Fundación Joaquín Díaz

Colección de Aleluyas

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2031

Título: Naipes infantiles

Incipit: Sucesores de Antonio Bosch Barcelona (En una de las cartas

Viñetas: 48; 3,8 x 4,5; TF; Sin Numerar
Formato: Pliego Vertical
Técnica: Xilografía en papel morado
Imprenta: Se halla de venta en la papelería y efectos de escritorio los sucesores de Antonio Bosch, Bou de la Plaza Nueva, n. 13, (Núm. 65)
Tipo: Juegos
Tema: Entretenimiento
Fecha:
Autor/es:
Bibliografía:
Notas: Original
Localización: Colección Martínez Leis -FJD-
Naipes infantiles
Naipes infantiles


Colección de aleluyas

Colección de Aleluyas

La aleluya es un pliego de papel impreso por una cara que contiene un conjunto de viñetas -generalmente cuarenta y ocho- en cuyo pie suelen aparecer unos versos que aluden a la escena representada. Aunque pueden entenderse como un género propio de la estampa popular, constituyendo una fuente de singular interés para el estudio de la imagen gráfica en general, no debemos de olvidar que, a su vez, constituyen primitivas formas de lectura con imágenes, directamente emparentadas con los pliegos de cordel y destinadas sobre todo a un público infantil o iletrado.

A los gritos de "¡Aleluyas, aleluyas finas, que pasa la procesión!" o "¡Aleluyas, finas aleluyas; aleluyas que va a pasar Dios!", anunciaban, todavía el pasado siglo, los vendedores ambulantes y copleros, estos papeles en donde, con mayor o menor acierto, se contaban historias del tema más diverso para ser recitadas, leídas o escuchadas por el pueblo llano. En último término servían -y esta costumbre también se ha mantenido hasta hace medio siglo- para ser recortadas en pequeños pedazos de papel y arrojadas sobre la carrera que iba a hacer alguna procesión o sobre el público que estaba en el templo el día de sábado santo cuando se decía en la misa "aleluya" después de haberse omitido la palabra durante toda la Cuaresma.

Pese a la popularidad alcanzada por este medio de comunicación, precursor del moderno comic -o tal vez por eso- tuvo muchos detractores que aborrecieron su estilo, sus dibujos, sus dísticos vulgares o la moralidad latente en sus viñetas; otros, literatos y artistas de gran talla, tal vez más sinceros, confesaron haber aprendido a leer con las aleluyas o haber descubierto en ellas un sentido estético que quedaría indeleble en su memoria y tendría gran importancia en su formación artística.

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