia, «que no detienen a algunos carteristas ni otros amigos de lo ajeno a saber por qué circunstancias…» en una crónica que tituló «Robo fantástico» (Diario palentino, 8 de marzo de 1919) que contribuía a caldear los ánimos.

Palencia era un hervidero de críticas cuando se supo de la muerte de la Escola y que el asesino no era otro que Barbán. El día 23 de marzo empezaron los tumultos:

La manifestación de ayer. Es tal en la indignación causada por el crimen del policía Barbán y por la pasividad de las autoridades que permitieron se ocultara el robo de los 5000 reales, que espontáneamente se formó ayer al mediodía una imponente manifestación de protesta. Figuraban en ésta, personas de todas las clases sociales predominando el elemento distinguido. Los manifestantes dando toda clase de gritos se dirigieron al Gobierno civil protestando a viva voz contra el gobernador civil, el secretario de gobierno y el inspector de policía a los que daban sonoros mueras. Siguió la manifestación hasta el Gobierno donde se dieron mueras al gobernador, al secretario, a la policía y al cacique… Y se pide la destitución inmediata del gobernador señor Testor, secretario señor Revilla y el inspector señor Escribano… (El Día de Palencia, 24 de marzo de 1919).

Y al día siguiente seguían las mismas críticas:

No se ha calmado aún la indignación pública ocasionada por el crimen de que el policía Barbán es autor. En círculos y tertulias en cuantas partes se reúnen más de dos personas no se habla de otra cosa que de este crimen espantoso donde aparecen a cada momento nuevos datos que revelen la perversidad del asesino… sigue asegurándose que si mañana no han sido destituidos el Gobernador, el secretario, el inspector de policía habrá cierre general de tiendas (El Día de Palencia, 25 de marzo de 1919).

Y el otro periódico local insistía en titulares:

El pueblo de Palencia contra el gobernador, el secretario y la policía. El Ayuntamiento se asocia a la protesta:

La ciudad industrial, centenares de obreros y personas de todas las clases sociales justamente indignadas por el abominable crimen y robo perpetrado en una indefensa mujer en Mazuecos por un policía de seguridad exteriorizó ayer de manera espontánea su protesta contra aquella autoridad improvisando una manifestación tan imponente como justificada no solo por el crimen sino por los vandálicos realizados por el policía Barbán que no han tenido por parte de sus superiores más que un simple traslado a otra provincia… (Diario Palentino, 24 de marzo de 1919)

Las protestas debieron ser fuertes y efectivas pues por Real decreto de 25 de marzo se admite la dimisión de Pascual Testor y Gómez como gobernador civil de Palencia y se nombra en su lugar a José García Plaza y León que lo era en Soria hasta ese momento. Curiosamente para Soria se nombra a Carlos Testor y Gómez, hermano del ya exgobernador palentino seguramente por un conflicto de intereses[8]. Pascual Testor marcharía a Valencia al tiempo de ingresar Barbán en la cárcel de Palencia tras estar recluido en la de Frechilla al poco de su detención (Diario Palentino, 31 de marzo de 1919).

Aquí se recoge la cesión del Jefe provincial quien «salió esta mañana con dirección a Venta de Baños para continuar a Burgos y tomar posesión de su nuevo cargo el exjefe de policía de esta capital don Fulgencio Escribano que como todos sabemos los lectores fue pedida su separación por negligencia que demostró en ciertos hechos relacionados con el expolicía Barbán». Escribano poco después sería detenido y puesto a disposición judicial (Diario palentino, 10 abril de 1919). No obstante en su juicio, celebrado el 11 de noviembre fue eximido de toda culpa y participación (El Diario palentino, 21 agosto 1919 y 11 de noviembre de 1919).

Por el contrario entre los días 16 y 18 de octubre se celebró el juicio de Barbán siendo el acusador el abogado Gómez Arroyo. Condenado a muerte tras la lectura de la sentencia posteriormente sería relevada su pena por la de cadena perpetua:

Se condena al procesado Benigno Barbán por el delito de robo con homicidio en el que concurren las agravantes de autoridad y despoblado, a la pena de muerte que deberá ejecutarse con arreglo a lo prescrito en los artículos 102 al 105 del código penal y en caso de indulgencia a la pena de cadena perpetua sirviéndole de abono el tiempo de prisión preventiva y la indemnización de 5.000 pts. a la familia de la víctima.

