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Revista de Folklore número

532



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Los exvotos en la religiosidad popular: el caso de la provincia de Segovia (I)

ELORZA, Mario Sanz

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 532 - sumario >



Si es un milagro, cualquier testimonio es suficiente,
pero si es un hecho, es necesario probarlo.

Mark Twain

Introducción

Primeramente, hemos de definir la religiosidad popular como la manera en que se expresa religiosamente el pueblo llano, carente de formación teológica formal. En nuestro ámbito cultural cristiano y católico, la Iglesia ha porfiado, o al menos lo ha intentado desde su fundación, por erigirse en la única receptora autorizada del mensaje divino, autodeclarada infalible en cuestión de doctrinas, y especialmente asistida por Dios para el ejercicio del monopolio del rito y de la liturgia[1]. Es por ello, que las autoridades eclesiásticas se han mostrado a lo largo de la historia reticentes a aceptar las manifestaciones de fervor y devoción surgidas de la propia feligresía, no sujetas del todo a su estricto control. La religiosidad popular surge en la base de tradiciones religiosas nativas, más o menos transformadas o sincretizadas a lo largo del tiempo, moldeadas por la influencia de factores diversos como el medio físico, el nivel tecnológico de la sociedad, las formas de organización social, la estructura del poder, etc.

En el escenario que nos ocupa, la religiosidad popular se ha conformado como un proceso de reinterpretación de los dogmas y principios teológicos promulgados por la Iglesia Católica, añadiéndoles, quitándoles o transformando sus significados por medio de la metáfora y la metonimia, entre otros recursos psico-culturales. Uno de los terrenos hacia donde derivaron estas elaboraciones populares lo encontramos en la magia y en la superstición, combinadas con elementos propios de la religión oficial, siguiendo un gradiente. En su extremo más ancestral, la magia implicaría la intervención de especialistas (chamanes, brujos, hechiceros, etc.) capaces de manipular lo sagrado e intangible con fines utilitaristas, desvinculados del comportamiento de las personas. A medida que el sincretismo va derivando hacia la aculturación, la manipulación se sustituye por la actitud de súplica a los poderes sobrenaturales, ritualizada por una comunidad de creyentes donde importa decisivamente el comportamiento de las personas. Así surgió, dentro de catolicismo popular, la creencia en que ciertos seres ultraterrenos (Dios, Jesucristo, la Virgen, los santos) podían manifestarse en el mundo sensible e intervenir en los acontecimientos y vicisitudes que afectaban a los mortales. De esta manera, los seres humanos se dotaban de una cosmovisión que daba sentido y explicación a su sufrimiento y a su aflicción, y en definitiva a la existencia del mal como contingencia. Así surgió un modelo de comportamiento religioso que buscaba la intercesión divina favorable para la superación de problemas personales o colectivos ofreciendo a cambio bienes y sacrificios, que hunde sus orígenes en lo más primordial del pensamiento trascendente. La forma más común de entablar estas relaciones con la Divinidad era la promesa, cuya premisa podría expresarse como «a gracias concedidas, contrapartida cumplida». Así es como surgió el exvoto, que más adelante definiremos con detalle. No obstante, existen otros medios de establecer comunicación con los seres sobrenaturales. El más generalizado de ellos es la oración, donde el diálogo se establece de abajo-arriba, normalmente utilizando formas verbales preestablecidas y normalizadas. Por medio de ella, los seres humanos alaban a la divinidad, reconocen su superioridad, aceptan las limitaciones propias y piden el favor de orden material y moral. A diferencia de la magia, que reconociendo el poder de las fuerzas sobrenaturales supone que éstas pueden ser manipuladas y engañadas, la oración inequívocamente religiosa asume que estos poderes solo actúan favorablemente mediante el sacrificio[2].

La promesa comporta el ofrecimiento de oraciones, como contrapartida más sencilla de cumplir, pero también puede ampliarse a otras contrapartidas de mayor enjundia, como sacrificios y donaciones de toda índole. La magnificencia de tales reciprocidades dependerá de la gravedad y complejidad del asunto por el que se pide la intercesión divina y de las capacidades del oferente, sean económicas, de fortaleza física o emocionales. En este asunto, conviene resaltar que las mujeres han sido y son más propensas que los hombres a la hora de formular promesas en las sociedades tradicionales. La promesa se inicia con la petición a la divinidad y termina con el cumplimiento de la acción prometida, produciéndose entre medias la consecución de lo solicitado. El incumplimiento, conforme a las creencias más arraigadas, supondrá un peso sobre la conciencia del transgresor que perdurará hasta el mismo lecho de muerte, que podría acaecer de forma impredecible por enfermedad, accidente o cualquier otra causa, sin perjuicio del padecimiento de otros males y desgracias menores.

Dentro de las promesas, hay que tratar diferencialmente lo que se define como voto. En este caso, se trata de una forma de promesa más solemne que la ordinaria, sometida a reglamentación, realizada individual o colectivamente y cuya contrapartida recíproca puede alargarse durante toda la vida. Tal es el caso de los votos monásticos de obediencia, castidad y pobreza que distinguen a los religiosos de los seglares dentro de la Iglesia Católica, a imitación de la vida de Cristo en la búsqueda de la perfección espiritual. También lo son los formulados por los cabildos, ciudades y villas con ocasión de algún favor concedido a sus habitantes, o bien en solicitud de patronazgo para la población que recibía protección, con expresiones como fiestas anuales, servicios religiosos, procesiones y romerías, etc., costeadas por los concejos a veces con gravosas cargas económicas.

Según el Diccionario de la Lengua Castellana de 1809, en su página 447 incluye la siguiente glosa:

Exvoto (es propiamente) un don u ofrenda, como muletas, mortajas, figuras de cera, cabellos, tablillas, cuadros, etc. que los fieles, (en el caso del cristianismo), dedican a Dios, a la Virgen o los santos en señal y por recuerdo de un beneficio recibido. Cuélganse en los muros o en la techumbre de los templos.

Los exvotos son, por tanto, objetos de agradecimiento, conllevando una contraprestación entre el devoto y la divinidad y que, contemplados en un templo, refuerzan la fe y la esperanza de quienes los miran. El exvoto se entrega a la imagen o advocación correspondiente, y a ella pertenece, para servir de testimonio y conocimiento para todos del cumplimiento de una promesa, pues de no ser así, los seres sobrenaturales pueden infringir castigos, penas o incluso desgracias a los infractores. El devoto que formula una promesa, lo hace para que la divinidad modifique el curso lógico de los acontecimientos, pudiendo tomar la intercesión divina tres direcciones: la directa, que sería la ocurrencia del milagro (caso del despeñado que, contra toda lógica, queda ileso); la indirecta, en la que se reconoce solo la colaboración con la actuación humana (caso del médico asistido por la inspiración divina); la difusa, en la que la intervención divina tiene carácter remoto y lejano, agradeciéndose los favores de forma estereotipada y diferida en el tiempo (caso de recuerdos a favores concedidos reconocidos a posteriori por los descendientes del beneficiado).

Los exvotos pueden también relacionarse con los ritos de paso[3], de acuerdo con la teoría de Víctor Turner, según la cual dichos ritos indican y establecen transiciones entre estados distintos. El exvoto sería la representación material de un cambio social producido a lo largo de la vida de cada individuo, producido tras la superación de un periodo de crisis vital. Ritos de paso son la superación de una enfermedad o calamidad, y también todos y cada unos de los periodos críticos por los que un individuo ha de pasar a lo largo de su vida dentro de su comunidad: nacimiento, bautismo, comunión, matrimonio, servicio militar, muerte, etc. En estas situaciones, el exvoto marca el paso de un periodo crítico o de una discontinuidad social, estén ritualizados o no.

El milagro

La palabra milagro parte de la raíz mir-, a la que se añade la terminación propia de la sustantivación del latín, para llegar a miraculum, que significa «hecho que despierta admiración». Así mismo, del verbo latino mirari, que significa sorprenderse, derivan nuestros vocablos mirar, admirar, mirada, etc. Por ahí va la idea que nos interesa ahora que es, pues, el asombro. Por su parte, la palabra al uso en griego para milagro es thauma, que deriva de la raíz thau-, y que al igual que la anterior raíz latina, significa «contemplar con admiración». Por ello, la persona o ente que realiza milagros es nominada thaumatourgós (taumaturgo), y la capacidad de hacer milagros sea la taumaturgia[4]. En nuestro idioma, podemos referirnos a dos maneras fundamentales de que haya un milagro, o sea, un causante de admiración: hacer o realizar milagros y producirse un milagro. En ambos casos se trata de la materialización o realización de lo que es imposible, de lo que atenta contra las fuerzas de la naturaleza y las tergiversa. En este punto de lograr lo imposible convergen la magia y lo milagroso, aunque no son lo mismo, pues la magia es una técnica dominada por un «especialista» al servicio de propósitos interesados ajenos a lo divino, y si son maléficos se trataría de brujería. En cambio, los milagros no son el resultado de ninguna técnica, sino que ocurren como si fueran algo natural. Pueden señalar la cualidad del taumaturgo, distinguido por la gracia o toque divino de la que está investido, intermediario entre la divinidad y la humanidad, o directamente producirse sin intervención de agente mediador alguno.

Dentro del ámbito cristiano, la intervención de la divinidad en la ocurrencia de milagros se concreta en Dios, la Virgen o los santos, cuya intercesión directa en la vida de las personas sobrepasa los límites de la capacidad humana y de la lógica de las leyes naturales. Sin embargo, ciertos fenómenos que la religiosidad popular acepta como milagros no son considerados como tales por la Iglesia, ya que para ello deben concurrir unas circunstancias y requisitos indispensables. Cuando tras la promesa hecha a un ser sobrenatural deviene un milagro, así reconocido por el individuo o grupo que la formuló, se expresa la satisfacción por medio de una dádiva o don materializado en un objeto o mensaje perdurable, que es lo conocemos como exvoto.

Más allá del cristianismo. La religión votiva en otros tiempos y religiones

Desde la más remota antigüedad los seres humanos hemos necesitado protegernos, y para ello se nos hizo imprescindible la ayuda de unos seres todopoderosos, no sometidos a las fuerzas de la naturaleza, pues se pensaba que eran ellos mismos quienes las generaban y también las modificaban. De este modo podían influir en los acontecimientos que afectaban y afligían a los siempre frágiles humanos, expuestos a la enfermedad, al dolor, a los accidentes y a toda suerte de calamidades. Desde el inicio de los tiempos, se buscaron unos lugares especiales donde se asentaban esas deidades, y hasta ellos se acercaban sus fieles a solicitarles favores a cambio de alguna recompensa prometida. Los «espacios sagrados», donde tenían lugar las ofrendas, por lo común dotados de alguna característica singular (abrigos, rocas, cuevas, fuentes, prados, arboles, montañas, etc.) han sido sacados a la luz por la Arqueología. La historia de los exvotos, puede decirse que se pierde en el origen de los tiempos de la humanidad. Es muy posible que algunos objetos que acompañaron a los muertos en el Paleolítico lo hicieron como ofrendas a divinidades ignotas. De hecho, en la llamada Sima de los Huesos, en el célebre yacimiento de Atapuerca (Burgos), apareció un singular bifaz entre los restos óseos allí arrojados, cuya manufactura y ornato sobrepasan lo que sería propio de un objeto de uso funcional, sugiriendo un significado simbólico para el mismo. Dependiendo de las culturas o sociedades, temporal y espacialmente, se ha recurrido a los númenes, ya sean espíritus de la montaña, genios de los bosques, ninfas de las aguas, panteones de dioses o en el caso cristiano Dios, Jesucristo, la Virgen o los santos. Con el decurso de la Historia, los antiguos espacios sagrados precristianos se fueron transformando en occidente en nuestras ermitas y santuarios.

Las primeras ofrendas votivas propiamente dichas aparecieron a finales del Neolítico y principios de la Edad del Bronce. Las civilizaciones egipcias y mesopotámicas fueron pioneras en el uso de objetos tales como estatuillas figurativas, alimentos y armas a modo de ofrendas en ritos apotropaicos y de fertilidad, como amuletos, y en ajuares mortuorios. En la Grecia clásica se conocen exvotos desde los templos de Asclepio, e incluso antes es probable que ya se practicara la religión votiva en las culturas minoica y micénica[5]. También en la región de los romanos eran frecuentes las ofrendas votivas, consistentes en altares, templos, esculturas de dioses y también objetos de menor tamaño y valor, como representaciones de partes del cuerpo y de animales que se amontonaban en los templos temporalmente y luego se enterraban en pozos construidos ad hoc. En ocasiones, estos objetos votivos eran acompañados de inscripciones, o incluso la misma inscripción aclaratoria era el propio exvoto.

Con la legalización del cristianismo tras el edicto del Constantino, y su implantación en todo el Imperio Romano como religión hegemónica, la tradición de depositar ofrendas materiales en los templos y santuarios se adaptó al culto cristiano en la Edad Media.