En la sentencia se añadía que debía devolverse a la familia de Escolástica González la ropa y efectos que figuraban en el sumario y a Benigno Barbán la gabardina y manta de viaje que llevaba el día de autos. Al año siguiente, el 3 de abril de 1920 El Diario publicaba la libranza del garrote vil de Benigno con motivo de celebrarse las fiestas de la Semana Santa y víspera de la Pascua –concretamente el Viernes Santo– como viene siendo costumbre hoy en día en la conmutación de determinadas penas a algunos reos:

[…] como en años anteriores se ha celebrado audiencia pública en palacio, revistió como de costumbre; detrás de los reyes de Alfonso y de Victoria marchaban todos los grandes de España mayordomos y demás servicio. Después de la ceremonia el Obispo presentó a su majestad la bandeja con los expedientes de indulto entre los cuales figura Benigno Barbán condenado a pena de muerte por la audiencia de Palencia.

La copla popular

En esas manifestaciones multitudinarias en la ciudad, el pueblo arengaba con coplas la justa crítica aprovechado tonadillas del momento que llegarían a los pueblos con la atracción de la novedad y que cien años después resonarían aún entre quienes lo vivieron o lo oyeron contar. La letra se adaptó en cuartetas junto a un estribillo:

«Benino» Barbán se llama

el de la ronda secreta,

que ha matado a su querida

por robarla las pesetas.

La policía, la policía

se ha tenido que callar

porque sabía, porque sabía

¡que era el criminal Barbán!

Entre Barbán y Manolo

han sembrado dos melones,

Barbán se chupa las uñas

y Manolo los tacones.

La policía, la policía

se ha tenido que callar

porque sabía, porque sabía

¡que era el criminal Barbán!

(Cantado por Evarista Pajares, natural de Abastas (Palencia) y de 88 años de edad. Grabado por Carlos Porro en Abastas el día 22 de abril de 1994)[9].

De que le sirve a Barbán

venir de buena familia

si en el sendero de Guaza

dio muerte a su querida.

(Recitado por Mónica Gómez González, de 90 años, Cisneros (Palencia) 19 de septiembre de 2025).

Y otras memorias cisnerienses recordaban el suceso y «los cantares», al menos, que los hubo:

A la Escola, la mataron entre Cisneros y Mazuecos, era un sendero. Pues también yo sabía un cantar de eso pero no me acuerdo (Isabel «Tomate» de 88 años de edad y natural de Cisneros. Grabada en Bilbao por Carlos Porro el 18 de diciembre de 2006).

Los versos nos decía la buena de la señora Evarista que «los sacaron» entonces, que alguien los compuso, que los cantaban de viva voz y tal vez hubo pliego que no conocemos. El son no era otro que una melodía popular del momento, una mazurca de moda que utilizaron estas coplas de ciego, en este caso la tonada conocida de «La cucaracha», un canto popularizado en Méjico especialmente a partir de la revolución de Pancho Villa aunque la tonada se conocía en el siglo xix[10]. Posiblemente el hecho de adaptar esta tonada de «la cucaracha» al suceso de Mazuecos viniera acentuada porque casi al mismo tiempo en esos años de 1918 y 1919 varias imprentas editaron letras apoyadas en esta melodía con motivo de otros acontecimientos como la famosa gripe de 1918, enfermedad denominada en muchos lugares precisamente como «la cucaracha».




NOTAS

[1] Los datos biográficos del coplero Juan Molledo, de Balbina González y otros autores palentinos pueden consultarse en Porro, C. Coplas de cordel y cantos narrativos en La Montaña palentina. Ed. Archivo de la Tradición Oral de Palencia, 2015, pg 79-85.

[2] José Sanz y Díaz publicó «El crimen del Cristo del Otero», pág. 154-157. Revista de Folklore nº 65. Fundación Joaquín Díaz, Valladolid, 1986.

[3] El detalle de las vituallas que formaron parte de la merienda de los amantes según El Día de Palencia se relata de la siguiente manera: «se dice y parece probado que entraron en la sala de espera sacando ella un pollo asado, una botella de vino y unos pasteles cuyas viandas merendaron amigablemente los dos amantes permitiéndose incluso el Barbán ciertas bromas de manos que llamaron la atención de algunas personas».