En España, los hallazgos arqueológicos han sacado a la luz figuritas de bronce (guerreros, oferentes, orantes, itifálicos, desnudos, partes del cuerpo, caballos, agujas, armas, etc.) de época íbera (siglo iii a.C.), que se han interpretado como exvotos, a los que se supone destinados a los dioses a cambio de protección. Los más frecuentes estaban realizados en bronce, y su tamaño no solía sobrepasar los doce centímetros. También consistían en figuritas de piedra, talladas con desigual calidad. Se han encontrado en enclaves del sur y del sureste peninsular. En los santuarios del Collado de los Jardines en Santa Elena (Jaén), de las cuevas de la Lobera en los Altos del Sotillo, en Castellar (Jaén) y en los del Cigarralejo y de Nuestra Señora de la Luz en La Alberca (Murcia) han aparecido miles de estatuillas de bronce, interpretadas como exvotos. Representan a hombres y mujeres de modo esquemático y variado, simulando la mayoría guerreros armados con escudos, lanzas y falcatas, pedestres o ecuestres. En los santuarios del Cerro de los Santos y de los Llanos de Nuestra Señora de la Consolación, en Montealegre del Castillo (Albacete), se han encontrado pequeñas tallas de piedra representando figuras oferentes de cuerpo entero, sedentes, bustos y cabezas (figura 2). También en la Serreta de Alcoy (Alicante), etc. De época romana se han conservado exvotos de barro. Igualmente los vemos sobre retablos medievales mostrando figuritas de partes corporales que asemejan ser de cera (brazos, piernas, cuerpos), complementando la iconografía asociada a santos sanadores: retablo de San Vicente de Sarriá conservado en el Museo de Arte de Cataluña, obra de Jaume Huguet (1455-1460), tabla del Exorcismo de la princesa Eudoxia ante la tumba de San Esteban dentro del retablo de San Esteban de Granollers, atribuido a Jaume Vergos II (1495-1500), también conservado en el MNAC, retablo de Santa Quiteria en la iglesia de San Miguel de los Navarros en Zaragoza, etc.

En nuestro país, hasta mediados del siglo xvi, la mayoría de los exvotos eran de tipo personal y cultural, y dentro de los iconográficos los más típicos eran las imágenes de cera, ya fuera de personas enteras como de miembros o partes del cuerpo. A finales del siglo xvi y durante el siglo xvii, se fue extendiendo la costumbre, en principio restringida a los nobles y a las clases acomodadas urbanas, de ofrecer exvotos pintados alusivos a algún milagro favorable al oferente o a algún allegado[6].

Llamativa era la sorpresa que les producía a los viajeros que surcaron nuestro país la presencia de todo tipo exvotos que encontraban colgados en las ermitas y capillas, y de la que dejaron testimonio escrito, citando como ejemplo a Thomas Platter, que en 1599 visitó el monasterio de Montserrat, Madame d’Aulnoy, que los vio en la capilla del Santo Cristo de la catedral de Burgos, Gaspar Melchor de Jovellanos, cuando visitó el Santuario de la Peña de Francia, Emilia Pardo Bazán, que escribió acerca de los exvotos de A Pastoriza en Arteixo (La Coruña), José Gutiérrez Solana, que en 1920 describió los exvotos de la ermita del Cristo de las Embarazadas en Ávila, consistentes en pechos femeninos, vientres hinchados y bebes de cera y pintados en cuadritos, Miguel de Unamuno, que dejó comentario de los que había en iglesias de Roma y de Portugal, etc.[7]

Con la conquista de América y la evangelización de los pueblos americanos, se produjo un trasvase de cultos y creencias asimilados en muchas ocasiones de un modo sincrético. Con relación a los exvotos, en el Virreinato de Nueva España alcanzaron una amplia popularidad en los siglos xviii y xix, convirtiéndose en una extendida forma de expresión de gratitud, tras la superación de apremiantes y azarosas situaciones de zozobra, como la pérdida de la salud, la accidentalidad, los desastres naturales y la muerte. Un ámbito particular, y más reciente, de manifestación del exvoto mexicano fue el del «migrante», que daba cuenta de los peligros y temores asociados a la travesía hacia Estados Unidos, aparecido a ambos lados de la frontera[8]. La expresión votiva más característica y tradicional de la religiosidad popular mexicana era el exvoto pintado, conocido popularmente como «retablo». Esta forma de devoción ha superado incluso el arte popular, valiendo de inspiración a artistas como Frida Kahlo, que pintó un conocido cuadro tras sobrevivir a un grave accidente de autobús.

Los exvotos como manifestación religiosa no son exclusivos de las religiones de occidente, si bien ha sido en el ámbito cristiano y católico donde han alcanzado un desarrollo mayor. En el islam, por su carácter iconoclasta, no son de uso los objetos votivos. Acaso nos los pueden recordar las donaciones recibidas por los cenobios sufíes procedentes de los fieles que a ellos acudían para la realización de algún acto espiritual o para la búsqueda de ayuda y amparo. Con estos donativos, estos lugares se convertían en centros de redistribución de riqueza para atender necesidades no cubiertas por el Estado[9]. El sufismo es la cara mística del islam. Es un modo de vida que busca la realización de la unidad y la presencia de Dios a través del amor, del conocimiento basado en la experiencia, de las ascesis y de la unión extática con Alá, a quien se dirige todo el amor del místico[10]. En cuanto a las religiones orientales, en el sintoísmo japonés existen unas pequeñas tablillas votivas de madera, llamadas «ema», en las que los fieles escriben oraciones y anhelos para que los kami (espíritus o deidades sintoístas) puedan leerlos, tras colgarlos en algún santuario (figura 3). Suelen corresponder a estereotipos en cuanto a forma y tamaño, y a veces incluyen imágenes, dependiendo del santuario del que se trate. También es costumbre en Japón dejar en algunos árboles pañuelos o trozos de tela en los que se ha escrito algún mensaje o deseo relativo a la curación de un ser querido, a la propiciación de una buena cosecha, a la consecución de un éxito, etc. Cuando el viento y la lluvia dejan la tela raída, se considera que ha llegado la señal de que el deseo se cumplirá. En el budismo, los más habituales exvotos consisten en tallas de piedra o de bronce que representan a Buda, acompañadas de textos con fórmulas devocionales (figura 4). Suelen incluir una fecha, el nombre del sujeto agente o donante señalando su condición de laico o de monje, el tema de la acción concreta que el donante lleva a cabo y la mención de los beneficiarios, que pueden ser vivos o fallecidos[11].

Tipología y clasificación de los exvotos

Contando con los exvotos recuperados en las excavaciones arqueológicas hasta los actuales, se puede trazar una variada y rica tipología. Una primera clasificación divide los exvotos en simbólicos y narrativos[12]. Los exvotos simbólicos son aquellos que por medio de un objeto material hacen referencia al favor recibido, a la intervención milagrosa, por asociación metafórica o metonímica. Los exvotos narrativos describen las razones que motivaron al oferente a invocar la intervención divina, así como el resultado favorable de la misma, aportando una leyenda explicativa. También tenemos que tener en cuenta, al analizar la tipología de los exvotos, la posición económica de los fieles.

Un sencillo sistema clasificatorio de los exvotos, basado en dos categorías, objetos testimoniales y objetos figurativos, lo encontramos en la propuesta de Blanco Prado[13]. Ejemplos de objetos testimoniales serían los artefactos ortopédicos (muletas, bastones, bragueros, etc.), por lo general eliminados de los recintos sagrados debido a que ocupan mucho espacio y a la sensación desagradable que provoca su visión; las ropas y vestimentas, tales como hábitos, mortajas, etc.; los adornos personales (pendientes, collares, etc.); los objetos utilitarios de carácter pragmático para el santuario (mantos para la Virgen, flores, lámparas, dinero para reparaciones, relicarios, etc.). Ejemplos de exvotos figurativos serían las velas, las figuras anatómicas de cera, los cuadros votivos, las maquetas de barcos y aviones (figura 6), las fotografías, etc.

Otra taxonomía votiva es la que propone Martin Criado, distinguiendo cuatro grandes categorías de exvotos[14]: exvotos personales, exvotos culturales, exvotos iconográficos y exvotos verbales. Los personales son objetos propios de la vida del devoto que éste considera relacionados con el milagro o gracia recibida (ropa, prótesis, aparatos ortopédicos, armas, herramientas, restos corporales tales como cabelleras y trenzas, etc.). Los culturales son objetos ofrecidos para el culto de la advocación benefactora, como sería el caso de la construcción de una ermita o capilla, de una escultura, de una pintura, de unas andas para la procesión, de un manto u otra vestimenta, de joyas, de velas o sencillamente de bienes de consumo (trigo, ganado) o de dinero. Los exvotos iconográficos son imágenes artísticas relacionadas con el milagro. Pretenden informar visualmente de lo ocurrido. Pueden ser escultóricos, pictóricos o fotográficos. Los escultóricos están hechos de metal, cera, barro, madera, etc. representando al beneficiado en su totalidad o solo la parte anatómica objeto del milagro. Los exvotos pintados sobre tabla o lienzo, a los que incluimos por analogía las estampas bordadas sin ser específicamente pinturas, y los dibujos sobre papel, muestran una escenificación del suceso en el que ha intervenido la divinidad. Los fotográficos, puestos de moda a finales del siglo xix, son retratos de estudio incluidos a menudo en composiciones acompañando a otros exvotos (estampas religiosas, flores, textos, cabello, etc.). Modernamente han proliferado las fotografías de carnet, simplemente pinchadas en un tablero de corcho, acompañadas de un breve mensaje de texto. Los verbales o de texto son mensajes escritos en un soporte, ya sea de forma autónoma, o acompañando a otro exvoto.

Sánchez Sanz, por otra parte, divide los exvotos en seis grupos[15]:

1) Exvotos industriales. Son objetos elaborados por personas ajenas al devoto, generalmente artesanos especializados, como los cereros artífices de los habituales exvotos de cera que representan partes del cuerpo humano (cabeza, pechos, manos, brazos, piernas, órganos internos, etc.).

2) Exvotos relacionados con la enfermedad sanada, con el accidente superado o con la situación de penosidad sufrida, pero que no se han fabricado ad hoc como exvotos. Aquí se incluirían los aparatos ortopédicos y afines (muletas, bragueros, prótesis, radiografías, etc.), las argollas y grilletes de los convictos, los exvotos marineros (remos, maquetas de barcos, salvavidas, etc.), las gafas en relación con las dolencias oftalmológicas, los efectos militares y las armas tras sobrevivir a una guerra, los trofeos deportivos ganados tras una trabajada victoria, etc.

3) Objetos personales y partes del cuerpo. Se trata en este caso de objetos que han estado dentro del cuerpo (alfileres, tornillos, cuchillos, balas, etc.), íntimamente relacionados con el mismo o con ritos de paso (chupetes, mortajes, trajes de primera comunión, vestidos de novia, etc.) o de partes del propio cuerpo (trenzas de pelo, cabelleras, huesos, piezas dentarias, dentaduras, cálculos renales, etc.).

4) Exvotos personales. Se refiere a los realizados manual o literariamente por el propio devoto. Incluye pequeñas obras artesanas (crucifijos, cuadritos, bordados, dibujos, etc.) y composiciones literarias originales (cartas, poesías, etc.) dedicadas a la divinidad benefactora.

5) Exvotos pictóricos o tablillas votivas. Se trata de cuadros pintados sobre tabla o lienzo en los que se da conocer, por medio de la imagen pintada y acompañada de un texto explicativo, un suceso milagroso. Para ello, se colgaban en las paredes de los templos y santuarios, y su realización la llevaban a cabo artistas profesionales ajenos al donante. Los exvotos pictóricos tienen su origen en la Italia del Renacimiento, en el siglo xv, cuando surgió la costumbre entre las personas con cierto estatus económico de contratar artistas para que realizaran pinturas en las que ellas eran representadas como el objeto de algún milagro. Alcanzaron su momento álgido en los siglos xvii y xviii, para decaer paulatinamente durante el xix. Son los exvotos más comunes que en la actualidad todavía pueden verse, ya que otros, por su aspecto desagradable, se han ido retirando de los templos por las autoridades eclesiásticas, poco condescendientes con las manifestaciones de la religiosidad popular. En su esquema más general, los exvotos pictóricos cuentan con tres partes escenográficas. La zona superior corresponde al espacio celestial, donde aparece la divinidad benefactora. La zona central es el espacio humano, donde se representa el milagro propiamente dicho (lecho con el enfermo solo o acompañado del médico y del sacerdote, escena del accidente, etc.). La zona inferior es el espacio textual o escrito, donde se explica el hecho en sí y sus circunstancias (identidad del beneficiado, fecha, aflicción superada, etc.). Este tipo de exvotos son los más conocidos, seguramente por ser los que más han perdurado hasta nuestros días.

Podemos destacar, a este respecto, los interesantes trabajos publicados relativos sobre todo a exvotos pictóricos, y secundariamente a otros tipos, en La Rioja[16], Córdoba[17], Guadalajara[18], León[19], Canarias[20], Orense[21], etc. A lo largo del tiempo, los accidentes y sus causas han ido cambiando. Por eso, los mas representados en la pintura votiva han sido los relacionados con actividades y tareas tradicionales (atropellos por carros, caídas de caballos, árboles o escaleras, accidentes con herramientas de labranza, mordeduras y ataques de animales, caídas a ríos y pozos, accidentes en molinos, fraguas, cacerías, naufragios, adversidades climáticas, bandolerismo, etc.). En cuanto a las enfermedades, las más comúnmente referidas han sido el tifus (popularmente tabardillo), la malaria (popularmente terciana o cuartana), el carbunco, el cólera, la gangrena, la calentura, la difteria (popularmente garrotillo), la pulmonía, las complicaciones obstétricas, la viruela, etc. Los más numerosos son los «exvotos pictóricos de alcoba». En la escena arquetípica de estas pinturas aparece un enfermo postrado en la cama, por lo común acompañado de algún familiar o cuidador vestido a la usanza de la época según su clase social, a los que se puede añadir el médico, el sacerdote o el notario redactando el testamento. Debido a que su realización tenía que encargarse a un pintor especializado, aunque no necesariamente buen artista, que cobraba honorarios por ello, solo estaban al alcance de personas acomodadas. Las personas de clase humilde tenían que recurrir a otro tipo de exvotos. De los autores de estos cuadros, prácticamente nada se sabe, ya que eran obras anónimas. Solían asistir a las romerías, al igual que otros artesanos y comerciantes, para ofrecer sus servicios a los romeros. Dentro de los exvotos pictóricos, se pueden incluir también los retratos de niños y niñas, aunque su singladura fue corta debido a la irrupción de la fotografía.