[4] La prensa local se ocupó del caso y algunos otros periódicos nacionales también, como el diario de La Rioja donde el 28 de marzo de 1919 publicaba: «Desde Palencia: El crimen de un policía» con todo lujo de detalles salidos sin duda de la pluma del redactor:

El día 14 salió de Palencia sin saber que en el mismo tren viajaba Escolástica que no la vio hasta llegar a Paredes, en cuya estación se apeó él para comprar tabaco entonces fue cuando vio a su amante. En Cisneros se apeó y marcho a la posada para contratar un carro que le condujera a Guaza a donde iba a ver a su padre. Como no encontró el vehículo marchó a pie y tomó el sendero de «los ladrones» al llegar a la pradera oyó que le insultaban; volvió la cabeza y vio a Escolástica que le seguía; entonces se detuvo hasta que llegó ella a su lado y él le dijo que no le comprometiera, que tan pronto como arreglara con su padre el asunto que le llevaba a Guaza se marcharían ambos a Jaén. Agregó que al llegar a la reguera perdió la cabeza y dio a Escolástica dos golpes, uno en el pecho y otro en la espalda pero sin intención de matarla pues la agredió con la pequeña navaja que tiró después. Al verla en tierra le quitó 25 duros que llevaba.

[5] Algunos vecinos de Mazuecos recordaban haber oído a sus padres cuando hablaban del suceso, que, encerrado en el ayuntamiento a solas Barbán con el cadáver de la Escola exclamó: «¡Ay! Escola, Escola ¡cómo te has quedado! Le oyeron y por eso le conocieron que era el asesino» (Entrevista de Carlos Porro a varios vecinos de Mazuecos, el día 23 de agosto de 2025).

[6] Así aparece en El Diario Palentino (12 noviembre 1919) el artículo «En la audiencia. El robo de la Carretona».

[7] En las revisiones costumbristas de El Diario Palentino y su página de «Tiempos pasados» el periodista Mariano Valero nos adelantaba en 1989 algunos de estos hechos y ensoñaciones que publicó junto al suceso de la Escola en «El crimen de Barbán descubierto gracias al sueño de un periodista» en El Diario palentino-Día de Palencia 12 de mayo de 1989.

[8] «Soria en 1919» de Félix García Palomar, en Revista de Soria, nº 74, 2011. pg. 51.

[9] Puede oírse este tema en el Cd «Abastas de Campos» Archivo de la tradición oral de Palencia, volumen 5, Ed. Tecnosaga, Madrid 2003, corte 3. También puede oírse la entrevista realizada a la señora Evarista Pajares unos años antes.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fundación_Joaquín_Díaz_-_ATO_00849_10_-_Copla_local_(Asesinato_en_Mazuecos_y_Cisneros).ogg

[10] Como suele suceder en los temas tradicionalizados no siempre vemos un momento exacto de la creación. El tema de «la cucaracha» pudo ser conocido en la 1/2 del xix y utilizado posteriormente para acompañar letras de crítica social en diferentes circunstancias. La primera referencia que se tiene aparece como título de canción en la novela editada en Méjico «La Quijotita y su prima», de Joaquín Fernández de Lisardi (1819) donde se cita en un determinado pasaje de la obra:

Un capitán de marina / que vino en una fragata

entre varios sonecitos / trajo el de «La Cucaracha».

La letra de dicha canción aparece no ese año, sino unas décadas después en una versión posterior y reedición de la obra, con una métrica de texto difícilmente encajable con la melodía que nosotros conocemos ahora. (Estudio de Yuliana Rivera «La Cucaracha , más que una canción revolucionaria» Revista La palabra y el hombre, primavera de 2018, pg. 68 y ss. https://doi.org/10.25009/lpyh.v0i44.2602.

Otros estudios hacen derivar la canción de los repertorios españoles a partir de algunos textos registrados en coplas mejicanas de finales del xix (con la melodía que conocemos en la actualidad) que coinciden con varias cuartetas publicadas por Francisco Rodríguez Marín en su obra Cantos populares españoles de 1883. Pero la revisión de la melodía que acompaña estas cuartetas (interpretadas por Joaquín Díaz en el Cd Cantos populares españoles de Francisco Rodríguez Marín, 2002) muestra que la melodía de la obra de Marín no tiene nada que ver con la tonada de La cucaracha que desde fines del xix se canta hasta hoy día, siendo letras coincidentes de contenido militar y de crítica social referidas a los enfrentamientos entre españoles y marroquíes en las guerras de Africa desde 1860 y que aparecen en otros cancioneros también.



Coplas de desgracias y crimenes ocurridos en Palencia. La muerte de Escolastica González a manos de su amante en Mazuecos de Valdeginate

PORRO FERNANDEZ, Carlos A.

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 530.

Revista de Folklore

Fundación Joaquín Díaz