6) Fotografías. A diferencia de los cuadros, donde el representado aparece de forma figurada, en las fotografías se muestra con su imagen auténtica. Las primeras fotos presentaban similitudes con las pinturas votivas. Se exhibían enmarcadas, acompañadas de una lámina o estampa de la divinidad en la zona superior y de un texto explicativo debajo. Con la llegada del siglo xx, estas añadiduras fueron desapareciendo, por terminar la fotografía desprovista de todo complemento, hasta el punto de convertirse algunos santuarios en extensos álbumes de fotos.

Aproximación al catálogo de exvotos conservados en la provincia de Segovia

En lo que sigue, haremos una descripción pormenorizada de los diferentes exvotos que hemos encontrado en santuarios y templos de la provincia de Segovia, si bien hemos de advertir que lo que actualmente se conserva apenas testimonia lo que fue esta manifestación de la religiosidad popular en cuanto a variedad y riqueza.

El Santuario de Nuestra Señora del Henar

Se trata de un importante santuario mariano, de ámbito devocional comarcal y uno de los más importante de Castilla la Vieja[22], ubicado en el municipio de Cuéllar, muy cerca del límite con la provincia de Valladolid. Según un documento del año 1247, en el lugar donde se alza el santuario existió un poblado llamado San Cristóbal del Henar, que disponía de una ermita donde se veneraba una imagen de la Virgen. La Virgen del Henar es la patrona de los 39 pueblos que conforman la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar, y también lo es de los resineros españoles. El santuario tiene una extensión de siete hectáreas, concedidas por el rey Fernando VII en el año 1831, y consta de iglesia, provista de sus correspondientes camarín, sacristía, capillas y sala de exvotos, y de convento carmelita, con su claustro y sus dependencias conventuales, en las que se llevan a cabo actividades apostólicas. También dispone de restaurante y área recreativa, en un entorno fresco y frondoso. El origen del santuario se encuentra en una legendaria y arquetípica aparición de una imagen de la Virgen, previamente ocultada en una cueva, por temor a ser destruida por los invasores árabes. Dice la leyenda que fueron los propios santos hermanos segovianos Frutos, Valentín y Engracia quienes escondieron la imagen en el exacto lugar que Dios les reveló. No obstante, el origen de la devoción a la Virgen del Henar se sitúa en el siglo xii, tiempo de datación de la imagen románica que se venera, coincidiendo con el inicio de la expansión del culto mariano en los territorios de la cristiandad. Evidentemente, dado que la imagen es del siglo xii, no es posible que fuera enterrada en el siglo viii.

Como hemos señalado, la iglesia dispone de una sala de exvotos, dispuesta paralela a la sacristía, construida en el año 1759. Durante muchos años, recogió multitud de exvotos de toda clase, que cubrían materialmente sus paredes, incluyendo pinturas votivas, aparatos ortopédicos, vestidos, trenzas de pelo, figuras anatómicas de cera, etc. En el año 1970, los carmelitas a cuyo cargo se encuentra el santuario desde su reconstrucción en 1924, decidieron retirar los exvotos por razones higiénicas y estéticas, convirtiendo la sala en un pequeño museo de objetos relativos a la imagen de la Virgen, historia del santuario y culto litúrgico[23]. Hasta hace poco, pervivió un panel con fotografías y exvotos manuscritos[24], y aun antes se podía ver también una variada panoplia votiva consistente en figuras anatómicas de cera, chupetes, pañoletas de boy scout, coronas de primera comunión, trenzas de pelo, etc., que eran retirados y quemados cada dos meses por el hermano encargado del cuidado del camarín[25]. En la actualidad, solo se conservan seis cuadros votivos (figura 8), seguramente los de mayor calidad artística de cuantos había antes de la eliminación de los exvotos. El primer exvoto pintado parece que fue realizado en 1602, según testimonio del cura Baça de Haro, interpretando la ausencia de exvotos anteriores, por ser entonces cuando comenzó la Virgen a realizar milagros[26]. En cuanto a los seis cuadros conservados, pasamos a describir sucintamente sus características.

En el primero aparecen dos figuras femeninas, lo que no concuerda mucho con la leyenda explicativa, ataviadas con coloridas y anchas faldas, a ambos lados de la escena, flanqueando a la imagen de la Virgen que se sitúa en posición superior inscrita en una especie de mandorla blanquecina. El texto de la parte inferior dice así:

Hallándose Mariano Bayón gravemente enfermo y por el espacio de tres meses viendo sus padres que la medicina terrestre no servía de alivio a su querido hijo, claman a Nª Sra del Henar le de salud si le conviene cuya petición fue oída y favorecido: Sucedió en Frumales a 16 de septiembre de 1863. Nombres de los padres Víctor y Petra Velasco.

En el segundo, nos encontramos con una arquetípica escena de alcoba, en la que aparecen tres personajes, una niña enferma encamada y la madre cuidadora en el centro de la pintura, y la Virgen benefactora envuelta en una nube en la esquina superior izquierda. En cuanto al texto explicativo reza así:

Estando enferma de peligro Ypolita García, hija de Cayo y Leandra Pascual la ofrecieron sus padres a Nuestra Señora del Henar y por su intercesión cobró saluz, año de 1874 vecinos de Campaspero.

En el tercer cuadro vemos en el centro de la escena a un hombre arrodillado en actitud orante y a una mujer portando en sus brazos un niño pequeño. El hombre se representa ataviado con taleguilla y pantalón abotonado en los costados y la mujer con larga y ancha saya y pañuelo en la cabeza. En la parte superior izquierda aparece la Virgen dentro de una especie de burbuja o bola de cristal, a la que dirige su mirada el personaje masculino. El texto de la parte inferior es ilegible.

En la cuarta pintura aparece un único personaje humano, un adulto masculino arrodillado y bien vestido, con camisa, chaleco, taleguilla, faja, pantalón a rayas hasta los pies, calcetines blancos y zapatos con cordones. En la mano izquierda porta una rosa blanquecina y en la derecha un típico sombrero castellano negro con copa ancha y forma de cono truncado y con sendas borlas en el ala y en la parte superior de la copa. El personaje se presenta con el rostro hierático, mirando al frente, y con la imagen de la Virgen a su espalda, a su vez representada en un cuadro pomposamente enmarcado y adosado a la pared de una estancia que por sus llamativas columnas y su suelo ajedrezado semeja tratarse de un templo. El texto explicativo dice así:

Mariano Pradillo idad 26 años soltero del lugar de Castromonte hijo de José y de Ignacia Valverde hallándose gravemente enfermo de unas fuertes calenturas al año 1869 le ofrecieron sus padres a Nuestra Señora Santísima del Henar.

El quinto cuadro es otra escena de alcoba, ahora con cuatro personajes, pues a la madre implorante se le une la figura de un sacerdote ofreciendo su consuelo a una niña postrada en la cama. La imagen de la Virgen, como es habitual, se posiciona en la esquina superior izquierda, en el interior de una nube algodonosa, a la que dirige su mirada la madre de la enferma. Por el aspecto de la estancia, parece pertenecer a una vivienda de clase acomodada. En cuanto al texto explicativo, así cuenta:

Casimira Román, de edad de 17 años, hija de Bruno Mª y de Franca Castrillo vecinos de Villimar barrio de Burgos, hallándose postrada en cama de una violenta enfermedad, en términos de quedar desauciada de los facultativos; perdida ya toda esperanza de remedio humano y cuando se la creía en los últimos momentos de agonía recurrieron sus padres a los auxilios del cielo por la intercesión de la SSma Virgen María bajo la advocación de Ntra Sra el Henar y del Pilar de Zaragoza é inmediatamente recobró completa salud. Año de 1866.

En el sexto y último cuadro de este santuario vemos una más sencilla escena de cama, cuyo único personaje humano es un niño pequeño postrado en una cama, al que acompaña junto al lecho, a su derecha, la imagen la Virgen en el interior de una nube. En la parte inferior izquierda aparece pintado un paisaje con una ermita, que suponemos se trata la de la Virgen titular. En el texto explicativo leemos:

Enfermo gravemente en la edad infantil Felipe Martín Casado natural del Arrabal de Portillo le ofrecieron sus padres José Martín Montemayor y Gregoria Casado á N.S. del Henar y consiguió la gracia de la salud. 1852.

El Santuario de la Virgen del Bustar

Se encuentra este santuario a unos cuatro kilómetros al nordeste de núcleo urbano de Carbonero el Mayor, accesible por una pista de tierra practicable para todo tipo de vehículos. Se compone de una iglesia de una sola nave, con cabecera plana, y de lo que fue una hospedería adosada, hoy destinada a actividades organizadas por la cofradía titular del santuario. Alrededor de los edificios, se dispone de una pradera y de un área recreativa habilitada para el disfrute de romeros y visitantes. Su categoría devocional se puede considerar de ámbito provincial, debido a la cantidad de personas que acuden a visitarlo. Su romería principal se celebra el domingo siguiente al día 8 de septiembre, acudiéndose también en el momento de las fiestas patronales de Carbonero el Mayor, que tienen lugar entre los días 21 y 24 de junio en honor de San Juan Bautista. Según su leyenda fundacional, la Virgen se apareció a unos carboneros de la localidad, en la llamada Fuente del Pozuelo, situada en el extremo sudeste de la pradera. Su relato se ajusta al estereotipo de las milagrosas apariciones marianas de la Baja Edad Media, a las que se dio forma literaria a finales del siglo xvii y principios del xviii. Sucintamente, se resume en la ocultación, en el año 713, de una talla de la Virgen procedente de Oriente Medio y traída a Carbonero por Geroteo, obispo de Segovia, para evitar que cayera en manos de los invasores musulmanes. Se escondió en una oquedad cubierta de losas y tierra por encima. Pasados los siglos, y una vez desalojada la morisma, se le apareció la Virgen a un pastorcillo en el lugar donde hoy se ubica el santuario, comunicándole que informara a unos carboneros, que se encontraban en un pinar próximo, de su presencia. Pastores y carboneros, por indicación de la Virgen, quitaron la tierra y las losas del lugar correspondiente, hallando la imagen de María con un cirio encendido. Intentaron llevarla a Carbonero, pero al llegar a un cerro intermedio las acémilas se negaban a continuar, entendiendo que la voluntad de la Virgen era quedarse en el lugar del hallazgo. De hecho, el nombre de Bustar procede del latín carburere, que significa quemar, aludiendo a un lugar donde se carboneaba. La imagen venerada corresponde a una talla policromada, datada en el siglo xiii, de 80 x 30 cm, dimensiones exactamente iguales a las de la Virgen del Henar.

Los milagros atribuidos a la Virgen del Bustar han sido muchos, aunque pocos se han podido recopilar por carecer el santuario de Libro de Milagros[27]. No obstante, se conservan aun diversos exvotos en el camarín situado tras el retablo mayor. Uno de ellos es un cuadro votivo en el que aparece una niña elegantemente vestida con traje festivo, ocupando el protagonismo de la escena, acompañada de la imagen de la Virgen en la esquina superior izquierda, ataviada con manto rojo, y de la figura de un pequeño carro a la derecha de la niña (figura 9). Los elementos representados hacen alusión a la milagrosa salvación de una niña, tras pasarle por encima un carro cargado de madera, explicado en una leyenda que ocupa la parte izquierda del lienzo. Dice así:

En el 12 de agosto de 1749 libró Ntra Sra del Bustar a Ángela Escolar, la hija de Juan y Ángela vecinos de Carbonero porque un carro cargado de maderas abiendo pasado 2 bezes por enzima de ella y en nazimiento de gracias se puso este retrato.

En otra pintura votiva se muestra el milagro de la curación, en el año 1750, de un niño llamado Felipe G. Poza Salinas, hijo de José y Teresa que, estando desahuciado a causa de una grave enfermedad, se encomendaron sus padres a Ntra Sra del Bustar, y el niño sanó. El escribano de Carbonero, Miguel Pastor, entregó un retrato en El Bustar como agradecimiento.

Otro de los exvotos que encontramos es una figura de escayola de un Niño de la Bola, es decir de la advocación del Niño Jesús conocida con dicho nombre por llevar en su mano una bola que simboliza su poder sobre el mundo (figura 9). Esta manifestación iconográfica puede aparecer en el regazo de la Virgen o en solitario, con o sin corona, vestido o desnudo. El que ahora nos ocupa carece de vestimenta, aunque desconocemos si originalmente la tenía. La figura se asienta sobre un pedestal de cuatro caras. En una de ellas se puede leer la siguiente inscripción:

Devoción de José Velasco y Bonifacia García vecinos que fueron de este pueblo de Carbonero en atención á haber estado en el año de 1844 dicha señora de resultas de una grande enfermedad desahuciada de toda facultad; y fue hecho este ofrecimiento en dicho año a la Virgen de Nuestra señora del Bustar, y por haber podido presentar en este santo templo dicho ofrecimiento se hace en este día once de septiembre de año 1864 en la ciudad de Ávila de los Caballeros.

También se conserva dentro de un armario una panoplia de exvotos diversos (figura 10), como trenzas de pelo, figuras de cera anatómicas y de personajes, urnas con pequeños objetos (flores artificiales, figuritas de cera, mensajes escritos en papel, etc.). Antaño hubo más, perdurando apenas una breve muestra. Sobre una de estas urnas aparece el siguiente mensaje escrito:

Ofrecimiento por la salud de Paulino Rubio y Valentín Rubio. Carbonero el Mayor 17 marzo 1865.

Sobre una pared del camarín se disponen colgadas seis muletas, y en la escalera del mismo se encuentra una inscripción sobre tabla de madera donde se hace constar lo siguiente (figura 11):

Regalo a la Virgen del Bustar de Frutos Antona y esposa día 8 de mayo de 1956.

Sin embargo, no sabemos en que consistió el aludido regalo, al conservarse del mismo únicamente la inscripción informativa. También se guarda en el armario del camarín una camisa que formaba parte de la mortaja de un tal Mariano Rubio, dado por muerto en el año 1881 y que, tras implorar a la Virgen Patrona, despertó poco después, logrando reponerse y vivir largos años, muriendo de viejo.

El Santuario de la Virgen de la Peña

Nuestra Señora de la Peña es la patrona de la Villa y Tierra de Sepúlveda. Su santuario se localiza en el extremo septentrional de la localidad, sobre la hoz del rio Duratón. Se trata de un templo románico cuyo origen se estima en las primeras décadas del siglo xii, aunque perdió su categoría parroquial en 1868, convirtiéndose en santuario. Debido a la profunda devoción que se le ha profesado, han sido muy abundantes los exvotos depositados por los fieles (joyas, velas, mortajas, vestidos, bordados, cuadros narrativos de algún suceso milagroso, fotografías, figuras de cera, artefactos ortopédicos, trenzas de pelo, etc.). Para su guarda y custodia se empleó el camarín situado tras el retablo mayor y adosado al ábside. Se accede a él por una puerta que se abre en el lado del evangelio. Durante años, estos exvotos llenaron las paredes del camarín, pero la mayoría fueron retirados cuando se cambió la función de esta dependencia a museo[28]. Los más valiosos de estos exvotos aun se conservan en la actualidad.

Tal es el caso de la colección de objetos donada por Dª María Luisa de Castilla y Portugal (figura 12), mediante testamento otorgado en 1748, procedente del oratorio particular de su casa de Sepúlveda, para ser colocada en el camarín: la urna grande del niño dormido, la efigie de Jesús Nazareno con la cruz a cuestas, el Niño Jesús de pie con peluca nominado también como el pastorcillo al que se le apareció la Virgen, la cruz pintada con la imagen de Cristo y joyas variadas (camafeos, collares, medallas, broches, etc.).

También encontramos en esta dependencia tres cuadros votivos. El de mayor calidad artística es un óleo sobre lienzo, de autor anónimo como suele ser habitual, fechado en 1848, en el que aparece la Virgen titular ataviada con todos sus atributos y ornamentos, y postrados ante ella, dos clérigos arrodillados, uno a cada lado, en actitud devota. Bajo el suelo ajedrezado se lee la siguiente leyenda (figura 13):

Ofrenda hecha a Ntra Sra de la Peña por Dn Mateo González Quintanal último párroco de esta iglesia y Dn Salvador Guadilla su primer capellán, en perpetua memoria de la prodigiosa lluvia obtenida por su mediación el 26 del presente año de MDCCCLXVIII.

El segundo cuadro es una obra de carácter bastante más ingenuo, y de inferior calidad pictórica, pintado sobre papel, hojas naturales y tela (figura 13). En él que se muestran tres personajes humanos ocupando la mitad derecha de la escena, presumiblemente un matrimonio con su hijo de corta de edad, todos en una estancia que figura ser una habitación doméstica. El hombre aparece de pie, ataviado con la vestimenta tradicional castellana, portando el bastón de mando de la Virgen en su mano derecha y un típico sombrero de copa ancha en la izquierda. La mujer se encuentra sentada, vestida con manto negro y falda azul, con el hijo sentado en sus rodillas, vestido con un camisón verde, y elevando los brazos en señal de júbilo. La mitad izquierda de la pintura la ocupa la imagen de la Virgen rodeada de ángeles, enmarcada en una hornacina con motivos vegetales. En la parte inferior se encuentra la leyenda explicativa, que no puede leerse al estar tapada por el marco del cuadro, pero que dice:

Año 1862. Casimiro Burgueño natural de Duratón hallándose gravemente enfermo, ofrecido a NªSª de la Peña mejoró de salud.

El tercero, es una lámina sobre papel, con marco de madera, copiada de un grabado original realizado por Juan Baquerizo en 1739 (figura 14). Fue donado por Dª Juana Llorente Herrera y su esposo Antonio López en 1870[29]. Representa los milagros atribuidos a la Virgen, que aparece en el centro de un retablo, rodeada de las leyendas que dan cuenta de los siguientes milagros:

Confunde Nª Sª la langosta; libra NªSª a Pedro Moreno que caio de los andamios altos de la florida; sana N.Sra a un niño que estaba muriéndose; mantiene a una mujer seis en unas peñas; libró a un pastor que se despeñó; libra NªSª a un niño que se despeñó; resucita a una mujer; resucita a Sª aranqr natural de Sepúlveda; libra NªSª de la muerte a un mozo que intenta coger unos aguiluchos de unas peñas.

En la parte inferior otra leyenda dice:

VºRº de la milagrosísima imagen de NªSª de la Peña que se venera en esta villa de Sepúlveda año 1739. El eminentísimo Sr Cardenal Molina concede 100 dias de indulgencia. Reza una salve. Ivan Barquero fecit. Sepulveda.

En el reverso hay otra inscripción donde se lee:

Ha devoción de Juana Llorente y su esposo Antonio López. Le yzo Isidoro Neguary arenal en el año de 1870.

También se conservan en el camarín dos armas blancas dejadas como exvotos (figura 15). Una de ellas es una espada colgada en la pared, con la hoja de acero, la empuñadura de bronce y madera y las correas de tela. Está acompañada de su correspondiente vaina. La espada mide 82 cm sin vaina y 97 envainada. Lleva un papel con el siguiente texto:

El arma de Don Braulio Abad Horcajo Capitán de Ingenieros en recuerdo a su patrona Nuestra Señora la Virgen de la Peña. Presente.

La espada perteneció al nombrado capitán, que falleció en 1947, y fue donada por sus padres en dicho año.

La otra es una daga, guardada dentro de una urna, acompañada de una hoja con un texto mecanografiado difícil de leer al encontrarse tapado parcialmente por la propia pieza. No obstante, contiene el siguiente mensaje:

Ofrenda hecha durante el asedio del Alcázar de Toledo por el Teniente Coronel médico Daniel (ilegible) Lechuga en cuya fortaleza estuvo durante el mismo en el ejercicio de su profesión.

En el interior del camarín hubo un cirio enorme fabricado ad hoc como exvoto por unos padres agradecidos, acompañado de un mensaje escrito[30]:

Los padres del niño David Antoranz Barrio, dedican y consagran este pequeño recuerdo a la V. de la Peña en cumplimiento de una promesa contraída de ofrecer a tan Excelsa Reina una cantidad de cera igual al peso del niño cuando nació. Recíbele, madre dulce y eterna, como testimonio de gratitud y amor. Por los muchos favores que en tu imagen de la Peña nos has dispensado.

Fuera del camarín, en el presbiterio, se puede ver una lámpara votiva de plata (figuras 14 y 16) ofrecida por los hortelanos de Sepúlveda a la Virgen de la Peña en el año 1646, por haberles librado de una plaga de langosta que había asolado los campos algunos años antes[31]. Fue labrada por un platero de Segovia, siguiendo el modelo habitual para este tipo de piezas, con plato circular para el recipiente contenedor del aceite y la mecha y cuatro cadenas para sostenerlo a un remate superior. El plato se encuentra adornado con varias figuras cinceladas, en alusión al milagro originario (imágenes de la Virgen de la Peña y de San Miguel, mano empuñando una cebolla, un azadón, una berza, una langosta y una mosca). Alrededor se inscribe un mensaje que dice:

Esta dieron los hortelanos de limosna a la Virgen de la Peña, siendo cura el licenciado Juan Regidor, año 1646.




NOTAS

[1] FREIXEDO, S. 2024. El cristianismo. Un mito más. Editorial Alcantagram. México, pp. 167-169.

[2] RODRIGUEZ BECERRA, S.; VÁZQUEZ SOTO, J.M. 1980. Exvotos de Andalucía. Milagros y promesas en la religiosidad popular. Argantonio, Ediciones Andaluzas. Sevilla, pp. 31-32.

[3] MORENO, A. J. 1987. El exvoto en Daimiel: aportación teórico-práctica al estudio del exvoto. Oretum, 3: 321-330.

[4] PIÑERO, A.; GÓMEZ, E. 2016. Taumaturgia en el mundo antiguo pagano, judío y cristiano. Editorial Tritemio S.L. Madrid, pp. 15-22.

[5] MARTÍN CRIADO, A. 2020. La religión votiva. Milagros y exvotos en Castilla y León. Fundación Joaquín Díaz. Urueña (Valladolid), pp. 23-35.

[6] MARTÍN CRIADO, A. 2020. Opus cit., pp. 108-109.

[7] SÁNCHEZ SANZ, E. 2019. Exvotos. Relación de los seres humanos con los seres sobrenaturales. Actas X Encuentro de Estudios Bilbilitanos: la Antigüedad, Historia, Etnología, Folklore y Literatura: 725. Institución Fernando el Católico. Zaragoza.

[8] DURAND, J.; ARIAS, P. 2008. El migrante. Auge y ocaso en la agenda votiva del siglo xx. México y España. Un océano de exvotos: gracias concebidas, gracias recibidas: 63-76. Museo Etnográfico de Castilla y León. Zamora.

[9] DE LA PUENTE, C. 2019. Islam e islamismo. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, pp. 70-71.

[10] ELIADE, M.; COULIANO, I.P. 2007. Diccionario de las religiones. Editorial Paidós. Barcelona, pp. 223.

[11] SEVILLANO-LOPEZ, D.; RODRÍGUEZ MARCO, J.M. 2025. Dos exvotos budistas con inscripción de la dinastía Qí septentrional en la provincia de Shanxi. Boletín del Archivo Epigráfico, 12: 205-215. ISSN-e: 2603-9117.

[12] RODRIGUEZ BECERRA, S.; VÁZQUEZ SOTO, J.M. 1980. Opus cit., pp. 36-37.

[13] BLANCO PRADO, J.M. 1996. Exvotos e Rituais nos Santuarios Lucenses. Diputación Provincial de Lugo, pp. 43-55.

[14] MARTÍN CRIADO, A. 2020. Opus cit., pp. 113-115.

[15] SÁNCHEZ SANZ, E. 2019. Opus cit., pp. 734-749.

[16] VELASCO, H.M.; MARTÍNEZ GLERA, E.; MUNTIÓN, C.; SAAVEDRA, J.A. 1997. Es un voto. Exvotos pictóricos en La Rioja. Fundación Caja Rioja. Logroño, pp. 1-208.

[17] COBOS, J.; LUQUE-ROMERO, F. 1991. Exvotos de Córdoba. Diputación Provincial de Córdoba, pp. 1-202.

[18] CASTELLOTE, E. 2005. Exvotos pictóricos del Santuario de Nuestra Señora de la Salud de Barbatona. AACHE ediciones. Guadalajara, pp. 1-142.

[19] CELIS SÁNCHEZ, J. 2010. Los exvotos en la religiosidad popular: el caso de León. En VV. AA La religiosidad popular en tierras de León: 239-256. Fundación Hullera Vasco-Leonesa. León.

[20] CONCEPCIÓN, J. 1996. Los exvotos pintados en Canarias: nuevas aportaciones. Morales Padrón, F. (coord.) XI Coloquio de Historia Canario-americana, Vol. 2: 191-208.

[21] HERVELLA, J. 1989. La colección de cuadros exvotos del santuario de Nuestra Señora de los Miagros del Monte Medo (Orense). Porta da aira: revista de historia del arte orensano, 2: 10-21. ISSN 0241-4964.

[22] CHRISTIAN, W.A. 1975. De los santos a María. Temas de Antropología española. Madrid, pp. 93-101.

[23] ARRIBAS, M.M. (O. Carm.). 1994. Historia del Santuario del Henar. PP. Carmelitas. Santuario de Santa María del Henar. Cuéllar (Segovia), pp. 94.

[24] HERNANDO GARRIDO, J.L. 2012. El cirujano en peligro de muerte que se encomendó a la Virgen del Carmen: sobre un exvoto pictórico procedente de Moraleja del Vino (Zamora). Revista de Folklore, 359: 10-21.

[25] CANO HERRERA, M. 2003. Exvotos y promesas en Castilla y León. En Álvarez Santalo, C.; Buxó Rey, Mª.J. Rodríguez Becerra, S. (coord.) La Religiosidad Popular III. Hermandades, romerías y santuarios. Anthropos Editorial. RubÍ (Barcelona), pp. 397.

[26] MARTÍN CRIADO, A. 2020. Opus cit., pp. 109.

[27] ESCUDERO PASCUAL, D. 1989. Historia del Santuario de la Virgen del Bustar. Una Virgen carbonera, pinariega y pastoril. Asociación Santuario Virgen del Bustar. Madrid, pp. 24-26.

[28] ALVARGONZÁLEZ, M.; CUBILLA, H.; GORRITI, R.; YUSTE, A. 1996. El santuario y el camarín de la Virgen de la Peña de Sepúlveda. Hermandad de Nuestra Señora de la Virgen de la Peña. Sepúlveda (Segovia), pp. 151-152.

[29] ALVARGONZÁLEZ, M.; CUBILLA, H.; GORRITI, R.; YUSTE, A. 1996. Opus cit., pp. 340.

[30] SANZ, I. 1988. Hoces del Duratón. Obrador del Peregrino. Sepúlveda (Segovia), pp. 76.

[31] MARTÍN CRIADO, A. 2020. Opus cit., pp. 150.



Los exvotos en la religiosidad popular: el caso de la provincia de Segovia (I)

ELORZA, Mario Sanz

Publicado en el año 2026 en la Revista de Folklore número 532.

Revista de Folklore

Fundación Joaquín Díaz